Breves anotaciones sobre el fin del mundo.

Según el Apocalipsis, una vez derrotada la Bestia y el falso profeta, la historia terrena habrá terminado.[1] En ese momento, el juicio final se llevará a cabo en un instante entrando la historia en la eternidad. Todo quedará al descubierto por la luminosidad del Verbo, de modo que ya no habrá nada secreto. La conciencia del hombre será expuesta por la luz y se realizará la separación definitiva del bien y el mal. Las dos ciudades que son la ciudad de Dios y la ciudad del mundo quedarán totalmente separadas. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo y entonces se herirán los pechos todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con grande poderío y majestad. Y enviará sus ángeles con sonora trompeta y congregarán sus elegidos de los cuatro vientos desde un extremo del cielo hasta el otro extremo”.[2]

Otro punto importante de ese momento será la resurrección: “Y vi un gran trono blanco y al que sobre él estaba sentado, de cuya faz huyó la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi los muertos, los grandes y los pequeños, que estaban de pie delante del trono; y se abrieron los libros; y otro libro se abrió, que es el de la vida; y fueron juzgados los muertos por lo que estaba escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar dio los muertos que en él había, y la muerte y el infierno fueron arrojados al estanque del fuego. Esta es la muerte segunda: el estanque del fuego. Y quien no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue arrojado al estanque del fuego”.[3]

Como podemos apreciar, el texto de San Juan es muy fuerte respecto al infierno. Y es que el problema de quienes detestaron a Dios, es que lo seguirán detestando por siempre asemejándose a los demonios. Por eso la Escritura también se refiere a que el fuego eterno en el que están será como el hielo frío y quemante sin fin. Pero además hay que aclarar que los que detestaron a Dios y lo detestarán siempre, en realidad actúan contra sí mismos, porque al rechazar a Dios, se precipitan hacia el caos y la frustración.

Por el contrario, los elegidos se asemejarán a los ángeles y gozarán de la sociedad perfecta en la caridad.[4] Pero además de las personas, todas las cosas estarán ordenadas a sus fines y por lo mismo, el mal no tendrá cabida porque quedará totalmente separado del bien. Todo será luz eternamente y todo el universo será transfigurado.[5] El mal se desvanecerá por completo en la nada junto con el viejo Adán y todas las cosas del universo que participaron de la justicia original serán renovadas como en un cielo nuevo y una tierra nueva.[6] Todo lo defectuoso que había en ellas se desvanecerá. Se terminará el tiempo y no habrá más historia porque todo estará en la Presencia eterna de Dios y por eso sólo habrá eternidad. Por eso sabemos que el fin de la historia universal que ahora vemos se encuentra más allá del tiempo.

Ahora bien, durante todos los tiempos el hombre se ha preguntado: ¿cuándo sucederá todo esto? A lo que la Sagrada Escritura responde con claridad: “Lo que toca a aquel día y hora nadie lo sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre sólo”.[7] Lo que sí sabemos es que estamos en un tiempo escatológico, lo cual significa que el fin ya está aquí como incoado en todos los instantes del tiempo.[8] Por eso es necesario asumir el fin absoluto del tiempo vigilando para que no nos alcance sin estar debidamente preparados.

 



[1] Apoc. 19, 19-21; Mt. 24, 27.

[2] Mt. 24, 30-31.

[3] Apoc. 20, 15-11.

[4] San Agustín. De div. Quaest. Ad Simpl. II, 10t. 40, col.137. No seremos ángeles, sino analógicamente seremos semejantes a los ángeles en lo que se refiere a la capacidad espiritual de alcanzar intelectualmente y volitivamente a Dios.

[5] Apoc. 22, 3-5

[6] Apoc. 21, 1-6.

[7] Mt. 24, 36.

[8] Cfr. Caturelli, Alberto. El hombre y la Historia. Ed. Folia universitaria. México, 2005, p.391.

10 comentarios

  
Pepito
Según Apocalipsis 20, una vez derrotados el Anticristo y el Falso Profeta no vendrá enseguida el juicio final, sino que le precederá un período que el Apocalipsis llama de los mil años, en el cual los justos que no hubiesen adorado a la Bestia y al Falso Profeta, reinarán con Cristo mil años.

Después de pasados esos mil años, y luego de una nueva acometida de Satanás sobre dichos justos, vendrá el juicio final. Así que según parece, los que salgan victoriosos del Anticristo y el Falso Profeta tendrán la dicha de reinar con Cristo, es decir fieles a Cristo, en la tierra durante mil años.

Ojalá venga y pase pronto el episodio del Anticristo y el Falso Profeta y Dios quiera que permanezcamos fieles para poder vivir ese dichoso período de mil años de paz y de justicia, inmediatamente anterior al juicio final, en el que los vencedores de la Bestia o Anticristo y el Falso Profeta reinarán con Cristo.
21/04/17 1:09 AM
  
JacinTonio
Y el mar dio los muertos que en él había, y la muerte y el infierno fueron arrojados al estanque del fuego. Esta es la muerte segunda: el estanque del fuego.

Parece que se hace distinción entre "infierno" y "estanque del fuego", toda vez que ese infierno al que se refiere es arrojado al estanque de fuego, junto a la muerte.

Por otra parte, Jesús "bajó a los infiernos", no al de los condenados, para liberar a los justos que allí se encontraban.

Feliz Pascua
21/04/17 10:42 AM
  
Manuel Argento
Estimado Manuel:
Si te interesa te recomiendo dos libros de un sacerdote argentino, Leonardo Castellani; estos son "Cristo ¿Vuelve o no vuelve? " y "El Apokalypsis"

Biografía rápida del P. Castellani:
Nacido en Reconquista, Provincia de Santa Fe, República Argentina, el 16 de noviembre de 1899.

Fue teólogo, filósofo y poeta, y a juicio de un destacado filósofo "fue la inteligencia más brillante que produjo la Iglesia argentina" y fue también en buena medida desaprovechado por ella.

Sus esfuerzos intelectuales se dirigían hacia la Literatura y la Política.
Su tomismo fue muy original, combinando elementos del neoescolasticismo italiano y del tomismo francés de principios del siglo XX, con el suarecianismo aprendido en su Orden.

El tema central del pensamiento político de Castellani es el anti-liberalismo o, tal vez mejor, desde la fe y el pensamiento católico juzga al liberalismo como una etapa del proceso de destrucción de la Cristiandad iniciado por la Reforma protestante, continuado con la Ilustración y la Revolución Francesa, y que engendró al comunismo.

Falleció el 15 de marzo de 1981 en la ciudad de Buenos Aires.



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¡Excelente!
Muchas gracias.
21/04/17 2:38 PM
  
Sancho
Disiento de su afirmación de que tras la derrota de la Bestia y el falso profeta, la historia terrena habrá terminado. Se salta usted casi todo el capítulo 20, donde se dice que Satanás será encadenado por mil años, para que no pueda seducir a los pueblos paganos durante ese tiempo. También que los martires y todos los que no hayan adorado a la Bestia ni a su imagen participarán de la "primera resurrección", y reinán con Cristo durante esos mil años. "Cuando se cumplan esos mil años, Satanás será liberado de su prisión. Saldrá para seducir a los pueblos que están en los cuatro extremos de la tierra...a fin de reunirlos para la batalla...y marcharán sobre toda la extensión de la tierra, para rodear el campamento de los santos, la Ciudad muy amada. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá". (Ap 20,1-9). A continuación sí que el cielo y la tierra desaparecerán sin dejar rastros (Ap 20,11). Después habrá "un cielo nuevo y una tierra nueva", aunque sin mar, donde se asentará la nueva Jerusalén, "la morada de Dios entre los hombres...,y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor" (Ap 21,1-4).
21/04/17 4:58 PM
  
Pub
Gracias por hablar de temas escatológicos. Ya es hora de que le quitemos a los protestantes la exclusividad de estas reflexiones y hablemos sin complejos y con naturalidad del fuego eterno, del fin del mundo, del paraíso y, aún más, del purgatorio, donde nos vamos a encontrar casi todos en un breve espacio de tiempo.
21/04/17 5:12 PM
  
Almudena1
"Por eso es necesario asumir el fin absoluto del tiempo vigilando para que no nos alcance sin estar debidamente preparados".

Así es. Vivir nuestro tiempo, el que El Señor nos ha concedido, preparándonos para morir, esto es, para entrar en en la presencia eterna de Dios. Sólo con asumir este hecho ineludible y la responsabilidad que conlleva, los cristianos haríamos mucho más por el mundo y por los que aún les queda tiempo que vivir.
21/04/17 7:51 PM
  
Pepito
Pues sí, es consolador saber por el Apocalipsis que aquellos mártires a los que mate el Anticristo y el Falso Profeta por no rendirles culto, resucitarán, una vez derrotados y arrojados al estanque de fuego el Anticristo y y el Falso Profeta y todos sus inicuos seguidores.

También nos dice el Apocalipsis que resucitarán los malos seguidores del Anticristo y el Falso Profeta cuando esté para terminar el tiempo de los mil años.

Así que, aunque parezca de película de Hollywwod, en los tiempos finales asistiremos a algo muy parecido a un Apocalipsis Zombie, pues tanto los buenos, que hayan muerto martires del A. y del FP, como los malos que les hayan rendido culto y recibido su marca, resucitarán. Serán muertos que regresan a la vida, y en este sentido tienen algo de zombies.

Si los tiempos finales son una analogía de lo que sucedió en la pasión, muerte, resurreccion y ascensión de Cristo, no es de extrañar que los muertos resuciten, como también algunos muertos resucitaron cuando murió Cristo.

El Apocalipsis cada vez que lo leo me resulta mas consolador, pues nos asegura que el mal no tendrá la última palabra ni siquiera en la historia terrena, ya que la Ciudad muy amada o Campamento de los santos de los mil años finales será victoriosa sobre los ejercitos de Satanás para destruirla. No prevalecerán.


21/04/17 8:51 PM
  
Gerardus VIII
Son buenísimos los cuatro sermones sobre el Anticristo del beato cardenal Newman. Yo en internet los he escuchado en audio y son muy interesantes, porque el cardenal se basó en lo que los Padres de la Iglesia enseñaron, pero al no haber unanimidad en la interpretación profética, llega a la conclusión que las profecías están dirigidas y serán comprendidas por la generación en la cual se cumplan.
Me parece que estamos como en los tiempos de la primera venida de Cristo, muchos judíos esperaban que el mesías instaurara un reino terrenal. Así, algunos interpretan que la destrucción del Anticristo traerá el juicio final, con el consiguiente Reino de Dios en la tierra.
Otros interpretan literalmente el Apocalipsis, donde se distingue la destrucción del Anticristo y el juicio final.

Yo me inclino por esta segunda interpretación, pues desde la edad media, existen revelaciones privadas donde se habla claramente que la destrucción del Anticristo y el juicio final, son dos acontecimientos distintos separados por el tiempo.
La mal llamada edad media, podría ser un tipo, de esa futura era, pienso que Cristo no estará visiblemente presente, los humanos seguirán pecando, enfermando, y muriendo. La humanidad sera temporalmente liberada del influjo de los demonios, pero por la naturaleza caída, habrá humanos que se condenaran al infierno.

JacinTonio: Según la vision privada de la beata Ana Catalina Emmerich, dice que los demonios y los condenados tuvieron que adorar a Cristo, pus toda rodilla tiene que inclinarse ante Cristo.
21/04/17 9:14 PM
  
Fuenteovejuna
Como bien apuntan Pepito y Sancho, después de la derrota del Anticristo y del Falso Profeta no viene el Juicio Final, sino el Reinado de los mil años de Nuestro Señor Jesucristo.
Es cierto que ese es el milenarismo que hoy la Iglesia no acepta, pero no debemos olvidar que casi todos los primeros padres de la Iglesia que hoy son santos, fueron milenaristas.
San Ireneo de Lyon -por ejemplo- fue discípulo de San Policarpo, quien a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan. Sus dichos no deberían ser rechazados de plano, porque lo que él escribe bien pudo habérselo dicho San Juan -testigo presencial- a San Policarpo.
Según San Ireneo, dado que en la Ultima Cena Jesús les dijo a los apóstoles que no volvería a comer y beber el jugo de la uva con ellos hasta que esté en el Reino de Dios, se supone que eso tiene que ser en la tierra, porque en el cielo -donde todo es espíritu- no se come ni se bebe.
Me gustaría saber cómo los teólogos actuales demuestran que San Ireneo estaba equivocado.
21/04/17 11:47 PM
  
Manuel Ocampo Ponce
Efectivamente ese milenarismo no forma parte de la doctrina católica.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE

SEGUNDA SECCIÓN:
LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

CAPÍTULO SEGUNDO
CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS

ARTÍCULO 7
“DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS”

I. Volverá en gloria

Cristo reina ya mediante la Iglesia ...

668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1 Co 15, 24. 27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente.

669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio"(LG 3), "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 5).

670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1 Jn 2, 18; cf. 1 P 4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).

... esperando que todo le sea sometido

671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Ts 2, 7), a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1 Co 15, 28), y "mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2 P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20; cf. 1 Co 16, 22; Ap 22, 17-20).

672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tribulación" (1 Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia (cf. 1 P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1 Jn 2, 18; 4, 3; 1 Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).

El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel

673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1 Ts 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Ts 2, 3-12).

674 La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" (Rm 11, 20) respecto a Jesús . San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y san Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).

La última prueba de la Iglesia

675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris, condenando "los errores presentados bajo un falso sentido místico" "de esta especie de falseada redención de los más humildes"; GS 20-21).

677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).

II. «Para juzgar a vivos y muertos»

678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7, 10; Jl 3, 4; Ml 3,19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3, 7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5, 22; cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; 17, 31; 2 Tm 4, 1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3,17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; 12, 48); es retribuido según sus obras (cf. 1 Co 3, 12- 15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; 10, 26-31).

Resumen

680 Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal.

681 El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia.

682 Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia.

22/04/17 12:30 AM

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