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22.02.12
Hace mucho tiempo, un sacerdote muy sabio me dijo que una de las cosas que más facilitan la vida cristiana es aprovechar las ayudas que la Iglesia da en la liturgia. Es decir, por ejemplo, para tener una buena Cuaresma, nada ayuda más que fijarse en la liturgia de estos días, en las lecturas de conversión que prepara la Iglesia, en los signos cuaresmales (el sacramental de la ceniza, vestiduras moradas, ausencia de flores, cantos más sobrios, se deja el aleluya y el gloria para la Pascua…) o en las oraciones litúrgicas, que destilan la sabiduría sobrenatural de la Iglesia.
Hoy me he acordado de ello al leer la lectura breve que la Iglesia pone para el rezo de Laudes del primer día de Cuaresma. La he leído, me he quedado asombrado y he tenido que dar gracias a Dios:
“El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos” (Dt 7,6.8-9).
He leído esas líneas y, sin darme cuenta, he empezado a vivir la Cuaresma como Dios quiere que la viva. No centrado en mí, en los ayunos o sacrificios que vaya o no vaya a hacer, en lo que yo quiera conseguir, en lo que tengo que cambiar, en mis fuerzas o entusiasmo (o falta de ellos), ni siquiera en mis pecados. Al contrario, la lectura ha roto esa curvatura perversa de mi mirada, que hace que me mire el ombligo hasta en las cosas santas, y ha puesto ante mis ojos el amor de Dios.
No es un amor abstracto, general o indefinido, sino el amor concreto y particular que Dios me tiene a mí. Él me ha elegido entre todos los hombres de la tierra, para que sea de su propiedad. Como mis hijos han elegido, entre los innumerables muñecos de peluche que hay en nuestra casa, a uno especial que llevan consigo a todas partes, con el que duermen y en el que vuelcan su amor. ¡Dios me quiere, se preocupa por mí, le importo!
La Cuaresma es, ante todo, eso: volver al amor primero, al tiempo en que Dios era mi delicia. Convertirse, en hebreo, se dice “sub", que significa “volver". Por eso la lectura me recuerda todo lo que Dios ha hecho por mí y yo, preocupado en mil tonterías, había olvidado. Por puro amor, me sacó de Egipto, de pecados, miedos y oscuridades de los que yo no podía salir, que me esclavizaban y me destruían. Ha hecho milagros en mi vida, me ha dado de comer donde nada había que comer, ha creado en mi interior una fuente de agua que brota hasta la vida eterna para saciar mi sed, ha domeñado ante mí el mar rojo de la muerte, me ha demostrado que provee, ha cambiado mi matrimonio, me ha regalado tiempos en el desierto y la oscuridad para que no me extravíe con otros dioses, ha roto en pedazos los becerros de oro que yo me fabricaba, me ha dado una ley más sabia que toda la sabiduría de los hombres, para que sea feliz… El Señor ha estado grande conmigo.
¡Tantos milagros y vivo como si no hubiese visto los prodigios de Dios! Dios me ha amado especialmente y yo me extravío en pos de otros amores. No hay duda: soy tonto. No hay duda: Necesito este tiempo de soledad con el Señor, volver al desierto, recibir la ceniza sobre mi cabeza y quebrar la dureza de mi corazón con el ayuno, la oración y la limosna. Lo necesito más que el comer y más que ninguna otra cosa. En esto me juego la vida. Dios lo sabe y, como siempre, me tiene preparado lo que me hace falta: el tiempo de Cuaresma.
La Cuaresma, si abrimos los ojos de verdad, es un regalo y no una proeza atlética. Por eso no empieza con esfuerzo, sino ante todo con un don: el recuerdo de que Dios me quiere y me propone que, durante esta Cuaresma, vayamos juntos al desierto y nos olvidemos de todo lo demás.
Va a ser una Cuaresma estupenda.
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con tres hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
literaria, se empeña en ofrecer al mundo sus ocurrencias sobre todo y nada en este blog, siempre
desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica.
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espadadoblefilo@hotmail.com.
Carmina Catholica. Este libro recopila una serie de versos católicos
en el más amplio sentido de la palabra. Son versos que tratan de temas muy variados, pero siempre
con los ojos recién creados y llenos de admiración que son la esencia de cualquier poesía y también de la fe.
El autor compone sus versos a la antigua usanza, con métrica y rima. Disfrutando del aroma al Siglo de Oro
que tienen algunos de sus sonetos, romances,sonetillos, décimas o tercetos encadenados, uno no puede evitar
pensar que quizá no anda del todo desencaminado.
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