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16.06.15

Explicándome el quehacer de Ginnés Rodríguez, periodista (católica)

Ginnés Rodríguez es periodista y se identifica como católica, sin embargo, uno querría que se tomara el tiempo para profundizar en el concepto de familia expuesto por la doctrina para que estuviera en posibilidad de sopesar las consecuencias que para la dignidad humana podría arrojar su quehacer periodístico.

Respecto al artículo publicado en la edición digital de Teletica que tituló “Desde la Redacción: Familias sin molde” en el cual expone las reacciones tras la serie de reportajes a su cargo; sobre el mismo, es necesario destacar el punto medular sobre el que gira la caótica situación social que el contenido de sus reportajes provocó tanto en redes sociales como en lo interno de las familias, vecinos, amigos y hasta entre compañeros de trabajo.

La periodista dice alegrarse de las reacciones aunque da la impresión de no conocerlas todas y que, por lo mismo, no le es posible medir las consecuencias. 

Lo fundamental alrededor de lo cual gira el caos generado es la impresión creada por la periodista de que existe antagonismo entre la “familia tradicional” (conformada por hombre, mujer e hijos) y la familia monoparental (un solo padre o madre) la que fue introducida con habilidad quirúrgica en la mente de los televidentes que se extendiese a redes sociales y demás.

De ahí que algunas de las familias concluyeran que, como su familia no entra dentro del formato de “familia tradicional” descrito por la periodista, tampoco entra dentro del formato católico de familia.

Lo cual es totalmente falso.

Con tan solo el hecho de haber apelado a los sentimientos (no a las ideas o al pensamiento) la profesional ha creado una ficticia rivalidad provocando una profunda fractura en la sociedad costarricense con graves consecuencias al punto que, la opinión pública en cuestión de días, ha colocado a la familia conformada por padre, madre e hijos, al margen de los beneficios que la periodista pretende promover para las familias monoparentales.

Como primera reacción el resultado ha sido que, a todo miembro de familia “tradicional” al que se le ha ocurrido reclamar su lugar dentro de la sociedad le han “zampado” todo tipo de apelativos cristianofóbicos los que se leen en Facebook, Twitter y demás medios digitales arrojados de parte de quienes tienen la impresión de estar excluidos de la Iglesía.

Así es como nos llaman familias “ultra-conservadoras”,  de “católicos radicales” o, el acuñado en estos días: “activistas del lobby católico” para referirse a inocentes miembros de nuestras familias. 

De los casos más dramáticos que en redes sociales hemos personalmente verificado es la numerosa cantidad de madres solteras o divorciadas quienes, apoyadas por sus amigos y parientes, reclaman furiosas nuestro alto nivel de “intolerancia” hacia su tipo de familia; ante lo que, obviamente, hemos quedado absolutamente perplejos.  

Muy poco podríamos hacer laicos o sacerdotes para atender adecuadamente a tantas mujeres que ahora se sienten doblemente inadecuadas debido al quehacer de un profesional a quien hoy día muchos aplauden por su “gran sensibilidad social”.

¡Como pa’echarse a llorar!

De esta manera, el aparentemente inofensivo uso de un término (familia tradicional) puesto en rivalidad con otro (familia monoparental), ha construido una situación falsa y peligrosa por su profundo y largo alcance que ha dejado, dramáticamente indefensa la dignidad humana en cuanto ha vulnerado libertades fundamentales de las que gozábamos, indiferentemente, del tipo de asociación humana a la que perteneciéramos.

Echen cuenta de lo que, un católico de misa de domingo; solito (sin ayuda de nadie) es capaz de provocar. 

Echen números del poder que tiene un solo profesional que cuenta, además, con la aprobación del medio de comunicación para el que trabaja. 

Para iluminar la situación un respetable sacerdote ha dicho que, como consecuencia lógica, hemos de “enfocarnos en dar la cara para contrarrestar el esfuerzo por desacreditar a la familia y señalar la irresponsabilidad de proponer como ideal lo que muchos no han elegido o aquello que pone en riesgo el bienestar de la familia respecto a la sociedad". 

A lo que añado que, antes que todo, hemos de orar sin cesar. 

Manos a la obra!