4.05.17

A modo de presentación

Miguel Ángel, Profeta Ezequiel, Capilla Sixtina«Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor. Aquélla solicita de los hombres la gloria; la mayor gloria de ésta se cifra en tener a Dios como testigo de su conciencia. Aquélla se engríe en su gloria; ésta dice a su Dios: Gloria mía, Tú mantienes alta mi cabeza (Sal 3,4). La primera está dominada por la ambición de dominio en sus príncipes o en las naciones que somete; en la segunda se sirven mutuamente en la caridad los superiores mandando y los súbditos obedeciendo. Aquélla ama su propia fuerza en los potentados; ésta le dice a su Dios: Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza (Sal 17,2).» (San Agustín, La Ciudad de Dios, XIV, 28

Soy consciente que el título de este blog requiere una explicación. Y para presentarlo, como es costumbre hacer en este sitio que generosamente me acoge, parece oportuno empezar por ella.

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