1.10.13

(11) Santa Teresita, un águila guerrera

Hace unos cuantos años, un cliente de nuestra librería, agnóstico entonces, manifestó que no quería saber nada con esos “santitos dulzones” como Santa Teresa de Lisieux, y esa expresión desencadenó una áspera discusión, intentando explicarle la importancia de esta gran Santa, Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones.

Luego de varios años regresó para contarnos que había viajado a Alemania, se había convertido en el santuario de Schoenstatt y …se había hecho devotísimo de Sta. Teresita, pues decía haber encontrado en ella un raro y seductor modelo de fortaleza, para hombres y mujeres de toda edad.

De ella ya había dicho Pío XI: “Se ha disminuido su espiritualidad: es un alma viril, es un gran hombre…” Es de advertir cómo en nuestro siglo, en cambio, la “perspectiva de género” es el correlato de una espiritualidad afeminada, que conduce a la subversión de psicologías y cuerpos en la masculinización de la mujer y el afeminamiento de los varones. A esta época le cuesta sin duda “digerir” la estampa del Stabat Mater, que es como una brújula: de pie, junto a la Cruz, Aurora de Esperanza.

En homenaje a Sta. Teresita, en este día de su fiesta, comparto con nuestros lectores algunas “perlas” tal vez poco difundidas, en que sin temor a un lenguaje enérgico, habla de la conquista del Cielo. Pidámosle especialmente que interceda para que en este mes recibamos grandes gracias de conversión de nuestros pobres corazones, y nos “contagie” su celo apostólico para encender las almas.

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29.09.13

(10) La Santa Inquisición

Así la llamo yo, sí; sin comillas ni ironías, en conciencia, mirando las leyes liberales -con la libertad de ir todos cantando al infierno, acostumbrados a vivir en un buen simulacro del mismo-. Evoco, pues, a la Santa Inquisición, viendo las leyes humanistas de que gozamos, tan respetuosas de todo tipo de “género” humano, homínido, humanoide, homúnculo, homifémino, trans-humano, trashumante (ya que estamos…), y un largo etcétera- y por supuesto, democráticas numerolátricas y esquizofrénicas (¿suena bien el binomio, eh?).

Como bien señala la historiadora francesa Regine Pernóud, “..Se comprende que en muchos aspectos, la Inquisición fuera sobre todo la reacción de una sociedad que consideraba la defensa de la fe tan imporante como a nosotros nos parece la protección de la salud fisica” (Qué es la Edad Media, Ed. Magisterio Español, Madrid, 1979, p. 162).

Hoy, quien optara por permanecer al margen del sistema de “salud” (sic) en Estados Unidos, por ejemplo, sería sancionado con una multa. El culto al cuerpo va desde las modas para anoréxicas; el ocultamiento y asesinato de los enfermos con la eugenesia y eutanasia; el estiramiento de la cara de las “estrellas” hasta tironearles el dedo gordo del pie, y cuanta ridiculez se nos ocurra para lucir lo más “plásticamente” posible.

Por el contrario, la defensa de las almas hay que suplicarla a veces mediante “recolección de firmas” para presentar hasta al propio Obispo, porque es como si estuviésemos hablando de fantasmas, y el Número de las firmas hace visible lo que ya ni se recuerda que existe. En cuanto a Defensa de la Fe…gracias a Dios, aún hay algunos sacerdotes y obispos que se avienen a celebrar Misas en Desagravio, como el que se realizará este jueves en la parroquia porteña de San Ignacio, tras su reciente profanación.

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25.09.13

(9) La ponzoña de la Mentira

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Cuando Nerón inculpó a los cristianos del incendio de Roma, debe haber habido más de un ciudadano que se previniera contra ellos, y más allá del fruto bendito del martirio que se siguió de ello, -bien mayor que Dios obtiene de todos los males-, es indudable que la calumnia original no fue un acto puramente “humano”, sino engendrado en los abismos infernales.

No es gratuito entonces -nada en la Sagrada Escritura lo es-, que Ntro. Señor designara a Lucifer como el Padre de la Mentira , homicida desde el principio (Jn.8,44) y Príncipe de este mundo (Jn. 14,30). Debemos colegir, por tanto, que alguna íntima relación causal debe haber entre

- el accionar concreto de Satanás en la historia, en el mundo concreto y real en que nos movemos –aunque sin pertenecer a él-,

- el imperio de la Mentira, y

- la persecución a los cristianos.

Puede parecer una verdad de Perogrullo este razonamiento, pero sin embargo creo que es muy oportuno a veces, “repasar las tablas de multiplicar”, cuando no nos dan las cuentas…

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21.09.13

(8) Los pobres Desgraciados

María Santísima, tipo, Madre y modelo de la Iglesia, es sin duda Maestra de la fe y de la oración. No podemos entonces dejar de consultarla en nuestros criterios espirituales y materiales de perfección cristiana.

Ahora bien, Ella en Fátima asocia el término “pobres” al de pecadores, es decir, propiamente hablando, a los des-graciados, los sin-gracia, ya sea con o sin bienes materiales.

Hace varios años, un amigo nuestro perdió a un hijo en un trágico accidente, y en una hermosa carta que circuló haciendo un enorme bien, hizo referencia precisa a este tema, poniendo en su justo lugar el término “desgracia”, que nada tenía que ver con lo ocurrido a su hijo, pues él, gracias a Dios, no era de ningún modo un desgraciado.

Últimamente el Papa nos exhorta a ir a las “periferias existenciales”, y nos surge una pregunta: ¿podemos ir realmente allí, cuando primero no hemos llevado, delante, el corazón? ¿Es fecundo ir físicamente adonde no se va con Cristo, es decir, donde no somos conducidos por Su corazón de Rey de cielos y tierra?

Acudir con el Cuerpo -pues somos miembros vivos de Su Cuerpo místico- sin portar el Corazón, sin querer Su voluntad, ¿no será amontonar allí, nuevos cadáveres?…

Porque hay una sola cosa necesaria, y es que Cristo reine, y todo lo demás nos será dado por añadidura…

¿Pero podrá reinar El si nosotros -los que nos creemos fieles, porque hemos sido llamados a ser sus testigos- no somos vehículos de Su Divina Misericordia, vale decir, si le negamos “abonar” con nuestra oración de petición, el camino de nuestros pasos? ¿Cómo hacer que reine su Justicia, por ejemplo, si antes de hablar de ella, no “visitamos” con su Misericordia, a través de nuestra oración sincera, el alma de los injustos?

Y buscando entre los pobres más pobres, he encontrado en las periferias de mi corazón, a los que tal vez debamos confesar que hemos abandonado ya, porque hasta se ha secado nuestra oración por ellos. Entonces participamos, de alguna manera, de sus culpas, siendo luz que no alumbra, y sal que no sala.

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20.09.13

(7) Brochero, santo Cura argentino y católico

“El cura gaucho fue un santo y una de las puras siluetas de nuestra historia. Tres santos solamente ha habido en nuestro país que son el Cura Brochero, el Obispo Esquiú y la Beata Antula…” (Leonardo Castellani)

Y… no; no es tan obvio como parece, conciliar los dos últimos adjetivos que figuran en el título…

Se supone que todos los curas son católicos, claro, pero sin embargo, cuando en una nación la catolicidad se “devalúa” con el barniz ideológico, todo cambia de color, y a veces uno se encuentra con que “le han dado gato por liebre”….

Y ese espíritu malsano también puede embadurnar a los santos, por qué no, y de paso “empaqueta” a los pobres fieles, haciendo el juego al diablo, que ya que no pudo evitar que los Bienaventurados sean dóciles a la gracia, “mete la cola” para que nosotros, que todavía batallamos en este valle de lágrimas, aprovechemos a medias sus ejemplos, sin dejarnos enseñar lo suficiente, o contentándonos con una “imagen de estampita”, lo más tranquilizadora posible. Quienes no gustan de una completa catolicidad, tratan a veces “sin querer queriendo”, de desdibujar la de los santos en lo que pueda haber de incómodo para nosotros, si buscamos seguir sus huellas. Sucede como a aquel pobre cardenal que le preguntaba a S.S. San Pío X “qué tenía que decir al mundo esa pobre monja” que era Sta. Teresita -predilecta del santo pontífice-, y el Papa le tuvo que responder: “Eminencia, repase el Evangelio”.

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15.09.13

(6) Sufrir como Dios manda

La verdad es que no sabemos sufrir, pero lo más triste es que muchas veces, no tenemos ni la más remota intención de aprenderlo, ni lo creemos siquiera una necesidad imperiosa. Sí es posible que pidamos -los que ingenuamente nos creemos fieles, y nos gusta “hacer” muchas cosas- la gracia de “vivir” como Dios manda. Pero aprender a sufrir… pensamos que es como respirar, que no se aprende, y creo que puede ser un grave error para nuestro progreso espiritual.

Es algo sintomático, en los tiempos enfermos de optimismo o pesimismo –ambos extremos patológicos de la espiritualidad católica- que transitamos, el buscar como fuente de devoción sólo lo que nos causa consuelo espiritual. Así, sin querer casi, la Cruz se va desdibujando del centro de nuestro corazón, y todo el dolor anejo a ella también…

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12.09.13

(5) ¿Puede ser indiferente el Nombre, para un católico?

Quisiera no dejar de recordar hoy el que la Iglesia llama el Dulce Nombre, llamando la atención sobre la importancia que los nombres tienen en nuestra vida cristiana.

Mons. Aguer ha hablado hace poco sobre esto, y honrar nuestro nombre de bautismo es un modo muy sencillo pero fecundo de dar testimonio cotidiano de nuestra fe, sirviendo asimismo a la evangelización de la cultura.

Restauremos los nombres cristianos para las nuevas generaciones.

No despreciemos los gestos pequeños. No retrocedamos.

Con signos, gestos, palabras, se enhebran los actos que reforman o hacen apostatar a una civilización. En el cambio de los signos se ceba la revolución, y la dejamos hacer, subestimando al enemigo, dejando que se bastardeen las palabras, enfatizando ingenuamente las puras “intenciones”. Hay almas en juego en todo ello, y no son meras “formas”, porque Nuestro Señor no hace nada en vano, y no fue vano cambiar el nombre a Abraham, a Pedro, a Saulo.

Siguiendo a San Bernardo de Claraval, rezando y batallando, ¡miremos siempre a la Estrella, miremos a María!

En la preciosa comunión de los santos, aprovecho para pedir a los lectores una oración por un gran poeta argentino, Francisco Luis Bernárdez (*), que La ha tenido siempre presente, lo que se traduce en la belleza de sus obras, como en su

Soneto del Dulce Nombre

Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría, por amor, María
y no tan sólo mar, como se llama.

Si la llama que el viento desparrama,
por amor se quemara noche y día,
esta llama de amor se llamaría
María, simplemente en vez de llama.

Pero ni el mar de amor inundaría
con sus aguas eternas otra cosa
que los ojos del ser que sufre y ama,

ni la llama de amor abrasaría,
con su energía misericordiosa,
sino el alma que llora cuando llama.

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(*) Escritor con tonos netamente cristianos, participó -al igual que el escritor Leopoldo Marechal y el pintor Ballester Peña- de Convivio, encuentro de artistas cristianos que constituyó el marco para debatir diferentes aspectos y problemas del arte en sus variadas manifestaciones.

En sus primeros siguió los principios del ultraísmo, vinculándose con los poetas postmodernistas, hasta fraguar un barroquismo conceptuoso y original. Desde la publicación de El buque (1935), trató temas de espiritualidad con estilo clásico, como en Cielo de tierra (1937), La ciudad sin Laura (1938) -inspirada en la persona de su propia esposa-, Poemas elementales (1942), Poemas de carne y hueso (1943), El ruiseñor (1945), Las estrellas (1947), El ángel de la guarda (1949), Poemas nacionales (1950), La flor (1951), Tres poemas católicos (1959), Poemas de cada día (1963). Ya en su madurez, su poesía se identificó por un tono lírico influido por los poetas místicos, pero conservando su forma particular de enfocar la belleza de la vida. Bernárdez es uno de los muy escasos poetas argentinos que asumió explícitamente el catolicismo en su creación literaria.

Se caracterizó por la belleza de sus sonetos, por sus poemas de extenso metro (fue creador de un verso de 22 sílabas), y por su profundidad filosófica (por ejemplo, en La noche). Su traducción poética de los himnos litúrgicos del Breviario Romano, que aún hoy se rezan en algunos conventos argentinos,y sus trabajos en prosa, casi todos verdaderamente poéticos, completan la obra de este notable escritor argentino. En sus últimos años quedó ciego, aunque conservó siempre su actitud jovial y entusiasta y su amor por las letras.