9.12.17

Como en el día de mi Primera Comunión

Lo que ayer no les conté fue que estaba de fiesta porque en la noche me consagraría a Nuestro Señor por Santa María.

Recordando ahora cómo me sentí ayer vino a mi memoria el día de mi primera comunión en el que anduve todo el día, no caminando, sino dando saltitos de alegría.

De igual forma me sentí.

Como les dije, ha sido de octubre a la fecha que Madre María me ha venido entrenando en sus asuntos. Anoche, por ejemplo, tras la misa (de la que más adelante hablaré) me di cuenta que las señoras que conmigo se consagraron llevan años de camino en la devoción mariana; tanto así que tienen como especie de códigos de conducta con los que no estoy familiarizada.

Por ejemplo, tras concluir el rosario ante el Santísimo expuesto, pensé que nos retiraríamos pero no, me hicieron saber que no podíamos dejar solo a Nuestro Señor sino que había que esperar a que regresara el padre a reservarlo.

Así que, con ellas me quedé adorando hasta que el padre decidió regresar.

Para mi hubiese sido natural retirarme tras haber concluido a lo que habíamos llegado; tal parece que si lo hubiese hecho habría sido un error.

Otro asunto gracioso es que, mientras rezábamos el rosario (esto me sucedió porque nunca haberlo rezado en comunidad), no entendía el orden en que se le encargaba a cada una un misterio por lo que, cuando llegó mi turno, hubo un silencio durante el cual todas me miraron y así fue como entendí que debía empezar. No fue solo eso sino que, en ese misterio, rezamos como veinte Avemarías debido a que yo no sabía que debía dar la señal para que ellas rezaran el Gloria.

Ya sé que resulta chistoso pero, es que ¿no les estoy diciendo que para mi todo es novedad?

Así las cosas y sin saber muy bien què hago, fiada de Santa María seguiré andando con la tan profunda certeza de Ella tenerme en su corazón que nada ni nadie podrá convencerme de lo contrario; por otra parte, Ella me ha dado el suyo, por lo que resulta lògico pensar que algún día amaré mucho mejor que ahora ya que, en principio, estoy totalmente dispuesta a colaborar. 

Esa es la esperanza.

Pues bien, la misa estuvo bellísima. El padre celebró la Inmaculada Concepción con misa solemne. Era, además, el 30 aniversario de su ordenación.

Invitó al joven organista para que cantara misa de Angelis. Hubo incienso y monaguillos, tal como me gusta y como la Iglesia indica que debe ser; lo que es de sentido común, me refiero, tratándose de lo más santo.

No fue una misa breve, dicho sea de paso, lo que me encantó.

Al final estuvimos tres horas entre lo que fue la misa, el acto de consagración a María, el rosario y un ratito de adoración.

Adivinen cómo dormí! Como un ángel!

No fue casualidad que, al regresar a casa, muerta de hambre, me sentara a comer la cena de celebración que para mí misma me había preparado solo para darme cuenta que debía tirar la piecita de pollo ya que, por un descuido, lo había arruinado. Así que mi cena fue de lo más frugal: un simple plato de arroz con frijoles recién preparados, eso sí. Delicioso! Y muy acorde con esta nueva vida que estoy llevando.

Así me fui a la cama la mar de contenta.

Aunque, tras suficientes horas de sueño, aun en estado de vigilia me asusté un poquito ya que, todavía bastante dormida caí en la cuenta de que estaba mirando en el cielo, formada por nubes, la figura de Santa María.  Sobresaltada por estar viendo aquello salté de la cama para de inmediato sonreír por haberme hecho gracia haber reaccionado de esa manera; sin embargo, de seguido, tuve otro pequeño sobresalto cuando, al abrir la ventana, me llegó un fuerte olor a azufre. “Vaya! Què  esto?”, me dije, para sencillamente pensar que, cosa bastante rara es que -justo en este día- haya hecho de nuevo erupción el Volcán Turrialba.

Mientras escribo es todavía de noche. No se vislumbra todavía el sol. Espero el día ilusionada.

8.12.17

"La Gracia Divina es el verdadero hogar"

Una cosa ha llevado a la otra.

El Centenario de Fátima despertó mi interés en María Santísima.

Tras el Centenario recibí de regalo un rosario bendecido en el santuario junto al mensaje del remitente en el que me indicaba estarme enviando un “arma poderosa”

Recibir el rosario fue decirme: -“Ponte a rezar en el acto”. Obedecì.

Rezar el rosario ha sido pedir mi Consagración a Jesús por María. Obedecì tambièn. 

 

Hoy, en el día de la Inmaculada Concepción vuelvo a escribir después de mucho tiempo.

No cabe duda de que este año ha sido duro para todos.

Tanta incertidumbre respecto a la situación de la Iglesia y, con frecuencia, tambièn la que se presenta en la vida privada, podría haber acabado con todo lo bueno que ha hecho el Señor en nosotros, sin embargo, no ha sucedido de esa manera sino muy al contrario.

No se sabe bien de dónde ni cómo pero siempre encontramos lo necesario para continuar: en algo que hacemos o que nos sucede descubrimos que la Fe no se ha perdido, que la Esperanza continúa firme y que no ha mermado la Caridad.

En medio de tanta agresión, confusión y división, no existe mayor prueba de que lo nuestro es caminar en la oscuridad, que el vernos atacados, pero no vencidos, separados pero no abandonados, perdidos, pobres y humillados, más no desesperados.

Hoy desperté recordando el hecho de que José salió para Egipto con María y el Niño recién nacido; en familia, salieron de la seguridad que ofrecía el vivir entre los suyos para peregrinar y establecerse en una tierra sin Dios.

Què insondable designio fue haber ordenado al tutor y custodio que, de la noche a la mañana, sacara a su familia del círculo de confort.

He tomado en cuenta que José habíale entregado su corazón a María y que Ella habíale entregado el suyo, quizá desde el desposorio, antes de la Anunciación.  

Había sucedido una consagración de José a Jesús por María.

Es la razón por la que en José, cada uno, puede conocer la dimensión sobrenatural a la que introduce la Gracia.

Gracia que, por llegada de lo alto, estableció en el seno de María su tienda entre nosotros.

Tan solo una tienda, no un sólido edificio, sino apenas lo esencial para hallar resguardo.

Otro insondable misterio es Marìa en ese sentido. 

Todavía no tengo claro si, bajo las actuales circunstancias, vamos camino a Egipto o si hemos llegado; o, quizá Egipto sea solo un estado al que, como María, hemos de habituamos tal como la mirada se habitúa a la oscuridad.

Consagrado Josè en cuerpo y alma a Jesús por María, no obtuvo mayores certezas que nosotros, sin embargo, es imposible imaginarlo en ninguna otra disposición que no fuese la total entrega y absoluta confianza. 

Quién más que María, Dispensadora de todas las Gracias, podría habérsela obtenido del cielo?

Para José, como para mi, una cosa llevó a la otra; por eso -ni para ti ni para mí- parece que sea tiempo para otra cosa que reconocer que el hogar será en Quièn la Gracia Divina ha establecido su morada.   

En tiempos atribulados, Marìa es el hogar. 

 

 

NOTA: Entrecomillè el tìtulo debido a que la frase no es mìa y, como la leì no recuerdo dònde, no podrè dar el crèdito correspondiente. Mil disculpas. 

8.11.17

Corazón de Calvario

Reza la jaculatoria: “Jesús, manso y humilde de corazón. Haz nuestro corazón semejante al vuestro”.

No sabemos lo que pedimos cuando la rezamos o es que, acaso, un Corazón como el de Jesús es uno que la gracia no haya preparado para sufrir?

Es justo lo que pedimos cuando la rezamos: pedimos un corazón preparado para sufrir, tal como quedó preparado el de María desde el momento en que el anciano Simeón (Lc 2, 22-35) hizo el doble anuncio:

I. Al niño: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción”

II. A la madre: “y a ti misma una espada te atravesará el corazón”

Por tanto, pedir un corazón manso y humilde es lo mismo que pedir un corazón de Calvario.

Y, María, como es una mujer entendida en las cosas de Dios por gozar de la plenitud de la gracia, recibió agradecida su corazón de Calvario.

El anuncio del anciano Simeòn nos confirma el vinculo de los Corazones de Jesùs y de Marìa.

Dos corazones traspasados por:

  1. El sufrimiento causado por el primer pecado del hombre y,
  2. el sufrimiento causado por las consecuencias de aquél primer pecado;
  3. además del sufrimiento al que el Hijo y la Madre estarían sometidos por la simple razón de estar sujetos al tiempo y al espacio bajo circunstancias históricas bastante desfavorables.
  4. El sufrimiento de ambos durante la Pasión, Crucifixión y Muerte

En todo sentido, al pedir un corazón semejante al de Jesús, pedimos un corazón preparado para sufrir como el de la Madre; un corazón traspasado que por gracia será transformado en un corazón manso y humilde que servirá para:

  1. Sufrir por habernos separado de Dios por causa del primer pecado
  2. Sufrir por las consecuencias de aquella separación
  3. Sufrir por los pecados propios y ajenos; así como por las consecuencias pero, además,
  4. por ver sufrir a los Corazones de Jesús y de María

Es lo que hace la gracia por nuestro corazón: nos da un corazón de Calvario. 

Lo muestra de forma delicada y a la vez brutal la película “La Pasión” cuando a María y a Jesús se les ve sufrir, uno por el otro y en el otro, sin apenas poder cruzar miradas.

Por eso, por gracia, lo nuestro con Jesús no viene a ser diferente a lo que tiene con su Madre; lo sabemos cuando, por habernos escondido en su Corazón, nos da por reír o llorar por El y en El, sin apenas cruzar miradas. 

4.11.17

Más pequeños gestos que nos hacen católicos (II)

He regresado, pues, a ofrecer más pequeños gestos que nos hacen católicos.

En estos días he venido pensando en el tema no tan concienzudamente como debería pero, igual, leyendo y viviendo, he recopilado algunos cuantos que, de seguro, a muchos les gustarán ya que no son del tipo que, por lo regular, consideramos nos hacen católicos.

Empecemos.

  • Rodilla a tierra o profunda reverencia al entrar y salir del templo.
  • Arrodillarse durante la consagración y, en caso de que no exista reclinatorio y/o no poder arrodillarse para recibir la comunión, inclinar la cabeza o hacer profunda reverencia antes de recibir la comunión y responder a las palabras “Cuerpo de Cristo” con un firme ¡AMEN! 
  • Considerar seriamente recibir la comunión solo en la boca. Les aseguro que notarán la diferencia en sus vidas.
  • Apenas despertar, de rodillas decir una jaculatoria o breve oración como la que me enseñó mi madre de niña: “Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la gracia y el amor del Espíritu Santo. Dios conmigo y yo con él, cama de canto a canto y bendición del Espíritu Santo. Amèn”.
  • Encomendar nuestros emprendimientos o peticiones especiales al Santísimo Sacramento al despertar y durante el día.
  • Santiguarse con agua bendita al salir de casa y dejarse acompañar del rosario y de una estampa en la cartera y colocar un fondo de pantalla al celular con una imagen cristiana.
  • Tener un Sagrado Corazón de Jesús en la puerta de tu vivienda, una cruz o una placa que indique que eres católico
  • A falta de espacio para tener un oratorio, que sería lo ideal, tener un pequeño altar en tu habitación o donde acostumbras a orar al que puedes agregar estampas, imágenes, una vela, agua bendita con la que santiguarás, etc.
  • Aprender oraciones y cantos en latìn, el idioma oficial de la Iglesia universal. 

 

Realizar lo anterior, por obra de la gracia, irá transformando tu vida por lo que has de saber que avanzarás en el entendimiento de las cosas de Dios y, por lo mismo, se te irán ocurriendo muchos otros pequeños gestos tal como:

  • Dar testimonio de la verdad aun en prejuicio propio, esto es no solo nunca mentir sino predicar abiertamente sobre la gracia, el pecado, la existencia del cielo y el infierno, etc.
  • Buscar acercar las almas a Dios mediante invitación que hicieres a tus conocidos a la Santa Misa, la Hora Santa o, simplemente, a rezar el rosario en tu casa por alguna intención en particular que tengan en común.
  • Practicar todas las obras de Misericordia solo o acompañado.
  • Pedir al Señor y María Santísima las gracias necesarias a tu estado.
  • Consagrarte a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y esparcir su devoción.
  • Ir a misa y a la Hora Santa con mayor frecuencia.
  • Separar un momento del día a la oración ya que, de todas formas, se te volverá imprescindible.

 

Por otro lado, existen gestos de otro tipo en los que casi nadie piensa y que, conforme vas avanzado, se te irán ocurriendo, tal como:

  • Entrar en contacto con tu párroco o un obispo y, mediante fidelidad y obediencia, ganar su confianza para presentar dudas, sugerencias y recomendaciones tal como, por ejemplo:

Preguntar por què razón ya no se predica sobre el cielo, el infierno, el pecado y la gracia.
Por què razón no parece interesarles hacer proselitismo si así fue como actuaron los Discípulos.
Por què razón, si los Santos Padres lo hicieron y asì se construyò la Iglesia, ya no combaten los errores teológico-doctrinales que abundan en tantas diócesis.

  • O podrìa ser que se te ocurra, tal como el padre Thomas G. Weinandy, decidir escribir, por ejemplo, al papa Francisco (Casa Santa Marta, Ciudad del Vaticano, Roma, Italia) ya sea imprimièndola y adjuntando tu firma o, escribirla de propia inspiración en la confianza de que la gracia hablará desde tu sentido de la fe o sensum fidelium, como se le conoce. 

La gracia vendrá en tu auxilio ya que, a estas alturas –de seguro- te habrás dado cuenta, que cada uno de estos pequeños gestos ha tenido como finalidad transformarte en auténtico testigo de la  verdad. 

No temas. 

¿No temas?, pero, ¿què digo? Si llegaste hasta aquì, es porque has dado pasos de gigante hacia gozar plenamente de la libertad gloriosa de los Hijos de Dios. 

21.10.17

Pequeños gestos que nos hacen católicos (I)

Estoy segura que no me creerán cuando les diga que no fue hasta hace cerca de ocho años que conocí personalmente a un sacerdote cabalmente católico.

Lo identifiqué por lo siguiente: vestía sotana todo el día sin importar el clima, rezaba el rosario y  todos los tiempos de la liturgia de las horas, celebraba misa diaria y, en su tiempo libre, vestía con pudor.

Fue una revelación que cambió mi vida porque, desde entonces, me volví exigente conmigo misma por lo que empecé a consolidar gestos externos que ya realizaba o a adquirir algunos nuevos que me revelaran como persona católica; así fue como, por ejemplo, nunca olvido persignarme y dar gracias por los alimentos cuando los consumo en público.  

Cuál es el beneficio? El principal beneficio consiste en que darás testimonio público de tu adhesión a Cristo, cosa que no quedará sin recompensa ya que, para empezar, notarás que la gracia te va transformando en una persona que no teme mostrar sus convicciones.

Cosa a la que no viene mal acostumbrarse ya que, en nuestros días, si te muestras como católico te joroban y si no lo haces, tambièn. O sea, te joroban de todas formas. Que tu alma y cuerpo muestren un mismo sentir les dará mucho què hablar. No desprecies la oportunidad.  

Así que, sin más, te presento 10 pequeños gestos que darán forma católica a tu manera de ser:

  1. Persignarte cuando pasas ante un templo católico (¡asegúrate que lo sea!)
  2. Dar gracias por los alimentos cuando los consumes en público
  3. Rezar el rosario en el autobús
  4. Vestir de manera pudorosa o, dicho de otra forma, evitando el escándalo
  5. Esmerarte en un trato delicado hacia los demás, principalmente, hacia las personas odiosas
  6. Hacer reverencia cuando traspasas el umbral del templo (muchos católicos entran al santuario como perro por su  casa)
  7. Cargar y utilizar agua bendita y compartirla cuando lo consideres necesario
  8. Tener en tu escritorio en casa o en el trabajo un crucifijo, estampita o cualquier otro signo que exprese claramente tu fe
  9. Manifestar gratitud y entusiasmo por el éxito o buenaventura en los demás
  10. Asistir a misa o visitar el Santísimo durante tu hora de almuerzo en el trabajo

Son incontables los gestos que puedes realizar con los que, por gracia, verás grandes cambios en tu vida y no solo eso, sino en la vida de los demás. 

Más adelante te presentaré algunos más.

Tú, lector, siéntete libre de sugerir otros.