InfoCatólica / Caritas in Veritate / Categoría: Epifanía

7.01.16

(110) ¿Unidad, paz, fraternidad? El modelo de los Santos Reyes Magos

epifEpifanía es nuestra fiesta. ¡Y cuán gloriosamente nuestra! Decíamos hace un año: la fiesta de la “gentilidad” que ha sido conquistada para Cristo; la fiesta de los hombres que son capaces de atravesar el desierto en busca de la verdad, para encontrar, de rodillas, a Quien es la Verdad Absoluta.  

Cada día más desierto y oscuro se nos presenta el mundo para quienes quieren seguir a la Estrella y adorar al Niño.

Ellos eran paganos, mas no fueron impíos.

Enfrentaron con astucia al tenebroso monarca,

y no abofetearon nunca al Niño con histriónicas risas ni alborotos vacíos.

Reconocieron la Estrella porque eran hijos de la Luz;

Aunque ellos eran paganos, mas no fueron impíos…

Postráronse ante el Misterio sabiendo que aunque Pequeño

era el Rey de los Cielos…

Y que si El quiso abajarse

La respuesta que cabía era adoración, ofrenda y silencio…

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5.01.15

(62) Epifanía es fidelidad a la Verdad

epifaniaHay lecturas acerca de este grandioso misterio que dejan escapar toda su hondura apelando a una simbología bastante elemental. Por eso, hace un año esbozábamos algunas notas que según San León Magno (Cf. Sáenz, A.: San León Magno y los misterios de Cristo, Paraná, ed. Mikael, 1984) expresaban la riqueza de la fiesta de Epifanía, en cuya víspera estamos.  ¿Por qué dejar escapar su resplandor, relegándolo casi a mera celebración “infantil”, cuando hay tanto para meditar sobre él?  

Quisiera retomar entonces unos puntos en este Año especialmente dedicado a la Vida Consagrada. Porque además de mirar el valor de ésta en sí misma, hay que decir que los consagrados -tanto de vida activa como contemplativa- son apóstoles privilegiados, como lo fueron los Magos; sal y luz del mundo -que sin Dios es insípido y se sume en las tinieblas del error y el pecado-. Mundo que los repudia cada día más, y sin embargo, trata de seducirlos también para que la sal pierda su sabor

 

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13.01.14

(23) Ecos de Epifanía, tiempos de ecumenismo...

Con el Bautismo del Señor terminamos el tiempo de Navidad, y pienso que una vez desarmado el Pesebre, queda para algunos una sensación como de que “ya empezamos la carrera nuevamente”…y no me termina de convencer esta idea, qué quieren que les diga. He oído una homilía en que muy tranquilamente, se nos refería cómo la Iglesia “ahora de repente nos presenta a un Jesús ya adulto…”, como si se tratara de una película en que se coloca el cartelito: “Años más tarde..”, y nosotros fuésemos meros espectadores.
No me parece que sea suficiente ese modo de vivir el tiempo litúrgico, porque no se trata de capítulos inconexos de una serie, sino fundamentalmente de un misterio infinito- el misterio de Cristo y de su Iglesia- que se prolonga a lo largo de todo el Año litúrgico, y en que cada fiesta se engarza maravillosamente con la precedente y la que le sigue. El tiempo se me ocurre más bien como el foco de una luz intensa que progresivamente va recorriendo los diversos ángulos y rincones de un mismo escenario majestuoso, que es la fe en la cual y por la cual somos, nos movemos y existimos.

A mí siempre me sedujo especialmente la fiesta de Epifanía, y pienso que entre arbolitos y Papá Noel, los Santos Reyes Magos (¡porque son santos! ¿cuántas veces acudimos a ellos en la oración, además de hacerlos objeto de admiración y literatura?) han sido de algún modo desplazados en la atención no sólo del mundo sino de muchos fieles. Si a ello sumamos el racionalismo reinante que hasta llega a negar insolentemente su mismísima existencia, el saldo es lamentable, por el empobrecimiento espiritual que conlleva el desaprovechar las luces que esta fiesta nos deja.

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