9.12.08

Mortificación

Indagando por los archivos de mi ordenador me encuentro con una reflexión que escribí hace algunos años dando respuesta a una pregunta sobre la mortificación. En unos momentos en que muchos rehuyen el camino del esfuerzo y la abnegación y no son pocos los que se hacen un cristianismo a la carta sin sacrificio y sin cruz, me ha parecido un tema interesante para reflexionar.

MORTIFICACIÓN

Pregunta

Viendo en la televisión la vida de Santa Rosa de Lima, impresionó mucho a mi señora que esta Santa se azotara para mortificarse. Esto lo he visto también en otros santos y en los pastorcitos de Fátima. Puedo comprender el ayuno y ofrecérselo al Señor pero ¿es conveniente que castigue mi cuerpo? No lo acabo de entender. Mi mente no lo ve claro pero mi corazón me dice que ése es el camino de muchos santos y siento deseos de imitarlo.

Respuesta

La pregunta me llega desde Santiago de Chile. Mortificarse significa dar muerte a todo aquello que nos separa de Cristo y nos impide crecer en la caridad. Usted alude a ciertas mortificaciones corporales que hoy no están muy de moda. El Papa Juan Pablo II lo lamentaba en una hermosa carta que escribió con ocasión del centenario de la muerte de San Juan María Vianney: “Cuántas cruces se le presentaron al Cura de Ars en su ministerio: calumnias de la gente, incomprensiones de un vicario coadjutor o de otros sacerdotes, contradicciones, una lucha misteriosa contra los poderes del infierno y, a veces, incluso la tentación de la desesperanza en la noche espiritual del alma. No obstante, no se contentó con aceptar estas pruebas sin quejarse; salía al encuentro de la mortificación imponiéndose ayunos continuos, así como otras rigurosas maneras de «reducir su cuerpo a servidumbre», como dice San Pablo. Mas, lo que hay que ver en estas formas de penitencia a las que, por desgracia, nuestro tiempo no está acostumbrado son sus motivaciones: el amor a Dios y la conversión de los pecadores. Así interpela a un hermano sacerdote desanimado: ¿Ha rezado? . . . ¿ha gemido? . . . pero ¿ha ayunado, ha pasado noches en vela?. Es la evocación de aquella admonición de Jesús a los Apóstoles: Esta raza no puede ser lanzada sino por la oración y el ayuno”. (Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes, Jueves Santo de 1986).

La práctica constante y meritoria del bien en una historia y en una humanidad heridas por el pecado es siempre dificultosa. Como San Pablo todos experimentamos en nosotros una tendencia al mal que es motivo de lucha constante. En nuestra naturaleza anidan pasiones rebeldes y deseos desordenados que hay que controlar con ayuda de la gracia y la cooperación de nuestro esfuerzo. Aquél que quiera seguir fielmente a Cristo le tendrá que acompañar llevando la Santa Cruz. Sin llegar de entrada a grandes mortificaciones corporales, hay que iniciarse en las mortificaciones ordinarias. Ser puntual, delicado, soportar con una sonrisa las impertinencias (que nunca faltan) del prójimo, combatir un mal deseo, privarse de ciertas comodidades, ser generoso,morderse la lengua en algunas ocasiones o hablar sin tapujos en otras…son buenas mortificaciones que nos ayudan a asociarnos al misterio de la Cruz del Señor. Estos pequeños combates nos preparan para otros mayores. Perdonar a los enemigos,devolver bien por mal, rezar por aquellos que nos detestan son ya grandes mortificaciones.

En cuanto a las mortificaciones corporales (presentes en la mayoría de Santos) como son ayunos fuertes, disciplinas y cilicios hay que ser prudentes. Estas mortificaciones no deben darse nunca sin las ordinarias antes mencionadas y sin el consejo de un buen director espiritual. Dios las suscita en el corazón de los santos a su debido momento y siempre bajo la supervisión de una persona avanzada en el camino espiritual. Podríamos iniciarnos con algunas más sencillas: moderar la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano, utilizar más a menudo el agua fría… Tenga en cuenta que, por otra parte, hoy muchas personas hacen enormes sacrificios para ciertos objetivos que se proponen y nunca aceptarían hacer tales cosas por penitencia.

La mortificación no deja de ser como la sal de la vida cristiana, la medida de nuestro amor y sacrificio. Nulla dies sine cruce. Ningún día sin cruz, pues la alegría cristiana tiene raíces en forma de cruz y cuando uno quiere dar lo mejor de sí mismo a Dios y a los hombres, la cruz aparece con naturalidad y es vivida con alegría.

6.12.08

Educar el corazón

Pregunta

¿Qué podemos hacer para educar a nuestros hijos en una visión más humana y cristiana de la sexualidad? La verdad es que estamos bastante desanimados. El mensaje con que les bombardean constantemente es éste: mientras se eviten embarazos no deseados y enfermedades, vía libre; además de poner a su alcance anticonceptivos, píldoras abortivas y, en breve por lo que sabemos, “formación y asesoramiento” al margen de los padres…

Respuesta

El reto, efectivamente, está en educar. En introducir a los hijos a la realidad vivida desde un sentido pleno, el sentido de Cristo. Estoy convencido que el primer paso de esta educación cuyos protagonistas principales sois los padres, es el testimonio callado del ejemplo, de la vivencia por vuestra parte de este sentido que pretendéis transmitir. Esto vale para todo, incluida la educación en la afectividad y sexualidad. Después de esto y junto a esto, la palabra razonada y convincente. Vuestros hijos son más razonables de lo que creéis. Hay que ayudarles con argumentos sólidos a contrarrestar esta nefasta contraeducación que reciben del poder de este mundo. Hay que hablar con ellos y con la máxima claridad. Muchos padres esperan y esperan y no afrontan la cuestión, y cuando lo hacen ya es bastante tarde. Hoy más que nunca debemos proclamar el evangelio gozoso de la familia y de la vida, de la sexualidad según el designio de Dios. Un primer asunto que deberíamos dejar claro es que en las relaciones sexuales no sólo intervienen los órganos genitales. El centro es siempre (si hablamos de una sexualidad humana y no simplemente animal) el corazón. Entiendo por corazón el centro de la afectividad. Y es precisamente el corazón el que recibe más destrozos en una relación sexual prematura, superficial e irresponsable. Superar una enfermedad y asumirla es difícil pero posible, asumir un embarazo no deseado es más que viable pero recomponer un corazón roto es harto laborioso y casi nunca se logra del todo. Muchos chicos y chicas inician su edad adulta con un corazón destrozado como consecuencias de la vivencia de una sexualidad desenfrenada. Arrastran en su interior grandes heridas que, a menudo, les imposibilitan de vivir con éxito un compromiso maduro como es el matrimonio. Y esto no hay preservativo que lo evite. El ser humano es cuerpo y espíritu en una unidad sin fisuras. La sexualidad es camino de amor y éste tiende a ser exclusivo. Esto implica la continencia y la guarda del corazón. Sólo podrá darse el que sabe poseerse. Hace poco, Josep Miró Ardevol escribía estas sabias palabras: “Potenciar la fidelidad, la responsabilidad en la relación sexual y su retraso hasta la madurez del sujeto es algo de puro sentido común. El que coincida con buena parte de lo que enseña la Iglesia refrenda la sabiduría mutua”. La educación afectiva y sexual, como parte de una preparación remota al matrimonio, es una de las más grandes urgencias educativas y pastorales de hoy.

3.12.08

Anotaciones a "Jesús. Aproximació històrica" de J.A. Pagola

Dado el interés que me han manifestado muchas personas por el análisis que realicé de la obra de Pagola en su edición catalano, reproduzco ahora mi escrito en el blog para que pueda ser consultado permanentemente por aquellos que lo deseen.

Anotaciones a Jesús. Aproximació històrica, de J.A. Pagola
(Editorial Claret, Barcelona, 2008, 684 pp.)

Hace un par de meses que circula por Cataluña una edición “renovada” del conocido libro de J.A. Pagola. Como es sabido, en su día, la obra recibió estudios críticos por parte de diversos autores y por la Comisión Episcopal de la Doctrina de la fe de la CEE. En su momento leí la obra en su edición española, los estudios y recensiones y la mencionada Nota de la Comisión Episcopal. También las respuestas que dio el autor a las interpelaciones recibidas. La edición en lengua catalana y algunas promociones de la misma me llevan ahora a expresar en el foro público algunas anotaciones de mi lectura. Hace pocos días, la hoja diocesana de dos diócesis de la Tarraconense escribía una breve presentación de la obra de Pagola. Decía así:

“Editorial Claret acaba de publicar la edición renovada de este libro después que en la primera edición en castellano estuviese acompañada de polémica. El libro es denso, con 692 páginas de texto y abundante bibliografía, pero su lectura no comporta ningún esfuerzo especial. “Parte de la investigación más reciente y sólida y nos acerca a la persona de Jesús combinando el rigor histórico con una presentación clara y agradable. El autor se esfuerza por “captar” el impacto que Jesús provocó en sus contemporáneos y lo narra con palabras sencillas a los hombres y mujeres de hoy”. Lo que pretende, en definitiva, es dar respuesta a una pregunta que continúa vigente más que nunca: “Quien es Jesús?” Pagola reconoce que se esfuerza para seguir a Jesús “no siempre con la fidelidad que yo querría, en el seno de la Iglesia Católica”.
(Full Diocesà Solsona/Vic, 26 octubre 2008)

Me pregunto si el redactor de la nota ha leído a fondo la obra y, conociendo las serias objeciones que ha planteado la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la CEE, ha consultado a los Obispos responsables de dicha hoja diocesana para su publicación. Tengo serias dudas al respecto .

Las líneas que siguen son fruto de una lectura y reflexión ágil sobre la reciente edición en catalán de la obra de Pagola. La lectura de la obra en catalán me lleva a constatar, en mi opinión, que siguen en pie las observaciones que la Nota de la Comisión Episcopal para la doctrina de la fe hizo en su momento para clarificar la obra de Pagola. Hecha esta observación paso a exponer algunas notas que he tomado en el transcurso de la lectura de la edición “renovada” en catalán, sin pretender ser exhaustivo, ni mucho menos.

Leer más... »

1.12.08

Testigos de Jehová a por los chinos

Leo en Religión en Libertad que Testigos de Jehová españoles aprenden chino para captar fieles entre los inmigrantes. La noticia me recordó una divertida anécdota que viví hace años con los Testigos. Por aquel tiempo yo estaba estudiando teología y acudía también a clases de Filología Clásica en la Universidad de Barcelona. Estando de vacaciones en mi pueblo natal, una tarde de verano llamaron a la puerta de mi casa dos jóvenes testigos de Jehová, un chico y una chica. Me dijeron que el mundo estaba muy mal y que se nos venía algo gordo encima. Me preguntaron si me interesaba conocer la Palabra de Dios y se ofrecieron a orientarme. Les hice pasar. Nos sentamos y sacaron su Biblia. Les pregunté si no tenían inconveniente en que yo usara mi propia Biblia. Me dijeron que no había problema. Fui a mi biblioteca y agarré una edición griega del Nuevo Testamento y un Antiguo Testamento en hebreo. Y empezó el diálogo. Me propusieron un texto del Nuevo Testamento y yo fui a buscarlo en el mío. La chica vio mi libro y exclamó: ¿Oiga, esto es chino o qué?
No era chino. Era la lengua con que se escribió el Nuevo Testamento, al menos, en los primeros papiros y códices que disponemos del mismo. Les pregunté dónde habían estudiado la Biblia, pues me parecía muy raro que unos expertos que se disponían a dar clase de Biblia ignoraran la lengua del Nuevo Testamento. Se pusieron muy nerviosos y me dijeron que volverían en otra ocasión. No los vi nunca más. Y ahora resulta que aprenden chino. Me parece muy bien. Ampliar los horizontes lingüísticos y culturales siempre es positivo, y a lo mejor, y esto es más fácil que aprender chino, se ponen a estudiar griego y algo de hebreo y empiezan a tener una comprensión más cabal de la Biblia.
La vida da muchas vueltas. El pasado curso académico, en una de las clases que impartía en el Instituto de Teología Espiritual de Barcelona me pasó una cosa muy curiosa. Se me acercó un alumno después de la clase y me dijo: Oiga, yo a usted le conozco. ¿Verdad que es usted de Tremp? Le dije que sí. Yo no le recordaba, pues hacía años que ya no vivía allí. Se dio a conocer. Era, nada más y nada menos, que el testigo de Jehová, anciano responsable de toda aquella zona del prepirineo y Pirineo, y por tanto, el responsable de aquel par de jovencitos que vinieron a catequizarme. Después de muchos años en los Testigos, el Señor le concedió la luz, como él mismo me dijo, y regresó a la Iglesia Católica. Ahora estudia teología, trabaja en un grupo que ayuda a salir de sectas y adicciones y es un buen amigo mío. Nos reímos mucho cuando le conté lo del Nuevo Testamento en griego que sus ex acólitos tomaron por chino.
Al margen de la anécdota, sí me parece muy digno de imitación por parte de los católicos este celo de los Testigos (no tanto sus métodos) por hacer apostolado y dar a conocer aquello que más valoran: su fe. Los inmigrantes de otras religiones que conviven con nosotros tienen el derecho de conocer el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y consiguientemente nosotros tenemos el deber de anunciárselo. De la misma forma que la Iglesia envía misioneros a países y lugares lejanos para anunciar a Jesucristo, nosotros debemos ser misioneros para con los que viven con nosotros y todavía desconocen a Jesucristo. Proponer la fe, invitar a creer es sin duda uno de los mejores servicios que les podemos ofrecer.

28.11.08

Niño "medicamento"

NIÑO “MEDICAMENTO”

Pregunta

A la mayoría de la gente le ha parecido bien y un gran logro que un niño haya sido concebido de tal manera que pueda salvar su hermano de una grave enfermedad. Parece que la Iglesia no se alegra según algunas declaraciones episcopales y, sobre todo, de Mons. Sgreccia, que incluso ha hablado de “nazismo” en todo esto. Si no le es inconveniente me gustaría que escribiera algo sobre el tema…

Respuesta

Mons. Elio Sgreccia, Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, preguntado por el denominado “niño medicamento” nacido hace algo más de un mes en la capital andaluza, explicó que esta concepción comporta que se seleccionan los embriones y que muchos embriones que han sido eliminados, eran hermanos del que se ha dejado nacer. La Instrucción Donum Vitae, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, enseña que al embrión se le debe el respeto que corresponde a la dignidad personal. Indirecta, pero claramente, está diciendo que el embrión es un ser personal, es persona. Todos hemos sido embriones en un momento determinado de nuestro desarrollo homogéneo. La comprensión del ser personal debe entenderse desde una hermenéutica de la “continuidad” y no desde una hermenéutica de la “ruptura” que postula unos “saltos” ética y metafísicamente injustificables: “ahora es persona y un segundo antes no”. Esto es absolutamente indemostrable. Desde la perspectiva personalista cristiana hay que mantener que toda intervención terapéutica sobre el embrión ha de ser para bien del mismo, respetando su vida e integridad. Primum non nocere: lo primero no dañar. Es evidente que para la consecución del “bebé-medicamento” se han destruido otros embriones, seres personales, y esto es moralmente injustificable. Muchos se limitan a mostrar unos logros espectaculares pero ocultan a qué precio han sido obtenidos. Tal vez pueda parecer algo fuerte la alusión que hizo Mons. Sgreccia a Hitler a propósito del caso que nos ocupa. Mons. Sgreccia dijo:”Contiene una selección humana que recuerda a Hitler. De los otros no se habla". “Seleccionar: tú sí, tú no", ha dicho, para después añadir que se trata de un niño “criado para ser medicamento de otro". Yo creo que puso el dedo en la llaga. En el fondo, y a pesar de que muy pocos se atreven a decirlo, lo que se plantea con el aborto y con ciertas manipulaciones biomédicas, es la eugenesia. Un proceso de selección que sólo daría paso a la vida a los más sanos, a los más fuertes… Y, ¿acaso no era ésta la finalidad de muchas de las monstruosas intervenciones de Hitler? Ya va siendo hora que abramos los ojos y nos dejemos de hipocresías y eufemismos y digamos las cosas por su nombre. Desde una antropología cristiana y desde una antropología digna del hombre hay que decir que cada persona tiene un valor inmenso por sí misma y una dignidad intangible independiente de su mucha salud, fortaleza o cualquier otra valoración. Así, toda persona ha de ser querida por ella misma y no supeditar su vida a nada ni a nadie. El “niño-medicamento” no ha sido querido por sí mismo sino que su vida se ha finalizado para otra realidad.