InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de la fe

2.05.16

Qué me importan los dogmas (San Atanasio)

Hoy se celebra la memoria litúrgica de San Atanasio y, en honor de este gran santo, doctor de la Iglesia y defensor infatigable de los dogmas definidos en Nicea, recupero este artículo que escribí hace casi diez años, titulado “Qué me importan los dogmas".

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Desde que escribo en este blog, he recibido multitud de comentarios que, más que negar un dogma u otro, lo que hacen es prescindir enteramente de los dogmas. Se afirma que lo único importante es querer a los demás o, como mucho, que basta con saber que Dios es nuestro Padre y que nos quiere. Lo demás, se dice, son “barroquismos”, “cosas de teólogos”, “antiguallas” que alejan el cristianismo de la gente y que no tienen ni ninguna importancia.

Mi primera impresión ante todo esto es que resulta curiosísimo que, en dos mil años de historia de la Iglesia, sólo ahora nos hayamos dado cuenta de que todo eso de los dogmas no tenía ninguna importancia. ¿A nadie le sorprende que, generación tras generación, la Iglesia haya vivido pendiente de los dogmas como algo que afecta al núcleo de la vida cristiana y, de repente, ahora descubramos que era irrelevante? La Iglesia de todas las épocas, incluida la primera Iglesia de los Apóstoles, ha considerado que el que no profesaba la fe de la Iglesia se separaba de ella:

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11.12.15

Otra buena lectura postsinodal: San Atanasio

Hace un par de semanas recomendé el libro Santa Mónica. Las lágrimas de una madre como buena lectura postsinodal, para desintoxicarse un poco. Otra vida de santo que creo que conviene leer en estos momentos, también recientemente publicada por la Editorial Vita Brevis, es San Atanasio contra el mundo, obra de la misma autora, F.A. Forbes.

Si el lector ha tenido alguna vez la sensación de que está (casi) solo en un mundo que ha abandonado la fe católica, si se siente angustiado por los triunfos de la heterodoxia, si ha observado con horror que muchos de los encargados de defender la fe se avergüenzan de ella y la sustituyen por versiones aguadas y políticamente correctas, que lea esta vida de San Atanasio y se verá confortado. En efecto, descubrirá a un santo que se encontró en una situación similar pero aún peor, en la que la fe católica parecía irremediablemente condenada a desaparecer, devorada por las heterodoxias y aplastada bajo la dura bota del poder político.

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28.10.15

Una buena lectura postsinodal: Santa Mónica

Ahora que, por fin, se ha acabado el Sínodo de los obispos, creo que a todos nos hace falta algo para hacernos olvidar el mal sabor de boca de ciertas intervenciones, que, por decirlo de alguna manera, no han sido precisamente edificantes. Así pues, usaremos el agere contra ignaciano: para quitar de la boca el sabor mundano a relativismo y desesperanza, nada mejor que el buen sabor de la santidad.

En mi opinión, pocas lecturas hay más recomendables que las vidas de santos, porque muestran en concreto que es posible vivir según la voluntad de Dios, aunque al mundo (dentro o fuera de la Iglesia) le parezca un ideal inalcanzable. Hoy propongo, además, leer la vida de una santa que se distinguió sobre todo por hacer esa voluntad de Dios en su familia: Santa Mónica.

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14.11.14

Los ateos pueden ser buena gente, pero…

Ateo bueno

Traduzco hoy para Espada de doble filo unos párrafos curiosos sobre el ateísmo que he leído en un blog norteamericano (Creative Minority Report). Aunque breves y con un lenguaje algo vago, resultan provocativos y creo que podrían ser un buen punto de partida para una interesante discusión sobre el ateísmo y la moralidad.

A mi entender, el punto más débil del pensamiento de los ateos modernos está en que su propio materialismo les lleva a posiciones contradictorias con todo aquello que hace humano al ser humano, tanto en general como en su caso particular, incluida la moral. Esta contradicción interna entre teoría y práctica, entre posturas intelectuales y vida concreta, entre ateos-que-no-creen-en-el-bien y ateos-que-se-comportan-bien (casi me atrevería a decir entre fe ateo-materialista y realidad) produce una curiosa tensión que, al menos desde fuera, resulta fascinante.

Yo no plantearía la cuestión como los párrafos traducidos, pero me parece muy curioso que precisamente lo que le llama la atención al bloguero norteamericano, hasta ahora, siempre se haya cumplido en este blog. Creo que sería interesante reflexionar sobre eso.

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21.10.14

Mi Señor, el gran Poeta

PoesíaEn una iglesia en la que suelo rezar todos los días, hay un gran Cristo crucificado sobre el altar mayor. Es un Cristo enjuto y con cara de castellano viejo. Sufriente, el pelo empapado en sudor y las costillas bien marcadas, pero sereno y con los golpes y llagas apenas sugeridos. Moderno, pero devoto y de talle elegante, con un leve toque de la curvatura de los antiguos crucifijos de marfil.

Por alguna razón, siempre le he atribuido en mi mente a ese Cristo en particular la advocación de “mi Señor, el gran Poeta”. No es, ni mucho menos, la imagen más bonita que he visto, pero tiene la virtud de hablarme del más hermoso de los hombres, como dice el salmista, del amado de mi alma, como suspira el Cantar de los Cantares. Cuanto rezo ante él, de algún modo, mi alma se llena de la hermosura de la creación, que refleja la Belleza eterna del Verbo de Dios, y me alegro y siento nostalgia por el recuerdo de cosas que aún no he visto y que me esperan en el cielo.

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