¡De vuelta a la realidad se ha dicho!

«La puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia, es desatino»
Santa Teresa de Ávila



Me ha venido muy bien el artículo del padre Iraburu sobre “el Consumo cristiano del mundo de la información” y me ha venido mejor el que el Señor me permitiera extraviarme un poco en el sub-mundo de las redes para poder notar que “es muy buen vecino, y es tanta su misericordia y bondad”

Lo confieso abiertamente: la actividad en Facebook me sacó de la realidad.

Los pongo en antecedentes: un par de días antes de terminar el año un paisano indignado con mi defensa de las propuestas del papa posteó en el muro de cierta página una denuncia con la que me acusaba de hacer lobby en contra del propietario.

Yo, imprudentemente, me dirigí a aquella persona para explicarle la situación con la mayor honradez posible; pero, mentira, lo mío, fue mero orgullo herido y pura vanidad.

Mis acciones desencadenaron el que dicha persona quien, tanto como yo en ese momento, está inmersa en la fantasía en la que el demonio convierte Facebook, reaccionara de forma desproporcionada al punto de que un suceso sin importancia pero fuera de control escaló hasta un importante portal católico.

Cielos! De lo que soy capaz! Cielos!

Ahora bien, fíjense ustedes cuánta razón tiene el padre Iraburu y los diversos santos que cita en su artículo ya que, días antes y por bastante tiempo estuve centrada en la oración continua. La presencia del Señor en mi vida era una realidad. Caminaba por la vida desprendida de todo, muy segura y fuerte. El mundo podría haber estado cayéndose que, la hija de mi madre, como si tal cosa.

Toda esa belleza y deleite se oscurecieron debido al desparrame en el que caí debido a que la actividad en Facebook me lo facilitó.

Fuera del castillo, estuve luchando contra sabandijas y alimañas, hasta que apareció el padre Iraburu con su artículo el que, no exagero, se me dificultó asimilar debido a lo que tan en la periferia me encontraba pero el que, con toda calma he terminado de leer y tomado como guía para regresar a lo interno de la morada; claro, un poco decepcionada todavía de mi misma, nada irreparable ya que con el Señor me he reconciliado por lo que, para cuando me reconcilie conmigo misma, la gracia habrá hecho resplandecer de nuevo la esperanza.

Bendito el Señor que, con la pedagogía de un padre misericordioso, bondadoso y buen vecino, nos permite excentricidades para que así regresemos a la realidad de la oración y de su cercanía.

¡De vuelta a la realidad se ha dicho!

1 comentario

  
José María Iraburu
Bendigamos al Señor en todo momento
y su alabanza esté siempre en nuestra boca.
Bendición + Maricruz

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Recibo su bendición agradecida,padre.
16/01/14 8:54 PM

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