29.10.16

El verdadero ecumenismo

Para entender el verdadero ecumenismo es necesario integrar la fe y la razón, porque en el catolicismo la gracia no anula la naturaleza sino que la perfecciona. Por eso es fundamental comprender que la pluralidad no tiene sentido sin la unidad de la verdad. Sin unidad, la pluralidad se disuelve en la nada. De modo que hablar de la unidad en la verdad es hablar de ecumenismo verdadero como participación de la verdad ontológica que, en su dimensión trascendente y sobrenatural, se encarna en Jesucristo Dios y hombre verdadero.

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21.10.16

Los graves efectos de la "teología actual"

A raíz de un comentario que hice sobre las pruebas de la inmortalidad del alma humana en una red social, un bautizado sin estudios de Filosofía y Teología, me alegaba que lo que importa en la fe cristiana no es la doctrina sino la experiencia. Dentro de la discusión otros, también bautizados, alegaban que eso de demostrar la existencia de Dios y de las pruebas de la inmortalidad del alma es pura soberbia porque lo importante no es la fe en el sentido filosófico, sino la fe de humildad. Estas afirmaciones, entre otras, me hicieron ver hasta qué punto han permeado los errores de las “teologías” actuales entre los fieles católicos. De inmediato pensé en el error tan difundido de la incorporación del método histórico-crítico como hermenéutica estructuralista desde la que se ha pretendido interpretar la Sagrada Escritura, en lo que se refiere a la relación entre la experiencia humana actual y la fe católica. También recordé un brillante estudio del gran filósofo cristiano, el Dr. Alberto Caturelli, que nos presenta un muestrario de estos errores difundidos por renombrados “teólogos” que, dicho sea de paso, contradicen totalmente el Catecismo de la Iglesia Católica. Esa ha sido la razón por la que decidí acudir a él para presentarles de modo muy breve una parte del panorama del que proceden las mencionadas ideas.

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14.10.16

Las nuevas "teologías" y el repudio a Dios

Uno de los grandes filósofos del siglo XX y XXI, Alberto Caturelli, nos presenta un análisis muy claro de lo que sucede en la “teología” actual.[1] Y es que es un hecho, a estas alturas innegable, que la verdadera imagen de Dios ha sido alterada por el espíritu mundano hasta el punto en el que las estructuras nos empujan a vivir en un ateísmo teórico y práctico. Porque además, ya se ve que en un mundo autosuficiente y tecnificado, Dios acaba por no tener un lugar.

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4.10.16

La Encíclica Pascendi hoy.

 

Es de llamar la atención que a poco más de cien años de haberse publicado la Encíclica Pascendi, nos encontremos en un contexto que no sólo no ha superado la crisis que expresa el documento, sino que estamos viviendo sus más radicales consecuencias.

Es un tanto escandaloso que la Encíclica publicada en 1907  afirmara que en ese entonces, ya no era necesario buscar a los enemigos de la Verdad, custodiada por la Iglesia durante dos mil años, entre los ateos y apóstatas declarados que se encontraban fuera de la Iglesia, sino que había que buscarlos ocultos al interior del seno y del corazón de la Iglesia fabricando errores que eran tanto más perjudiciales que los errores de los enemigos declarados que se encontraban fuera.[1]

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28.09.16

La absurda negación del orden moral propuesta por el relativismo.

El más elemental sentido común nos dice que nada puede ser conocido ni amado si no tiene ser[1]. Sin embargo, aunque nos parezca sorprendente, existen pensadores que afirman que el mundo se reduce a la totalidad de los hechos transitorios y que por lo mismo, en sentido estricto nada es. Ese es el motivo por el que ahora nos encontramos ante la necesidad de defender lo evidente, es decir, que lo absolutamente primero es el ser, luego el conocer y el amar. Es el colmo que a estas alturas de la humanidad tengamos que volver a mostrar lo que es evidente por sí mismo, es decir, el primer principio del orden intelectual  consiste en que el ser es y el no ser no es. Y es que cuando se niega tercamente y dogmáticamente lo evidente, no hay otra vía más que la negación del ser, es decir, la nada.

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