7.03.16

Los cuatro factores que matan la fe de los jóvenes

La verdad es que cuando leí el titular “Las cuatro cosas que mantienen alejados de Dios a los millennials” me picó la curiosidad. Para los que no estén familiarizados con eso de millennials, estamos hablando de gente nacida durante los años 80 y 90, que en estos momentos se consideran “jóvenes” en sentido amplio: entre los casi veinte y los treinta y pocos años.

Se trataba de una entrevista con un jesuita estadounidense, el Padre Robert Spitzer, S.J., y al acabar de leerla he de confesar que estuve muy tentado de titular este post con algo así como “Un jesuita con el que estoy de acuerdo”, o “Un jesuita que dice lo que enseña la Iglesia católica”. La verdad es que hubiera sido una malicia injusta, aunque también es verdad que en la actualidad no abundan jesuitas como el Padre Spitzer (basta echar un vistazo a las hemerotecas para constatarlo). A mí, por su ortodoxia, claridad, clarividencia y empuje me ha recordado a otro jesuita sui generis y estadounidense a quien tuve la suerte de conocer, el Padre Fessio, fundador de Ignatius Press.

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23.02.16

Lo de las monjas del Congo y Pablo VI es una leyenda urbana

Contrariamente a lo que dijo el Papa, la autorización de Pablo VI nunca sucedió.

Paul VI en Uganda

De entre las declaraciones del Papa en el avión de regreso de su viaje a México han llamado especialmente la atención las relacionadas al modo de enfrentarse al Zika y su referencia a Pablo VI y el permiso que habría dado a las monjas del Congo para recurrir a contraceptivos ante el riesgo de ser violadas. Para no hablar de oídas, es recomendable leer las palabras exactas del Papa, que reproduzco al final de este post[1].

Sobre las implicaciones morales del asunto, recomiendo la clarificadora entrada de Bruno. Pero había algo en este asunto que me intrigaba: la verdad es que había oído alguna referencia al asunto del Congo y me puse a investigar para saber exactamente qué había ocurrido, si como decía el Papa Francisco, “Pablo VI, el grande, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos en los que fueron violentadas”. ¿Y qué he encontrado? Pues para decirlo rápido: Pablo VI nunca autorizó a las monjas el uso de anticonceptivos. Es una leyenda urbana que parece que también se la han colado al Papa Francisco.

¿Qué ocurrió realmente? Estamos hablando de la guerra en el Congo a principios de los años 60, una situación en la que las monjas se enfrentaban a la amenaza real de violación por parte de guerrilleros. En ese contexto, se suscitó el debate sobre si sería lícito autorizarlas a tomar contraceptivos preventivamente para evitar un embarazo en caso de violación. En diciembre de 1961 la revista Studi Cattolici publicó un artículo en el que tres teólogos argumentaban a favor. En aquel entonces el futuro Pablo VI aún no era Papa, sino arzobispo de Milán, y conocía a los tres teólogos. De hecho, unos años más tarde, el propio Pablo VI nombraría cardenal a uno de ellos, Pietro Palazzini.

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17.02.16

Un «mártir» de la ciencia africano

Un martir de la ciencia africanoA menudo, el sucederse interminable de las noticias hace que nos pase por alto algo importante. Es la sensación que tuve cuando leí sobre un mártir llamado Benedict Daswa.

El caso es que no se trata sólo de un “mártir” de la ciencia, sino de un mártir de Cristo, alguien que dio su vida por dar testimonio público de Cristo y que la Iglesia acaba de beatificar el pasado 13 de septiembre (y que a mí, como me imagino que a muchos, nos ha pasado injusta y totalmente desapercibido).

Daswa nació en Sudáfrica en 1946 y en 1963 se hizo católico, tomando el nombre de Benedict. A pesar de su humilde origen (de niño trabajó como pastor), consiguió estudiar y sacarse el título de profesor de primaria. En 1977 fue nombrado director de la escuela de primaria Nweli, en la provincia más al noreste del país, Limpopo. Allí se instaló con su esposa, Eveline, y fueron llegando sus hijos, hasta ocho. Era una persona respetada por su entrega, su generosidad y su piedad.

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8.02.16

¿Qué podemos decir a un año de los atentados contra Charlie Hebdo?

Charlie HebdoHa pasado ya un año del terrible atentado contra la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo. En aquel momento todo el mundo era Charlie, según la consigna que se lanzó poco después de perpetrarse los asesinatos. Algunos, pocos y arriesgándose a que les cayera encima un chaparrón de insultos, se atrevieron a decir que no, que ellos no eran Charlie. Recuerdo el debate del momento entre amigos: somos Charlie porque nada justifica estos asesinatos, porque además, para los asesinos, todos somos Charlie por el hecho de ser occidentales… pero no somos Charlie porque no podemos aceptar el insulto, la blasfemia, como quintaesencia de nuestra civilización.

La portada de Charlie Hebdo conmemorativa del aniversario de la masacre creo que zanja el debate. Cuando la respuesta a los asesinatos cometidos por islamistas es acusar al Dios de los cristianos de ser un asesino no hay mucho más que decir. O sí.

Es lo que hace el librito que, bajo la dirección de Philippe Maxence, ha publicado L’Homme Nouveau recogiendo los artículos publicados en el semanario católico sobre el tema Charlie. El título lo deja claro: “Frente a la fiebre Charlie. Los católicos responden“. El libro es rico en aportaciones y vale la pena. Algunas de las ideas que se recogen aportan claves para comprender mejor todas las ramificaciones del asunto. Entre ellas, me gustaría destacar las siguientes:

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1.02.16

La otra memoria histórica: homenaje al beato Polanco este sábado

La historia de nuestros mártires es un pozo sin fondo de ejemplos y enseñanzas de donde sacar luz para nuestras vidas, especialmente en tiempos recios como los que se van adivinando en el horizonte. El caso del beato Anselmo Polanco, obispo de Teruel, que será homenajeado el próximo sábado 6 de febrero en Pont de Molins bien merece que nos detengamos unos instantes.

En diciembre de 1937, al entrar las tropas republicanas en Teruel, encontraron al obispo Polanco junto a una serie de familias refugiadas de los bombardeos en los sótanos de la catedral. El obispo, que había tenido la oportunidad de escapar, decidió quedarse con sus ovejas y arrostrar las mismas penalidades que ellas.

Tras sufrir diversas vejaciones y pasar por Valencia, Polanco llega a Barcelona, donde permanecerá prisionero hasta los últimos días de la guerra. Acabada la batalla del Ebro y con las tropas nacionales llegando a Barcelona, el obispo Polanco es llevado prisionero junto con las tropas republicanas en su huida hacia la frontera con Francia. Pero antes de que Companys y lo que quedaba del gobierno rojo cruzasen la frontera por La Vajol, una vez pasado Figueras, en las inmediaciones del pueblo de Pont de Molins, a 18 kilómetros de Francia, las tropas comandadas por Enrique Líster asesinaron a sangre fría al obispo Polanco y a 40 soldados prisioneros de guerra.

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