¿Es el marido cabeza de la mujer en el matrimonio cristiano?

En la noticia sobre la excomunión de las mujeres que se prestan a la farsa de ser “ordenadas” como sacrdotisas, he mantenido una charla interesante con algunos de los comentaristas de ReL. Uno de ellos, en este caso una porque es una mujer, citaba Ef 5,22-24 “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo“, para a continuación afirmar “Lo cual tiene traducción en consecuencias jurídicas muy precisas y que han probado ser nefastas".

Como quiera que dicha comentarista se negaba a aceptar el magisterio de la Iglesia sobre la reserva de la ordenación sacerdotal para los hombres, le respondí lo siguiente:

Te cito el magisterio de la Iglesia y no lo aceptas. Te cito la Escritura y no lo aceptas. ¿Qué es lo que pretendes? ¿que te de la razón sin más?
Podría explicarte como la sumisión en el cristianismo no es estar uno bajo la bota de otro, o hacerte ver que la Escritura demanda más del marido respecto de la mujer que viceversa, pero es que me parece una pérdida de tiempo.

La reacción no se hizo esperar:

¿Usted está casado? ¿Es usted feliz? ¿O sólo le han dado calabazas en esta vida? Porque eso parece. Quien ama y se siente amado, quien ama al prójimo como a si mismo que es el mandato que hay que cumplir y usted con el debido respeto, se está pasando por el forro dados sus propios condicionantes psicológicos personales, extrae lo peor de las Escrituras. ¿Sabe usted que cualquiera de los profetas era probablemente una persona mucho más inculta que usted y que yo? Tómense los textos y las cosas como de quien vienen: inspiradas por Dios… y escritas por hombres. La IC son sólo hombres: buenos, malos y egulares: homosesxuales, pederastas y hasta criminales que ha habido entre ellos: ¿les otorgamos alguna autoridad sólo porque sí, contra ratio y natura?
No Luis Fernando: examine usted su corazón, porque siendo católico de la manera que que lo es usted, créame: lo veo muy cerquita del diablo. Y no usemos los Evangelios para hacer el mal y recuerde: el Magisterio de la Iglesia en su día quemaba a la gente viva… y además incluso asaditos a fuego lento, sin dejar que el humo los adormeciese pronto sino prolongando el sufrimiento. Luis Fernando: a Dios… no le engañamos nadie. Eso es lo esencial y que usted deberìa tener muy presente.
¿Toda su vida han sido calabazas? ¿Es que ninguna mujer le ha querido de verdad? ¿Es que usted no ha querido nunca a otra persona o no se ha sentido de verdad querido? ¿Cómo puede usted estar tan lleno de odio, de desamor del que en vez de promocionar a prójimo sólo quiere limitarlo de un modo que se sabe que sólo le hace mal?
¿No se da cuenta de que sus posts son un libro abierto, como los de “josafat” que hablan de dolor en el alma?

Ante tantas preguntas respondí:

Estoy felizmente casado, soy padre de tres hijos y antes de que vaya a sugerir nada, le aseguro que no tengo a mi esposa sometida bajo ninguna bota. Eso sí, créame que no es culpa mía que a los ojos de Dios yo sea su cabeza, como Cristo es cabeza de la Iglesia. Yo no elegí que las cosas fueran así, no inspiré las Escrituras (fue el Espíritu Santo), ni desde luego hago un uso personal interesado de dicha enseñanza. Me basta con intentar hacer lo que la Escritura me pide que haga respecto a mi esposa y mis hijos. Aún me queda mucho que mejorar en ese aspecto.

Para ir acabando le diré que, sintiéndolo mucho, desde hace ya bastantes años tengo la “fea costumbre” de aceptar lo que la Iglesia enseña en todo lo referente a la Revelación de Dios, lo cual incluye el asunto de la ordenación sacerdotal reservada para los hombres. Usted no acepta el magisterio de la Iglesia en ese punto. Vale, me parece muy bien. Allá usted.

Y es entonces cuando intervino otro comentarista para preguntarme:

¿Dice en serio que USTED ES CABEZA de su esposa? ¿Y eso es porque SEGÚN USTED lo dice inerrantemente la Escritura? Y ya que bajo una bota no tiene usted a su mujer, ¿en qué consiste, en la práctica eso de que el varón sea cabeza de la mujer?

“intentar hacer lo que la Escritura me pide que haga respecto a mi esposa y mis hijos”
Y eso consiste ¿en…?

Respondí:

Una pregunta:
¿El que Cristo sea cabeza de la Iglesia supone que la oprima, la esclavice, etc?
Como esposo leo esto:
Ef 5,25
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Y como padre, esto:
Ef 6,4
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor.

Si no entendéis lo que significa la sumisión o la sujección en el ámbito de la fe cristiana, no habéis entendido nada. No es la sumisión esclavizante en la que uno es el amo y el otro una especie de ser inferior. El machismo y el feminismo son la perversión de los principios bíblicos que marcan las relaciones entre el hombre y la mujer, entre el marido y la esposa.

Replicó el comentarista:

No, no, no me cuente qué perversión es el feminismo. Le he preguntado otra cosa. Pero como no lo entiende, se lo diré más claro: ¿es su posición en la familia preeminente con respecto a la de su esposa? ¿sus hijos, si son menores (ya sé que los ama, no lo s exaspera, etc.) están bajo su autoridad de usted por encima de la de su madre? ¿Prevalece su palabra sobre la de la mujer en su familia? La sumisión cristiana a Cristo ya sabemos que no es “sumisión esclavizante en la que uno es el amo y el otro una especie de ser inferior". Pero ¿Son las mujeres cristianas sumisas a sus -en el sentido que usted quiera darle, cristianísimo sin duda- y no viceversa? Porque la escritura manda amarlas, no ser sumisos a la esposa.

Es que es así de fácil. Sí o no. Son iguales en autoridad y capacidad de decisión o no.

Mi contra-réplica aclaratoria:

A mí no se me ocurriría desautorizar a mi esposa (ni ella a mí) delante de mis hijos. Y a día de hoy no ha habido ninguna decisión fundamental que haya afectado a nuestra familia que la hayamos tomado uno en contra de la opinión del otro. Es decir, juntos hemos cometido los mismos aciertos y las mismas equivocaciones como esposos y padres. En ese sentido, es casi imposible que lleguemos a un desacuerdo irreparable en un asunto que sea fundamental para el futuro de nuestra familia.

Pero como sé que con esta respuesta no se va a quedar contento, le diré que en ese hipotético caso, el criterio que debe primar es el del cabeza de familia cristiana, que soy yo. Afirmación esta, por cierto, con la cual está plenamente de acuerdo mi esposa, aunque ella sostiene, como yo, que ni se ha dado una situación así ni probablemente se dará nunca.

Ante lo cual, él dijo:

¡¡¡¡¡en ese hipotético caso, el criterio que debe primar es el del cabeza de familia cristiana, que soy yo. Afirmación esta, por cierto, con la cual está plenamente de acuerdo mi esposa!!!!!!!

Y por supuesto ambos están seguros de que nunca se dará esta situación. Menos mal porque las leyes de este país dicen que usted NO es el cabeza de familia. Puede que en un país islámico (ultraislámico, no islámico a secas) su familia no encontrase ese escollo legal, pero aquí, si por un casual (que ya sebemos que no ocurrirá), a su mujert le diera un transtorno mental transitorio y quisiera no aceptar ese tipo de sumisión con el que ustedes tan particularmente entienden las Escrituras, usted tendría un problema legal.

¿Y eso -lo de prevalecer el criterio de quien usted dice ser cabeza de familia,(o sea usted),a quien un Dios curiosísimo ha otorgado el privilegio del poder frente a la hembra- lo dice algún dogma de su religión, el magisterio falible o infalible, es de su cosecha…?

Creo que esta conversación, sin su nombre desde luego, la guardaré para consultarla con algún teólogo, no digo progre, claro, sino incluso de los de más acreditada ortodoxia.
Menos mal que esta conversación ya va desapareciendo hacia abajo y se libra usted de las muchas mujeres que saldrían por aquí horrorizadas.

Pues está dicho todo.

Pero no, no estaba dicho todo y añadí:

Ocurre una cosa. Tanto mi mujer como yo obedecemos antes a Dios que a los hombres. Por tanto, el Estado no tiene absolutamente NADA que decir en relación a cómo organizamos las decisiones en nuestro matrimonio.

En caso de desacuerdo grave en un asunto fundamental, prevalecería mi opinión no porque haya ninguna ley civil que así lo dictara, sino porque es lo que ambos creemos que debe de hacerse porque así lo vemos en la Escritura.

Y no, no me voy a librar de ninguna mujer que quiera decirme lo que le apetezca. Mañana copiaré esta conversación en mi blog. Yo no me escondo, caballero.

El comentarista siguó:

Pues celebraré ver publicada esta conversación. De verdad.

Ya sé que usted no se esconde, eso no lo decía en serio. Lo que si es admirable de usted es que da la cara por aquello en lo que cree, por mucho que a algunos nos parezca descabellada buena parte de sus creencias. Por esa misma argumentación, no deberíamos protestar contra la ablación del clítoris en otros países o incluso en el nuestro: podrían contestarnos que ellos obedecen antes a sus creeencias que al estado, que el estado no es quien para inmiscuirse en su vida de familia y que ellas, las niñas mutiladas, están de acuerdo.

Entenderá -de todos modos- que quienes no tenemos en nuestras manos la tecla que autoriza o desautoriza un comentario, la tecla que podría -si quisiera- manipular un texto, la tecla que machaca el nombre y la dignidad de alguien que ingenuamente haya dado su nombre auténtico…(que ya sé que usted no lo hace pero hay quien sí en la blogosfera: vaya si hay quien lo hace) no demos la cara con nombres y apellidos. Aunque se nos va conociendo, ¿a que sí?

Y entonces escribí lo siguiente:

Si usted compara la ablación del clítoris, que lesiona física e irremediablemente a una criatura inocente, incapacitándola casi totalmente para el disfrute en las relaciones sexuales con la enseñanza bíblica de que el esposo es cabeza de la esposa como Cristo lo es de su Iglesia, es muy libre de hacerlo.

Yo no apelaría a la enseñanza bíblica para forzar legalmente nada. La propia Escritura es clara a la hora de advertir a los fieles que los conflictos que se producen entre hermanos, y eso incluye a los esposos cristianos, han de solventarse en el seno de la Iglesia y no a través de tribunales del “mundo". Por tanto, en el caso hipotético que he mencionado, si mi mujer se negara a aceptar mi decisión, yo no movería un solo dedo para forzarla a aceptarla. En todo caso, eso quedaría entre ella y Dios mismo. Como queda entre Dios y yo las veces en que no cumplo lo que me pide el Señor que haga por mi esposa. Que sin lugar a dudas son más veces las que ocurre esto que las que ocurre lo otro.

Pues bien, soy todo ojos para leer vuestro parecer sobre esta cuestión.

Luis Fernando Pérez Bustamante