Aforismos 23. Teología Moral II. Las virtudes teologales.

 

Los siguientes aforismos fueron tomados de un trabajo que consta de aproximadamente 16 000 aforismos que he redactado limitándome a un aproximado de 140 caracteres cada uno, en un lapso de cinco años a partir de agosto de 2011. La mayoría de ellos pertenecen al patrimonio de la Cultura Universal.  Algunos de ellos han sido recogidos de la sabiduría de los grandes pensadores de la civilización greco-latina y cristiana-católica de los últimos 2400 años de historia de la humanidad, aun cuando gran parte de ellos han sido modificados. Muchos otros constituyen una aportación personal.

La intención ha sido reducir los conceptos a muy pocas palabras y con la mayor claridad posible para hacerlos accesibles a un mayor número de personas. También incluyen el intento de expresar un mismo concepto de distintas formas.

Este vigesimotercer bloque está dedicado a las virtudes teologales.

  1. Las virtudes en grado heroico se alcanzan por la gracia y por la unión de nuestra voluntad a la de Cristo.
  2. Las virtudes teologales son: la fe, la esperanza y la caridad.
  3. La fe teologal es una virtud sobrenatural infusa por la que, con ayuda de la gracia de Dios, creemos verdadero lo que por Él ha sido revelado.
  4. El objeto de la fe es la verdad revelada por Dios a fin de que el hombre alcance su fin último, que es la bienaventuranza eterna.
  5. La fe no es sólo saber de Dios, sino vivir en Dios y con Dios.

  6. La fe no justifica la pereza mental.
  7. La fe teologal no depende de la luz natural de la razón, sino de la autoridad de Dios que revela y que no puede engañarse ni engañarnos.
  8. La fe teologal es infundida por Dios, imposible de ser adquirida por las fuerzas de la razón.
  9. La fe es un don de Dios gratuito e inmerecido.
  10. Los argumentos apologéticos que demuestran la credibilidad de la fe católica conducen a las puertas de la fe pero sólo Dios puede dar la fe.
  11. La fe se opone a la visión, por eso es oscura. Pero su certeza es más grande que la de cualquier otro conocimiento humano.
  12. La fe es oscuridad, no ve nada, es incompatible con la visión. Se limita a creer por la autoridad del que da el testimonio.
  13. Por oponerse a la visión, la fe desaparecerá absolutamente en el cielo.
  14. La fe sobrenatural católica tiene como objeto TODO lo que Dios ha revelado.
  15. El asentimiento sobrenatural de la fe teologal infusa es firmísimo y ciertísimo. Se afirma sin temor a equivocarse aun cuando no se vea nada.
  16. No hay certeza mayor y más absoluta que la de la fe sobrenatural.
  17. La virtud sobrenatural infusa de la fe se recibe junto con la gracia en el momento del bautismo.
  18. El sujeto próximo de la fe es el entendimiento especulativo porque creer es un acto del intelecto, aunque la voluntad ordene que se crea.
  19. En el acto de fe la voluntad ordena al intelecto que crea, a pesar de la falta de visión. La voluntad movida por la gracia impera.
  20. El objeto material de la fe es todo lo que Dios ha revelado en la Sagrada Escritura y la Tradición.
  21. Es objeto de fe: la Sagrada Escritura y lo que la Iglesia, por definición solemne o por su magisterio ordinario y universal, propone como revelado.
  22. El objeto formal quo de la fe es la autoridad de Dios que revela y en el que no cabe error.
  23. El objeto formal quod de la fe sobrenatural infusa es el mismo Dios.
  24. El que niega una verdad de fe o un solo artículo de la fe católica ya perdió toda la fe, porque Dios no puede haberse equivocado.
  25. Por la fe sobrenatural infusa, el hombre se eleva sobre su naturaleza, por eso procede eficientemente de la gracia de Dios.
  26. Es necesario pedir a Dios que conserve y aumente la fe sobrenatural infusa.
  27. La fe es la primera virtud cristiana, en cuanto fundamento positivo de todas las demás virtudes infusas. Sin ella no puede existir ninguna.
  28. Para que el bautizado ejerza el don profético es necesaria la fe vivida. Pero si no se conoce la fe es imposible vivirla.
  29. La fe no es sólo la aceptación de fórmulas externas, sino la adhesión personal a Cristo que nos congrega.
  30. La fe no es un hecho meramente individual, sino más bien eclesial porque el cristiano nunca cree a solas.
  31. Los pecados por exceso contra la fe son la credulidad y la superstición.
  32. Los pecados por defecto contra la fe son: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda, la ignorancia y la omisión de sus actos.
  33. La credulidad se opone a la fe porque admite con facilidad y sin fundamento cosas que no pertenecen a la fe.
  34. La credulidad se opone a la fe porque da extraordinaria importancia a la menor manifestación de cualquier visionario o visionaria.
  35. La superstición se opone a la fe sobrenatural infusa porque atribuye a la creatura lo que es propio de Dios: amuletos, cuarzos, adivinos…
  36. Los infieles son aquellos que no tienen fe y que no han sido bautizados. Si es involuntaria la infidelidad es inculpable.
  37. La apostasía es el abandono total de la fe cristiana recibida en el bautismo. Negar todas las verdades de fe después de haber sido bautizado.
  38. La apostasía coincide con el ateísmo, el racionalismo, el panteísmo, el teosofísmo, el relativismo y el cambio de religión después del bautismo.
  39. La herejía se da cuando un bautizado rechaza voluntariamente algunas verdades de la fe católica. En el fondo coincide con la apostasía.
  40. La apostasía es la negación de todas las verdades de fe.
  41. La herejía es la negación de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica.
  42. El cisma es el rechazo de la sumisión al sumo pontífice o a la comunión de los miembros de la Iglesia a él sometidos.
  43. El último cisma de la Iglesia ha sido el de Monseñor Lefebvre.
  44. La credulidad peca contra la fe por exceso. La herejía, que en el fondo es apostasía, peca por defecto.
  45. La ignorancia voluntaria que no busca aprender las verdades necesarias para llevar una vida auténticamente cristiana peca contra la fe.
  46. La ignorancia en cuestiones de fe desemboca, lamentablemente, en el fanatismo o en el ateísmo.
  47. La actualidad del cristianismo no es reducir la fe rebajándola a la moda, sino llevar el hoy de nuestro tiempo al Hoy de Dios.
  48. También es un pecado por defecto contra la fe el omitir los actos de fe en los casos que son obligatorios.
  49. La fe se puede perder y no recuperarse. Nunca es lícito exponer la fe. Si perdemos la fe perdimos TODO.
  50. Nunca es lícito exponer la fe leyendo libros heréticos o asistir a clases con herejes, es un peligro contra la fe sobrenatural.
  51. No es lícito exponer la fe asistiendo a escuelas positivamente acatólicas o anticatólicas.
  52. No es lícito moralmente a los bautizados exponer la fe en matrimonio con herejes o incrédulos. Se tolera en caso de matrimonios mixtos.
  53. Tener poca formación religiosa o muy sencilla y tratar con herejes o acatólicos es poner en peligro la fe. Nunca es lícito arriesgar la fe.
  54. Por el bien común es lícito tratar con los anticatólicos o con los herejes, pero en asuntos meramente civiles y no religiosos.
  55. Sólo en algunos casos puede ser lícito tratar asuntos religiosos con herejes, como cuando se reúnen para orar por la unidad.
  56. Ponen en peligro la fe las escuelas acatólicas que enseñan herejías abiertamente o que admiten a todos prescindiendo de la enseñanza de fe.
  57. Ponen ilícitamente en grave peligro la fe, las escuelas que se dicen “católicas” y promueven herejías y falsedades como si fueran verdad.
  58. La fe es un valor muy grande. Siempre hay que pedirla y es necesario cultivarla y cuidarla.
  59. La tolerancia no puede ser virtud porque su objeto es algo malo. Se tolera el mal. Se reconoce, se valora, se respeta, etc., el bien.
  60. El vicio de la soberbia es un peligro interno contra la fe sobrenatural infusa.
  61. La soberbia dirige inmediatamente a Dios despreciándolo.
  62. La soberbia no hace caso de la razón recta para pensar con moderación acerca de sí mismo, sino que la traspasa creyéndose más de lo que es.
  63. La soberbia es contraria a la ley divina, porque reniega de someterse como debe.
  64. La soberbia nos hace despreciar a Dios por no querer someternos a su autoridad y a su ley.
  65. El pecado de soberbia del hombre consiste en haber querido ser él mismo el que establece los principios morales; lo bueno y lo malo.
  66. El pecado original de soberbia del hombre que afectó a la especie humana fue el de querer la autonomía moral.
  67. El origen del primer pecado del hombre está en la soberbia.
  68. Con la soberbia se intenta suprimir la sumisión del hombre a Dios.
  69. El soberbio busca no someterse a las normas señaladas por Dios.
  70. La soberbia es pecado mortal porque se niega a aceptar la ley divina y trata de poner sus propias leyes según sus gustos y conveniencia.
  71. El pecado de soberbia guarda siempre relación con todos los demás pecados.
  72. El mayor pecado es el odio a Dios.
  73. El soberbio busca siempre la carencia de bondad en los demás.
  74. El soberbio actúa irracionalmente, no ve el grado de su bien ni el de los demás. Busca las carencias en los demás y vive en la falsedad.
  75. El soberbio no quiere someter su entendimiento a la iluminación de Dios.
  76. La vida inmoral es un peligro interno contra la fe sobrenatural infusa. Transgredir constantemente la ley de Dios acaba por confundir.
  77. La vida inmoral es un peligro interno contra la fe sobrenatural infusa porque el que obra mal odia la luz. Humildad.
  78. La fe católica no se funda en la autoridad de la Iglesia, sino que su objeto formal es el mismo Dios que revela.
  79. La fe que renuncia a una Filosofía realista desbarra hacia el fanatismo fideista y fundamentalista.
  80. La evangelización y la pastoral sin una buena Filosofía es puro fanatismo fideista.
  81. La fe en Dios no es creer en Dios, sino vivir en Dios y con Dios.
  82. La fe es una certeza más fuerte que la de las Matemáticas, pero es oscura porque se opone a la visión.
  83. El fideísmo es la fe ciega irracional o sin razón.
  84. Es mejor que no haya educación religiosa a que la haya en base a puros errores y herejías que provocan la pérdida de la fe.
  85. La fe es un hábito de la inteligencia, por eso no es irracional. Pero también interviene la voluntad que impera el asentimiento.
  86. El objeto de la fe sobrenatural es TODO lo que Dios ha revelado. Tradición, Antiguo y Nuevo Testamento.
  87. El sujeto próximo de la fe sobrenatural es el intelecto y, el sujeto remoto, la persona humana creyente.
  88. La fe no es opinión, no implica duda.
  89. La fe es cierta, juzga sin temor a equivocarse aun cuando es oscura porque se opone a la visión.
  90. El intelecto nunca debe desistir en penetrar y profundizar en los misterios de la fe: Fides quaerens intellectum.
  91. El hombre no puede dar la fe infusa a otra persona humana. Pero si puede demostrar la existencia de Dios y parte de su esencia racionalmente.
  92. La esperanza es una virtud teologal infundida por Dios en la voluntad y, por la cual, confiamos alcanzar la vida eterna con el auxilio de Dios.
  93. El motivo de la esperanza cristiana es la omnipotencia auxiliadora de Dios.
  94. El objeto formal de la esperanza cristiana es Dios.
  95. Los medios sobrenaturales para alcanzar a Dios como objeto de la esperanza cristiana son la gracia, los sacramentos, las virtudes y los dones.
  96. Las tres propiedades de la esperanza cristiana son: la honestidad en buscar el premio eterno; la sobrenaturalidad y la firme certeza.
  97. Los vicios opuestos a la esperanza cristiana son la desesperación o pensar que es imposible alcanzar la bienaventuranza y la presunción.
  98. El vicio de la presunción contra la esperanza cristiana consiste en pensar que la salvación está asegurada de cualquier forma.
  99. Pelagio cae en el vicio de presunción porque afirma que es posible salvarse sin la gracia.
  100. Lutero cae en el vicio de presunción contra la esperanza cristiana porque dice que todo depende de la fe, independientemente de las obras.
  101. Calvino cae en el vicio de desesperación y presunción contra la esperanza cristiana porque afirma que estamos predestinados.
  102. La certeza firmísima de la esperanza cristiana consiste en saber que si no ponemos obstáculo a la gracia, no nos va a faltar.
  103. La desesperanza de alcanzar el cielo y la presunción de salvarse son faltas contra la virtud teologal infusa de la esperanza.
  104. El deseo desordenado del cielo para librarnos de molestias y trabajos y el apego desordenado a esta vida son faltas contra la esperanza.
  105. La caridad es una virtud infundida por Dios en la voluntad por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y a nosotros y al prójimo por Dios.
  106. La caridad cristiana es una virtud que constituye el fin de la ley y el vínculo de toda perfección.
  107. La caridad cristiana es una sola virtud con tres objetos materiales: Dios, el prójimo y nosotros mismos.
  108. La virtud de la caridad cristiana se recibe siempre por divina infusión. Nunca por las fuerzas naturales.
  109. La caridad es una virtud teologal infusa que constituye el fin de la ley y el principio de toda perfección.
  110. La caridad es el amor de amistad benevolente entre Dios y el hombre fundada en la comunión de bienes.
  111. La virtud de la caridad supone necesariamente la gracia y es inseparable de ella.
  112. La virtud de la caridad es una realidad creada, un hábito sobrenatural infundido por Dios por el que amamos a Dios, a nosotros y al prójimo.
  113. Si no hay amor a Dios sobre todas las cosas, incluso sobre nosotros mismos, no hay caridad.
  114. Si nos amamos a nosotros mismos o al prójimo por otro motivo que no sea la bondad de Dios no es caridad sino filantropía, amor natural, etc.
  115. Para que haya caridad, el motivo del amor debe ser siempre Dios.
  116. Hay distintos tipos de amor que van desde el amor sensible que compartimos con los animales hasta el amor de Caridad que es sobrenatural.
  117. La caridad no puede encontrar tope en su crecimiento y desarrollo en la vida terrena.
  118. No cabe hablar de una perfección absoluta de la caridad en la vida terrena, ya que siempre puede aumentar más.
  119. En esta vida podemos alcanzar una perfección relativa de la caridad evitando lo que impide el amor a Dios.
  120. Para aumentar la caridad hay que evitar el pecado mortal y lo más posible el venial, buscar la virtud y ejercitarse en el amor a Dios.
  121. Los pecados veniales nos hacen tibios y relajados y nos disponen al pecado mortal que reduce la caridad a cero.
  122. Los pecados veniales enfrían el alma y la predisponen al pecado mortal que acaba con la caridad.
  123. La caridad produce gozo espiritual de Dios, paz, misericordia, compasión por el prójimo, beneficencia, limosna y corrección fraterna.
  124. No hace falta sentir el amor a Dios, basta con que se le ame sobre todas las cosas intelectualmente y volitivamente.
  125. Hay que amar a Dios con todas las fuerzas y de todos los modos posibles con que se le pueda amar.
  126. La caridad es absolutamente necesaria para todos los hombres con necesidad de medio para la salvación.
  127. La gracia siempre conlleva la caridad.
  128. Hay que estar dispuestos a perder todas las cosas y aun la misma vida antes que pecar.
  129. El odio a Dios de enemistad o de abominación son vicios opuestos a la caridad. Blasfemias, maldiciones, sacrilegios, persecución a fieles…
  130. La acidia es la pereza espiritual que procede del gusto depravado que ya no se complace con las cosas de Dios por considerarlas tristes.
  131. Amar desordenadamente a las creaturas anteponiéndolas al mismo Dios se opone a la caridad.
  132. El egoísmo consiste en amarse desordenadamente por encima de Dios, lo cual se opone a la caridad.
  133. La verdadera felicidad humana es incompatible con el mal: ignorancia, errores, dudas, debilidades, desorden, enfermedades y muerte.
  134. La caridad es una virtud sobrenatural infusa que consiste en amar a Dios sobre todo y al prójimo como Dios nos ama.
  135. La caridad es virtud infusa. Eso significa que sólo Dios la puede dar. Se pierde con el pecado grave y se recupera con la confesión.
  136. La caridad se adquiere únicamente por infusión divina, nunca puede obtenerse por las fuerzas naturales.
  137. Si quieres amar y ser amado con amor perfecto no hay otro camino que pedir a Dios la caridad.
  138. El sujeto donde reside inmediatamente la caridad es en la voluntad porque es un movimiento de amor hacia Dios como Bien Supremo.
  139. La caridad exige que el amor a Dios sea afectivo, o sea, que cumpla con actos de amor, y efectivo, que cumpla la voluntad de Dios (su ley).
  140. El objeto material secundario de la caridad son todas las creaturas inteligentes que han llegado, o pueden llegar, a la felicidad eterna.
  141. Los actos humanos que no son por Dios, que es el objeto formal de la caridad, no son verdaderos actos de caridad.
  142. La caridad es la más excelente de todas las virtudes por ser la que más nos une a Dios.
  143. La caridad dirige y ordena los actos de todas las demás virtudes infusas al fin último sobrenatural.
  144. Sin la caridad, las virtudes sobrenaturales, incluyendo la fe y la esperanza, están muertas.
  145. La caridad puede aumentar en esta vida porque estamos en camino hacia Dios y el acercamiento a Él se da por el incremento de la caridad.
  146. La caridad, como todo hábito, no crece por suma o cuantitativamente, sino por una mayor radicación en el sujeto.
  147. La caridad no aumenta por actos imperfectos sino por actos más intensos y perfectos que los anteriores.
  148. Sólo el amor de Dios cada vez más intenso puede conducir al hombre hasta el nivel más alto de perfección.
  149. Cuando nos amamos a nosotros o al prójimo por algo distinto de la bondad de Dios, no hacemos acto de caridad, sino de filantropía o egoísmo.
  150. El sujeto donde reside inmediatamente la caridad es en la voluntad porque se trata de un movimiento de amor hacia el Bien Supremo.
  151. La caridad es una amistad entre Dios y el hombre basada en una mutua benevolencia fundada en una comunicación de bienes.
  152. El amor de benevolencia que proviene de la caridad exige buscar el máximo perfeccionamiento y el máximo bien recíprocamente.
  153. Si el “amor” produce que la persona que quieres se aleje de Dios, no es amor, es egoísmo o amor desordenado a uno mismo.
  154. El verdadero amor busca, en primer lugar, agradar a Dios.
  155. No puede haber fraternidad si se excluye a Dios.
  156. La virtud de la caridad cristiana supone necesariamente y es inseparable de la gracia.
  157. La caridad exige el amor de la voluntad a Dios mediante actos. Y el cumplimiento de la voluntad de Dios, de la ley moral.
  158. Sin la caridad, los actos de las demás virtudes estarían muertos.
  159. La caridad puede aumentar en esta vida, en la medida en que nos vamos acercando más a Dios.
  160. La caridad, como todos los demás hábitos, no crece por adición o suma sino por una mayor radicación en el sujeto.
  161. Los hábitos no son cantidad sino cualidad. La caridad aumenta por actos más intensos que los anteriores.
  162. Sólo el amor de Dios más intenso puede conducir al hombre hasta la cumbre de la perfección.
  163. Vale más un acto de caridad intenso que mil tibios o imperfectos.
  164. Un justo perfecto agrada más a Dios que muchos tibios o imperfectos.
  165. La conversión de un pecador a una gran perfección agrada más a Dios que la conversión de muchos pecadores a una vida tibia e imperfecta.
  166. La caridad no puede encontrar un tope en su crecimiento y desarrollo en esta vida.
  167. En el conocimiento de sí mismo, el hombre descubre la bondad de Dios porque advierte el amor de Dios.
  168. La perfección está en la caridad, o sea en el amor.
  169. La caridad va acompañada del temor filial y de la gratitud a Dios.
  170. No cabe hablar de una perfección absoluta de la caridad en la vida terrena porque siempre puede crecer y desarrollarse más.
  171. Para conservar la virtud de la caridad es necesario evitar el pecado mortal.
  172. Si se cae en pecado mortal hay que acudir al sacramento de la reconciliación.
  173. Para que la caridad se desarrolle hay que buscar positivamente la virtud y evitar el pecado venial.
  174. Para que la caridad alcance un desarrollo más grande hay que ejercitarse en el amor y unión íntima con Dios y evitar imperfecciones.
  175. El hombre tiene el deber y la obligación de amar a Dios con amor de caridad sobrenatural porque de Dios deriva todo el bien de las creaturas.
  176. Los efectos externos de la caridad son la beneficencia, la limosna y la corrección fraterna.
  177. Debemos amar a Dios estando dispuestos a perder todas las cosas, incluso la misma vida, antes que separarnos de Él por el pecado.
  178. Hemos de amar a Dios con todas las fuerzas y de todos los modos posibles con que se pueda amar.
  179. La caridad habitual es necesaria absolutamente a todos los hombres con necesidad de medio para la salvación.
  180. Quien peca o ama desordenadamente siente como amenaza el castigo y eso puede llevarlo al odio o a la abominación contra Dios.
  181. Cada uno de nuestros actos sobrenaturales procede, a la vez de la actividad convergente de varias virtudes y de varios dones.
  182. El odio a Dios es un pecado opuesto a la caridad y hay dos tipos: de enemistad o de abominación.
  183. Del odio a Dios proceden blasfemias, execraciones, maldiciones, sacrilegios, persecuciones a fieles o a la Iglesia, etc.
  184. Otro pecado contra la caridad es la acidia.
  185. La acidia es el tedio o pereza espiritual que procede del gusto depravado que no encuentra placer en Dios.
  186. Otro pecado contra la caridad es el amor desordenado a las creaturas o a sí mismo (egoísmo).
  187. Lo contrario al amor es el egoísmo. La humildad es la extirpación del egoísmo.
  188. La humildad y el amor en la vida espiritual son una misma cosa.
  189. El más humilde es el más digno.
  190. La situación apta para comulgar es la humildad.
  191. La humildad conlleva contrición, conocimiento de la propia miseria, necesidad del auxilio divino. No avergonzarse de pedir caridad.
  192. La humildad comporta la conciencia de la propia necesidad y dependencia.
  193. Sin la humildad, nadie puede acercarse a Dios.
  194. La persona humana está llamada a amar sobrenaturalmente. El amor sobrenatural es la Caridad.
  195. La perfección de la vida cristiana consiste en la caridad. En el amor a Dios y al prójimo como Dios nos ama.
  196. Es necesario amarse a uno mismo y al prójimo con rectitud y en función de Dios. La caridad, como don de Dios, nos ayuda a lograrlo.
  197. El amor sensible debe ordenarse al espiritual como el cuerpo se ordena al alma que le da vida y unidad.
  198. Dios nos ama a todos de manera perfecta, pero distinta y personal.
  199. La fraternidad que no tiene como fundamento a Dios (caridad) es mera filantropía.
  200. La distancia entre la filantropía y la caridad es la misma que hay entre lo natural y lo sobrenatural.
  201. La fraternidad y la solidaridad exigen la caridad como virtud teologal que Dios infunde en el alma. En eso se distingue de la filantropía.
  202. El apostolado sobre los pecadores para atraerles al buen camino es el acto más exquisito de caridad que podemos realizar con ellos.
  203. La enemistad se opone al amor de benevolencia y, por lo general, nace del odio y de la envidia.
  204. Hay que amar a los enemigos con verdadero amor de caridad, no en cuanto enemigos, pero sí en cuanto hombres capaces de salvación.
  205. La caridad exige amar a los enemigos no por lo que son, sino a pesar de ello. Tampoco consiste en amar sus vicios.
  206. La caridad tampoco exige amar a los enemigos de manera sensible, sino estrictamente sobrenatural. No es necesario sentir nada.
  207. La virtud de la caridad exige que el amor a los enemigos erradique todo odio de enemistad y todo deseo de venganza.
  208. La virtud teologal de la caridad es una virtud sobrenatural infusa que sólo Dios puede dar.
  209. En el orden de la caridad, Dios siempre ha de ocupar el primer lugar.
  210. En la medida de las posibilidades, el apostolado es un deber que obliga a todos los católicos sin excepción.
  211. Es imposible amar a Dios sin querer y procurar que toda creatura le ame y le glorifique.
  212. Todos los deberes para con el prójimo: individuales, familiares y sociales giran en torno a dos virtudes fundamentales: caridad y justicia.
  213. La obligación de caridad y justicia llega a su máximo punto en el sacerdote por representar al mismo Cristo y por el escándalo que puede dar.
  214. Existe un mandamiento judeocristiano que exige amar al prójimo con amor de caridad sobrenatural externo e interno.
  215. Hay un amor natural por el que se ama al prójimo por sus cualidades naturales (belleza, fortuna…) o espirituales (ciencia, arte…).
  216. Existe un amor estrictamente sobrenatural por el que se ama al prójimo por Dios y para Dios.
  217. Lo que no se hace por amor a Dios, a nosotros mismos y al prójimo como Dios quiere que amemos, es pérdida de tiempo.
  218. Hay que procurar y desear al prójimo toda clase de bienes y, sobretodo, la salvación eterna.
  219. En la vida terrena debemos amar a Dios con amor objetivo de la voluntad, aunque no lo sintamos sensiblemente o subjetivamente.
  220. El odio a Dios es el mayor de todos los pecados contra el Espíritu Santo.
  221. Es más importante no dañar al prójimo que querer hacerle un bien.
  222. El odio de enemistad se opone directamente a la caridad.
  223. El odio de enemistad es intrínsecamente malo, es ilícito desearle un mal al prójimo.
  224. La enemistad se opone directamente al amor de benevolencia y suele nacer del odio y de la envidia.
  225. El amor a los enemigos obliga a deponer todo odio de enemistad y todo deseo de venganza. Con la virtud infusa de la caridad se logra.
  226. Puede ser lícito desear un mal físico y material, nunca espiritual a una persona para su enmienda. V.gr. una enfermedad para arrepentirse…
  227. Puede ser lícito desear un mal a alguien por el bien común. V. gr. la cárcel a un asesino serial.
  228. No es lícito maldecir a un enemigo. Maldecir se opone directamente a la caridad.
  229. Gozarse del mal ajeno es odio opuesto a la caridad. No es excusable odiar a quien nos odia.
  230. La virtud sobrenatural infusa de la caridad exige procurar la reconciliación con los enemigos lo más pronto posible.
  231. No es lícito mantener en el alma el odio o rencor con el enemigo u ofensor.
  232. Ante una ofensa no se requiere pedir expresamente el perdón, basta con buscar la manera de restablecer la amistad como si nada hubiera pasado.
  233. El ofendido está obligado siempre a perdonar al ofensor que le pide perdón en forma directa o indirecta.
  234. La envidia considera el bien del prójimo como un mal para sí.
  235. Es extremadamente fácil pasar de la envidia al odio que no se limita a entristecerse del bien del prójimo, sino además desearle un mal.
  236. No hay que confundir la envidia con una legítima tristeza de ver triunfar al malo en cuanto malo: herejes, perseguidores de la Iglesia.
  237. No es envidia desear tener las virtudes y buenas cualidades del prójimo, con gozo y satisfacción de que las tenga él.
  238. La envidia es siempre mala porque es el dolor de lo que debía alegrarnos del prójimo.
  239. No hay que impacientarnos con los malvados, no hay que envidiar su prosperidad.
  240. La envidia de la gracia del hermano es un pecado gravísimo. Que a una persona le duela la gracia de Dios para su hermano.
  241. El escándalo es un dicho o hecho que no es recto y que hace que el prójimo pueda pecar.
  242. El escándalo suele afectar a las personas de mediana virtud, no a los muy viciosos ni a los muy santos. Pero es peligroso para todos.
  243. El escándalo no suele afectar a los muy viciosos porque no necesitan quien les induzca a pecar.
  244. El escándalo no afecta a los muy santos porque no se dejan mover.
  245. Es posible que una persona se ofenda o hasta se odie a sí misma. No perdonarse implica un amor desordenado por la soberbia.
  246. Un signo claro de congruencia y fidelidad en el seguimiento a Cristo es el martirio. Difícil de evitar cuando se sigue de verdad.
  247. El hombre está llamado a amar sobrenaturalmente y con amor de caridad.
  248. El precepto de amar a los enemigos obliga a la reconciliación lo más pronto posible.
  249. La acidia consiste en el tedio o pereza espiritual. Proviene del gusto depravado de los hombres que no encuentran placer en Dios.
  250. La acidia hace que los hombres consideren las cosas de Dios como tristes, sombrías y melancólicas. Va contra la virtud de la caridad.
  251. La acidia conduce a la malicia, al rencor, la pusilanimidad, la desesperación, la torpeza, la indolencia y la divagación hacia lo ilícito.
  252. Si el hombre se ama desordenadamente a sí mismo y a las criaturas acaba por ofender a Dios quebrantando su ley, hasta llegar a odiar a Dios.
  253. Del odio a Dios proceden las blasfemias, las maldiciones, los sacrilegios, las persecuciones a la Iglesia, etc.
  254. Debemos amar a Dios con todas las fuerzas y de todos los modos posibles con que se le pueda amar.
  255. La caridad habitual es necesaria absolutamente como medio necesario de salvación para todo ser humano.
  256. La caridad actual (acto sobrenatural) es necesaria para la salvación de todo pecador adulto que no pueda recibir el bautismo o la reconciliación.
  257. Cristo nos dio su vida por amor a nuestra salvación.
  258. La caridad devuelve la rectitud a la razón y a la voluntad, para cambiar el odio al prójimo en amor y odiarse a sí mismo como pecador.
  259. El amor que tenemos a Dios ha de ser proporcionando a la creatura, el bien que no podemos hacer a Dios.
  260. El amor que tenemos a Dios hay que hacerlo al prójimo.
  261. El precepto de no dañar al prójimo es más grave que el de beneficiarle.
  262. Sin amigos es imposible tener virtudes.
  263. La amistad es un precioso don de Dios.
  264. La amistad es la fuente de donde brotan las virtudes.
  265. Al margen de Dios, el amor se convierte en egoísmo.
  266. Sin Dios no puede haber verdadero amor ni a uno mismo ni a las creaturas.
  267. Imposible lograr las virtudes sin un ambiente de amor y amistad propicio para su desarrollo.
  268. No es posible ser feliz si excluimos la felicidad de otras personas.
  269. La persona humana necesita amigos en todos los estados, circunstancias y momentos de la vida.
  270. El ser humano necesita amigos, aun cuando ha alcanzado la felicidad por ser virtuoso.
  271. El que ama desea y se goza en el bien del amigo.
  272. El que ama considera los males y los bienes del amigo como si fueran propios.
  273. La persona que ama une su voluntad con el amigo.
  274. El que ama quiere el bien del amigo como para sí mismo.
  275. El que ama recibe en sí mismo los bienes y los males del amigo, de modo que es afectado en el amigo.
  276. El que ama quiere el bien del otro y mientras más perfecto es el amor, más se busca la perfección del amigo oponiéndose a lo que va contra él.
  277. El hombre feliz necesita amigos no por utilidad o por deleite sino para obrar el bien.
  278. El amor es algo muy serio, supone un compromiso total e irrevocable.
  279. La jactancia es alardear de una cualidad o de una cosa que no se posee.
  280. El orgullo es un vicio por el cual el hombre se siente superior a los demás y les muestra desprecio, alejándose de su trato.
  281. Cualquier hábito bueno puede ser recibido por divina infusión.
  282. La amistad con Dios tiene un origen sobrenatural.
  283. La amistad con Dios se posee por infusión divina.
  284. Sólo por las obras realizadas en gracia de Dios, teniendo la virtud de la caridad, el hombre puede alcanzar la bienaventuranza eterna.
  285. El amor no se puede imponer.
  286. Dios es el objeto de la amistad humana porque, siendo el Bien infinito, hace feliz al hombre haciendo que su Bien sea del hombre.
  287. El amor de Dios es posible porque se le ama en cuanto amigo del hombre o en cuanto le comunica su misma vida divina al hombre.
  288. Dios toma la iniciativa de amor hacia el hombre gratuitamente, infundiendo además la correspondencia al amor respetando la libertad humana.
  289. El hombre está obligado a amarse a sí mismo, pero con amor de caridad. Con amor de amistad sobrenatural.
  290. El hombre no tiene amistad natural consigo mismo y, además, requiere la caridad que es amor sobrenatural.
  291. La caridad con uno mismo es consecuencia del amor sobrenatural a Dios y por tanto de querer su voluntad.
  292. Al cuerpo hay que amarlo con amor de caridad.
  293. El cuerpo es un instrumento para alcanzar la felicidad eterna.
  294. Por sí misma y esencialmente, la perfección de la vida cristiana consiste en la caridad.
  295. Los consejos evangélicos: pobreza, obediencia y castidad se ordenan a remover los obstáculos de los actos de caridad.
  296. La pobreza o abandono voluntario de los bienes materiales o riquezas para dedicarse únicamente a Dios está fundada en el mismo Cristo.
  297. La pobreza no es sólo material. Sino principalmente y sobre todo espiritual.
  298. La pobreza espiritual es causa de la pobreza material.
  299. Los actos que tienen por objeto el bien espiritual del alma son más útiles al prójimo que los que se ordenan al bien corporal.
  300. Son más excelentes las limosnas espirituales que las corporales.
  301. Acto heroico de caridad es ofrecer el fruto satisfactorio de nuestras obras en esta vida y los sufragios por estas después de la muerte.
  302. La limosna es un signo de beneficencia que consiste en dar alguna cosa al necesitado por amor de Dios y propia compasión.
  303. Por derecho natural y divino positivo hay obligación grave de ejercer la virtud de la limosna.
  304. No dar limosna al necesitado conlleva la pérdida de la caridad (gracia santificante). No se trata de un consejo, sino de un precepto.
  305. Hay que dar limosna según la medida de nuestras necesidades.
  306. La obligación de dar limosna en cada caso se mide por la necesidad del prójimo y las propias posibilidades.
  307. Cuando el prójimo está en extrema necesidad, es obligatorio ayudarle incluso con suficientes bienes superfluos para la vida.
  308. Cuando el prójimo está en grave necesidad hay obligación de ayudarle con lo superfluo para su estado o posición social.
  309. La limosna debe ser justa, o sea, dada por el que es dueño de lo que se va a dar, o por su voluntad expresa o porque es de libre administración.
  310. La limosna ha de ser prudente: a los verdaderamente pobres; no a los que por pereza no quieren trabajar.
  311. La corrección fraterna es una obligación moral.
  312. La corrección fraterna debe ser sobre una materia cierta y manifiesta.
  313. La corrección fraterna se hace sólo en los casos en que se prevea que no hay otro medio igual o mejor para lograr que se corrija el error.
  314. La corrección fraterna debe fundarse en la esperanza de éxito. Si se prevé que será contraproducente por provocar la ira, debe suspenderse.
  315. La corrección fraterna debe prever que no va a provocar grave prejuicio al corrector que siempre habrá de medirse para no provocar venganza.
  316. La corrección fraterna debe esperar siempre las circunstancias oportunas para lograr el éxito.
  317. La corrección fraterna debe hacerse con caridad, justicia, benignidad, humildad y prudencia.
  318. No hay que confundir la envidia con la tristeza de ver triunfar al malvado en cuanto malo.
  319. El odio es el mayor pecado contra el prójimo por parte del desorden interior, aunque no por los efectos porque otros lo perjudican más.
  320. La corrección fraterna siempre ha de ser en privado y buscando el bien del prójimo. Nunca debe perjudicar al prójimo.
  321. La corrección fraterna debe omitirse si esta puede inducir a otros pecados en el prójimo como ira o venganza.
  322. La corrección fraterna es la amonestación hecha al prójimo culpable en privado y por pura caridad para apartarle del pecado.
  323. Cuando corregimos fraternalmente siempre hay que salvar la buena fama del corregido.
  324. La corrección fraterna debe ser siempre en privado y sólo si no hay otra opción igual o mejor para que el prójimo se corrija sin ella.
  325. La corrección fraterna debe estar fundada en la esperanza de éxito, de lo contrario debe omitirse.
  326. El agredido tiene la obligación natural y sobrenatural (de caridad) de perdonar siempre y en todos los casos al agresor.
  327. Hay obligación grave de cuidar en el prójimo su vida, su cuerpo, su hacienda y su honor y buena fama.
  328. No es lo mismo querer y obrar mereciendo la vida eterna que comportarse honestamente con los demás hombres.
  329. No vale ni cuesta lo mismo amar a unos amigos que amar a Dios sobre todas las cosas.
  330. No es lo mismo practicar unos preceptos morales en determinados momentos que practicarlos todos siempre.
  331. No es lo mismo practicar todos los preceptos morales siempre que algunos muy difíciles en determinadas situaciones.
  332. No es lo mismo querer empezar a creer y vivir cristianamente que convertirse plenamente a Dios en caridad perpetua.

 

3 comentarios

  
Tikhon
Muchas gracias don Manuel por su extraordinario trabajo tan inspirador y que me ayuda tanto a la reflexión.

Lo voy guardando y uniendo para formar un solo texto.

Sería también extraordinario si se pudiera editar en formato de libro... aunque no se si tendría mucho púbico fuera de los Infocatólicos...


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Muchas gracias.
Ya forman parte de un texto que he escrito.
saludos.
04/08/16 7:31 AM
  
Catholicus
La fe no es sólo saber de Dios, sino vivir en Dios y con Dios.
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Santo Tomás es más explícito. La fe reside en el intelecto, y al asumirla con un acto de la Voluntad la hacemos nuestra.

Es la Caridad la que informa a la Fe como al resto de las virtudes, pero sin ella - como recuerda Trento- puede permanecer la Fe. Fe informe, verdadera Fe pero "muerta" como afirma San Pablo. Esa verdadera Fe no salva por la ausencia de la Caridad.

"Vivir en Dios y con Dios" es lo propio de la Caridad, no de la Fe.
04/08/16 1:44 PM
  
pamela
Cuánta Sabiduría en cada uno y materia de meditación para la vida entera. Gracias


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Gracias a Usted por leerlos.
Saludos:
Manuel Ocampo Ponce.
06/08/16 11:01 PM

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