Ahí tienes a tu madre

Evangelio de la Memoria de Nuestra Señora de los Dolores:

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Jn 19,25-27

Sin el menor género de dudas, el mayor regalo que Cristo nos concede en la Cruz junto con la salvación es la confirmación de que María es nuestra Madre. Lo hace en la persona del único discípulo que permanció fiel a él en todo momento. El discípulo amado, san Juan.

Aquella a quien Dios eligió y creó para ser su Madre, pasa a ser Madre nuestra. Y por las palabras de Cristo, nosotros pasamos a ser hijos suyos. Ninguna mujer es, pues, tan fecunda espiritualmente como la Siempre Virgen.

Ya en el siglo II tenemos el testimonio de los santos acerca del carácter de la maternidad de María, que empieza en la concepción virginal. San Justino dice:

«Porque Eva, cuando aún era virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra que le dijo la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte; mas la Virgen María concibió fe y alegría cuando el ángel Gabriel le dio la buena nueva de que el Espíritu del Señor vendría sobre Ella y la fuerza del Altísimo la cubriría con su sombra, por lo cual lo nacido en Ella sería santo, sería Hijo de Dios».
(San Justino, Diálogo con Trifon, 100)

Y San Ireneo de Lyon:

Pues de la misma manera que Eva, seducida por las palabras del diablo, se apartó de Dios, desobedeciendo su mandato, así María fue evangelizada por las palabras del Ángel, para llevar a Dios en su seno, gracias a la obediencia a su palabra. Y si aquélla se dejó seducir para desobedecer a Dios, ésta se dejó persuadir a obedecerle, con lo que la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.
(San Ireneo, Contra las herejías Libro 5,19)

Aprendamos de María a estar con Cristo en la Cruz, sabiendo que ella también está a nuestro lado cuando soportamos nuestras propias cruces. Acojamos a la Madre en nuestra casa, en nuestro corazón, como la acogió el discípulo amado. Seamos fieles discípulos de Cristo honrando y amando a su Madre, Madre nuestra por cumplir la voluntad de Dios y concebir en su virginal seno a nuestro Salvador.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.

Luis Fernando

2 comentarios

  
Óscar de Caracas
¿Por qué los protestantes reniegan de nuestra Madre?

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LF:
Lutero, Calvino y Zwinglio la llamaban Madre de Dios y defendían que siempre fue virgen, pero
sostenían que según la Biblia ninguna criatura debe recibir culto religioso. Tampoco aceptaban la intercesión de los santos, lo cual incluía a María. Los que vinieron detrás se apartaron aún más
16/09/17 2:28 PM
  
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Excelente post, Luis Fernando. El Espíritu Santo te siga iluminando siempre y nuestra bendita Madre te cubra con su manto.
16/09/17 5:16 PM

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