InfoCatólica / La Esfera y la Cruz / Categoría: Historia

1.02.17

La Biblia, la Iglesia y el razonamiento circular

Conversando acerca de la Biblia, y de la autoridad de la Iglesia para interpretarla, un visitante nos acusaba de incurrir en la falacia lógica conocida como razonamiento circular.

¿Como sabemos que Dios dio a la Iglesia la autorización para interpretar en exclusiva los textos bíblicos?

Porque lo recoge la Biblia.

¿Y como sabemos que la Biblia es palabra De Dios?

Porque lo dice la Iglesia.

Eso, en mi pueblo, se llama ARGUMENTO CIRCULAR.

Parece bastante simple ¿no? Y si eso fuera lo que hubiéramos dicho, tendría razón, pero no es así.

La Iglesia interpreta auténticamente (no en exclusiva) la Biblia porque recibió ese poder de Jesús, que es Dios. Esto no está explícitamente dicho en la Biblia, pero se concluye a partir de los datos históricos que aparecen en ella. En efecto, la Biblia no tiene valor solo como texto religioso, sino además como documento histórico, es decir, contiene
información confiable acerca de Jesús y sus seguidores, incluso para quien no la considera como Palabra de Dios.

Recordemos que el conocimiento histórico de la antigüedad nos llega a través de documentos escasos y parciales. Parciales en el sentido de incompletos y a la vez de poco objetivos. La Anábasis de Jenofonte, por ejemplo, relata la expedición de 10.000 soldados griegos en medio del Imperio Persa, y fue escrita por el comandante de esa misma expedición. Sus manuscritos más antiguos que se conservan son copias datadas hacia el año mil de nuestra era. A pesar de estas características, nadie dudaría en que la Anábasis es un documento histórico confiable. Los historiadores debaten diversos puntos (Si fueron realmente 10.000 griegos, o más o menos) y se espera cierto grado de parcialidad retórica (exaltando el valor de sus soldados o la vileza de sus enemigos), pero su estructura general no está sujeta a dudas. Nadie duda acerca de lo que hicieron en general sus personajes, Ciro, Artajerjes o el mismo Jenofonte, o de que existían los lugares que se mencionan en ella. Tampoco mina su credibilidad el que la Anábasis esté escrita en tercera persona, ni en que esté dedicada a la diosa Artemisa.

Con los evangelios canónicos y el libro de los Hechos de los Apóstoles ocurre lo mismo, pero mucho más intensamente.

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13.01.16

La búsqueda del Jesús histórico

Desde el siglo XVIII muchos se han propuesto encontrar al Jesús histórico, aquel personaje de extracción popular que vivió y murió en Judea del siglo I, y que estaría tras el origen del cristianismo. Su gemelo malvado el “Cristo de la fe”, una figura divina, perfecta, milagrosa, eterna y a-histórica, que ilumina directamente la conciencia de cada uno de sus seguidores. Puesto que las menciones de Jesús fuera de los evangelios son escasas, todo vuelve a centrarse en los mismos textos que los cristianos han leído y escudriñados durante siglos.

Luego de varios siglos de esta búsqueda, los resultados han sido decepcionantes. Los ateos suponen que Jesús renegaba de la religión; los socialistas, que fue el primer socialista; los nazis, que fue un precursor de la raza aria; los vegetarianos, que no comía carne; las feministas, que fue el primer feminista y así suma y sigue. Desde un comienzo se notó el Jesús histórico tenía una alarmante tendencia a acabar sosteniendo los mismos ideales y principios que el investigador. Cada uno lee los episodios del evangelio conforme a sus prejuicios, y llega a una respuesta diferente.

A inicios del siglo XX la investigación sobre Jesús histórico parecía agotada, los expertos en intentaron superar esas críticas, usando un acercamiento más objetivo. Para eso, definieron ciertos patrones o criterios que permitirían saber si es más probable que un episodio o enseñanza de Jesús en los evangelios haya ocurrido realmente.

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9.01.16

La navidad en los evangelios

De los cuatro evangelios, solo dos nos hablan acerca del nacimiento de Jesús. No es extraño que Juan no diga nada al respecto, pues su evangelio solo está interesado en información que no aparece en los otros tres. El de Marcos, por su parte, se enfoca en la vida pública de Jesús, de modo que su nacimiento no forma parte del “plan de la obra”.

Como dos testigos que informan un mismo hecho desde puntos de vista independientes, Mateo y Lucas coinciden entre sí en puntos fundamentales, y difieren en los detalles.

Por ejemplo, ambos son categóricos en señalar que:

  • La madre de Jesús era una virgen llamada María;
  • Estaba prometida con José, un varón descendiente de David;
  • Antes de hacer vida en común, la joven se encontró embarazada de Jesús;
  • El niño nació en Belén, siendo Herodes el gobernante de Judea;
  • La familia se estableció finalmente en Nazaret de Galilea.

Al mismo tiempo, si bien no hay contradicciones entre ambos relatos, sus perspectivas son claramente diferentes. Las películas y tarjetas de la navidad tienden a mezclar ambas versiones, y ahí es cuando nos quedamos con la idea de la estrella de Belén brillando sobre el pesebre. Sin embargo, para profundizar en el texto es importante tener clara la diferencia entre uno y otro relato.

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25.12.15

El censo de Quirino

En su afán por el rigor histórico, san Lucas menciona un hecho público y notorio que permitía a sus lectores originales precisar la época del nacimiento de Jesús. Este evangelio indica:

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. (Lc 2, 1-5)

Esta referencia al censo “cuando Quirino gobernaba la Siria”, que Lucas utiliza para situar el nacimiento de Jesús y explicar el traslado de José y su familia a Belén, ha dado lugar a diversas objeciones.

En su libro Antigüedades de los Judíos, Josefo relata que hacia el año 6 d.C. Quirino fue nombrado gobernador de Siria y Judea en reemplazo de Arquelao (mencionado en el evangelio de san Mateo), y que mandó censar a la población. El problema es que, si este es el mismo censo al que se refiere Lucas, Jesús habría nacido más de cinco años después de la muerte de Herodes. Eso implicaría una contradicción con lo dicho por Mateo y por él mismo, en cuanto a que Jesús nació en tiempos que Herodes gobernaba Judea (Lc 1, 5). Además, se nota que el censo de Quirino al que se refiere Josefo fue local, solo en Siria y Judea, y no universal como indica Lucas. Además, el censo de Quirino se habría ordenado realizar en Siria y Judea, de modo que no había razón para que José, que en ese tiempo vivía en Galilea, viajara a Belén.

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30.11.15

¿Es histórica la matanza de inocentes?

El evangelio de san Mateo cuenta que el rey Herodes, al ver que los magos no volvían con información acerca del Mesías, mandó matar a todos los niños varones menores de dos años en Belén (Mt 2, 16). Este dramático evento es parte esencial de toda narración de la navidad, pero a veces es puesto en duda por tener un supuesto origen mítico. A la sensibilidad moderna le parece inverosímil que un gobernante ordene la muerte de todos los niños en un pueblo, y que un hecho tan extraordinario no quedara registrado en otras fuentes históricas.

Sin embargo, las acciones de Herodes en este episodio se ajustan a lo que ha sido la regla general en la historia de la humanidad. La idea de que todos los humanos tengan derecho vivir es muy reciente. Hasta hace poco, solo se tenía ese derecho si se pertenecía a la familia o a la raza “adecuada", y lo mismo se ha aplicado a los niños y las mujeres en diferentes culturas. En Esparta, por ejemplo, los recién nacidos debían ser considerados aptos para convertirse en guerreros, antes que se les permitiera vivir. El pater familia romano tenía no solo el derecho de matar a los niños obviamente deformes, sino la obligación de hacerlo. En ese contexto, a nadie sorprende que un gobernante semibárbaro y paranoico de una provincia leja del imperio reaccionara con medidas exageradas y monstruosas ante lo que amenazaba su poder.

En particular, Herodes El Grande era reconocido por su crueldad, y adepto a asesinar a sus oponentes políticos y familiares. Flavio Josefo cuenta que, apenas instalado como rey de Jerusalén, ordenó matar a 45 partidarios de su predecesor Antígono. Durante su reinado, se agregaron a esa lista su cuñado Aristóbulo, los dos esposos de su hermana Salomé, su suegra Alejandra, su mujer Marianne, y sus hijos Alejandro y Aristóbulo. Con tales antecedentes, que Herodes además mandara a matar a los niños de un pueblo pobre no resulta nada extraordinario, ni ameritaba mayor mención.

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