Cultura y religión (Inculturación III)

MiniaturaUna vez expuestas algunas claves magisteriales para ir elaborando un concepto de inculturación, podemos hacer unas primeras observaciones. La inculturación es presentada como un proceso que afecta por un lado al Evangelio (entendido como los contenidos fundamentales de la fe cristiana, incluyendo la vida y la Tradición de la Iglesia), y por otro a la cultura receptora. Ambas instancias son sometidas a ese proceso que busca que el Evangelio sea vivido desde el interior de esa cultura concreta y que, a la vez, esa cultura pase formar parte de la vida de la Iglesia. La acción de inculturación es operada por la Iglesia en cuanto misionera, formando parte de esa acción tanto los misioneros como los mismos evangelizados, bajo la vigilancia del Magisterio, que evita caer en los extremos de la alienación de la cultura o supervaloración de la misma.

Dentro de esta idea de inculturación, que he presentado de la manera más equilibrada posible, caben diversas tendencias, que pueden polarizarse entre los dos extremos mencionados, sin caer en los mismos. Es evidente que un planteamiento extremo en este sentido se situaría fuera de la descripción que hemos hecho.

Pero un planteamiento equilibrado de la cuestión no evita todos los problemas. Como se ha mencionado en los comentarios, hay algunos temas que se deben considerar atentamente. Por ejemplo, se han citado unas palabras del beato Paolo Manna: «Confucio y Buda pueden dar a la filosofía cristiana tanto y más que lo le han dado Platón y Aristóteles». El sentido de las palabras es bastante discutible, pero, ¿quiere eso decir que el Evangelio podría expresarse igualmente con el lenguaje filosófico griego en que se ha expresado la Tradición de la Iglesia que con los lenguajes de Buda y Confucio? En cierto sentido pretender algo así sería equivalente a comprender el Evangelio como un núcleo que podría abstraerse de cualquier cultura hasta llegar a algo, diríamos, químicamente puro, que podría expresarse y vivirse en el marco de cualquier cultura humana.

En otro comentario se señalaba la dificultad que entrañaba poner en cuestión las elecciones providenciales de Dios. Es decir, si el Evangelio puede expresarse en el lenguaje de Confucio y Buda igual (o mejor, dirían algunos) que en el de la filosofía griega, ¿por qué Dios no hizo que la Revelación se encontrara providencialmente con esta cultura y sí con la griega?

Dejemos por un momento esta cuestión en el aire y señalemos otras dos aportaciones de los comentaristas. Una aportación viene a señalar que de hecho el Verbo se ha encarnado en una cultura concreta (otra elección providencial, diríamos); ¿puede separarse el Evangelio de esa cultura? ¿Supone la evangelización una imposición de la cultura mediterránea y judía? Otra aportación sugiere la necesidad de perfilar un concepto de «cultura», pues las diversas interpretaciones de la inculturación vendrían por tomar este término según diversos significados. Adelantamos que resulta imposible para mí, y algo absolutamente fuera de mi competencia, realizar un estudio así de forma exhaustiva. No obstante, debo decir algunas palabras sobre la idea de cultura para poder enfocar la cuestión.

La religión es el centro determinante de la cultura

Esta primera afirmación me parece fundamental, y el olvido de esta verdad está en la base de muchos errores en este tema. Como comenzaba esta serie recordando unas palabras del papa Benedicto XVI, voy a servirme ahora de algunas de sus reflexiones como teólogo, antes de ser elegido como sucesor de Pedro, que me parecen las más lúcidas de toda su obra. Me voy a referir fundamentalmente al libro Fe, verdad y tolerancia, que recoge un texto titulado «Fe, religión y cultura», en el que, tratando estos temas, realiza sugerencias interesantísimas.

Comenzamos por el planteamiento de la afirmación que ahora desarrollamos:

En todas las culturas históricas conocidas, la religión es elemento esencial de las mismas, más aún, su centro determinante; la religión es la que determina la estructura de valores y, con ello, el sistema interno de ordenación de las culturas. Pero si las cosas son así, entonces la inculturación de la fe cristiana en otras culturas resultará muy difícil. Porque no es posible ver cómo la cultura entrelazada con la religión, que se entreteje y vive con ella, pueda trasplantarse —por así decirlo— a otra religión, sin que ambas perezcan a la vez.[1]

Ratzinger justifica su afirmación aludiendo a la necesidad de una conexión con lo divino vivida en una comunidad histórica y tradicional para fundamentar el sistema de valores que constituye una cultura. Las culturas se desarrollan históricamente, y un factor fundamental de su desarrollo es el encuentro con otras culturas. Este encuentro configura las culturas y las transforma, pero no supone una alienación, porque es consecuencia de una dimensión que pertenece necesariamente a la cultura humana. Esta dimensión está señalada en el discurso dirigido al CELAM, ya como Benedicto XVI, que hemos comentado al inicio:

Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta.[2]

La apertura de las culturas hacia lo universal

Ratzinger dice que esta «universalidad potencial» de las culturas debe fundarse, en primer lugar, en un dato metafísico, como es la unidad esencial del género humano. Todos los seres humanos comparten una misma y única esencia.

Ahora bien, esta única esencia «hombre» es tocada en lo profundo de su existencia por la verdad misma. Tan sólo por el hecho oculto de que nuestras almas estén tocadas por la verdad se explica la fundamental apertura mutua de todos, así como también las concordancias esenciales que existen aun entre las culturas más alejadas.[3]

Una cultura que niegue esta apertura hacia lo universal es una cultura muerta, porque ninguna cultura puede arrogarse el ser expresión plena del espíritu humano. Esta arrogancia, a mi entender, es la que ha marcado la degeneración de la cultura europea después de la Ilustración. Es, precisamente, como consecuencia de la Ilustración que se desarrolla un concepto de cultura que no considera la religión como su centro. Ratzinger dice que: «tan sólo la Europa moderna desarrolló un concepto de cultura que hace de ésta un ámbito diferente de la religión, o incluso opuesto a ella»[4].

Es decir, curiosamente, cuando la cultura europea ha querido imponerse como norma para todas las culturas humanas ha sido cuando se ha mostrado como una cultura más cerrada, más excluyente y más destructora. Y esto no ha sido en el contexto de la Evangelización de América, sino precisamente ahora, cuando arrastramos un concepto de cultura heredado de esa época oscura del espíritu que fue la Ilustración. Y porque ese concepto de cultura único y necesariamente impuesto a todos es contrario a la configuración esencial del ser humano, es un empeño inútil. Ratzinger lo reconocía de forma clarividente en su famoso diálogo con Habermas:

No existe «fórmula del mundo», racional, o ética, o religiosa, en la que todos pudieran ponerse de acuerdo y que entonces fuese capaz de sostener el todo. O en todo caso, tal fórmula es por el momento inalcanzable. Por eso, incluso los proyectos de un «ethos universal», a los que hemos empezado haciendo referencia, se quedan en una abstracción[5]

Pero esta constatación de la multiplicidad de realizaciones culturales no puede servir para fundamentar una perspectiva multicultural relativista, que es, sorprendentemente, hacia donde se deriva la concepción europea de la cultura que estamos criticando, sino que la apertura a lo universal de las culturas, cuando se fundamenta correctamente en la unidad esencial de la naturaleza humana, presenta una perspectiva distinta que podríamos llamar, con Ratzinger, la de la «interculturalidad».

Con esta perspectiva reconocemos que, incluso habiendo culturas objetivamente superiores a otras, todas ellas están abiertas a la universalidad, en la que alcanzan su realización definitiva. Esta universalidad no está exenta de tensiones y choques, pero estos no son perniciosos, como algo de lo que hay que protegerse, sino que son motor de un crecimiento y desarrollo cultural sin el cual la cultura no respondería adecuadamente a las exigencias de un ser humano que vive cada vez en un espacio más globalizado.

Semejante proceso puede conducir precisamente a que se quiebren las calladas alienaciones del hombre con respecto a la verdad y con respecto a sí mismo que residen en una cultura. Este proceso puede ser la Pascua salvadora de una cultura, la cual resucita en lo que parece una muerte y llega entonces a ser plenamente sí misma.[6]

Por tanto, la cerrazón de la cultura es lo que produce alienaciones, mientras que la apertura de las culturas a aceptar lo ajeno y a cambiar lo propio es, generalmente, un proceso liberador.

Propuesta para el debate

He de detenerme aquí, porque me he marcado una extensión máxima para estos escritos, pero es necesario advertir que falta introducir en esta reflexión el elemento específicamente cristiano. Ratzinger lo hace, y nosotros lo haremos en la siguiente entrega, porque, como los lectores podrán adivinar, en la medida en que la universalidad potencial de las culturas es consecuencia de la unidad esencial del ser humano, el Misterio de la Encarnación supone una determinación fundamental de esa universalidad. Las culturas, en su pluralidad, están abiertas a la universalidad de la expresión de la humanidad del hombre perfecto, que es Cristo; es decir, que todas las culturas están necesariamente abiertas a Cristo. En esta verdad se funda la pretensión cristiana (tan insoportable para la pésima cultura moderna) de que comunicar la plenitud de la Revelación a todos los pueblos es un servicio irrenunciable.

La propuesta para el debate es, en este caso, más libre. Me gustaría conocer su opinión sobre mi juicio negativo de la cultura moderna, precisamente por su cerrazón y en qué medida tal cerrazón es, paradójicamente, fruto del planteamiento multicultural relativista. ¿Qué papel tiene en todo esto el olvido de la dimensión metafísica de la antropología, es decir, el olvido de la esencia humana? ¿Hasta qué punto ha penetrado en la Iglesia esta cultura moderna?


[1] Joseph RATZINGER, Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo, Salamanca: Sígueme, 2005, p. 54.

[3] RATZINGER, Fe, verdad…, p. 59.

[4] Ibid., p. 54.

[6] RATZINGER, Fe, verdad…, p. 58.

15 comentarios

  
Palas Atenea
Estoy de acuerdo, básicamente, con el planteamiento. La multiculturalidad existente es cerrazón y lleva a que grupos humanos se encierren en una especie de ghettos mientras que todos ellos estén permeados por un pensamiento impuesto que regule esos mismos apartheids. Es decir, que hay unos máximos, no mínimos, que se supone tienen que cumplir los budistas, los cristianos, los musulmanes y los ateos y, a partir de ahí, pueden ser distintos en aquellas cosas que son superficiales. Lo cual nos lleva al pensamiento único animado con pinceladas de color que den apariencia de que hay libertad sin que la mayoría se dé cuenta de que no existe tal cosa más que para cuestiones totalmente carentes de sustancia o de segundo orden.
Así el pensamiento único puede "tolerar" las procesiones pero no la oposición a la ideología de género, siendo ésta muchísimo más dañina que la supresión de una procesión en el orden establecido por el Catolicismo. Lo que se pretende hoy en día no es inculturación sino aculturación, que es distinto. Eso sí, una aculturación colorista que oculte la pérdida de libertades.
12/05/17 12:44 PM
  
Ricardo de Argentina
Sí, por supesto: es la religión la que condiciona a la cultura. Hasta etimológicamente se ve eso, pues "cultura" viene de "culto".

Pero debemos ampliar drásticamente nuestras miras cuando nos topamos con la cultura moderna. ¿A qué "religión" responde? A ninguna ciertamente. El liberalismo infelizmente reinante postula que Dios no existe, así que de "religación" o de "religión", nadita de ná.

No nos queda más remedio que pasar a reemplazar "religión" por "cosmovisión", entonces sí podemos decir con propiedad que la cosmovisión liberal es la que condiciona a la cultura actual.

Ha sido relativamente posible a los misioneros cristianos evangelizar a las culturas teístas, pues éstas ya tenían una idea más o menos precisa de la existencia de lo trascendente y de Dios. Pero hablarles de Dios a quienes desde su más tierna infancia les han dado a entender -o incluso se lo han dicho expresamente- que Dios es fruto de la imaginación humana, es casi misión imposible, humanamente hablando.
Yo creo que más que inculturación, hay que hablar sin más de metanoia, pues no se puede predicar a Dios en una cultura que niega su existencia (¡Dios ha muerto!) como postulado fundamental.
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FJD: Interesante. Aunque yo sigo desconfiando del uso del término "liberal" para referirse a la cultura actual.
12/05/17 3:38 PM
  
Ramvel
Sin entrar en teorizaciones que no podría sostener debidamente, me remito a los hechos. El "sentido religioso" es una constante en todas las culturas, tal como nos refiere el Card. Ratzinger. Este sentido religioso es la "apertura" hacia Dios, su búsqueda, el vacío interior en el ser humano que quiere ser llenado por Él.
Si en este momento actual de la historia presenciamos una rebelión del ser humano contra Dios de grandes magnitudes, y si se "rige" la cultura por este principio es fácil asociar a ella el desvío y el desvarío en todos los ámbitos de la vida humana.
En la Iglesia, no solo ha penetrado como un cuerpo extraño, sino que se ha extendido a todo el "cuerpo" perturbando gravemente el sentido de la fe, que es vivida de manera distorsionada por las nuevas generaciones, especialmente.
Para no extenderme quiero llamar la atención sobre el santo sacrificio de la misa. Es muy difícil hacer entender el significado profundo del sacrificio de Cristo sin hacer referencia explícita a cómo se gestó este concepto (de sacrificio) en la antiguedad y muy específicamente en el pueblo judío.
Si es natural esa predisposición de apertura hacia Dios se comprende cómo se ha desnaturalizado el hombre moderno al rechazarlo abiertamente, y se comprende la gran dificultad del cristiano para vivir una fe no contaminada de relativismo, y no solamente vivirlo, sino antes, comprenderlo y darlo a entender a otros. Se no es dado ser cristiano por gracia, y eso nos da esperanza de que aún contra todos los obstáculos puede germinar la fe, y aun florecer, en este terreno pedregoso del mundo actual.
12/05/17 3:41 PM
  
Ricardo de Argentina
Padre, reconozco que a mí me ha costado bastante decantarme por el término "liberal" a la hora de definir la cosmovisión esencial de la modernidad.
Luego me di cuenta de que luego de las condenas papales, ese término fue cuidadosamente bastardeado a fin de esquivarlas (a las condenaciones) y de neutralizar las advertencias pontificias.
Una parte de los liberales siguió definiéndose así, mientras ensayaban hipócritas reclamos de fe, sumisión a la Iglesia y simpatías por el cristianismo en general. Todo por la galería.
Otra parte de los liberales se definieron como "socialistas" y "comunistas". Nunca se cuidaron a la hora de combatir a la Iglesia, ni de manifestar su adhesión incondicional a los postulados más radicales de la Francesada.
Así las cosas, parecía que los liberales eran los "buenos" (¡pero si hasta iban a misa!), mientras que los comunistas eran los "malos". Eso hizo que una buena proporción de católicos viera con buenos ojos el liberalismo "potable" de los que siguieron llamándose liberales, surgiendo así los llamados "catoliberales". Un oxímoron que los llevó a involucrarse en un sistema, la democracia, que no sólo acompañó sino que incluso promovió por activa la apostasía de millones.

España es un ejemplo reciente y lacerante.
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FJD: Hagamos una cosa: mientras no se especifique exactamente lo que uno pretende indicar con el título de "liberal", mejor no usarlo en este blog. Digo porque Chesterton se llamó a sí mismo liberal hasta la saciedad y no creo que haya nadie tan absurdo como para pensar que él defendiera algo como lo que León XIII había condenado
12/05/17 7:39 PM
  
Juan Gabriel Caro Rivera
Un saludo Padre,

Quiero decir que la serie de post que esta publicando es muy interesante, sin embargo no comparto su punto de partida, que esta ancaldo, lamentablemente, al Papa emerito Benedicto XVI. El problema con su concepción de la inculturación es el mismo que el de la Modernidad: para desarrollar sus conceptos, Benedicto XVI parte de la filosofía hegeliana de la cultura, que no es otra cosa que las sucesivas figuras por las cuales el Espíritu toma conciencia de sí mismo en un constante avance hacia lo alto, hacia su plena realización en la Historia. Desde este punto de vista, su punto de partida esta tan viciado de contenido moderno como los de sus rivales postmodernos que, por cierto, tienen un punto de partida estrictamente marxista (heredera por cierto de Hegel).

Ahora bien, en las ciencias humanas modernas, que tienen un punto de partida inmanentista, la cultura es reducida a un fenómeno plenamente mundano. En las universidades católicas, donde esta clase de ciencias es enseñada sin ningún caracter crítico, este punto de vista termina penetrando en los seminarios, convirtiendo a la Iglesia en una gran ONG: resultado lógico de un sociologismo que termina reduciendo a la divinidad a la suma de los seres humanos. Es así como piensan los nuevos misioneros que se encargan de entregar ayuda material a los indígenas y dejando de lado el evangelio, pues este destruiría la pureza de las poblaciones originarias sometiendolas a un "nuevo genocidio".
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FJD: Precisamente lo que me llama la atención de la propuesta de Ratzinger es que la base de la universalidad potencial que propone se quiere basar en una realidad metafísica, que es la unidad de la esencia humana. No veo mucho hegelianismo en ello. Pero veremos dónde llegamos.
12/05/17 8:54 PM
  
Álex
Hace pocas semanas tuve que escuchar a un "indigenista" la acusación a la Iglesia de destruir las culturas amazónicas. Y se lo espetaba, además, a un Obispo. El marco de esta acusación era en la presentación de un libro de experiencias misioneras, en un Vicariato y en una ciudad fundada (como casi todas) por un fraile misionero. A mí me pareció absurdo. Pero pensando, me dije que el absurdo ya no lo parece tanto, pues no faltan misioneros que, desde hace décadas, "veneran" las culturas indígenas hasta el punto de no querer "imponerles" unas creencias ajenas. Les basta, por lo visto, con las semillas del Verbo. Y en este tipo de mentalidad las culturas indígenas se convierten de pronto en un tesoro a mantener, más valioso que la propia fe, y del que nosotros debemos aprender, y no ellos de nosotros. Por eso, la historia de la Misión en estas tierras se ha convertido en la historia de una agresión, y los misioneros del pasado ya no son héroes, modelos a imitar, sino tristes ejemplos de una Iglesia invasora y reprochable.
El neoecologismo, hijo directo de la Ilustración y del mito del buen salvaje, mitifica la cultura humana -sea la que sea- y aboga por el naturalismo y por asimilarla con la pureza espiritual. Por eso el misionero -en general- no quiere transformar con el anuncio de Jesucristo a nadie (y mucho menos con la Iglesia), sino sumarse, ser uno más, promover sus ritos ancestrales y sus creencias aunque se opongan directamente a la fe cristiana, mientras el globalismo sí les propone/impone un estilo de vida materialista, hedonista y consumista, sin que tengan entonces posibilidad de la mejor prevención: el Evangelio.
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FJD: En el libro que estoy citando, Ratzinger recuerda que cuando los Santos Padres hablan de las semina verbi se refieren siempre a la filosofía. Es decir, no son semillas del Verbo únicamente en el sentido de semillas de Cristo, sino como semillas del logos, que hace referencia a las altas realizaciones de la razón humana. Uno de los que usa esta expresión, San Justino, lo hace porque quiere demostrar la continuidad entre la filosofía platónica y la revelación cristiana. En ese sentido, y conociendo bien las culturas americanas, creo que en ellas no hay demasiadas semillas del verbo, aunque algunas hay.
Volveremos sobre este tema, que me parece fundamental.
12/05/17 10:39 PM
  
Ramvel
Si la religión es la que determina la estructura de valores, habría que preguntarse hasta dónde podrá ir (y por cuánto tiempo más) esta cultura post moderna y post cristiana que solo está cimentada sobre ideologías o "valores" de consenso, expuesto a merced de la opinión de grupos dominantes cual ley de la selva.
El cristianismo necesariamente debe permear todas las culturas, no como cuña en la veta de un tronco, ciertamente, sino como por ósmosis.
Esta inclinación innata hacia lo sobrenatural no puede pasar al "olvido", así simple y llanamente. Permanece y es, tal vez, el motivo principal de los ataques a todo lo cristiano como una reacción ciega a despojarse de algo exigente y molesto con el que convivimos. Este conviviente no está fuera del hombre y no podrá deshacerse de él destruyendo cosas del exterior u otras personas.
Ciertamente, hay una sed de verdad, siempre latente y ardiente. Tal vez por la "caída" de Adán no podemos hallar ni discernir esa verdad. Tendemos a ella, la buscamos y en esa búsqueda tomamos rumbos y decisiones muy diversas. La Revelación ha sido el faro que nos alumbra el camino a la meta, y cuando otros buscadores de la verdad toman contacto con este faro necesariamente provoca en ellos una transformación interior, personal que irradia al exterior, hacia los demás.
Es impensable que una cultura sea permeada por la fe y permanezca igual que antes. Conlleva una cierta homogeneización en los principios, en la base, con cierto color y sabor de la cultura originaria.
12/05/17 11:04 PM
  
Francisco de México
Si los conquistadores hubieran sido tan malos ¿Por que, nosotros los indios, somos tan católicos y guadalupanos? En mi patria, ha habido 200 años de gobiernos masones que han intentado destruir a la religión y no lo han logrado.

Aclaro, para que no se use luego semántica contra mis comentarios, no hablo de "conspiraciones judeomasónicas", no es una "teoría conspirativa" porque ellos mismos lo confiesan en televisión nacional poniendo como ejemplo a presidentes altamente anticlericales como Benito Juárez. El que desee evidencia busque "Masonería en México" en youtube donde se les entrevista en el programa "Sacro y Profano". Por supuesto hablan en eufemismos, son "luchadores sociales" y la Iglesia no los comprende. Pero no explican el carácter anticatólico de las leyes de reforma, la constitución de 1917, las causales de la guerra cristera, etc.

También aclaro que no tengo elementos para afirmar o negar que los judíos estén involucrados de manera especial. Como opinión personal me parece difícil creer, por lo menos en México, que exista una relación entre ellos y los masones, el mal está presente en todas partes, Benito Juárez era indio puro por ejemplo.
13/05/17 11:47 AM
  
Palas Atenea
Francisco: Los cristeros estuvieron principalmente en la región central de México, es decir los indios-muchísimos-que se sumaron a la Cristiada eran de origen nahua. La evangelización entre ellos fue particularmente provechosa y eso da la razón a Motolinía y se la quita a Fray Bartolomé de las Casas. Tan buena, diría yo, que ha resistido cien años de masonería y la Aparición de la Virgen de Guadalupe tiene mucho que ver con ello.
Benito Juárez era un indio zapoteca que se volvió masón y de paso se cargó los ejidos. De toda hay en la viña del Señor.
En México el daño, desde luego, lo produjo la masonería, no el comunismo, y, por eso, tiene unas características especiales. En España ese fenómeno lo comprende muy poca gente.
13/05/17 2:28 PM
  
Francisco de México
Palas

muy de acuerdo con tus comentarios, el principal área de la guerra cristera fue el Centro pero aún mas el en el Occidente del País. En esta última parte, hay pueblos Purépechas, Hucholes, Coras y mas. La historia oficial publicada por los gobiernos del país ponen una lucha entre Españoles y Aztecas, una versión mas acercada de la realidad es que hubo guerra entre aztecas y una confederación de otras naciones indias, encabezada por los españoles (tlaxcaltecas, totonacas entre otros) . Esa confederación, en adición de la devastadora viruela traída por accidente, fue lo que logró que vencieran los indios aztecas. Los pocos cientos de españoles solos sin ayuda no hubieran podido hacer gran cosa.

La historia oficial busca que se odie a lo español (en el sentido castellano del término), pero a pesar de sus continuo esfuerzos, seguimos refiriéndonos a España como "la madre patria" con cariño y respeto.

13/05/17 6:30 PM
  
Palas Atenea
Lo sé, Francisco, conozco la historia de México, no tanto como el P. Javier que hizo su tesis sobre la Cristiada, pero sí en su extensión. Me doy cuenta de todo. Que Dios y la Guadalupana te guarden.
13/05/17 6:58 PM
  
Ricardo de Argentina
Entendido Padre, de acuerdo.
Y viendo cómo piensa usted, no me queda menos que agradecerle que me haya permitido expresar mis ideas.
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FJD: Es sólo por un tema de orden. Cuando llegue el momento de tocar el tema, habrá tiempo de pelearse.
13/05/17 7:47 PM
  
W. F.
Yo no domino este tema, pero me identifico con las reflexiones de Ricardo de Argentina y de Juan Gabriel Caro Rivera.

¿En qué se diferencia inculturación del sincretismo catolicoide que hoy abunda? ¿el evangelio no se basta a sí mismo? su Autor sabía lo que hacía cuando lo inspiró, está dirigido a todos los hombres de todos los tiempos. Y luego está la gracia y la predestinación.

Lo pregunto sin maldad ni dobles intenciones, realmente no termino de entender el tema.

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FJD: Pues en esas estamos. Pero recomiendo leer la serie desde el principio para enterarse de por dónde vamos caminando.
15/05/17 1:26 PM
  
Pensador
Esa apertura de las culturas para tomar lo bueno y crecer, debe estar subordinado al analisis de lo que ingresa desde afuera. Porque como dice: *la cultura nace de lo religioso, *la cultura marca el sistema de valores
Si tomo elementos de una cultura con valores desordenados jerarquicamente conforme a Dios se ha revelado o anti-valores, entonces el proceso no será productivo y de crecimiento sino de destrucción.
Lo mismo respecto a la religiosidad, si la cultura aceptada nace de una concepción religiosa demasiado separada de la realidad de Dios, será perjudicial.
(vease respecto a esto el ejemplo de la conquista: los elementos de la religiosidad azteca por ejemplo que pasaron a la cultura española fueron muy pocos, mientras que los elementos culturales de Grecia y Roma -religiosos- que fueron adoptados por el cristianismo naciente fueron mas que numerosos).
Otro ejemplo: las culturas asiáticas que se convierten al catolicismo pocas veces hacen un esfuerzo por adaptar sus modos de vida a la nueva religión, sino que por el contrario adoptan el bagaje cultural de la Iglesia católica por encima de sus propias tradiciones.

Encuentro particularmente correcto hacer mención al elemento providencial de que el evangelio y la doctrina católicas se hayan desarrollado en tal o cual cultura particular; que Dios haya elegido un determinado pueblo y le haya dado Él mismo un modo de vida.
15/05/17 11:10 PM
  
NInes
Es un privilegio poder manejar los escritos de una mente privilegiada como la de SS Benedicto XVI; da igual el tema que trate: es brillantísimo. Además lo explica ¡tan bien! que es un placer leerlo.
Pero luego viene Francisco y pide humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América...
18/05/17 10:16 AM

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