Santo Tomás, segura guía para la Educación y la Ciencia

Los niños y jóvenes tienen derecho a que se les forme y se les enseñe en la recta conciencia y en los valores morales.

1. Recomendación y exhortación de la Iglesia para que se enseñe y se proceda teniendo como maestro al Doctor Angélico.

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En la encíclica Aeterni Patris (1879), León XIII expone los males que afectan a nuestro mundo moderno: la falsa filosofía, causa de la desviación y la pérdida de la fe. De ahí la necesidad de una filosofía sana y sólida sobre la que fundamentar la educación y ciencias humanas, físicas, metafísicas y teológicas.

De entre todas las filosofías León XIII encontró que la de Santo Tomás era la más sana, la más conforme a la Doctrina y Magisterio, y la más segura. Por ello esta encíclica finaliza con una parte dispositiva en la que el Papa manda que se vuelva a la vía de Santo Tomás, que los obispos la propaguen, que los profesores se formen en ella y la enseñen y que sea norma de las academias establecidas o por establecer. En 1880 León XIII proclamó a Santo Tomás patrón de los estudios católicos.

Pio X siguió la estela de su predecesor y continuó insistiendo en los peligros de los nuevos métodos educativos y científicos traídos por La Modernidad. Estos nuevos métodos tomaban, como eje de la construcción del conocimiento y la formación de la conciencia el agnosticismo y el inmanentismo. Y advirtió del peligro que supone abandonar la segura vía de Santo Tomás, especialmente para la ciencia teológica y metafísica. Por su parte, Benedicto XV insistió en el peligro traído por La Modernidad insertado ya en la educación y la ciencia. Por ello, igualmente insistió a lo largo de su pontificado en la obligación de enseñar según la vía de la doctrina de Santo Tomás.

Sobre la tercera década del siglo XX el peligro advertido por los papas se había convertido en una realidad que se materializaba en múltiples desviaciones científicas y herejías teológicas y que rompían con la unidad fe y razón, el Credo ut intelligam y el intelligo ut credam (esto es, la fe necesita de la razón y la razón necesita de la fe, para estudiar y comprender el mundo físico y el metafísico). La situación había llegado a tal punto que Pio XII se vio en la necesidad de elaborar una encíclica donde se expusiera esta situación y se proporcionase remedio, su Studiorum Ducem en la conmemoración del centenario del Aquinate el 29 de junio de 1923. Y a las puertas de la guerra mundial, el 24 de junio de 1939 volvió el Papa a dirigirse al mundo, y a los estudiantes y profesores en particular, para recordarles la obligación de seguir a Santo Tomás como vía segura y preferida por la Iglesia y afirmada por el Derecho Canónico. Acabada la guerra, en 1946 el Papa se dirigió a los Jesuitas y a los Dominicos para recordarles la obligación de guardar la vía del Angélico Doctor.

Pero, por desgracia, estas advertencias no fueron escuchadas. Ya en la década de 1950 corrían -comúnmente aceptadas- las falacias filosóficas de La Modernidad. De ahí que fuese necesaria una nueva encíclica del Papa, Humani generis (1950), donde se vuelve a mandar y exigir que se siga los principios del Santo Tomás. Sin embargo cada vez eran más los centros de enseñanza e investigación que, pese a decirse católicos, se apartaban de la “segura vía” y acababan en la pedagogía Modernista que les llevaba al marxismo, al deísmo, al dualismo, al gnosticismo. De tal manera muchos alumnos y futuros profesores acabaron abandonando la Doctrina, el Magisterio y la Tradición, llegando a predicar, incluso, directamente contra ellas y combatiendo a la Iglesia.

El Concilio Vaticano II volvió sobre el tema recomendando a los profesores apoyarse en el “patrimonio filosófico siempre válido”: por un lado, remitiendo a la Humani generis; y, por otro, con la Declaración Conciliar Gravissimum educationes (28 de octubre de 1965). Esta declaración se propone como objetivo exponer los “principios fundamentales sobre la educación cristiana, máxime en las escuelas, principios que, una vez terminado el Concilio, deberá desarrollar más ampliamente una Comisión especial, y habrán de ser aplicados por las Conferencias Episcopales”.

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La Declaración afirma que los niños y jóvenes tienen derecho a que se les forme y se les enseñe en la recta conciencia y en los valores morales. No es por lo tanto un derecho de los padres. Respecto a los padres la Declaración señala que están gravemente obligados a la
educación de la prole en la recta conciencia y, por tanto, ellos son los primeros y principales educadores y responsables. Y señala directamente a la Familia como “la primera escuela de las virtudes”. La Iglesia y la Sociedad son colaboradores de la Familia en la obligación de educar. Familia, Iglesia y sociedad deben enseñar cómo “la fe y la razón van armónicamente encaminadas a la Verdad, siguiendo las enseñanzas de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino”. Asimismo el objetivo de los centros de enseñanza católicos (en todos sus niveles) es el de formar –teniendo sobre todo en cuenta al Doctor Angélico- “hombres prestigiosos por su doctrina, preparados para el desempeño de las funciones más importantes en la sociedad y testigos de la fe en el mundo”.

Un año antes Pablo VI había exhortado a los profesores a escuchar “la voz de los doctores de la Iglesia, entre los que destaca Santo Tomás de Aquino, pues (…) su doctrina es un instrumento eficacísimo no sólo para salvaguardar los fundamentos de la fe, sino también para lograr útil y seguramente los frutos de un sano progreso” (discurso en la Universidad Gregoriana, 12 de marzo de 1964). Pablo VI continuó en esta línea de exhortación a que, en el camino de la enseñanza y la ciencia, se volviese a la segura vía del Doctor Angélico. En 1970 la Sagrada Congregación para la Educación Católica dispuso que en los centros educativos y científicos católicos se enseñe y se proceda “teniendo como maestro a Santo Tomás”.

2. Bases para una educación en la “Segura Vía”.

El método tomasiano tiene como objetivo una educación integral y coherente (alma, mente, cuerpo). Para que esto sea posible el proceso educativo debe de tener en cuenta tres cuestiones conexas: A) la intrínseca unión fe-razón, según el Credo ut intelligam y el Intelligo ut credam que ya expuso San Anselmo. Esto es, la fe necesita de la razón y la razón necesita de la fe, para estudiar y comprender el mundo físico y metafísico así como las relaciones que existen entre estos dos. B) en el proceso de estudio e investigación fe-razón y razón-fe deben estar integrados en el contexto las virtudes. Aquí están los fundamentos para la formación de una recta conciencia. C) los dos puntos anteriores son los fundamentos para la formación de la recta conciencia. Y es en ésta sobre la que se levanta el estudio, la investigación y los conocimientos científicos físicos, metafísicos y teológicos.

Y ¿qué es la recta conciencia? De forma muy sencilla y resumiendo, es posible decir que la recta conciencia es la capacidad del ser humano para determinar sus obligaciones para con la Ley Moral Natural, porque en ella están grabados los principios de la ley Divina o Eterna. Por lo tanto, la conciencia interpreta la Norma Superior, vinculando al hombre con la Verdad. Como esgrimiría el Cardenal Newman, la conciencia es no sólo mensajera sino el primero de todos los vicarios de Cristo. Por lo tanto la conciencia está destinada a ser herramienta para la búsqueda de la Verdad. La conciencia es instrumento de la Verdad. Y la Verdad se expresa en la Creación. Por lo tanto la conciencia recta nos permite caminar en el conocimiento y entendimiento de todos los componentes de la Creación, tal como son y para lo que son o están creados. Sólo de esta forma podemos utilizar las cosas debidamente, para lo que han sido creadas, y no indebidamente y para otros objetivos particulares humanos, y no según nos convenga sino según es debido. Cuando una conciencia no está bien formada, una conciencia errónea, lleva a errores de examen o investigación de las cosas que forman la Creación llegando a provocar errores graves de juicio sobre la realidad física, metafísica y teológica; así a errores -en la vida cotidiana- respecto a la aplicación de la ciencia y elaboración de los marcos legislativos que rigen las relaciones en sociedad.

Por lo tanto, la finalidad de la educación, la investigación y del saber es conocer el orden moral de la Creación reflejado en sus componentes -físicos, metafísicos y teológicos- materia de estudio. Esto es, una educación auténtica tiene como finalidad que el educando sea capaz, en su camino de conocimientos, de adherirse al bien del hombre y de las cosas materiales e inmateriales. Y esto se realiza en la Virtud. Y ¿qué es la Virtud? De forma sencilla, es la disposición habitual y firme para hacer el bien. Es guía del alma y sus facultades (memoria, entendimiento y voluntad).

Por lo tanto la educación debe apuntar esencialmente a formar y cultivar la conciencia recta mediante las potencias del alma: con la memoria, con el entendimiento y con la voluntad. Es así como se puede preparar a la persona para el desarrollo de las virtudes humanas: la Prudencia, que dispone a la razón para discernir la finalidad (el bien) de las cosas de la Creación; la Justicia, que equilibra el entendimiento humano sobre las cosas de la Creación; la Fortaleza, que permite perseverar en el estudio y conocimiento hasta entender las cosas de la Creación conforme a la Verdad; la Templanza, que dispone a la reflexión ponderada y prudente sobre las cosas de la Creación conforme a la Verdad.

Pero estas virtudes humanas se arraigan en las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Éstas permiten a la persona adaptar y ajustar la razón humana a la razón Divina, y no pretender al revés. Uno de los grandes problemas es que muchos filósofos, científicos, profesores, intelectuales al no poder comprender las razones Divinas pretenden someterla a la razón humana, esto sólo es posible desvirtuando la fe o incluso expulsándola de la propia vida, desprenderse de ella. De ahí derivara el caer en la conciencia errónea y, de ahí, se llega el examen y juicio y conocimiento erróneo de las cosas que componen la Creación. Se llega, incluso, a desvirtuar y falsear la verdad de las cosas cuyo referente está la Verdad que se pretende eliminar. De tal forma se acaba exterminando la Fe, y sin ella la Esperanza (verdadera) es imposible (fabricando esperanzas materiales, endebles y efímeras). De ahí que la Caridad o Amor (como Absoluto) ya no pueda existe en estas personas, siendo sustituido por amores materiales y relativos. No puede extrañar que, las personas que hayan caído en esta situación construyan un mundo de estudio, investigación y conocimiento tan relativo, temporal, finito y utilitario como el “yo” en el que hay llegado a instalarse.

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Como conclusión diré que la educación es completamente humana solamente cuando prepara a las personas para la Verdad, haciéndolas capaces de investigar, examinar y analizar, aprender y comprender la Creación –tanto en su conjunto como en todos sus componentes- en orden al Bien, a la Verdad y la Belleza en las que han sido y para las que han sido creadas. Y detrás de las cuales está Dios. Por lo tanto, la vía de educación tomista es una síntesis de la verdad natural, sobrenatural y revelada que forma la sólida y compacta cultura cristiana católica, no siendo solo un conjunto de verdades metafísicas y teológicas sino también filosóficas y físicas. Por todo esto la Iglesia Católica ha insistido y sigue insistiendo en proclamar a todos los fieles que la educación, en la familia y en el sistema escolar, debe fundamentarse en la “Segura Vía” del Angélico Doctor.

Antonio R. Peña
Dr. en Historia
Asociación de Docentes Santo Tomás de Aquino


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3 comentarios

  
Ricardo de Argentina
Me parecería que el "gran problema" de la filosofía tomista es que es... ¡imbatible!, entonces la única forma exitosa de confrontarla es ignorándola y haciendo que se la ignore. Sobre todo mediante la muletilla de que está "superada".

Viene al caso hacer mención del ímprobo trabajo intelectual del filósofo tomista P. Cornelio Fabro, quien realizó una obra maestra desmontando el embuste de las "filosofías" modernas que pretenden destronar al tomismo, de modo particular el idealismo hegeliano.
07/01/11 11:52 PM
  
Silveri Garrell
De Santo Tomas existe un libro de bolsillo de la BAC titulado El Mejor Régimen Político Según Santo Tomas". Trata de que el mejor régimen es el que los engloba todos: monarquia, aristocracia, republica, democracia, y etc. Es muy instructivo para comprender el mundo político.
11/01/11 8:52 PM
  
Antonio R. P
Gracias por las referencias de Fabro y de "El Mejor Régimen". Saludos.
11/01/11 8:57 PM

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