30.03.17

Los sacerdotes que no saben latín dicen muchas tonterías

Leo con tristeza que un profesor católico ha sido retirado de su cátedra de la Universidad “Católica” de Lovaina por decir algo evidente: que el aborto es un asesinato.

Digo que lo leo con tristeza y no con asombro porque, por desgracia, todos estamos muy acostumbrados a que la mayoría de las universidades católicas no tengan de católicas más que el nombre. Y, por una desgracia aún mayor, también estamos acostumbrados a que las autoridades religiosas, diocesanas o vaticanas correspondientes miren hacia otro lado en vez de cumplir con su deber de defender al rebaño de los lobos. En fin, Dios tenga misericordia de ellos el Día del Juicio, porque la van a necesitar (o como decía una vieja novela con cierta gracia, ya se pueden ir comprando ropa interior de amianto). 

No es eso, sin embargo, de lo que quería hablar. Más que la traición de la completamente secularizada Universidad, me ha llamado la atención la reacción de la Conferencia Episcopal Belga, cuyo portavoz. el P. Tommy Scholtès SJ, ha declarado que: Las palabras de Stéphane Mercier me parecen grotescas. La palabra ‘homicidio’ es demasiado fuerte: supone una violencia, un acto cometido con plena conciencia, con intención y esto no tiene en cuenta la situación de las personas, a menudo en medio de una gran crisis".

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20.03.17

La causa de Cristo siempre está en su última agonía

Por alguna extraña razón, las verdades más terribles de nuestra religión siempre me consuelan de una forma especial en mi debilidad. El pecado original, las infidelidades de Israel, la agonía y la muerte de Cristo, la traición de Pedro y los apóstoles, los innumerables pecados de clérigos y seglares en la historia de la Iglesia y el Juicio Final siempre han sido para mí una garantía de que la fe católica es cierta y no una teoría humana más o menos placentera, una mera ideología que somete la realidad a moldes estrechos y falsos.

Es cierto, soy débil, pecador, inconstante, necio y nada de fiar, pero precisamente por eso, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Porque la salvación no depende de mí, sino de Cristo, que ha vencido al mundo. Es cierto, la Iglesia es un desastre, sus dirigentes a menudo parecen empeñados en destruirla, sus soldados rehúyen la batalla, sus santos escasean y da la impresión de que hasta sus vírgenes se han dormido. Pero sabiendo que esto había de suceder, Cristo la amó y se entregó por ella, para santificarla.

Con el deseo de animar a los lectores en estos tiempos difíciles, traduzco para el blog un pequeño texto de Newman (de sus tiempos anglicanos) en el que el gran cardenal hablaba de estas cosas. La Iglesia siempre ha sido un desastre y siempre lo será hasta el último día. Por supuesto, esto no quita gravedad a la situación actual, pero sí nos da una perspectiva diferente, de eternidad. Poned los ojos en las cosas de arriba y no en las de la tierra.

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17.03.17

Y Mons. Sánchez Sorondo es Canciller de dos Academias Pontificias…

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo es uno de los argentinos ilustres de este pontificado. De hecho, dirige no una, sino dos Academias Pontificias, como Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. Sin embargo, hace dos días, en una entrevista, mostró que no sólo no conocía los principios básicos de la moral católica, sino que los negaba explícitamente y defendía el consecuencialismo moral, una postura condenada por la Iglesia.

Ante las preguntas de un periodista de LifeSiteNews, explicó que había invitado al Vaticano a Paul Ehrlich, al igual que a otros famosos defensores del aborto y propagadores del mito de la sobrepoblación, porque “es un especialista en estas cosas. Por eso lo invitamos, porque es un especialista en estas cosas. Ha escrito un montón de libros sobre el tema, así que es un especialista”. Es sorprendente que Mons. Sánchez Sorondo no se dé cuenta de que escribir libros llenos de barbaridades, refutados innumerables veces y cuyas predicciones han mostrado ser erróneas una y otra y otra vez, no convierte a alguien en un experto. Lo convierte en lo contrario de un experto.

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16.03.17

La guerrilla del lenguaje

De vez en cuando, se habla de la guerra por el lenguaje o la batalla por el lenguaje, como una parte fundamental de las guerras culturales que sacuden a nuestra sociedad desde hace tiempo. Es un tema importante, porque quien domina el lenguaje, tiene la partida casi ganada, ya que priva al adversario de las herramientas necesarias para argumentar e incluso expresar su postura.

De vez en cuando, se producen auténticas batallas en este sentido, que intentan acallar directamente al adversario (como el reciente ejemplo de las amenazas del Congreso español contra la organización Hazte Oír por atreverse a decir lo mismo que enseña la biología). Siempre me ha parecido, sin embargo, que lo verdaderamente grave es la guerrilla del lenguaje, que se produce de forma encubierta y que, más que acallar, lo que hace es pervertir el lenguaje del oponente.

Leyendo esta mañana un blog norteamericano, me ha gustado el clarividente comentario de una lectora del mismo sobre este tema.

“…una táctica estándar de la Izquierda: apropiarse de una palabra o concepto asociados a la tradición que uno quiere destruir y, después, redefinirla repetidas veces. Así se matan dos pájaros con la misma piedra: se socava esa tradición y se consigue dar impresión de mayor legitimidad para las posturas propias”.

Por desgracia, no me ha hecho falta pensar mucho para encontrar multitud de ejemplos relacionados con el catolicismo.

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10.03.17

Alfa y Omega, quién te ha visto y quién te ve

Se ve que me voy haciendo viejo, porque aún recuerdo los viejos tiempos de Alfa y Omega, creado como una estupenda herramienta de evangelización, llena de ilusión por llevar a Cristo al mundo, defender sin complejos la razonabilidad de la fe y mostrar las incontables riquezas espirituales de la Tradición y la vida de la Iglesia. En mi casa todavía debe de estar en algún sitio un cuaderno en el que, entre otras cosas, guardaba recortes de la revista que me habían parecido especialmente buenos. Precisamente por eso, me duele ver que el catolicismo del semanario se va diluyendo cada vez más en el progresismo ambiente, adoptado de forma entusiasta y acrítica por sus responsables.

Me temo que Alfa y Omega se está uniendo así a una larga tradición (con minúscula) de revistas católicas que han ido trocando su catolicismo por mundanidad más o menos teñida de clericalismo residual. En casa de mis abuelos se recibía el magnífico Mensajero del Corazón de Jesús y tanto era el aprecio que tenían a la revista que tardaron años en convencerse de que había cambiado y ya no valía para nada. En efecto, como símbolo externo de lo que sucedía en su interior, había ido utilizando un tipo de letra cada vez más pequeño para “Corazón de Jesús” en su título hasta que, finalmente, se quedó únicamente en “El mensajero". Por supuesto, para aquel entonces la revista carecía de mensaje más allá de un vago progresismo de tres al cuarto. Algo parecido les ha sucedido a otras muchas revistas y, desgraciadamente, parece que también a Alfa y Omega, antiguo orgullo de la diócesis de Madrid.

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