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4.02.10
Me ha llamado la atención leer, en distintos blogs de este mismo portal, cómo a veces se critica durísimamente al feminismo y otras se ensalza al mismo como un gran logro de nuestro tiempo. Es una contradicción curiosa y creo que conviene analizarla un poco.
Bien, como es lógico, las palabras sólo son palabras, aunque algunas arrastren una historia accidentada. En sí no son buenas ni malas. Las nueve letras de esta palabra no son mejores ni peores que las demás. Lo que importa es el significado que se da al término en cuestión. Y creo que es evidente que la palabra “feminismo” no significa lo mismo para todo el mundo. Bajo el paraguas del término feminismo, coexisten multitud de interpretaciones de la vida, del ser humano, de lo que es la mujer y de su relación con Dios y con los varones. Algunas de esas interpretaciones son compatibles con la fe católica, mientras que otras muchas son claramente inadmisibles para un católico, lo cual crea una gran confusión.
Precisamente por esa confusión, hacen falta criterios sencillos para distinguir lo que es católico de lo que no puede serlo nunca. He recogido brevemente diez características que hacen que una determinada postura feminista sea contraria a la visión católica del mundo. Quizá los lectores puedan aportar otras. A mi juicio, si una postura que se autodenomina “feminista” rechaza estas características será en principio aceptable para un católico, al margen de que nos guste más o menos el término en sí.
1) Basar la relación entre los sexos en la lucha por el poder o el dominio. Es una traslación a este ámbito de la idea marxista de la lucha de clases. Como es lógico, este tipo de interpretación de la relación familiar aborrece términos como “servicio”, “obediencia”, “sacrificio”, etc.
2) Considerar que la dignidad (de la mujer) proviene de lo que produce y no de lo que es. De nuevo, es un resabio del marxismo, que intentaba interpretar la Historia, la sociedad e incluso la moral con criterios esencialmente económicos. Según esta interpretación, la mujer que no trabaja fuera de casa no vale nada, no se “realiza", porque no produce económicamente.
3) Creer que, para que la mujer valga verdaderamente, tiene que ser igual que el hombre. De aquí proviene la obsesión por conseguir que haya un 50% de mujeres en todos los trabajos y por establecer cuotas en partidos políticos, consejos de administración, gabinetes gubernamentales, etc.
4) Desprecio por la maternidad y/o por la dedicación a la familia. Debido a los errores anteriores, la maternidad termina por considerarse una carga, que impide que la mujer se realice como persona y profesional.
5) Confusión entre “discriminación odiosa” y la simple “discriminación” o “distinción”. Hasta el punto de que resulta políticamente incorrecto hablar de cualquier diferencia entre hombres y mujeres, incluso de las más obvias.
6) Desprecio de la complementariedad entre los sexos. Se olvida que el hombre y la mujer pueden formar un matrimonio precisamente por sus diferencias, que les permiten ser complementarios e incluso constituir un icono de la Trinidad. El lenguaje de los “diversos tipos de familias” y el matrimonio homosexual, por ejemplo, son dos ataques que sufre hoy esta complementariedad.
7) La ideología de género, que sustituye la masculinidad y la feminidad como características de la naturaleza del ser creado (“hombre y mujer los creó”) por la decisión más o menos arbitraria de los interesados. Es decir, cambia un don y una vocación de Dios por una construcción artificial y vacía de sentido.
8) Desconexión de la sexualidad, el amor, la donación de sí, la fecundidad y el matrimonio. Es decir, la llamada “liberación sexual”, que en realidad constituye una esclavitud generalizada con respecto a las propias pasiones. Sus consecuencias son evidentes en una época en la que las familias destruidas o casi inexistentes empiezan a ser la norma en lugar de la excepción y en que los índices de natalidad están bajo mínimos. Y esas consecuencias suelen crear un sufrimiento especialmente grande a las propias mujeres.
9) Defensa del aborto. No necesita mucha explicación. La mujer, por su vocación a la maternidad, está vinculada de una forma especial a la defensa de la vida, en particular de la vida de los niños indefensos. Cuando se destruye esa vinculación especial, como se hace con el aborto y su promoción, en realidad se está destruyendo la misma esencia de la mujer.
10) La idea de que es una discriminación odiosa que el sacerdocio ministerial en la Iglesia se confiera únicamente a los varones. En la vida eclesial, los múltiples errores anteriores confluyen en esta idea y casi todos ellos se suelen encontrar, de una forma u otra, en las defensas del sacerdocio femenino.
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con dos hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
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desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
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