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7.11.09
Leo en Internet que Google rechaza cualquier tipo de anuncios de clínicas abortistas o de consejos para realizar abortos, desde el año pasado. Eso sí, sólo en 15 países del mundo, entre los cuales está España. Esta política supuso las comprensibles felicitaciones de HazteOir.org.
Entiendo que algo así es bueno en un sentido muy básico: cuanta menos publicidad para las clínicas abortistas, mejor. Cada pequeño obstáculo que se coloque al aborto libre significa, a la postre, menos niños muertos. Es una forma bastante fría y calculadora de considerar la cuestión, pero cuando las cifras de abortos en España pasan de cien mil al año, uno termina por quedarse embotado y sin palabras. Lo describe muy bien la famosa frase atribuida a Stalin: “La muerte de un hombre es una tragedia, la muerte de un millón es una estadística".
A mí, sin embargo, la noticia me deja mal sabor de boca.
¿Por qué? Por las razones que da la propia empresa Google para justificar su decisión. El responsable de comunicaciones de Google Ads para Europa (los anuncios que coloca Google en otras páginas de Internet, incluidos por innumerables páginas web para financiarse), Ben Novizk, afirmó que la “decisión no responde a criterios morales o religiosos sino simplemente se trata de una decisión tomada por negocios, por las quejas recibidas por miles de clientes que merecen una consideración". Y, por supuesto, no descartan cambiar su política en caso de que se apruebe la nueva ley con la que se planea liberalizar aún más el aborto.
Según esas declaraciones, si Google no acepta anuncios de clínicas abortistas, es simple y llanamente para no perder dinero, que es lo único que le importa. Con ello, Google intenta quedar al margen del debate, para no enemistarse con ningún cliente, que son los que, al fin y al cabo, pagan. Sin embargo, el resultado es muy diferente. Lejos de quedar al margen, lo que hace es defender una postura muy clara: las empresas están por encima del bien y del mal, lo único que puede importarles es el dinero. Para una empresa, según esto, la moralidad, la vida de las personas, la justicia o la verdad son irrelevantes. Lo que no pueda ingresarse en el banco no existe.
Es algo repugnante. Prefiero incluso a alguien que piensa que el feto es un pedazo de carne y que cree que el aborto es algo necesario para la liberación de la mujer. Alguien así se equivoca, con consecuencias trágicas, pero al menos no pretende que da igual si estamos matando niños o no, porque lo único que importa es conseguir una décima más de beneficios en el balance general a final de año.
¿En qué se diferencian las empresas con estos criterios de los barcos negreros que navegaban cargados de esclavos hacinados hacia América? ¿O de los proxenetas que se lucran con la explotación y el sufrimiento de pobres mujeres? ¿O de las minas de carbón que, en el siglo XIX en Inglaterra, hacían trabajar a mujeres y niños hasta que morían de agotamiento? Moralmente, en nada. Con sus campañas ecológicas y otras causas políticamente correctas estas empresas no hacen más que aspirar al siempre ambicionado estatus de sepulcros blanqueados.
Nuestro sistema económico quizás sea el mejor para crear riqueza, no lo sé. Pero no cabe duda de que ha dado lugar a estos entes horrendos: compañías cuyo único propósito es ganar dinero, por encima de cualquier consideración moral, y a las que se permite aumentar su poder de forma vertiginosa, influir decisivamente en la vida de países enteros y blindarse con abogados, sobornos, publicidad, legislación a medida y grupos de presión. ¿Merece la pena crear riqueza a cambio de dar lugar a estos entes que, si fueran seres humanos, serían considerados indeseables por cualquier persona normal? ¿No existen alternativas? Hemos creado un monstruo y terminará por devorarnos.
Quid vobis videtur?
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Bruno Moreno Ramos es laico y ha sido bendecido por Dios
con dos hijos y una esposa mucho mejor de lo que merece. Es físico y teólogo,
además de trabajar como traductor e intérprete jurado. A pesar de su escasa habilidad
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desde la fe católica y la razón. También colabora regularmente con Radio H.M.
Para purgar sus pecados, forma parte del Consejo de Redacción de InfoCatólica.
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