InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Biblia

16.11.17

Nostalgia del cielo

Leyendo el salmo 23, me ha llamado la atención un verso en el que nunca me había detenido: habitaré en la casa del Señor por años sin término. En los salmos, como decía Santo Tomás, está contenida la Escritura entera, y al leer la frase he tenido que detenerme para rumiarla tranquilamente cual estólido buey.

Obviamente, el salmo hace alusión a la vida eterna en el cielo. En ese sentido, es casi trivial, porque no hace más que repetir algo que todo cristiano sabe al menos desde que tiene uso de razón: que nuestro fin es la vida eterna en el cielo. Me ha parecido especialmente llamativo, sin embargo, que el salmo hable del cielo como la Casa del Señor. El cielo es un Reino, un banquete, una patria, una Ciudad… pero también, y quizá ante todo, es una casa, un hogar.

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3.08.17

¿Por que no se habla del Juicio Final?

El domingo pasado fui a Misa a una de esas parroquias que tienen libritos en los bancos con las lecturas de cada domingo. Los libritos resultan útiles, ciertamente, sobre todo cuando los lectores tienen lo que podríamos llamar el carisma antipentecostal, es decir, la asombrosa cualidad de resultar incomprensibles para los habitantes de todas las naciones de la tierra, incluida la propia.

El caso es que, merced al libro, además de poder enterarme de lo que se estaba leyendo, me di cuenta de algo muy curioso sobre la lectura del Evangelio de ese día.

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25.02.17

¿Mejores que San Pablo?

Hoy, un post breve.

Me ha impresionado la lectura de hoy de laudes, tomada de la carta a los Filipenses:

“Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación malvada y perversa, entre la cual brilláis como antorchas en el mundo”.

Por supuesto, lo primero en lo que me he fijado es en lo que la Palabra de Dios me decía a mí: Hazlo todo sin murmuraciones ni discusiones, como un hijo de Dios. Impresionante. Sólo eso lo cambia todo. Estoy llamado a brillar como una antorcha con la luz del mismo Dios, a ser una criatura completamente nueva, que no anda quejándose y protestando, ni siquiera cuando “tiene razón” en quejarse y protestar. Todo lo que Dios pone en mi vida es para mi bien y estoy llamado a bendecirlo siempre, tal como he empezado el día: Señor, ábreme los labios. Y mi boca proclamará tu alabanza. Eso es el cielo, que comienza ya en la tierra por la gracia, vivir alabando a Dios.

Después, me ha llamado la atención otra cosa.

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13.02.17

Sois reyes

Como llevamos varias semanas de artículos polémicos, necesarios pero fatigosos, creo que es buena idea traer al blog palabras de aliento, de gracia y de esperanza, así que he traducido para los lectores parte de un texto del Beato John Henry Newman. Se trata de uno de los sermones parroquiales que pronunció cuando aún era anglicano. Uno no puede evitar pensar que ojalá muchos sacerdotes católicos predicaran al menos como el Newman anglicano.

Este sermón en concreto versa sobre la ocasión en que David venció a Goliat con su honda, siendo todavía un muchacho. La formación bastante pelagiana que tantos han recibido hace que a menudo se tome la Escritura como algo puramente moral, pero la buena noticia es que los misterios anunciados se cumplen hoy en nosotros. Newman sabe que todo el Antiguo Testamento se cumple en Cristo y, por Él, también se cumple en nosotros. Leída así, la Escritura es el libro más emocionante que se ha escrito nunca, porque no sólo habla de luchas, batallas, aventuras, misterios y victorias maravillosas, sino de nuestras luchas, batallas, aventuras, misterios y victorias maravillosas en Cristo.

Que lo disfruten.

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5.01.17

Si Lutero fuera testigo del Evangelio, los católicos seríamos testigos del Anticristo

Veo que el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos se reafirma en llamar a Lutero “testigo del evangelio”. Es ley de vida: cuando uno cree que ya ha visto todos los disparates del mundo, siempre hay alguien que le sorprende.

No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que decir que Lutero fue un testigo del Evangelio es lo mismo que decir que lo que proclamaba era cierto, al menos en esencia. Si no se quiere decir eso, es que las palabras utilizadas no significan nada y, en vez de hablar, lo que se está haciendo es emitir ruidos sin sentido, gruñidos animales propios de quien ha abandonado la razón, sustituyéndola por lo políticamente correcto.

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