5.07.10

4.07.10

¿Y qué tiene que ver mi humanidad con la fe?

De lo más duro que ha tenido para mi haber iniciado la Escuela de Comunidad de Comunión y Liberación es frecuentarme.

Rara vez nos frecuentamos, estamos más pendientes de lo que piensan, hacen y dicen los demás que de lo que pensamos, hacemos o decimos nosotros mismos.

Ustedes saben? Es facilísimo abrir la boca o sentarse ante el teclado a decir: “Pero mira qué incoherencia la que dijo aquél”, “mira cuán ingrato se ha comportado el otro”, “acaso es que el fulano no podía detenerse a pensar antes de hablar”?, “y éste, pero, qué es lo que se ha creído?”.

Es facilísimo hacer esto y es lo que con mayor regularidad hacemos.

Pues bien, la Escuela de Comunidad me pide prescindir de frecuentar las motivaciones o finalidades de los demás para frecuentar las propias.

Caray, pero eso es duro, durísimo.

Claro que lo es, y lo es porque te obliga a mirar tu propia incoherencia, tu ingratitud, tu impulsividad e imprudencia, tu exagerada estima de ti mismo, por citar algunos ejemplos. Y, vaya que eso duele. Es doloroso reconocer que estás tan o más herido que aquellos a los que criticas.

Para qué sirve reconocerse herido?
Para descubrir tu necesidad.

Necesidad de qué?
De humanizarte.

“Y qué tiene que ver mi humanidad con la fe?” [1]
Tiene que ver lo Infinito: “Mi humanidad se me ha dado para reconocer a Cristo”. [2]

Tiene todo que ver para una persona de fe.

(¡A ver cuán frecuentemente consigo “frecuentarme", ese será ahora el desafío!)

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Notas

[1]Julián Carrón, Ejercicios Espirituales de los universitarios de CyL, Rimini, Diciembre 2009
[2]Ibidem

3.07.10

Emigraremos del planeta, ¿supongo?

En relación a la multa sobre el video a Intereconomía solo unas breves palabras de una Latinoamericana que no tiene más cabeza -o estómago- que para esto:

Señores del gobierno español:

Si este es el ejemplo que pretende ofrecer como legisladores al resto del mundo en contra de todo aquél que considere que las marchas y otras expresiones públicas de los participantes del Orgullo Gay son grotescas, de pésimo gusto e indescriptiblemente absurdas, mejor así, que nos lo vayan diciendo.

Lo que pasa es que, señores, cuando se dispare su ejemplo como pólvora por el planeta, entonces, ¿adónde esperan que tendremos o podremos irnos a vivir todos aquellos que opinamos de esta manera?

Emigraremos del planeta, ¿supongo?

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Claro, como Latinoamericana estoy -por el momento- fuera del alcance de una multa, pero mientras tanto hago de su conocimiento que, como Luis Fernando Pérez, yo también soy Intereconomía.

2.07.10

Sanctus Israel, Redemptor tuus

“Se nos ha dado esta humanidad para poder reconocerLe”
L. Giussani

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Al mirar esta imagen con detenimiento…

…supe lo que necesitaba.

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Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;

Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor.

No te enojes Señor,
no te acuerdes más de nuestra maldad.
La ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado arrasada,
Jerusalén, desolada,
la casa de tu santidad y tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Hemos pecado y estamos manchados.
Hemos caído como las hojas
y nuestras maldades nos arrastraron como el viento.
Nos escondiste tu rostro
y nos dejaste con nuestra iniquidad.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,
desde el desierto de Petra
hasta el monte de la hija de Sión,
para que rompa el yugo de nuestra esclavitud.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza?
¿Por qué se renueva tu dolor?
Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor.

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Un venturoso fin de semana y bien merecido descanso a todos.
¡Deo omnis gloria!

Notas

Agradezco al usuario Javier por hacerme llegar la imagen de Jesús en Getsemaní.
Hallé la traducción del Rorate Coeli en un blog que otorga el crédito de la traducción a Bruno Moreno del blog Espada de Doble Filo de nuestro portal.

1.07.10

Deo omnis gloria

Cuando abrí este blog en agosto del año pasado (si, agosto del año pasado, así de joven es este blog), lo hice, principalmente, porque deseaba ejercitarme en la humildad.

Había deambulado durante tantos años en Internet discutiendo tan pero tan infructuosamente que mi humanidad se había endurecido. Me había expuesto a tantas emociones que para protegerme me había construido una coraza de soberbia. Y ¡vaya!, no me reconocía. Estaba, definitivamente, herida.

Por supuesto, no es que haya sido toda la vida un dechado de humildad, pero aquella Maricruz de antes de agosto del año pasado, definitivamente, no era yo.

Así que, deseando recuperar la salud, inicié la jornada -pero esta vez- con el objetivo de que fuera Deo omnis gloria (A Dios toda la Gloria)

Con estas dos ideas en mi alforja (y mis sandalias), eché a andar por los caminos del ciberespacio, en silencio y la soledad de Blogger sin anunciar a nadie mi existencia ni mis propósitos, y de los cuales únicamente el Señor estaba enterado. Aquél fue como el gesto inocente de una adolescente que se compra un bonito cuaderno para decorarlo y hacer de él un diario. Así, exactamente. Y, además, como había recién conocido a don Giussani a través de Internet, elegí como lema para aquél que sería mi itinerario de fe, una de sus frases más preciadas:

“…sólo tomar conciencia atenta y también tierna y apasionada de mí mismo puede abrirme de par en par y disponerme para reconocer, admirar, agradecer y vivir a Cristo. Sin esta conciencia incluso Jesucristo se convierte en un mero nombre".

Sin darme cuenta en ese momento, aquél propósito unido a esta toma de conciencia atenta, tierna y apasionada de mi misma sería lo que –a través de mi humanidad- me llevaría a Cristo de vuelta y –como si fuera poco- a recuperar la salud. Así ha sucedido, exactamente.

Alguno echará broma a los “chielinos” por nuestra afición al Cardenal Newman, pero lo que desconocen es que –al menos en mi caso- no fue Comunión y Liberación la que me condujo al Cardenal sino la pasión del Cardenal por el ser humano; y no fue Carrón quien me mostró a Giussani ni siquiera Giussani quien me mostró a Cristo, sino mis heridas y este amor apasionado que tengo desde niña por el ser humano.

Amor que empezó a adquirir madurez y carácter tras una década de conversiones (si, claro, ha habido y habrá más de una conversión en mi vida), década tras la cual empecé a adquirir auténtica simpatía por mi humanidad.

Y a eso, precisamente, venía; he venido a preguntarles a “boca de jarro”(como decimos en mi tierra): ¿Qué hace falta para que no tengas miedo de tu humanidad? ¿Cómo es posible el afecto por ti mismo, el afecto por tu humanidad tal como es? [1]

-oOo-

“¡Lo que tienes que hacer esta noche antes de irte a dormir es dar gracias de que exista todavía una herida en tu humanidad!” porque gracias a ella tendrás la posibilidad de “reconocer, admirar, agradecer y vivir a Cristo”. L. Giussani

Toma esta oportunidad para ser generoso contigo mismo y busca la respuesta, que ella te sirva para ofrecer ¡A Dios toda la Gloria!

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Notas

[1] Preguntas que lanza J. Carrón en el documento de los ejercicios espirituales de los universitarios de Comunión y Liberación. Rimini, Diciembre 2009.