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  <title type="text">InfoCatólica</title>
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      InfoCatólica es un diario digital cuya misión es la difusión de información, formación y opinión basada en la doctrina católica, sobre cuestiones de temática socioreligiosa y sobre los debates de interés que se presentan en la opinión pública en relación con ellas. 
      Puede visitar InfoCatólica en https://www.infocatolica.com para más información.
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  <updated>2026-07-16T11:32:14+02:00</updated>
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      <name>InfoCatólica</name>
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    <title>Erasmo y Lutero según Stefan Zweig</title>
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    <published>2026-07-16T11:13:56+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T11:32:01+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal"><span><img alt="" class="imgDer" src="https://es.images.search.yahoo.com/images/view;_ylt=AwrihMaOoFhqYTcsLVWV.Qt.;_ylu=c2VjA3NyBHNsawNpbWcEb2lkA2VhZjZlY2NlNjYzZTI1ZTI5ODI5ZTU3YzUyOTIzZDk5BGdwb3MDMgRpdANiaW5n?back=https%3A%2F%2Fes.images.search.yahoo.com%2Fsearch%2Fimages%3Fp%3Derasmo%2By%2Blutero%26type%3DE210ES714G0%26fr%3Dmcafee%26fr2%3Dpiv-web%26tab%3Dorganic%26ri%3D2&amp;w=500&amp;h=250&amp;imgurl=2.bp.blogspot.com%2F-cBeHPDgUVso%2FW6Z5_MS_6zI%2FAAAAAAAARwM%2F3oT_ML0pFIMMCjxuia-Z1wiXKCU-73kUACLcBGAs%2Fs1600%2Flutero_erasmo.jpg&amp;rurl=https%3A%2F%2Fflaylosofia.blogspot.com%2F2018%2F09%2Ferasmo-de-rotterdam-1466-1536.html&amp;size=19KB&amp;p=erasmo+y+lutero&amp;oid=eaf6ecce663e25e29829e57c52923d99&amp;fr2=piv-web&amp;fr=mcafee&amp;tt=FLAYLOSOFIA%3A+ERASMO+DE+ROTTERDAM+%281466-1536%29&amp;b=0&amp;ni=21&amp;no=2&amp;ts=&amp;tab=organic&amp;sigr=UweVCWNfA9MG&amp;sigb=qzalyMcsweZM&amp;sigi=iCzHEnaitSV_&amp;sigt=d.elHE5Ezrt6&amp;.crumb=Z1lIrsoZipA&amp;fr=mcafee&amp;fr2=piv-web&amp;type=E210ES714G0" /><img alt="" class="imgDer" height="100" src="https://2.bp.blogspot.com/-cBeHPDgUVso/W6Z5_MS_6zI/AAAAAAAARwM/3oT_ML0pFIMMCjxuia-Z1wiXKCU-73kUACLcBGAs/s1600/lutero_erasmo.jpg" width="200" />Siempre resulta agradable leer los libros de Stefan Zweig (Viena 1881  Petrópolis 1942). Es un narrador brillante que penetra en la psicología de los personajes. En su ensayo Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un humanista nos acerca a la figura eminente de Erasmo (1466-1536) estableciendo un inevitable contraste entre el holandés y el iniciador de la reforma protestante, Martín Lutero (1483-1546).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Ambos eran sacerdotes, habían profesado en la misma orden  la de San Agustín  y compartían el afán de renovación de la Iglesia, volviendo a la pureza del Evangelio. Entre las innumerables cartas recibidas por Erasmo, se encuentra una de 1516, remitida por Spalatin, secretario del príncipe de Sajonia, donde le cuenta al brillante humanista que hay en la ciudad un joven monje agustino que lo respeta mucho, pero que discrepa de él en la cuestión del pecado original. No cree que uno sea justo cuando actúa de manera justa, sino que solo siendo justo se está en condiciones de actuar justamente: Lo primero es la persona y después vendrán las obras. El joven monje no es otro que Martín Lutero.<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/puertadedamasco.php/2607161113-erasmo-y-lutero-segun-stefan?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Guillermo Juan Morado</name>
    </author>
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    <title>Hasta siempre, Sierra Norte. Hola, Miraflores</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/cura.php/2607161058-hasta-siempre-sierra-norte-ho?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48571</id>
    <published>2026-07-16T10:58:05+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T10:58:05+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal"><img alt="" class="imgIzq" height="200" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/c1/La_Iglesia%2C_Miraflores_de_la_Sierra_y_al_fondo_La_Najarra.jpg/3840px-La_Iglesia%2C_Miraflores_de_la_Sierra_y_al_fondo_La_Najarra.jpg" width="300" />Eterno, solamente Dios. Han sido nueve años en la Sierra Norte con un enorme cariño por Braojos, La Serna, Piñuécar y Gandullas. Años gozosos y espiritualmente muy fructíferos.</p>
<p class="MsoNormal">Pasan los años. Camino de los 72 años y empezando a descubrirme limitado. El cansancio aparece, no son las fuerzas ni de los cincuenta ni de los sesenta y las cosas van pesando. He perdido reflejos y conducir va siendo más costoso, muy especialmente por la noche. Lo he pensado mucho, lo he hablado con algún sacerdote de toda confianza y por supuesto con mi vicario episcopal que así se lo planteó al señor cardenal. Todos de acuerdo en que es el momento del cambio ahora que todavía estoy bien.</p>
<p class="MsoNormal">Quiero seguir trabajando y seguir ejerciendo el ministerio día tras día, pero evidentemente hay que empezar a plantearse otro ritmo y otras formas. Después de ver distintas posibilidades, el señor cardenal ha decidido mi nombramiento como vicario parroquial de Miraflores de la Sierra, mi pueblo natal, donde trabajaré con el párroco, D. Antonio del Amo, un hombre con una capacidad de trabajo envidiable y al que conozco desde sus tiempos de seminarista.</p>
<p class="MsoNormal">Miraflores de la Sierra ronda ya los 7.500 habitantes. D. Antonio está solo y, además de la parroquia, tiene un colegio concertado, una comunidad religiosa y una residencia de mayores. Ahora mismo, en verano, son dos misas los días laborables y cinco los domingos y festivos. En invierno las misas dominicales se reducen a tres. Creo que no nos faltará trabajo, y además, si hay alguna emergencia, también puedo ayudar en algún pueblo cercano.</p>
<p class="MsoNormal">El cambio será a mediados de septiembre, cuando acaben las fiestas de todos estos pueblos.</p>
<p class="MsoNormal">Me voy contento. No me voy a aburrir porque trabajador lo he sido siempre, pero me voy a ir quitando del coche y me descargo de la administración parroquial, aunque colaboraré en lo que s me pida.</p>
<p class="MsoNormal">Dios siempre me ha cuidado. Cuando me fui al convento lo que más sentí fue tener que dejar Miraflores. Dios me regala volver a mi pueblo y vivir en la casa familiar de siempre, que cosas de la vida, me tocó en herencia de mis padres.</p>
<p class="MsoNormal">Vosotros, mis lectores del blog, me habéis ido acompañando en todos los avatares de mi vida: la construcción y consagración del templo de la Beata Mogas, el economato, la capilla de adoración perpetua. De ahí, os vinisteis conmigo a la Sierra Norte e hicimos de Braojos nuestra casa. Ahora quiero que sintáis que Miraflores es vuestra nueva parroquia.</p>
<p class="MsoNormal">Os pido hoy alguna avemaría extra. Y en Miraflores me tenéis.</p>
<p class="MsoNormal">Os dejo un video de mi pueblo para que nos vayáis conociendo.</p>
<p class="MsoNormal"><div class="embed-responsive embed-responsive-16by9"><iframe width="620" height="350" src="https://www.youtube.com/embed/r2HvRkmNmzo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div></p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/cura.php/2607161058-hasta-siempre-sierra-norte-ho?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Jorge González Guadalix</name>
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    <title>¿Católico y masón?</title>
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    <published>2026-07-16T10:52:28+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T10:55:11+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img alt="" class="imgDer" height="136" src="/files/17/05/masoneria680.jpg" width="280" /></p>
<p>Con frecuencia surge la pregunta acerca de la posible compatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia Católica y la vinculación a la masonería. Los obispos de la Conferencia Episcopal Nórdica acaban de enviar una carta sobre la masonería a los sacerdotes de sus diócesis para dar una respuesta clara y establecer unas disposiciones en el plano pastoral y sacramental.<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/puertadedamasco.php/2607160922-icatolico-y-mason?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Guillermo Juan Morado</name>
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    <title>Otro obispo belga pide la ordenación de casados</title>
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    <published>2026-07-16T09:59:32+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T10:03:12+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/luc-terlinden.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>El arzobispo de Malinas-Bruselas habla sobre su experiencia en el sínodo de los anglicanos (que aparentemente envidian la sinodalidad católica, mucho más sinodal) y aprovecha para pedir una vez más la ordenación de casados como «enriquecimiento» para la Iglesia.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55524&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
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    <title>De cara a Dios, arraigados en Cristo, sobre la Tradición y la Ortodoxia</title>
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    <published>2026-07-16T08:45:27+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T08:45:27+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/22/07/misatridcovad.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>«Traditiones custodes», de hace un lustro, lejos de cerrar heridas, las profundizó.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=opinion&amp;cod=55523&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Monseñor Héctor Aguer</name>
    </author>
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    <title>«La sociedad acepta a las personas con síndrome de Down una vez que nacen, pero antes hace lo posible para que no lleguen a ver la luz»</title>
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    <published>2026-07-16T08:23:29+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T08:23:29+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/siegrist-lejeune.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>En el centenario del nacimiento de Jérôme Lejeune, el director de su Fundación en España reivindica el carisma del científico que sacrificó su carrera por defender a los no nacidos con discapacidad intelectual.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607140255-entrevista-a-pablo-siegrist-d?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
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    <title>Dos formas de biografiar el Carmelo: Auclair y el Padre Crisógono</title>
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    <published>2026-07-16T08:10:44+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T08:30:34+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img alt="" class="imgMed" src="https://www.chatall.io/ai-image?gad_source=1&amp;gad_campaignid=24026226689&amp;gbraid=0AAAABCTguXETolUnujsMIZAMRr1ubJweN&amp;gclid=Cj0KCQjw39zSBhDhARIsANammDvA_ev6rmx9NjfDud0U8sDJnHN8KJPK90FE7l9GwKOC-ViUrqadpHQaAsFIEALw_wcB" /><img alt="" class="imgMed" height="300" src="https://live.staticflickr.com/65535/55397170760_08d78bef4f.jpg" width="224" /></p>
<p>Hoy, 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, o Nuestra Señora del Monte Carmelo, aprovecho para reseñar dos libros carmelitanos. <br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/estaeditado.php/2607160810-dos-formas-de-biografiar-el-c?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Urko</name>
    </author>
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    <title>Filosofía y teología del Mas Allá: Los sufragios</title>
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    <published>2026-07-16T08:03:17+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T08:38:09+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<h2>Existencia de los sufragios<a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h2>
<p><img alt="" class="imgDer" height="505" src="https://live.staticflickr.com/65535/55397129485_6287733015_b.jpg" width="320" />Después de ocuparse de los sufragios en general y probar que la doctrina de la comunión de los santos son su fundamento, santo Tomás, en el artículo siguiente, el segundo de esta cuestión, examina en concreto los sufragios por los difuntos.</p>
<p>Establece su existencia porque se puede ayudar a los fallecidos para sufragar o pagar su reato de pena por los pecados que les quedan. «Dice la escritura: «Santo y saludable es el recuerdo de rogar por los difuntos, para que sean libres de los pecados» (2 Mcb 12, 46). Lo cual sería inútil si no les ayudase. Así, los sufragios de los vivos aprovechan a los difuntos»<a title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Se corrobora, porque como: «Dice san Agustín: «No es pequeña la autoridad de la Iglesia universal, que resplandece en la costumbre de que, en la oración del sacerdote, que en el altar hace al Señor Dios, tenga también su lugar la recomendación de los difuntos» (<em>La piedad con los difuntos</em>, 1, 1). Dicha costumbre empezó con los mismos apóstoles, como dice San Juan Damasceno: «Los discípulos de los sagrados apóstoles del Salvador, conscientes de los misterios, determinaron hacer memoria de aquellos que murieron en la fe» (Hom. <em>Los sufragios de los difuntos</em>, 3). Lo cual también está claro en Dionisio (<em>Jerarquía eclesiástica</em>, 7, 2), en la parte donde recuerda el rito con que en la primitiva iglesia se oraba por los difuntos y aún allí Dionisio (Ibíd., 7, 3) asegura que los sufragios de los vivos les aprovechan. Luego eso ha de ser indudablemente creído»<a title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/sapientia.php/2607160759-filosofia-y-teologia-del-mas?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Eudaldo Forment</name>
    </author>
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  <entry>
    <title>Entrevista a Pablo Siegrist, director general de la Fundación Jérôme Lejeune España</title>
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    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48558</id>
    <published>2026-07-16T07:53:32+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T07:53:32+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img alt="" height="388" src="https://ntvespana.com/wp-content/uploads/2026/07/sfdsd-768x388.jpg" width="768" /></p>
<p><span><span><span>Pablo Siegrist Ridruejo es abogado, director general de la Fundación Jérôme Lejeune España y vicepresidente de la Federación Europea "One Of Us" en defensa de la vida y de la dignidad humanas. Es esposo y padre de siete hijos.</span></span></span></p>
<p><span><span><strong><span>¿Quién era Jérôme Lejeune y qué importancia tuvo su figura?</span></strong></span></span></p>
<p><span><span><span>El profesor Jérôme Lejeune fue, ante todo, un médico comprometido con sus pacientes con discapacidad intelectual. Eso le llevó a explorar vías para mejorar su diagnóstico y su tratamiento, y a descubrir, junto a su equipo, en 1958, la trisomía 21, causa genética del síndrome de Down. A partir de ahí, hizo numerosos descubrimientos científicos, lo que hace que muchos lo consideren como padre de la genética moderna. Y, cuando vio que la sociedad francesa optaba por usar su descubrimiento para detectar la trisomía 21 antes del nacimiento y promover la eliminación de los no nacidos con síndrome de Down mediante el aborto selectivo, su compromiso con sus pacientes lo llevó a convertirse en su gran defensor en el espacio público, convirtiéndose en un referente universal para la defensa de las personas más vulnerables. Así, Lejeune ofreció una mirada profunda y comprometida sobre las personas con discapacidad intelectual, cambiando la idea de su época y favoreciendo su verdadera integración social. Merece la pena conocer a fondo la dimensión universal de este gran hombre y por ello la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune ha lanzado recientemente un </span></span></span><a href="https://chairbioethicslejeune.org/curso/a-century-of-jerome-lejeune-a-legacy-of-scientific-and-ethical-wisdom/" target="_blank" rel="noopener"><span><span><span><span>curso gratuito, con motivo del centenario de su nacimiento<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607140255-entrevista-a-pablo-siegrist-d?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Javier Navascués</name>
    </author>
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  <entry>
    <title>«No hay definición de la sinodalidad ni historia de ella en la Iglesia»: Burke cuestiona la base teológica del proceso sinodal</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55521&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
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    <published>2026-07-16T01:37:35+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T01:37:35+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/entrevista-burke-sinodalidad.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>«¿Dónde estamos hablando de la vida eterna, de las realidades últimas, en todo esto? Parece que estamos completamente concentrados en el momento, en la situación actual»</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55521&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
  </entry>
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    <title>Apuntes críticos sobre la concepción del ser y la libertad del P. Cornelio Fabro</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2607150910-apuntes-criticos-sobre-la-con?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
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    <published>2026-07-15T20:46:35+02:00</published>
    <updated>2026-07-16T02:51:48+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><span><img align="middle" alt="" class="imgMed" height="400" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWj2d7_pj5E5HXpIBeD9_DEmsbL8MHm9uVaLNcpNx06AhoN41tFy91zk9JaOw-PqTxXq2EUjEdHF6AVNgDTwF18LVLjvi2SlFlch30guQX-P3Z3jRnv_cD4Myx-hiQxEHwiB9oKncgON5MaX-iHMtFo_ulECQDCgLvrx6yiD8w3987JFKoDNEbu2V53mE/w631-h631/Fabro.jpeg" width="400" /></span></p>
<p><span><span>En lo que sigue exponemos algunos </span></span><span><span><strong>puntos fundamentales</strong></span></span><span><span> del pensamiento del P. </span></span><span><span><strong>Cornelio Fabro</strong></span></span><span><span>, en los que aparece la relación entre su doctrina </span></span><span><span><strong>del esse intensivo, la libertad y la cuestión De Auxiliis,</strong></span></span><span><span> para luego hacer unas </span></span><span><span><strong>reflexiones críticas</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Nos hemos apoyado </span></span><span><span>en el libro de</span></span><span><span> Fabro </span></span><span><span><em>Partecipazione e causalità secondo San Tommasso dAquino</em></span></span><span><span>, </span></span><span><span>y </span></span><span><span>en </span></span><span><span>libros o </span></span><span><span>artículos del P. </span></span><span><span><strong>Christian Ferraro </strong></span></span><span><span><strong><a href="https://archive.org/details/el-acto-de-ser-en-el-tomismo-intenviso-de-fabro">1</a>, <a href="https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/12158/1/nocion-libertad-tomismo-fabro.pdf">2</a>, </strong></span></span><span><span>y </span></span><span><span><span><span>d</span></span></span></span><span><span>el prof. </span></span><span><span><strong>Christian Benavides </strong></span></span><span><span><strong><a href="https://www.researchgate.net/publication/315973350_Metafisica_y_existencia_la_nocion_de_libertad_en_la_obra">1</a>, <a href="https://www.redalyc.org/pdf/259/25955334002.pdf">2</a>. </strong></span></span></p>
<p><span><span>Remitimos también al </span></span><a href="https://www.academia.edu/127740530/Algunas_breves_y_sencillas_observaciones_respecto_de_la_conferencia_del_presb%C3%ADtero_Christian_Ferraro_titulada_La_fundaci%C3%B3n_de_la_libertad_radical_en_santo_Tom%C3%A1s_" target="_top"><span><span><strong>excelente trabajo de Federico Rago</strong></span></span><span><span> </span></span></a><span><span>sobre este punto, </span></span><span><span>el cual también ha colaborado con importantes observaciones. </span></span></p>
<p><span><span>Las traducciones las hemos hecho siempre con ayuda de ChatGPT o Gemini. </span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Dice el P. </span></span><span><span><strong>Christian Ferraro</strong></span></span><span><span>, en un texto que reúne la tesis central del esse como acto intensivo con la cuestión De Auxiliis:</span></span></p>
<p><span><span><em>Por lo tanto, lejos de reducirse a la mera positio extra nihilum et causas, la causalidad trascendental del esse establece la total derivación y la más absoluta dependencia del ente y del conjunto de los entes con respecto al ipsum esse subsistens. La producción trascendental del esse condensa en sí misma todos los aspectos de la divina causalidad, de tal manera que para Fabro la moción divina de las creaturas coincide metafísicamente con el suministro del esse </em></span></span><span><span><em><strong>y no debe, en absoluto, ser entendida cartesianamente como un segundo momento physico de impulso eficiente</strong></em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span> <a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote1sym" name="sdendnote1anc">i</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>La tesis de Fabro</strong>, por tanto, que nos interesa considerar aquí, es ésta:</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Dios causa los actos libres de las creaturas racionales sólo en la medida en que da el esse sustancial a las creaturas.</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y la prueba de esta tesis, según estos autores, sería:</span></span></span></p>
<p><span><span><span>El que da aquello de lo cual todo depende para ser y ser lo que es, causa todas las cosas. Pero Dios da aquello de lo cual todo depende para ser y ser lo que es, porque </span></span></span><span><span><span><strong>da el esse</strong></span></span></span><span><span><span>, que es </span></span></span><span><span><span><strong>la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones</strong></span></span></span><span><span><span>. Por tanto, Dios es Causa de todas las cosas, también de los actos libres de las voluntades creadas.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Si se plantea esta objeción:</span></span></span></p>
<p><span><span><span>El esse es común a todo y es de orden sustancial. Los actos libres de las creaturas racionales son múltiples, distintos y hasta opuestos entre sí, y son de orden accidental. Por tanto, </span></span></span><span><span><span><strong>no alcanza con la producción del esse</strong></span></span></span><span><span><span> por Dios para explicarlos ni para atribuirlos a Dios.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Responderán:</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Así como Dios es la única Causa del esse, </span></span></span><span><span><span><strong>la forma creada es la mediadora de la extensión del esse</strong></span></span></span><span><span><span>, lo cual implica que la forma creada </span></span></span><span><span><span><strong>tiene una función de causa segunda en la producción del esse</strong></span></span></span><span><span><span>, subordinada a la Causa Primera</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> que es Dios. Es la forma creada, por tanto, la que explica la diversidad de los actos libres de las creaturas racionales y su carácter accidental.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Dice en efecto el P. Ferraro:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>En el plano trascendental la esencia es principio receptivo del esse, </em></span></span><span><span><em><strong>en el orden predicamental la forma es principio comunicativo del mismo</strong></em></span></span><span><span><em>, al conferir al supósito todos los grados genéricos y específicos de perfección, y, sobre todo, por cuanto paradójico pueda resultar, </em></span></span><span><span><em><strong>dando al supósito el esse ut actus en cuanto que lo recibe:</strong></em></span></span><span><span><em> </em></span></span><span><span><span><em>"La concepción tomista de lo concreto nos ha enseñado que </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>la única forma sustancial confiere al compuesto la actualidad de todos los grados del ser</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> incluidos en su propia determinación; por ejemplo: «hombre, animal, viviente, cuerpo, sustancia... </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>ente</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>»."</em></span></span></span></p>
<p><span><span><em>Por lo tanto, para Fabro el principio </em></span></span><span><span><em><strong>forma dat esse</strong></em></span></span><span><span><em> traduce de maravillas la situación metafísica fundamental según la cual</em></span></span><span><span><em><strong> el esse es el acto fundante en el orden trascendental, mientras que la forma lo es en el orden predicamental.</strong></em></span></span><span><span><em> En efecto, por el esse la esencia, con toda su estructura y dinamismo, se inserta en el orden real, que es el orden del ens en cuanto participante del ipsum esse subsistens; </em></span></span><span><span><em><strong>por la forma, en cambio, surgen en el ens todos los grados de perfección y en ella encuentran su raíz las acciones y operaciones.</strong></em></span></span><span><span><em> Por eso también se puede decir: el esse es el mediante trascendental de la causalidad divina y l</em></span></span><span><span><em><strong>a forma es el mediante predicamental de la causación del esse</strong></em></span></span><span><span><em></em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote2sym" name="sdendnote2anc">ii</a></em></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Luego se habla de un cierto progreso doctrinal de Santo Tomás sobre ese punto:</span></span></p>
<p><span><span><em>El progreso, según Fabro, se hace ver claramente en la Summa, donde, volviendo sobre el argumento, santo Tomás ensambla admirablemente causalidad y participación:</em></span></span></p>
<p><span></span><span><span><span><em><strong>Aliquod perfectum participans aliquam naturam, facit sibi simile</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>, non quidem producendo absolute illam naturam, sed applicando eam ad aliquid. Non enim hic homo potest esse causa naturae humanae absolute, quia sic esset causa sui ipsius, sed </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>est causa quod natura humana sit in hoc homine generato. </strong></em></span></span></span><span><span><span><em>(...) Sed sicut hic homo participat humanam naturam, ita quodcumque ens creatum participat, ut ita dixerim, naturam essendi, quia solus Deus est suum esse, ut supra dictum est. </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>Nullum igitur ens creatum potest producere aliquod ens absolute, nisi inquantum esse causat in hoc.</strong></em></span></span></span><span><span><em><strong></strong></em></span></span></p>
<p><span><span><span>[</span></span></span><span><span><span>Traducción: </span></span></span><span><span><em><span>"Un ser perfecto que participa de alguna naturaleza produce otro semejante a sí, </span></em></span></span><span><span><em><strong>no produciendo esa naturaleza de modo absoluto, sino aplicándola a algo.</strong></em></span></span><span><span><em><span> En efecto, </span></em></span></span><span><span><em><strong>este hombre no puede ser causa de la naturaleza humana en absoluto, porque entonces sería causa de sí mismo</strong></em></span></span><span><span><em><span>; pero sí es causa de que la naturaleza humana </span></em></span></span><span><span><em><strong>esté en este hombre</strong></em></span></span><span><span><em><span> engendrado. (...) Pero </span></em></span></span><span><span><em><strong>así </strong></em></span></span><span><span><em><span>como este hombre participa de la naturaleza humana, </span></em></span></span><span><span><em><span>así también</span></em></span></span><span><span><em><span> todo ente creado participa, por así decirlo, de la naturaleza del ser, porque sólo Dios es su mismo ser, como se dijo más arriba. </span></em></span></span><span><span><em><strong>Ningún ente creado, por tanto, puede producir un ente de modo absoluto, sino en cuanto causa el ser en esto [o: en este sujeto].</strong></em></span></span><span><span><em><span>"</span></em></span></span><span><span><span>]</span></span></span></p>
<p><span><span><em>El texto reviste para nuestro autor una importancia insoslayable, puesto que </em></span></span><span><span><em><strong>se habla de una cierta causación del esse en una determinada realidad concreta. </strong></em></span></span><span><span><em>El hecho de que la vestidura gramatical de la fórmula sea negativa no afecta, según Fabro, a su positividad ontológica. Vale la pena observar al respecto que no hay aquí una forma verbal (causa essendi), sino que se usa directamente «esse» y se lo presenta como causado «in hoc» por un ente creado. En consecuencia, el filósofo italiano se siente autorizado para hablar, en términos de eficiencia, de una </em></span></span><span><span><em><strong>«causalidad predicamental del esse trascendental</strong></em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote3sym" name="sdendnote3anc">iii</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Se hace entonces la aplicación al tema del actuar libre de las creaturas y en particular a la cuestión <strong>De Auxiliis</strong> :</span></span></p>
<p><span><span><em>Si bien en esta sede no podemos más que aludir brevemente, hace falta subrayar que uno de los aspectos más notables anexos a la </em></span></span><span><span><em><strong>nueva y profunda interpretación fabriana de la causalidad</strong></em></span></span><span><span><em> es </em></span></span><span><span><em><strong>la superación definitiva de la vexata quæstio «De Auxiliis»</strong></em></span></span><span><span><em> y, más profundamente aún, el haber alcanzado de manera decisiva la fundación de la libertad participada. En efecto, tan absurdo como hipotizar un segmento de autonomía ontológica por parte de la creatura sería el interpretar la causalidad divina como «concurrente» en la posición del acto libre. Lo que ha desviado, como de costumbre, a los distintos intérpretes ha sido el pasaje del esse a la existentia. En realidad, es a la luz del esse intensivo participado que puede encontrar su última justificación teorética </em></span></span><span><span><em><strong>la libertad radical</strong></em></span></span><span><span><em> y que se pueden entender, a la vez, </em></span></span><span><span><em><strong>tanto su absoluta dependencia ontológica como su igualmente absoluta independencia existencial con respecto a Dios</strong></em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote4sym" name="sdendnote4anc">iv</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span>Esto implica que el concepto de autodeterminación, aplicado a la voluntad creada en el plano operativo, </span></span></span><span><span><span><strong>debe tomarse en sentido absoluto</strong></span></span></span><span><span><span>: la voluntad causa su propio acto sin depender de nada previo en lo relativo a la determinación particular de ese acto.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Porque </span></span></span><span><span><span><strong>lo que procede de Dios es sólo lo que es común a todos los actos: el esse. </strong></span></span></span><span><span><span> Cuando la voluntad creada </span></span></span><span><span><span><strong>elige A en vez de B,</strong></span></span></span><span><span><span> esa diferencia debe proceder, por tanto, </span></span></span><span><span><span><strong>solamente de la causa creada</strong></span></span></span><span><span><span>, y por tanto, el surgimiento del acto de la voluntad de querer A en vez de B, como tal, debe depender solamente de esa misma voluntad.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Resumiendo, entonces, la idea central parece ser la siguiente: Dios es la Causa trascendental de todo esse, y la forma creada es la causa predicamental de todo esse, lo cual implica que, en un sentido, </span></span></span><span><span><span><strong>Dios produce todo esse mediante la forma creada</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Aplicado esto a los </span></span></span><span><span><span><strong>actos libres de las creaturas racionales</strong></span></span></span><span><span><span>, quiere decir que </span></span></span><span><span><span><strong>Dios es causa de todos esos actos,</strong></span></span></span><span><span><span> individual y concretamente considerados, porque es la Causa trascendental del esse que se comunica a esos actos libres mediante las formas creadas, </span></span></span><span><span><span><strong>y solamente mediante esas formas</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>No hay, por tanto, una comunicación inmediata del esse por parte de Dios a los actos libres de las creaturas racionales. </strong></span></span></span><span><span><span>Toda la especificación y determinación concreta e individual de esos actos libres viene por tanto </span></span></span><span><span><span><strong>de la forma creada,</strong></span></span></span><span><span><span> que es la única que explica y efectúa el pasaje de la universalidad del esse a la particularidad específica de tal o cual elección libre de la creatura.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Si se admitiese </span></span></span><span><span><span><strong>que el esse es dado solamente por Dios y que la forma creada aporta solamente la determinación esencial</strong></span></span></span><span><span><span>, entonces, o bien se adopta la idea de </span></span></span><span><span><span><strong>un esse indeterminado que es determinado por la forma creada</strong></span></span></span><span><span><span>, o bien hay que reconocer que </span></span></span><span><span><span><strong>Dios causa directamente el acto libre de la creatura</strong></span></span></span><span><span><span>, por cuanto causa tanto su esse como su esencia o naturaleza, al no poder dar el esse sino como esse de tal o cual forma concreta, y al poner fuera de la nada esa misma forma concreta por el hecho mismo de darle el esse, dejando a la causa creada el papel de causa segunda en la producción </span></span></span><span><span><span><strong>de la forma como tal en cuanto a su configuración esencial</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Esto último sería </span></span></span><span><span><span><strong>admitir lo esencial de la premoción física tomista</strong></span></span></span><span><span><span>, que </span></span></span><span><span><span>es</span></span></span><span><span><span> justamente lo que Fabro </span></span></span><span><span><span><strong>rechaza</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En ese sentido, se puede hablar a la vez de la </span></span></span><span><span><span><strong>absoluta dependencia </strong></span></span></span><span><span><span>y </span></span></span><span><span><span>de</span></span></span><span><span><span> la </span></span></span><span><span><span><strong>absoluta independencia</strong></span></span></span><span><span><span>, respecto de Dios, de la creatura racional en la producción de su acto libre.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Absoluta dependencia, porque </span></span></span><span><span><span><strong>todo depende del esse</strong></span></span></span><span><span><span>, que es el efecto propio de la causalidad divina.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Absoluta independencia, porque </span></span></span><span><span><span><strong>no hay ninguna causa por encima de la creatura racional que determine la producción de tal o cual acto libre particular en cuanto tal</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span>Así debe entenderse </span></span></span><span><span><span><strong>este texto del P. Fabro, </strong></span></span></span><span><span><strong>en su capital obra </strong></span></span><span><span><em><strong>Participación y causalidad según Santo Tomás de Aquino</strong></em></span></span><span><span><strong></strong></span></span><span><span> (la cito en una traducción del original italiano hecha por ChatGPT), en el cual comenta pasajes de Santo Tomás, en el que a primera vista parecería </span></span><span><span><strong>que dejase poca diferencia entre su tesis y la de Domingo Báñez, O.P.</strong></span></span><span><span>, pero que también contiene conceptos que un tomista clásico sólo podría admitir, en todo caso, con muchas precisiones y matizaciones.</span></span></p>
<p> <span><span><em>5) Contra Gentiles III, 88, </em></span></span><em><span><span>Adhuc</span></span></em></p>
<p><span><span><span><em>Así como en las cosas inanimadas existe una inclinación hacia el propio fin, que también se llama apetito natural, así en la sustancia intelectual existe una voluntad, llamada apetito intelectual. Pero las inclinaciones naturales no </em></span></span></span><span><span><span><em>pueden ser dadas</em></span></span></span><span><span><span><em> sino </em></span></span></span><span><span><span><em>por</em></span></span></span><span><span><span><em> </em></span></span></span><span><span><span><em>A</em></span></span></span><span><span><span><em>quel que instituyó la naturaleza. Por tanto, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>inclinar la voluntad no pertenece sino a quien es causa de la naturaleza intelectual. Esto pertenece sólo a Dio</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>s</em></span></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>En el argumento siguiente, la exigencia de la interioridad divina alcanza su vértice:</em></span></span></p>
<p><span><span><span><em>Es imposible que la voluntad sea movida por un principio extrínseco como por un agente, </em></span></span></span><span><span><span><em>sino que es necesario que </em></span></span></span><span><span><span><em>todo movimiento de la voluntad proced</em></span></span></span><span><span><span><em>a</em></span></span></span><span><span><span><em> desde el interior. Ahora bien, ninguna sustancia creada puede unirse al alma intelectual en cuanto a su interioridad, sino sólo Dios, que es causa de ese ser mismo y lo sostiene en el ser. Por consiguiente, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>sólo Dios puede causar el movimiento de la voluntad</strong></em></span></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span>(...)</span></span></p>
<p><span><span><em>No deben sorprender por tanto expresiones como las siguientes:</em></span></span></p>
<p><span><span><span><em>No siempre el hombre elige aquello a lo cual lo inducen el ángel custodio o el cuerpo celeste; sin embargo, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>el hombre elige siempre aquello que Dios obra en su voluntad</strong></em></span></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><em><strong>No se trata, por tanto, de que la moción divina mueva de manera indeterminada,</strong></em></span></span><span><span><em> como el género es indeterminado respecto de la especie y la especie respecto de los individuos. La causalidad divina es indeterminada sólo en sentido intensivo, en cuanto es causa total, no limitada por el sujeto como sí está limitada la potencia del sujeto; y por ello </em></span></span><span><span><em><strong>es causa de los actos singulares en los individuos singulares según su individualidad singular,</strong></em></span></span><span><span><em> que es precisamente la condición única y simple de su realidad:</em></span></span></p>
<p><span><span><em>()</em></span></span></p>
<p><span><span><span><em>En la criatura racional aparecen muchas acciones respecto de las cuales no existe inclinación específica; signo de ello es que no son semejantes en todos, sino variadas entre unos y otros. </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>Es necesario, por tanto, que la criatura racional sea dirigida por Dios en sus actos no sólo según la especie, sino también según el individuo</strong></em></span></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span>(...)</span></span></p>
<p><span><span><em>Esta subjetividad radical de la causalidad divina se confirma al mismo tiempo </em></span></span><span><span><em><strong>por la totalidad del influjo sobre la criatura y sobre su libertad creada</strong></em></span></span><span><span><em>, y </em></span></span><span><span><em><strong>por la completa independencia de esa misma libertad creada dentro de su propio ámbito</strong></em></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span>(...)</span></span></p>
<p><span><span><em>Para acentuar la </em></span></span><span><span><em><strong>dependencia total del acto humano respecto de Dios</strong></em></span></span><span><span><em>, santo Tomás recurre en las obras juveniles a considerar la criatura como instrumento de Dios, para concluir que Dios no es sólo causa de la naturaleza y de sus principios operativos, sino </em></span></span><span><span><em><strong>causa total del mismo obrar y querer</strong></em></span></span><span><span><em>:</em></span></span></p>
<p><span><span><span><em>Dios no sólo da a las cosas las virtudes, sino que </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>ninguna cosa puede obrar por virtud propia si no obra por la virtud de Dios</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>. Por tanto, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>el hombre no puede usar la virtud de la voluntad que le fue dada sino en cuanto obra por la virtud de Dios</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>. Y aquello en cuya virtud obra el agente </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>es causa no sólo de la virtud, sino también del acto</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>; como aparece en el arte, en cuya virtud obra el instrumento, y que por ello no recibe del instrumento su forma propia, sino solamente su aplicación al acto</em></span></span></span><span><span><em></em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote5sym" name="sdendnote5anc">v</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Por lo demás, para eliminar todo equívoco, la determinación, es decir, la conexión en acto entre la causa creada y el efecto en su momento metafísico, es atribuida expresamente a Dios: </em></span></span><span><span><span><em>La causa cuyo ser es contingente </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>debe ser determinada por algo exterior para el efecto</strong></em></span></span></span><span><span><em>. Y este principio exterior del que se trata es Dios mismo.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Sin embargo, sería demasiado apresurado interpretar esta determinación de la moción divina por parte de Dios hacia la causa segunda </em></span></span><span><span><em><strong>como si Dios diese a la causa segunda una cierta cualidad como un motivo indiferente</strong></em></span></span><span><span><em> y luego fuese la causa segunda quien la realizara fuera del influjo divino, dándole concreción de realidad tomada sobre el efecto en su singularidad individual.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Entenderlo de este modo significaría no haber comprendido, o haber olvidado ya, que santo Tomás pone en la base del problema de la causalidad que el ser es acto intensivo y omniabarcante, y que la causalidad del ser por parte de Dios es la causalidad más intensiva y omniabarcante.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Interpretaciones de este género fueron adelantadas por </em></span></span><span><span><em><strong>preocupaciones metafísicas de una teología demasiado empírica y mal adiestrada en las nociones metafísicas</strong></em></span></span><span><span><em>, la cual intercambió por relaciones metafísicas auténticas derivaciones puramente psicológicas; de ahí </em></span></span><span><span><em><strong>la imposibilidad de que la criatura sea libre cuando se admite que Dios es causa total en sentido auténtico</strong></em></span></span><span><span><em>, o viceversa, la imposibilidad de que el hombre no pueda ser causa total si la criatura es verdaderamente libre.</em></span></span></p>
<p><span><span>(...)</span></span></p>
<p><span><span><em>La metafísica tomista del obrar </em></span></span><span><span><em><strong>no experimenta las preocupaciones psicológicas de cierta orientación teológica de la Contrarreforma, dedicado a buscar un acuerdo entre la Omnipotencia divina y la libertad humana</strong></em></span></span><span><span><em>, como si Dios y el hombre se encontrasen obrando en el mismo plano causal: para Santo Tomás, como Dios es causa total del esse, tanto desde el punto de vista intensivo como extensivo, así debe ser por consecuencia y del mismo modo causa total del agere. Más claramente: así como Dios es </em></span></span><em><span><span>Esse subsistens</span></span></em><span><span><em>, es decir, acto por esencia, y por tanto el único acto que existe por virtud de sí mismo, así también Dios es la única causa que produce únicamente en virtud de sí misma, sin ser tocada o disminuida en modo alguno en su propio ser, ni por parte de la causa segunda ni por parte del efecto de la misma.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Más aún, y en consecuencia, Dios es la única causa que, precisamente gracias a su total inmanencia en la causa segunda y en el efecto, </em></span></span><span><span><em><strong>no afecta en absoluto a la espontaneidad y libertad del obrar y del efecto finito</strong></em></span></span><span><span><em>; antes bien, es la verdadera fuente de la misma actividad de la libertad creada</em></span></span><span><span> </span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote6sym" name="sdendnote6anc">vi</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span><strong>----------------------------------------</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Aquí la referencia es Kierkegaard</strong></span></span></span><span><span><span>, que sostiene que es propio de la Omnipotencia crear un espacio en el que </span></span></span><span><span><span><strong>ella misma se retrae </strong></span></span></span><span><span><span>lo suficiente como para que pueda haber una libertad creada:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>Ahora bien, así como la elección de Dios se revela como fundamento existencial de la libertad humana, la omnipotencia divina se presenta para Kierkegaard como su fundamento metafísico, ya que </em></span></span><span><span><em><strong><span>lo más elevado que se puede hacer por un ser es hacerlo libre</span></strong></em></span></span><span><span><em>. Para esto, es necesaria la omnipotencia, pues la potencia finita torna dependiente el obrar de la creatura, en tanto que la omnipotencia lo hace independiente (Kierkegaard, 1962, pp. 512-513). Esto resulta extraño porque la omnipotencia divina debería volver dependiente la acción del hombre. Sin embargo, si se la quiere concebir correctamente, se verá que </em></span></span><span><span><em><strong>ella comprende el poder de retomarse a sí misma mientras se dona, de modo que la creatura pueda por vía de la omnipotencia ser independiente.</strong></em></span></span><span><span><em> Solo Dios puede dar completa y desinteresadamente la libertad a la creatura sin perder un mínimo de poder, más aún, </em></span></span><span><span><em><strong>reteniendo precisamente su omnipotencia para que la libertad de la creatura sea posible </strong></em></span></span><span><span><em>(Fabro, 1983, pp. 16-17). He aquí, indica el danés, que la omnipotencia divina no solo produce la cosa más imponente de todas, la totalidad del mundo, sino también la más frágil, la libertad del hombre y </em></span></span><span><span><em><strong>su</strong></em></span></span><span><span><em> </em></span></span><span><span><span><em><strong><span>independencia respecto de Dios</span></strong></em></span></span></span><span><span><em></em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote7sym" name="sdendnote7anc">vii</a></em></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span>Como se anticipa ya en el pasaje citado, Fabro sostiene también la tesis según la cual la elección de la voluntad </span></span></span><span><span><span><strong>no tiene por objeto solamente los medios que conducen al fin, como dice el tomismo clásico, sino también el mismo fin, y en especial, el fin último del hombre</strong></span></span></span><span><span><span>, es decir, aquel fin que ya no se ordena a otro fin ulterior.</span></span></span></p>
<p><span><span><em>Si bien pareciera que Santo Tomás se limita a la sola consideración del fin último en abstracto, como deseo de la felicidad en general, y a hacer de él objeto </em></span></span><span><span><em><strong>de sola tendencia natural y no de elección</strong></em></span></span><span><span><em>, en realidad, es él mismo quien sugiere la posibilidad de otra manera de pensar, </em></span></span><span><span><em><strong>al poner el fin como objeto propio de la voluntad refiriéndose a la cualificación moral de la persona</strong></em></span></span><span><span><em>: </em></span></span><span><span><span><em>"Todo el que tiene voluntad se dice bueno en la medida en que tiene una buena voluntad; porque es por la voluntad que usamos todas las cosas que hay en nosotros. Por eso no se dice bueno el hombre que tiene un buen entendimiento, sino el que tiene una buena voluntad. Ahora bien, la voluntad tiene por objeto propio el fin."</em></span></span></span><span><span><em> Es manifiesto que el fin como tendencia natural, el solo imperativo de la natura, no es suficiente para constituir a la voluntad como buena sino que para la rectitud de la voluntad hace falta </em></span></span><span><span><em><strong>una conformación reflexiva, consciente y responsable </strong></em></span></span><span><span><em>con aquel bien en el cual consiste verdaderamente </em></span></span><span><span><em><strong>la felicidad</strong></em></span></span><span><span><em> del hombre.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Con tal premisa, Fabro no duda en atribuir a Santo Tomás el reconocimiento de una "</em></span></span><span><span><em><strong>polivalencia subjetiva de la felicidad</strong></em></span></span><span><span><em>". Detengámonos un momento a analizar este concepto aunque sin pretensiones polémicas. Se trata del doble significado que puede tener el fin. Una cosa es el fin en general o lo que también Santo Tomás llama la ratio communis beatitudinis, que todos los hombres naturalmente apetecen, y otra cosa es </em></span></span><span><span><em><strong>la felicidad en concreto, es decir, la beatitudo talis vel talis"</strong></em></span></span><span><span><em>. Por eso el Santo Doctor pone en guardia contra la seducción de los bienes creados. O sea que, mientras que desde el punto de vista de la orientación natural de la voluntad solamente Dios es el fin último del espíritu finito, en realidad, desde el punto de vista de la persona concreta en el ejercicio de la libertad, es decir, </em></span></span><span><span><em><strong>desde el punto de vista existencial, Dios tiene concurrentes</strong></em></span></span><span><span><em>: "</em></span></span><span><span><span><em>Por lo tanto, si bien desde el punto de vista </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>metafísico formal </strong></em></span></span></span><span><span><span><em>es Dios mismo (y, para el cristianismo, la participación en la vida trinitaria mediante la gracia) el fin último objetivo del hombre, desde el punto de vista </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>existencial</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> que es el único en el que se actúa la libertad el fin último real no es más sólo Dios o bien el Absoluto trascendente (...) sino que puede ser, y tal es para la mayoría de los hombres, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>también lo finito y efímero</strong></em></span></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote8sym" name="sdendnote8anc">viii</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>Fabro reconoce</span></span></span><span><span><span> que </span></span></span><span><span><span><strong>según</strong></span></span></span><span><span><span><strong> Santo Tomás </strong></span></span></span><span><span><span>el fin último, bajo el aspecto abstracto e indeterminado de bien en general y de felicidad, es querido por el hombre </span></span></span><span><span><span><strong>en forma necesaria, no libre.</strong></span></span></span><span><span><span> </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Fabro agrega que lo que sí es elegido libremente por el hombre es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el fin último en concreto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, o sea, aquello a lo que el hombre de hecho va a consagrar su vida, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>sea el placer, sea la riqueza, sea el poder, sea la fama, sea Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span><strong>La determinación de la voluntad por algo creado distinto de ella misma </strong></span></span></span><span><span><span>llevaría necesariamente a Dios como Causa Primera de esa determinación, y eso negaría la autodeterminación absoluta de la voluntad creada, e implicaría precisamente lo que Fabro quiere evitar: un acto de causalidad divina que tiene específicamente como objeto a un determinado acto libre de una voluntad creada.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Por eso en la doctrina de Fabro </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Dios no es Causa Eficiente de ninguna operación creada, </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>fuera de la ya mencionada infusión del esse a las creaturas. Cuando dice que Dios es causa del primer acto de la voluntad en el orden del ejercicio, se refiere a Dios como Sumo Bien, y por tanto en el orden de la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>causalidad final</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, no de la causalidad eficiente.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><em>Así como en el orden estático, observa Fabro, se puede apreciar según una distinción analítica un primer momento de creación y conservación del esse y un segundo momento de especificación propio de las formalidades particulares que le suceden; así también, </em></span></span><span><span><em><strong>en el orden dinámico se puede apreciar un primer momento de puesta en acto tendencial, es decir, un movimiento primero hacia el bien por parte de la voluntad, y un segundo momento de elección particular en la esfera concreta de la existencia</strong></em></span></span><span><span><em> (Pangallo, 1991, pp. 109-122). Con respecto al </em></span></span><span><span><em><strong>primer momento</strong></em></span></span><span><span><em>, hay que advertir que </em></span></span><span><span><em><strong>Dios no solo se presenta como causa del ser, sino también como causa del obrar de todos los agentes.</strong></em></span></span><span><span><em> En efecto, la voluntad creada dada su finitud ontológica </em></span></span><span><span><em><strong>se encuentra inicialmente en potencia, de modo que no puede por sí misma dirigirse hacia su objeto propio, el Bien Universal</strong></em></span></span><span><span><em>. Por otra parte, ninguna cosa creada puede mover la voluntad inicialmente al obrar, pues </em></span></span><span><span><em><strong>solo Dios, Bien Universal y Perfecto, es capaz de colmar y de inclinar la voluntad de modo suficiente.</strong></em></span></span><span><span><em> En cuanto al </em></span></span><span><span><em><strong>segundo momento</strong></em></span></span><span><span><em>, la voluntad, a diferencia del primero en el que se muestra </em></span></span><span><span><em><strong>pasiva </strong></em></span></span><span><span><em>respecto del influjo divino, se manifiesta plenamente </em></span></span><span><span><em><strong>activa</strong></em></span></span><span><span><em>, pues es propio de la creatura la determinación del acto de elección (scelta) </em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote9sym" name="sdendnote9anc">ix</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por eso mismo, la voluntad, en Fabro, </span></span></span><span><span><span><strong>debe estar liberada también de toda causalidad procedente del intelecto</strong></span></span></span><span><span><span> de la creatura racional.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Para lograr esto último, Fabro </span></span></span><span><span><span><strong>asigna el orden de la especificación del acto voluntario al objeto, y el orden del ejercicio de ese mismo acto, al sujeto.</strong></span></span></span><span><span><span> En efecto, </span></span></span><span><span><span><strong>el objeto influye en la voluntad mediante el intelecto</strong></span></span></span><span><span><span>, que presenta ese objeto a la voluntad. En el plano del </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio,</strong></span></span></span><span><span><span> entonces, al menos, la voluntad sería totalmente </span></span></span><span><span><span><strong>independiente del intelecto.</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><em>Esta enunciación consiste inicialmente en la distinción de las dos mociones, a saber, </em></span></span><span><span><em><strong>en cuanto a la determinación del acto y en cuanto al ejercicio del mismo, que se originan ex parte obiecti y ex parte subiecti respectivamente</strong></em></span></span><span><span><em>. Ésta última, observa Fabro, constituye la actividad de la persona como tal y surge de la voluntad misma en cuanto que ella es la facultad del fin mismo principal. Por eso, </em></span></span><span><span><em><strong>no es la indiferencia pasiva con respecto a la presentación del objeto lo que funda la libertad, sino más bien la capacidad activa originaria de la voluntad</strong></em></span></span><span><span><em> o su poder originario activo sobre el acto del querer mismo, con el cual puede dominar incluso a la inteligencia, reformar el juicio práctico y modificar por consiguiente todas las elecciones.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>En virtud de este dominio del propio acto la voluntad </em></span></span><span><span><em><strong>se desliga de cualquier otro imperativo eficiente que no sea el de la causa primera,</strong></em></span></span><span><span><em> el cual no es constringente sino constitutivo. Sólo Dios puede mover eficazmente a la voluntad; y esto haciéndola ser voluntad libre. Por eso la acción de Dios no es sustitutiva sino constitutiva y fundante del acto libre. Y por eso la voluntad </em></span></span><span><span><em><strong>está por encima de todo encadenamiento pudiendo dominar incluso el intelecto</strong></em></span></span><span><span><em>. Fabro concluye que hay un punto de fuerza intacto de libertad en el centro de la voluntad por el cual </em></span></span><span><span><em><strong>ella se sustrae a la consecutio intentionalis por parte del intelecto</strong></em></span></span><span><span><em>. En esto también, una vez más, Santo Tomás es explícito: </em></span></span><span><span><span><em>"Ahora bien, aplicar la intención a algo o no aplicarla está en poder de la voluntad; por lo tanto, está en poder de la voluntad que el vínculo de la razón quede excluido.". </em></span></span></span><span><span><em>La emergencia dinámica de la voluntad sobre la razón, observa consecuentemente Fabro, es constitutiva para la realización del acto libre</em></span></span><span><span>" </span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote10sym" name="sdendnote10anc">x</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span>Se argumenta que en algunos textos del mismo Santo Tomás aparece esta concepción:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>En las </em></span></span><span><span><em><strong>Quaestiones Disputatae De Malo</strong></em></span></span><span><span><em> Fabro descubre, sin embargo, algunas expresiones del dominico que permiten una profundización de la noción de libertad desde un enfoque </em></span></span><span><span><em><strong>más flexible y existencial</strong></em></span></span><span><span><em>. En dicha obra el doctor medieval hace la siguiente y fundamental aclaración: si se considera el movimiento de las potencias del alma </em></span></span><span><span><em><strong>por parte del objeto</strong></em></span></span><span><span><em> que especifica el acto (ex parte obiecti), el primer principio de la moción proviene </em></span></span><span><span><em><strong>de la inteligencia.</strong></em></span></span><span><span><em> En cambio, si se considera el movimiento de las potencias del alma </em></span></span><span><span><em><strong>por parte del ejercicio</strong></em></span></span><span><span><em> del acto (ex parte subiecti), el primer principio de la moción proviene </em></span></span><span><span><em><strong>de la voluntad</strong></em></span></span><span><span><em> (Tomás de Aquino, De Malo, q. 6).</em></span></span></p>
<p><span><span><em>El progreso decisivo de esta argumentación se encuentra en el hecho de que </em></span></span><span><span><em><strong>quantum ad exercitium actus, ya no es el objeto aprehendido por la inteligencia el que mueve a la voluntad</strong></em></span></span><span><span><em>, sino que </em></span></span><span><span><em><strong>es la misma voluntad la que se inclina interiormente.</strong></em></span></span><span><span><em> Si la potencia apetitiva espiritual se mueve entonces por sí misma y no por otro (a se ipsa et non ab alio), esto significa que existe un punto de fuerza intacto de libertad en el centro de la voluntad </em></span></span><span><span><em><strong>que se sustrae de toda rígida consecutio intentionalis</strong></em></span></span><span><span><em>, y que constituye precisamente como tal el núcleo profundo de la responsabilidad (Fabro, 1974a, p. 550) </em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote11sym" name="sdendnote11anc">xi</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y como consecuencia lógica de ello mismo, Fabro afirma </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>una influencia de la voluntad sobre el intelecto no solamente en el plano del ejercicio, sino también en el plano de la especificación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, o sea, de la misma relación entre el intelecto y el objeto conocido.</span></span></span></span></p>
<p><span></span><span><span><span><em><strong>La voluntad tiene el dominio sobre la especificación del objeto.</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> Fabro no sólo sostiene el primado cualitativo de la voluntad en lo que respecta a la elección del fin sino que, explicitando su tesis, llega a afirmar que </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>la voluntad domina a la inteligencia también en la especificación del objeto. </strong></em></span></span></span><span><span><span><em>Si la voluntad domina el propio acto y el acto de las demás facultades, comenzando por la inteligencia, que inter alias potentias animae altior est et voluntati propinquior, se sigue que </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>está en condiciones de determinar el objeto de su tendencia el cual le es presentado por el intelecto.</strong></em></span></span></span></p>
<p><span><span><span><em>Este dominio sobre la especificación es una conclusión prácticamente inevitable: "</em></span></span></span><span><span><span><em>¿Cómo es que el intelecto se pregunta Fabro puede presentar a la voluntad las ventajas de las riquezas, de la gloria, de los placeres de esta vida, etc., sino porque la voluntad misma, por así decirlo, ha cerrado el intelecto a la derecha para abrirlo a la izquierda, sino </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>porque ella misma, por su cuenta y bajo su responsabilidad ha elegido antes que nada ese tipo de felicidad?</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> Entonces la conclusión nos parece inevitable: en la esfera moral del obrar </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>la voluntad decide también sobre el objeto</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>, es decir, no sólo quoad exercitium actus, sino también quoad determinationem actus cuando se trata del fin existencial. </em></span></span></span><span><span><span><em>() </em></span></span></span><span><span><em>Por la realización de la libertad en acto todas las facultades vienen a beneficiarse de la inclinación de la voluntad, que es la facultad del fin principal. De ahí que </em></span></span><span><span><em><strong>el influjo de la voluntad no sea sólo de carácter eficiente como, en cambio, haría pensar la terminología usada por Santo Tomás</strong></em></span></span><span><span><em> en algunos pasajes, sino además y ante todo, de tipo </em></span></span><span><span><em><strong>formal,</strong></em></span></span><span><span><em> en cuanto que la voluntad opera, si se nos permite la expresión, un transfert de la propia inclinación y cualidad, que </em></span></span><span><span><em><strong>"colorea" a la inteligencia misma</strong></em></span></span><span><span><em> </em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote12sym" name="sdendnote12anc">xii</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En definitiva, al menos si hacemos caso a los que lo han estudiado, Fabro </span></span></span><span><span><strong><span>le da un lugar tan central a la libertad en su pensamiento, que esto lo hace difícilmente inteligible</span></strong></span></span><span><span><span>:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>La libertad revela así la trascendentalidad del ser humano. Ella, según entiende Fabro, </em></span></span><span><span><em><strong><span>coincide con la personalidad y por consiguiente con la esencia misma del hombre.</span></strong></em></span></span><span><span><em><span> La libertad no es algo que se posea, una simple propiedad de la naturaleza humana, ni tampoco un principio al cual se llegue o reconozca por deducción. La libertad es </span></em></span></span><span><span><em><strong><span>aquel inicio absoluto y radical del cual emergen y convergen como su primer núcleo y su fondo último todas las actividades humanas.</span></strong></em></span></span><span><span><em> Sin la libertad los actos del hombre carecerían de figura, fisonomía, significado y valor</em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote13sym" name="sdendnote13anc">xiii</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><em>La libertad es, pues, </em></span></span><span><span><em><strong>un acoger la propia forma de ser que se ha elegido ser</strong></em></span></span><span><span><em>. Puede decirse que es una cualidad nueva del ser, un principio original, el único que en cierto modo </em></span></span><span><span><em><strong>emerge por encima de la misma naturaleza que lo establece.</strong></em></span></span><span><span><em> He aquí entonces lo más propio de la libertad humana en el ámbito existencial, a saber, </em></span></span><span><span><em><strong>el dominio sobre el ser de acuerdo con el señorío de su propio ser</strong></em></span></span><span><span><em>:</em></span></span></p>
<p><span><span><span><em>La libertad es, precisamente, aquella capacidad del hombre, y del hombre solamente, mediante la cual algo puede ser lo que de otro modo no sería y algo no puede ser lo que de otro modo podría ser</em></span></span></span><span><span><em></em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote14sym" name="sdendnote14anc">xiv</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><em><strong>La determinación de la libertad coincide con la determinación del ser. </strong></em></span></span><span><span><em>Es verdad que la libertad </em></span></span><span><span><em><strong>es determinada por el ser</strong></em></span></span><span><span><em> como lo es el fondo respecto del fundamento, pero </em></span></span><span><span><em><strong>la libertad determina al ser</strong></em></span></span><span><span><em> como </em></span></span><span><span><em><strong>el centro mismo originario de determinación del fundamento que está contenido en el fondo</strong></em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote15sym" name="sdendnote15anc">xv</a></span></span></sup><span><span>. </span></span></p>
<p><span><span><em>Esta doble impronta, a saber, la de sujeción de la libertad al ser y la de </em></span></span><span><span><em><strong>superioridad de la libertad sobre el ser</strong></em></span></span><span><span><em>, es expresada con particular talante existencial en la siguiente cita de Fabro:</em></span></span></p>
<p><span><span><em>a) El hombre se busca en el ser...; el cielo mismo de la conciencia antes de toda presencia se ilumina por la iluminación del ser, se oscurece por el oscurecimiento del ser. Ser prisioneros del ser es la libertad. b) El ser se ilumina en el hombre: </em></span></span><span><span><em><strong>el ser mismo que es luz se ilumina mediante la libertad</strong></em></span></span><span><span><em>. </em></span></span><span><span><em><strong>Bajo un cierto aspecto el hombre es más grande que el ser, porque el hombre es más profundo que el ser, es más inagotable que el ser, porque el hombre ¡es libre!</strong></em></span></span><span><span><em></em></span></span><sup><span><span><em><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote16sym" name="sdendnote16anc">xvi</a></em></span></span></sup><span><span><em>.</em></span></span><span><span> </span></span></p>
<p><span></span><span><span><em><strong><span>Si la libertad fuese ella misma condicionada por la razón, la libertad debería seguir a la razón</span></strong></em></span></span><span><span><em><span> en su moverse y en su dispersarse [...], pues la libertad sería una consecuencia o una propiedad de la razón, del intelecto y de la sensibilidad: sería su fin y resultado ¡Sin embargo no! </span></em></span></span><span><span><em><strong><span>La libertad es ella misma el principio y la razón de todo:</span></strong></em></span></span><span><span><em><span> la razón puede mover, discutir, examinar, discurrir..., porque atiende a este movimiento originario que es la libertad misma, a esta capacidad que es centro primero y último de la subjetividad, el cual no es solamente el moverse a esto o aquello, por esto o por aquello, sino que es </span></em></span></span><span><span><em><strong><span>la capacidad del mover el moverse mismo, del moverse a sí mismo, del querer querer, del liberarse a libertad</span></strong></em></span></span><span><span> </span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote17sym" name="sdendnote17anc">xvii</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><em>Para Fabro, </em></span></span><span><span><em><strong>el espíritu humano es esencialmente libre, o mejor dicho, su mismo espíritu es libertad.</strong></em></span></span><span><span><em> El hombre, en efecto, no es simplemente un ser natural, un ser dado o inmediato, sino que es </em></span></span><span><span><em><strong>reflexión, reduplicación, recuperación de sí</strong></em></span></span><span><span><em>. Es verdad que la libertad tiene una energía natural, una cierta pulsión instintiva. No obstante, la libertad que el filósofo italiano llama constitutiva, radical, </em></span></span><span><span><em><strong>a pesar de suponer la espontaneidad, propiamente es retorno, vuelta circular del espíritu sobre sí mismo</strong></em></span></span><span><span> </span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote18sym" name="sdendnote18anc">xviii</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><em><strong><span>La libertad define todas las cosas sin ser definida por nada, funda las demás actividades sin tener otro fundamento más que sí mismo.</span></strong></em></span></span><span><span><em><span> Es verdad que el ejercicio de la libertad supone el pensamiento, sin embargo, </span></em></span></span><span><span><em><strong><span>el pensamiento no es causa de la libertad, sino solamente su condición</span></strong></em></span></span><span><span><em><span>. En efecto, </span></em></span></span><span><span><em><strong><span>la libertad no se mueve más que por sí misma, ella es su propia causa</span></strong></em></span></span><span><span><em><span>. La razón del obrar y del no obrar, en última instancia, depende únicamente de la libertad, del influjo de la voluntad que está en su mismo inicio</span></em></span></span><span><span></span></span><sup><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote19sym" name="sdendnote19anc">xix</a></span></span></sup><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Crítica:</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Una de las bases de la argumentación fabriana es que los tomistas en general, incluido Báñez, <strong>incurrieron en el error de la premoción física porque desconocían el esse intensivo y lo entendían sólo como existencia</strong>, entendiendo por ella l<strong>a mera puesta fuera de la mente, fuera de la nada y fuera de las causas de la esencia posible</strong>, que sería <strong>la responsable última de toda la perfección del ente </strong>distinta de la mera existencia así entendida. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Eso es </span><span><strong>desmentido categóricamente</strong></span><span> por </span><a href="https://estudiosfilosoficos.dominicos.org/ojs/article/view/411/185"><span><strong>este artículo</strong></span></a><span> de </span><span><strong>L. Gutiérrez-Vega CMF, </strong></span><span><em><strong>Domingo Báñez, filósofo existencial</strong></em></span><span>, del cual </span><span>tomamos esta cita </span><span>del mismo </span><span><strong>Báñez</strong></span><span>: </span></span></span></p>
<p><span><span><em>Respondetur, qu</em><em>o</em><em>d </em><em><strong>principia essentialia sunt causa essendi materialiter</strong></em><em>: quia ex seipsis sunt </em><em><strong>receptiva ipsius esse, per quod primo actuantur</strong></em><em>. Imo </em><em>et</em><em> eatenus intelliguntur, </em><em><strong>quatenus habent ordinem ad esse</strong></em><em>, sicut diaphanum est causa lucis, quia est aptitudo ad recipiendam lucem. Et qua</em><em>mv</em><em>is ipsum esse receptum in essentia composita ex principiis essentialibus specificetur ab illis, tamen in eo quod specificatur, </em><em><strong>nullam perfectionem recipit</strong></em><em>, </em><em><strong>sed potius deprimitur</strong></em><em>, </em><em>et</em><em> descendit ad esse secundum quid, eo qu</em><em>o</em><em>d esse hominem, esse se angelum, non est perfectio simpliciter. Et hoc est, </em><em><strong>quod saepissime D</strong></em><em><strong>ivus</strong></em><em><strong> Tho</strong></em><em><strong>mas</strong></em><em><strong> clamat, </strong></em><em><strong>et</strong></em><em><strong> Thomistae nolunt audire; Quod esse est actualitas omnis formae vel naturae</strong></em><em>, sicut in hoc art</em><em>iculo</em><em> in ratione secunda dicit, </em><em>et</em><em> quod </em><em><strong>in nulla re invenitur sicut recipiens </strong></em><em><strong>et</strong></em><em><strong> perfectibile, sed sicut receptum </strong></em><em><strong>et</strong></em><em><strong> perficiens id in quo recipitu</strong></em><em>r: ipsum tamen eo ipso quod recipitur, </em><em><strong>deprimitur, </strong></em><em><strong>et</strong></em><em><strong> ut ita dixerim, imperficitur</strong></em>.</span></span></p>
<p><span><span><span>Traducción: </span></span></span></p>
<p><span><span><span><em>Se responde que </em></span><em><strong>los principios esenciales son causa del ser </strong><strong>materialmente</strong>: porque, por sí mismos, son receptivos del ser mismo, <strong>por el cual son primeramente actualizados</strong>. Es más, e incluso en esa medida se entienden, <strong>en cuanto que tienen un orden al ser</strong>, tal como lo diáfano es causa de la luz, porque es una aptitud para recibir la luz.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Y aunque el ser mismo, recibido en la esencia compuesta por principios esenciales, sea especificado por ellos, sin embargo, en aquello en lo que se especifica <strong>no recibe perfección alguna, sino que más bien se degrada </strong>y desciende a un "ser en cierto sentido" (esse secundum quid), por el hecho de que "ser hombre" o "ser ángel" no es la perfección simplemente hablando.</em></span></span></p>
<p><span><span><em><span>Y esto es</span></em><em><strong> lo que Santo Tomás proclama frecuentísimamente, y que los tomistas no quieren oír: que</strong></em><em> </em><em><strong>el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza</strong></em><em>, como dice en la segunda razón de este artículo, y que </em><em><strong>en ninguna cosa se encuentra como recipiente y perfectible</strong></em><em>, </em><em><strong>sino como lo recibido y lo que perfecciona aquello en lo que se recibe</strong></em><em>; sin embargo, el ser mismo, por el hecho mismo de ser recibido, </em><em><strong>se degrada y, por así decirlo, se hace imperfecto</strong></em>»<em> <a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote20sym" name="sdendnote20anc"><sup>xx</sup></a></em></span></span></p>
<p><span><span>Como se ve, Báñez <strong>no necesitó decir siempre esse en lugar de existencia para entender muy bien la doctrina de Santo Tomá</strong>s. Es cierto que de su texto se sigue que <strong>otros tomistas antes de él y en su tiempo no habían entendido en esto al Angélico</strong>, pero por eso mismo aquí vemos a Bañez haciéndoles <strong>una corrección semejante a la que Fabro les hace siglos después</strong>, sin que eso le impida para nada a Báñez <strong>adherir a la doctrina de la premoción física</strong>. </span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span><strong>La forma creada no puede tener rol ninguno en la producción del esse como tal, es decir, del esse ut actus</strong></span></span></span><span><span><span>, del ser como acto. La causa debe estar por lo menos al mismo nivel ontológico que el efecto, pero la forma creada es siempre una forma </span></span></span><span><span><span><strong>limitada y participada</strong></span></span></span><span><span><span> del esse, y por eso mismo, </span></span></span><span><span><span><strong>particular,</strong></span></span></span><span><span><span> que por tanto queda infinitamente por debajo del orden </span></span></span><span><span><span><strong>universal</strong></span></span></span><span><span><span> del esse como tal, que de suyo no incluye límite ni imperfección ni participación alguna.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por eso dice Santo Tomás en </span></span></span><span><span><span><strong>Ia., q. 45, a. 5, c.</strong></span></span></span><span><span><span>:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>...es necesario </em></span></span><span><span><em><strong>que los efectos más universales sean reducidos a causas más universales</strong></em></span></span><span><span><em> y principales. Entre todos los efectos, </em></span></span><span><span><em><strong>el más universal es el mismo ser. </strong></em></span></span><span><span><em>Por lo tanto, es necesario </em></span></span><span><span><em><strong>que sea efecto propio de la causa primera y universal, que es Dios</strong></em></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Es asombroso que sea ese mismo texto</strong></span></span></span><span><span><span> el que Fabro usa para tratar de encontrar en Santo Tomás esa tesis de que la forma creada </span></span></span><span><span><span><strong>produce el esse</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Dice Santo Tomás en </span></span></span><span><span>Ia.</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> q. 45</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> a. 5</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> ad 1:</span></span></p>
<p><span><span><em>Al primer argumento, por tanto, hay que responder que un ente perfecto que participa alguna naturaleza produce algo semejante a sí, no produciendo absolutamente esa naturaleza, sino aplicándola a algo. En efecto, este hombre </em></span></span><span><span><em><strong>no puede ser causa de la naturaleza humana absolutamente considerada, porque así sería causa de sí mismo</strong></em></span></span><span><span><em>; pero sí es causa </em></span></span><span><span><em><strong>de que la naturaleza humana esté en este hombre engendrado.</strong></em></span></span><span><span><em> Y así presupone en su acción una materia determinada por la cual este hombre es este hombre.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Pero así como este hombre participa la naturaleza humana, así también todo ente creado participa, por así decir, la naturaleza del ser, porque sólo Dios es su mismo ser, como se dijo más arriba. </em></span></span><span><span><em><strong>Ningún ente creado, por tanto, puede producir absolutamente un ente alguno, sino en cuanto causa el ser en esto</strong></em></span></span><span><span><em>; y así es necesario que se presuponga, para la acción por la cual produce algo semejante a sí, aquello por lo cual algo </em></span></span><span><span><em><strong>es esto</strong></em></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Ahora bien, </em></span></span><span><span><em><strong>en una substancia inmaterial no puede presuponerse algo por lo cual sea ésta</strong></em></span></span><span><span><em>, porque es ésta por su forma, por la cual tiene el ser, siendo formas subsistentes. Luego una substancia inmaterial </em></span></span><span><span><em><strong>no puede producir otra substancia inmaterial semejante a sí en cuanto al ser de ésta</strong></em></span></span><span><span><em>; sino solamente en cuanto a alguna perfección sobreañadida; como cuando decimos que un Ángel superior ilumina a uno inferior, según dice Dionisio. Y de este modo también hay paternidad en las realidades celestes, como aparece por las palabras del Apóstol en Efesios III: de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra.</em></span></span></p>
<p><span><span><em>Y de aquí aparece también evidentemente que </em></span></span><span><span><em><strong>ningún ente creado puede causar algo si no es suponiendo previamente algo</strong></em></span></span><span><span><em>. Lo cual repugna a la razón de creación</em></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span><span>Fabro interpreta el </span></span></span><span><span><strong><span>nisi in quantum causat esse in hoc</span></strong></span></span><span><span><span> en el sentido de </span></span></span><span><span><strong><span>sino en tanto que causa el esse de este ente concreto</span></strong></span></span><span><span><span>. Pero lo que está diciendo Santo Tomás, como muestra el contexto del pasaje, </span></span></span><span><span><strong><span>no es eso.</span></strong></span></span></p>
<p><span><span><span>En primer lugar, </span></span></span><span><span><strong><span>Santo Tomás hace expresamente el paralelismo entre la comunicación de la naturaleza humana en la generación natural y la causalidad de la creatura sobre el esse </span></strong></span></span><span><span><span>de otra creatura. El punto central es que en el primer caso </span></span></span><span><span><strong><span>no se produce la naturaleza humana como tal</span></strong></span></span><span><span><span>, sino sólo se hace que la naturaleza humana esté en un nuevo individuo humano. Por lo tanto, la causalidad de la creatura </span></span></span><span><span><strong><span>no produce el esse como tal del efecto</span></strong></span></span><span><span><span>, sino que hace que el esse esté en ese nuevo ente individual.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En segundo lugar, el argumento que Santo Tomás toma ahí mismo </span></span></span><span><span><strong><span>del caso de los ángeles</span></strong></span></span><span><span><span> tampoco favorece la lectura de Fabro.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En efecto, de ahí se sigue que </span></span></span><span><span><strong><span>es la ausencia de la materia lo que impide que el ángel pueda causar el esse in hoc</span></strong></span></span><span><span><span> engendrando otro ángel. Pero </span></span></span><span><span><strong><span>¿qué tendría que ver la presencia o ausencia de la materia</span></strong></span></span><span><span><span> en cuanto a definir la capacidad o no de la forma creada para causar el esse como tal?</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Más bien, lo que dice Santo Tomás es que la naturaleza humana, por ejemplo, </span></span></span><span><span><strong><span>existe in hoc en el sentido de que existe en una materia individual</span></strong></span></span><span><span><span>. Por eso, el ser humano puede hacer que la naturaleza humana exista in hoc al engendrar un nuevo individuo, </span></span></span><span><span><strong><span>porque hace que la naturaleza humana, que en él informa una materia individual, informe también otra materia individual.</span></strong></span></span><span><span><span> Pero el ángel, en ese sentido, </span></span></span><span><span><strong><span>no existe in hoc</span></strong></span></span><span><span><span>, porque la esencia angélica, al ser inmaterial, </span></span></span><span><span><span>no existe en un sujeto distinto de ella misma.</span></span></span><span><span> </span></span></p>
<p><span><span><span>Santo Tomás lo dice así, ahí mismo: </span></span></span><span><span><strong><span>la naturaleza angélica no es ésta por otra cosa distinta de su misma forma</span></strong></span></span><span><span><span>. No hay nada, por tanto, a lo que comunicar la forma para que sea otro éste.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por tanto, </span></span></span><span><span><strong><span>en ningún momento está hablando Santo Tomás aquí de la producción de un acto ut actus</span></strong></span></span><span><span><span>, sino de </span></span></span><span><span><strong><span>la comunicación de un acto previamente poseído </span></strong></span></span><span><span><span>a un nuevo poseedor, es decir, a un nuevo sujeto, </span></span></span><span><span><strong><span>por la recepción de ese acto en una nueva materia individual</span></strong></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Al comunicar la forma a la materia, la causa creada </span></span><span><span><strong>hace, sin duda, que el esse sea comunicado a la materia, como esse in hoc,</strong></span></span><span><span> porque está actuando como causa segunda dependiente de la Causa Primera: </span></span><span><span><strong>la Causa Primera da el esse y al mismo tiempo</strong></span></span><span><span><span><strong> </strong></span></span></span><span><span><strong>mueve a la causa segunda para que dé la naturaleza o esencia a la materia</strong></span></span><span><span> singular y concreta, porque el esse creado no puede no ser el esse de una forma creada, y así y de ese modo, la presencia del esse en el efecto tiene a Dios como Causa Primera y a la forma creada como causa segunda.</span></span></p>
<p><span><span>Cuando el efecto es </span></span><span><span><strong>el acto libre de una creatura racional</strong></span></span><span><span>, </span></span><span><span><strong>Dios da por sí solo el esse, por tanto, y mueve a la creatura racional a que comunique a ese acto libre su naturaleza de acto libre</strong></span></span><span><span>, la cual por tanto tiene a Dios como Causa Primera y a la creatura racional como causa segunda</span></span><span><span><span>:</span></span></span><span><span> </span></span><span><span>e</span></span><span><span>so es lo esencial de la </span></span><span><span><strong>premoción física</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>En el caso del ángel </span></span><span><span><strong>no hay </strong></span></span><span><span><span><strong>pr</strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>e</span></strong></span></span></span><span><span><strong><span>supuesto </span></strong></span></span><span><span><strong>material</strong></span></span><span><span> al cual comunicar la naturaleza angélica. Pero si miramos </span></span><span><span><strong>los actos angélicos de inteligencia y voluntad, no son subsistentes </strong></span></span><span><span>como la esencia angélica, sino que son actos de la potencialidad que está en la sustancia del ángel, y así se entiende que </span></span><span><span><strong>éstos también puedan tener a Dios como Causa Primera, y a la naturaleza angélica como causa segunda</strong></span></span><span><span>, de modo que </span></span><span><span><strong>Dios da directamente el esse de esos actos angélicos de inteligencia y voluntad, y mediante las facultades de</strong></span></span><span><span><span><strong>l</strong></span></span></span><span><span><strong> ángel, obrando como causas segundas, les da su naturaleza de actos intelectivos o volitivos</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>O sea, de </span></span></span><span><span><strong><span>sólo Dios da el esse</span></strong></span></span><span><span><span> no se puede pasar a </span></span></span><span><span><strong><span>Dios da sólo el esse</span></strong></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Como dice el R.P. </span></span><span><span><strong>N</strong></span></span><span><span><strong>orberto</strong></span></span><span><span><strong> del Prado</strong></span></span><span><span>, O.P.:</span></span></p>
<p><span><span><em><strong>Ab omni forma fluit aliquod esse</strong></em><em>, quia forma est quae </em><em><strong>dat esse rei</strong></em><em>; si forma est substantialis, </em><em><strong>esse specificum</strong></em><em>; si vero accidentalis, accidentale esse; sicut ab albedine esse album, et a luce esse lucidum, et a dulcedine esse dulce. Attamen cum de esse, quod est actus formae substantialis, agitur, quamvis forma possit dici principium essendi, </em><em><strong>non potest tamen dici causa formalis ipsius esse</strong></em><em> : </em><em>1) </em><em>quia esse est formalissimum in re; </em><em>2) </em><em>quia ipsa forma comparatur ad ipsum esse sicut potentia ad actum; </em><em>3) </em><em>quia </em><em><strong>esse non fluit a forma tamquam a radice vel fonte vel causa formali vel efficiente, sed venit ab extrinseco, et recipitur in forma tamquam in potentia vel causa materiali.</strong></em><em> Unde esse consequitur formam creaturae, supposito tamen influxu Dei; sicut lumen sequitur diaphanum aëris, supposito influxu solis</em>.</span></span></p>
<p><span><span><em><strong>De toda forma fluye algún ser (o acto de ser)</strong></em></span></span><span><span><em>, porque la forma es lo que da el ser a la cosa; si la forma es sustancial, [da el] </em></span></span><span><span><em><strong>ser específico</strong></em></span></span><span><span><em>; pero si es accidental, un ser accidental; así como de la blancura [fluye el] ser blanco, de la luz el ser luminoso, y de la dulzura el ser dulce. Sin embargo, cuando se trata del ser, que es el acto de la forma sustancial, aunque la forma pueda llamarse principio de ser, </em></span></span><span><span><em><strong>no puede, no obstante, llamarse causa formal del mismo ser</strong></em></span></span><span><span><em>: </em></span></span><span><span><em>1) </em></span></span><span><span><em>porque el ser es lo más formal en la cosa; </em></span></span><span><span><em>2) </em></span></span><span><span><em>porque la forma misma se compara con el mismo ser como la potencia con el acto; </em></span></span><span><span><em>3) </em></span></span><span><span><em>porque </em></span></span><span><span><em><strong>el ser no fluye de la forma como de una raíz, fuente, causa formal o eficiente, sino que viene de fuera y es recibido en la forma como en una potencia o causa material.</strong></em></span></span><span><span><em> Por lo cual, el ser se sigue de la forma de la criatura, supuesto, sin embargo, el influjo de Dios; así como la luz se sigue de la diafanidad del aire, supuesto el influjo del sol.</em></span></span><span><span> <a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote21sym" name="sdendnote21anc"><sup>xxi</sup></a></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Pero</span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span>además, </span></span><span><span><strong>Santo Tomás afirma explícitamente</strong></span></span><span><span> ahí mismo (Ia.</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> q. 45</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> a. 5, c.) </span></span><span><span><strong>que la producción del esse es algo exclusivo de Dios</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><em>Partiendo de lo dicho, a primera vista parece bastante evidente que crear no es más que una acción que sólo le corresponde a Dios. Pues </em></span></span><span><span><em><strong>es necesario que los efectos más universales sean reducidos a causas más universales y principales. Entre todos los efectos, el más universal es el mismo ser.</strong></em></span></span><span><span><em> Por lo tanto, </em></span></span><span><span><em><strong>es necesario que sea efecto propio de la causa primera y universal, que es Dios</strong></em></span></span><span><span><em>. Por eso también se dice en el libro De Causis que </em></span></span><span><span><em><strong>ni la inteligencia o el alma dan el ser</strong></em></span></span><span><span><em> a no ser en cuanto que actúan por acción divina. Ahora bien, </em></span></span><span><span><em><strong>producir el ser absolutamente, no en cuanto éste o tal ser, es lo que constituye la creación</strong></em></span></span><span><span><em> en cuanto tal. Por lo tanto es evidente que </em></span></span><span><span><em><strong>la creación es acción propia del mismo Dios</strong></em></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Según este texto, entonces, atribuir a la forma creada la capacidad de </span></span><span><span><strong>producir el esse</strong></span></span><span><span> es atribuirle</span></span><span><span><strong> la capacidad de ser creadora, cosa que el texto reserva explícitamente a solo Dios.</strong></span></span></p>
<p><span><span>----------------------------------------</span></span></p>
<p><span><span>Ahí se hace una cita del </span></span><span><span><em><strong>Liber de Causis</strong></em></span></span><span><span> en la que Fabro pretende apoyarse, porque parece decir que </span></span><span><span><strong>algo que no es Dios</strong></span></span><span><span> (la inteligencia y el alma en el esquema </span></span><span><span><strong>neoplatónico</strong></span></span><span><span> del </span></span><span><span><em>Liber de Causis</em></span></span><span><span>) </span></span><span><span><strong>puede también dar el esse</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Y probablemente </span></span><span><span>e</span></span><span><span>sa sea la doctrina del </span></span><span><span><em>Liber de Causis</em></span></span><span><span>, porque efectivamente, en el </span></span><span><span><strong>neoplatonismo</strong></span></span><span><span> la producción de los entes es jerárquica: el Primer Principio sólo produce directamente un ente, que a su vez produce otro, etc.</span></span></p>
<p><span><span>Pero es claro que </span></span><span><span><strong>Santo Tomás no le da ese sentido a la cita </strong></span></span><span><span>al integrarla en este artículo, en primer lugar porque sería </span></span><span><span><strong>herética</strong></span></span><span><span>, y en segundo lugar, porque el mismo contexto del artículo, que es lo que hemos expuesto arriba, muestra </span></span><span><span><strong>en qué sentido en todo caso Santo Tomás admitiría que la creatura tenga algo que ver</strong></span></span><span><span> en la comunicación del esse, y por tanto, cómo hay que entender eso de que las formas creadas puedan producir el esse </span></span><span><span><strong>no absolutamente, sino en cuanto éste o tal ser</strong></span></span><span><span><em><strong>, </strong></em></span></span><span><span>que es justamente lo que hemos explicado más arriba.</span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Ademá</span></span></span><span><span><span><span>s</span></span></span></span><span><span><span>, teniendo en cuenta que para Santo Tomás, como vimos, en este artículo de la Suma </span></span></span><span><span><span><strong>dar el esse es lo mismo que crear</strong></span></span></span><span><span><span>, lo que ahí mismo dice sobre la </span></span></span><span><span><span><strong>imposibilidad de que una creatura sea instrumento de la creación divina</strong></span></span></span><span><span><span> conlleva la imposibilidad de que una forma creada sea </span></span></span><span><span><span><strong>mediadora</strong></span></span></span><span><span><span> en el don</span></span></span><span><span><span><strong> del esse como tal, ut actus</strong></span></span></span><span><span><span>:</span></span></span></p>
<p><span><span><em>...una causa segunda instrumental no participa de la acción de la causa superior sino en la medida en que, por algo que le es propio, </em></span></span><span><span><em><strong>opera de modo disposicional </strong></em></span></span><span><span><em>en orden al efecto del agente principal. Por tanto, si no hiciera allí nada según aquello que le es propio, sería empleada en vano para obrar, y no habría necesidad de que existieran instrumentos determinados para acciones determinadas. Así, en efecto, vemos que el hacha, al partir la madera lo cual tiene por la propiedad de su forma produce la forma del banco, que es el efecto propio del agente principal. Pero </em></span></span><span><span><em><strong>aquello que es el efecto propio de Dios creador es lo que se presupone a todos los demás, a saber, el ser en sentido absoluto.</strong></em></span></span><span><span><em> Por eso, </em></span></span><span><span><em><strong>nada puede actuar de modo disposicional e instrumental respecto de este efecto</strong></em></span></span><span><span><em>, puesto que </em></span></span><span><span><em><strong>la creación no procede de algo preexistente que pueda ser dispuesto por la acción de un agente instrumental.</strong></em></span></span><span><span><em> En consecuencia, </em></span></span><span><span><em><strong>es imposible que a criatura alguna le corresponda crear, ni por virtud propia, ni instrumentalmente o por ministerio</strong></em></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span><strong>Esto confirma</strong></span></span><span><span> que cuando Santo Tomás dice</span></span><span><span><strong> que la creatura causa el esse en esto, no está hablando de la producción del esse ut actus por la creatura. </strong></span></span><span><span> </span></span></p>
<p><span><span>D</span></span><span><span>e hecho, al final de ese pasaje dice lo que se desarrolla en el texto recién citado:</span></span></p>
<p><span><span><em>Y de aquí aparece también evidentemente que </em></span></span><span><span><em><strong>ningún ente creado puede causar algo si no es suponiendo previamente algo</strong></em></span></span><span><span><em>. Lo cual repugna a la razón de creación</em></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>En efecto </span></span></span><span><span><strong><span>¿qué se podría presuponer a la comunicación del esse, sin el cual nada existe?</span></strong></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Pero además, Santo Tomás enseña que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Dios no crea ni la materia, ni la forma, ni la sustancia, ni los accidentes, ni la esencia, ni el esse, sino al individuo concreto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> compuesto de todo eso, y al hacerlo, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span></span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>concrea</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> todos esos co-principios metafísicos.</span></span></span></span></p>
<p><span><span>Dice en </span></span><span><span><strong>Ia., q. 45, a. 4, c.</strong></span></span><span><span>:</span></span></p>
<p><span><span><em>Como se ha dicho, ser creado es un modo de ser hecho. Pero el hacerse está ordenado al ser de la cosa. Por lo tanto, </em></span></span><span><span><em><strong>ser hechos y ser creados les corresponde propiamente a aquellos seres a los que les corresponde el ser. Estos son propiamente los seres subsistentes</strong></em></span></span><span><span><em>, bien sean simples, como las sustancias separadas, bien sean compuestos, como las sustancias materiales. Pues el ser le corresponde propiamente al que tiene ser propio y que subsiste en él. Pero </em></span></span><span><span><em><strong>las formas y los accidentes y cosas parecidas no se dice que sean seres en sí mismos, sino en cuanto que otra cosa es tal cosa por ellos,</strong></em></span></span><span><span><em> como se dice que la blancura existe en cuanto que algún sujeto es blanco por ella. Por eso, según el Filósofo, el accidente más que ser en sí mismo es llamado ser de otro ser. Por lo tanto, así como los accidentes y las formas que no subsisten son más bien coexistentes que seres, así, </em></span></span><span><span><em><strong>propiamente deben ser llamados concreados que creados</strong></em></span></span><span><span><em>. Así, pues, propiamente, creados lo son los seres subsistentes.</em></span></span></p>
<p><span><span><span>El esse es el efecto propio de Dios, pero </span></span></span><span><span><span><strong>eso no quiere decir que Dios no pueda tener efectos no propios</strong></span></span></span><span><span><span>, de hecho, </span></span></span><span><span><span><strong>todo lo que la creatura hace, Dios también lo puede hacer </strong></span></span></span><span><span><span><span>(</span></span></span></span><span><span><span><span>siempre que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no vaya contra su perfección</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>: Dios no puede ser </span></span></span></span><span><span><span><em><span>forma</span></em></span></span></span><span><span><span><span> del cuerpo, por ejemplo</span></span></span></span><span><span><span><span>)</span></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span><span><span><span> Dios da el esse, pero el esse finito no puede ser real sino actualizando alguna forma creada, por tanto, </span></span></span><span><span><span><strong>Dios debe producir también esa forma creada,</strong></span></span></span><span><span><span> directamente, como cuando produjo la naturaleza humana </span></span></span><span><span><span><strong>en Adán,</strong></span></span></span><span><span><span> o mediante una causa segunda, como cuando la produjo </span></span></span><span><span><span><strong>en Abel</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En definitiva, como dice el texto tomista, esto consiste en que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Dios produce, entonces, el ente singular existente,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> por ejemplo, Adán, y </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>co-produce, por así decir, los co-principios metafísicos</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que constituyen a Adán, entre ellos, y principalmente, el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>esse</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> de Adán.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y si se quiere pasar de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Sólo Dios da el esse</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> a </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Dios da sólo el esse</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, resulta paradójicamente entonces que aparecen otros, como la forma creada y finita, que también dan el esse, como vimos arriba en Fabro.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Resumiendo entonces, o bien Dios <strong>da el esse a las operaciones </strong>de las creaturas racionales <strong>mediante las formas creadas, o no</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>En el primer caso estamos yendo en contra de la enseñanza de Santo Tomás</strong>, como hemos mostrado. <strong>Sólo Dios puede producir el esse ut actus</strong> y en esa producción la creatura no puede jugar papel alguno, tampoco instrumental. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>En el segundo caso, <strong>Dios produce directamente el esse de la creatura</strong>, sin que la creatura intervenga en la producción del esse ut actus, y la creatura, entonces, <strong>aporta lo que corresponde al plano de la esencia</strong>, o sea, la especificación y limitación del esse. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Pero eso puede ser de dos maneras: <strong>con independencia mutua entre Dios y la creatura como causas, o no. </strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>El primer caso es absurdo</strong>. El hecho de que el esse y la esencia finita coincidieran, por ejemplo, que ambos perteneciesen <strong>a un gato</strong>, sería algo para lo cual no habría razón suficiente, una especie de <strong>azar</strong><strong> metafísic</strong><strong>o</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>En el segundo caso, o bien <strong>Dios, como Causa, depende de la creatura</strong>, o bien <strong>la creatura, como causa, depende de Dios</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Lo primero</strong> es lo que sucede en todas las explicaciones de tipo <strong>molinista</strong> en las que Dios da <strong>un esse indeterminado </strong>y l<strong>a creatura es la que lo determina</strong> a ser esto o aquello, cosa que <strong>con razón Fabro rechaza. </strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Lo segundo es la premoción física, </strong><span>que por tanto es la</span><strong> única alternativa viable</strong>: Dios <strong>da directamente el esse</strong>, y además, <strong>mueve a la forma creada</strong> para que ésta aporte la determinación esencial correspondiente. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>¿Se dirá que hay <strong>otra alternativa más</strong>, en la cual Dios <strong>causa el acto libre específico y concreto sin mover a la voluntad creada</strong>, sino solamente <strong>creando esa voluntad en el acto de moverse a sí misma</strong> a producir ese acto libre? </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Esto sería la <strong>emergencia</strong> fabriana del acto libre de la creatura como manifestación del <strong>esse intensivo</strong> dado por Dios. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>En realidad <strong>no es otra alternativa, sino la unión contradictoria de las dos últimas.</strong> Porque esa misma determinación de la voluntad libre creada a producir este acto y no otro, <strong>o bien tiene, como tal determinación específica, a Dios como Causa, o no</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>En el <strong>primer caso</strong>, estamos en la <strong>última alternativa</strong>, la premoción física, en el <strong>segundo caso</strong>, en la <strong>penúltima</strong>, el molinismo. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Esta alternativa que en realidad es la fusión contradictoria de las dos últimas alternativas también se puede expresar así: en la producción del acto libre, <strong>al mismo tiempo Dios depende de la creatura y la creatura depende de Dios</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span><strong>Dios depende de la creatura</strong></span>, <strong>porque se rechaza la última alternativa</strong>, y entonces sólo queda <strong>que sea la creatura la que limita y determina</strong> en el plano esencial al acto de ser recibido de Dios. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y <strong>la creatura depende de Dios</strong>, porque <strong>se rechaza la penúltima alternativa</strong>, y entonces, sólo queda la última. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Se llega así a <strong>la contradicción</strong>: el acto libre de la creatura racional, en tanto que tal acto específico y determinado, a la vez <strong>tiene y no tiene a Dios como Causa Primera</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y se confirma lo que magistralmente resumió <strong>Garrig</strong><strong>o</strong><strong>u-Lagrange</strong> en muchas menos palabras: <strong>Dios determinante o determinado</strong>, no hay otra posibilidad. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Si se responde, finalmente, que lo que pasa es que <strong>pocos pueden entender</strong> la tesis fabriana, decimos que hay que ir más lejos: <strong>nadie puede entenderla, porque es contradictoria</strong>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>De hecho, en la concepción de Fabro </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la forma creada termina por adquirir una importancia tan grande</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que parece </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>poner en peligro la misma primacía del esse</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que es sin duda el centro de todo el pensamiento de Fabro. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>El tomismo clásico, supuestamente más esencialista, nunca llegó a decir que la forma creada </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>puede producir el esse ut actus</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> o </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que puede actuar con independencia absoluta </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>en el plano predicamental. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En toda la obra de Fabro opera una </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>distinción entre el plano metafísico y el plano existencial</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que en realidad </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no se sostiene</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. En el plano metafísico, la voluntad creada libre </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>depende de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, en el plano existencial, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> En el plano metafísico </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>hay un solo fin último para el hombre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, en el plano existencial el hombre </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>debe elegir entre varios fines últimos posibles</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, etc.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por </span></span></span><span><span><span><strong>plano existencial</strong></span></span></span><span><span><span> se debe entender la </span></span></span><span><span><span><strong>experiencia </strong></span></span></span><span><span><span>que el ser humano tiene de su propia existencia y de todo lo que ella conlleva y que es experimentable por el hombre. Tiene por tanto un elemento de </span></span></span><span><span><span><strong>subjetividad</strong></span></span></span><span><span><span>, pero en la subjetividad puede darse tanto </span></span></span><span><span><span><strong>la verdad</strong></span></span></span><span><span><span> como </span></span></span><span><span><span><strong>el error</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Cuando lo existencial, entonces, </span></span></span><span><span><span><strong>se contrapone</strong></span></span></span><span><span><span> con lo metafísico, no es que estemos ante </span></span></span><span><span><span><strong>un gran misterio</strong></span></span></span><span><span><span>, sino que estamos ante </span></span></span><span><span><span><strong>el error puro y simpl</strong></span></span></span><span><span><span>e.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>De hecho, esa </span></span></span><span><span><span><strong>yuxtaposición de lo existencial y lo metafísico </strong></span></span></span><span><span><span>en Fabro es consecuencia de su </span></span></span><span><span><span><strong>intento imposible</strong></span></span></span><span><span><span> de conciliar el </span></span></span><span><span><span><strong>tomismo</strong></span></span></span><span><span><span> con el </span></span></span><span><span><span><strong>existencialismo</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Eso mismo nota </span></span></span><span><span><span><strong>Benavides</strong></span></span></span><span><span><span> hacia el final de su artículo:</span></span></span></p>
<p><span></span><span><span><span><em>En el pensamiento de Fabro, tal como se ha procurado evidenciar, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>se encuentran distinguidos cuidadosamente dos órdenes: el metafísico y el existencial.</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> En el primero, el acto de ser se revela como acto de todos los actos. En el segundo, </em></span></span></span><span><span><span><em><span>la libertad se revela como acto de todos los actos. </span></em></span></span></span><span><span><span><em>En efecto, la existencia no es otra cosa para el filósofo italiano que la libertad misma en acto (Fabro, 1983a, p. 23). Así pues, a este respecto es menester advertir que Fabro expone un estudio claro y profundo sobre la cuestión del ser. Asimismo, despliega un análisis agudo sobre el problema de la libertad; sin embargo, </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>cabe preguntarse si examina, con el mismo detenimiento y sistematicidad, la relación esencial que se establece, forzosamente, entre dichos actos y órdenes</strong></em></span></span></span><span><span><span><em>. Según mi apreciación personal, el filósofo italiano </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>no logra alcanzar una síntesis suficientemente armónica,</strong></em></span></span></span><span><span><span><em> porque si bien es cierto que en su obra aparecen valiosas indicaciones, sugerencias y anotaciones sobre este asunto, estas se encuentran diseminadas por doquier, sin un tratamiento ordenado ni articulado. Parecería tratarse de intuiciones aisladas que no obtienen, posteriormente, un mayor desarrollo.</em></span></span></span></p>
<p><span><span><span><em><span>Probablemente la separación o hyatus entre el plano metafísico y el existencial no sea sino </span></em></span></span></span><span><span><span><em><strong><span>la consecuencia inevitable de la antítesis misma que se presenta entre dos instancias teoréticas de suyo divergentes: por un lado, la tomasiana del esse ut actus; por otro lado, la moderna fundamentalmente idealista de la libertas ut actus.</span></strong></em></span></span></span><span><span><span><em><span> Si este hecho se corroborara, debería entonces afirmarse que la esfera metafísica y la esfera existencial </span></em></span></span></span><span><span><span><em><strong><span>no representan solamente dos perspectivas de análisis diferentes sino, antes bien, dos concepciones metafísicas distintas.</span></strong></em></span></span></span><span><span><span><em><span> Tal aserción, sin embargo, reclama ulteriores especificaciones que abren el tema a futuras investigaciones</span></em></span></span></span><span><span><span></span></span></span><sup><span><span><span><a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote22sym" name="sdendnote22anc">xxii</a></span></span></span></sup><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por lo que tiene que ver con l</span></span></span><span><span><span><strong>a voluntad y la libertad,</strong></span></span></span><span><span><span> conviene, por lo visto, definir un poco los términos.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Sin duda que tenemos </span></span></span><span><span><span><strong>apetitos sensibles</strong></span></span></span><span><span><span>, como el hambre o la sed, pero también tenemos un </span></span></span><span><span><span><strong>apetito racional</strong></span></span></span><span><span><span>, por ejemplo, el deseo de justicia. La justicia no tiene color, olor ni sabor, no es objeto de un apetito sensible, pero es deseada y apetecida, y a veces mucho. </span></span></span><span><span><span><strong><span>Ese apetito racional ,</span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span> como acto, es la volición, y como facultad de la que procede ese acto, es la voluntad</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Ahora bien, todo apetito o deseo, es apetito o deseo </span></span></span><span><span><span><strong>de algo</strong></span></span></span><span><span><span>. No se puede desear y ya, apetecer sin más, sin desear o apetece</span></span></span><span><span><span>r</span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span><strong>algo determinado.</strong></span></span></span><span><span><span> El deseo </span></span></span><span><span><span><strong>de justicia</strong></span></span></span><span><span><span>, por ejemplo, es deseo </span></span></span><span><span><span><strong>de algo</strong></span></span></span><span><span><span>: la justicia. La misma felicidad, indeterminada como es en cuanto a su contenido, </span></span></span><span><span><span><strong>es determinada en tanto que felicidad:</strong></span></span></span><span><span><span> apetecer la felicidad no es lo mismo que apetecer un vaso de agua o un ascenso en el trabajo.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Por eso mismo, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no se puede desear sino aquello que de algún modo se conoce.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> La voluntad totalmente independiente de la inteligencia no es voluntad. La voluntad </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>necesita un objeto, pero ese objeto no se lo da ella misma</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span><span><span><span><span>El acto de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tender a un objeto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> no es lo mismo que el acto de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>identificarlo como </span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>ese</span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span> objeto </span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>específico</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, que es necesariamente </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>anterior.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> Mientras que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tender hacia</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> tiene que ver con el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>bien </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>y es algo de la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>voluntad</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>identificar</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> tiene que ver con la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>verdad,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> y es algo del </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>intelecto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. El objeto que la voluntad </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>apetece</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> debe serle presentado antes por el intelecto como </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>objeto apetecible</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y en efecto, </span></span></span><span><span><span><strong>si no tuviésemos idea alguna</strong></span></span></span><span><span><span> de la justicia, no podríamos desearla.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Pero dice Fabro que el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>objeto,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> presentado por el intelecto, es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>condición, no causa</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, del acto de la voluntad.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Si el objeto conocido por el intelecto es condición y no causa del acto voluntario, entonces </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>dado el objeto, la voluntad todavía puede quererlo o no.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> En ese caso, si lo quiere, lo quiere </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>independientemente del objeto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, lo cual va contra la naturaleza misma de la voluntad.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Se objetará que la </span></span></span><span><span><span><strong>libertad</strong></span></span></span><span><span><span> de la voluntad consiste precisamente en </span></span></span><span><span><span><strong>poder querer o no querer el bien que se le presenta</strong></span></span></span><span><span><span>. Pero eso es así </span></span></span><span><span><span><strong>mientras dura la deliberación,</strong></span></span></span><span><span><span> que va enfocando sucesivamente las virtudes y los defectos de las distintas opciones. </span></span></span><span><span><span><strong>Al terminar la deliberación, si la voluntad todavía puede seguir o no seguir </strong></span></span></span><span><span><span>el último juicio práctico del intelecto, entonces, si lo sigue, lo </span></span></span><span><span><span>ha</span></span></span><span><span><span>ce</span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span><strong>independientemente del intelecto</strong></span></span></span><span><span><span>, contra la naturaleza de la voluntad.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Por tanto, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el intelecto no es solamente condición, sino también causa del acto voluntario</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>De lo contrario, tenemos una idea de la voluntad como </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>algo que se determina a sí mismo exclusivamente desde dentro, independientemente de un objeto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que luego termina, sin embargo, siendo el objeto de ese querer voluntario, sin que se sepa porqué, pues la voluntad lo habría elegido a ese objeto </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>sin razón suficiente alguna</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Además, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el objeto no es una materia neutra sobre la que cae la elección de la voluntad, </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>sino que es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>un bien</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, al cual le corresponde ser </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>apetecible</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. Es decir, el objeto </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>atrae a la voluntad</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> y está por tanto en condiciones de ser </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>causa y no solamente condición</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> del querer voluntario.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Es cierto que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el bien particular no atrae necesariamente a la voluntad</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, pero eso es así porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>mientras dura la deliberación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, se van presentando razones para quererlo y razones para no quererlo. Al terminar, en cambio, la deliberación, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el último juicio práctico sólo muestra razones para querer ese bien particular</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, y por eso determina a la voluntad.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Si así no fuese, repetimos, entonces la voluntad pondría su acto </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>con independencia respecto del objeto querido</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span><span><span><span><span>pues </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>daría lo mismo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> la bondad y apetibilidad de ese objeto en orden a </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>ser querido o no</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> por la voluntad. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Luego viene la </span></span></span><span><span><span><strong>libertad</strong></span></span></span><span><span><span>. Ante todo, </span></span></span><span><span><span><span>hay que</span></span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span>aclarar que </span></span></span><span><span><span><strong>sólo tiene sentido discutir acerca de la libertad de elección</strong></span></span></span><span><span><span>. La sola </span></span></span><span><span><span><strong>libertad de coacción externa </strong></span></span></span><span><span><span>no es aquello sobre lo que se discute cuando se pregunta si el ser humano </span></span></span><span><span><span><strong>tiene libre albedrío, es libre.</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>Libertad de coacción externa tiene la planta</strong></span></span></span><span><span><span> que brota desde el suelo por impulso espontáneo interno, sin que nadie la fuerce desde fuera, pero </span></span></span><span><span><span><strong>no tiene libre albedrío</strong></span></span></span><span><span><span>, porque obra necesariamente y no puede elegir.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>¿</span></span></span><span><span><span><strong>A qué facultad humana corresponde la libertad de elección</strong></span></span></span><span><span><span>? Baste pensar que</span></span></span><span><span><span><strong> las cosas se apetecen porque son buenas o aparecen</strong></span></span></span><span><span><span><strong>,</strong></span></span></span><span><span><span><strong> al menos</strong></span></span></span><span><span><span><strong>,</strong></span></span></span><span><span><span><strong> como tales</strong></span></span></span><span><span><span>, y que en la elección se trata de ver cuál es la alternativa </span></span></span><span><span><span><strong>mejor, o sea, más buena. </strong></span></span></span><span><span><span> Por tanto, </span></span></span><span><span><span><strong>la elección es algo del apetito</strong></span></span></span><span><span><span>, que tiende al bien. ¿Qué apetito, el sensible o el racional? La elección </span></span></span><span><span><span><strong>sigue en nosotros a la deliberación de la razón</strong></span></span></span><span><span><span>, por tanto, es una capacidad </span></span></span><span><span><span><strong>del apetito racional, o sea, de la voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Queda responder a la </span></span></span><span><span><span><strong>objeción</strong></span></span></span><span><span><span> que dice:</span></span></span></p>
<p><span></span><span><span><span><strong>Si la voluntad sigue siempre al intelecto ¿dónde queda el libre albedrío?</strong></span></span></span><span><span><span> Aun concediendo que la voluntad no está necesariamente determinada por el bien particular como tal, todavía habría que admitir, entonces, que el bien particular determina a la voluntad en la situación en la que se encuentra, a saber, </span></span></span><span><span><span><strong>si resulta que objetivamente es superior a los otros bienes particulares que entran en juego en esa decisión</strong></span></span></span><span><span><span>. Porque entonces el intelecto necesariamente apuntaría a ese bien que en ese contexto es el superior, y la voluntad necesariamente seguiría al intelecto; </span></span></span><span><span><span><strong>no habría, entonces, libertad</strong></span></span></span><span><span><span>, salvo que se quiera, absurdamente, hacer depender a la libertad </span></span></span><span><span><span><strong>de un error </strong></span></span></span><span><span><span>del intelecto.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y aquí, la respuesta magistral de Santo Tomás y del tomismo clásico es que</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> así como la voluntad, en un sentido, depende del intelecto, </span></span></span><span><span><span><strong>en otro sentido el intelecto depende de la voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span><span><span><span><span>Causae </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>ad invicem sunt causae</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> in diverso genere, las causas </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>son causas recíprocamente en diverso género</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>En efecto, veamos </span></span></span><span><span><span><strong>qué diferencia hay entre el orden de la especificación y el orden del ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span>. Sus mismos nombres ya lo indican: la </span></span></span><span><span><span><strong>especie</strong></span></span></span><span><span><span> de algo depende de su </span></span></span><span><span><span><strong>forma</strong></span></span></span><span><span><span>, y lo que </span></span></span><span><span><span><strong>especifica</strong></span></span></span><span><span><span> los actos y las facultades son los </span></span></span><span><span><span><strong>objetos </strong></span></span></span><span><span><span>de esos actos y facultades</span></span></span><span><span><span>;</span></span></span><span><span><span> mientras que el </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span> tiene que ver con la </span></span></span><span><span><span><strong>acción</strong></span></span></span><span><span><span>, la cual </span></span></span><span><span><span><strong>se ordena a un fin.</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por eso, </span></span></span><span><span><span><strong>el intelecto determina a la voluntad a modo de causa formal</strong></span></span></span><span><span><span>, presentando la </span></span></span><span><span><span><strong>forma o esencia</strong></span></span></span><span><span><span> que determina que </span></span></span><span><span><span><strong>el objeto conocido</strong></span></span></span><span><span><span> sea </span></span></span><span><span><span><span>és</span></span></span></span><span><span><span>e y no otro. </span></span></span><span><span><span><strong>La voluntad determina al intelecto como causa eficiente</strong></span></span></span><span><span><span>, moviéndolo a considerar o no considerar, considerar esto o aquello, y en el orden de la </span></span></span><span><span><span><strong>causa final</strong></span></span></span><span><span><span>, pues la voluntad mueve al intelecto a considerar en la medida en que considerar aparece como algo </span></span></span><span><span><span><strong>bueno y apetecible</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y por eso la insuperable formulación de la </span></span></span><span><span><span><strong>tesis tomista N</strong></span></span></span><span><span><span><strong>°</strong></span></span></span><span><span><span><strong>. XXI</strong></span></span></span><span><span><span>:</span></span></span></p>
<p><span></span><span><span><span><em>La voluntad sigue al entendimiento, no le precede, y apetece necesariamente aquello que </em></span></span></span><span><span><span><em>se </em></span></span></span><span><span><span><em>le presenta como un bien que sacia por completo al apetito; empero elige libremente entre aquellos otros bienes cuya apetencia depende de un juicio variable. </em></span></span></span><span><span><span><em><strong>La elección sigue, por consiguiente, al último juicio práctico, y a la voluntad toca determinar cuál sea el último</strong></em></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Sí, aquel juicio práctico en el que el intelecto detiene su deliberación </span></span></span><span><span><span><strong>determina a la voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>. Pero es la voluntad la que </span></span></span><span><span><span><strong>hace detener la deliberación</strong></span></span></span><span><span><span> del intelecto </span></span></span><span><span><span><strong>en ese juicio práctico y no en otro.</strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Pero se objetará: Bien, pero de todos modos, </span></span></span><span><span><span><strong>en una situación dada, habría objetivamente un bien que es el mayor</strong></span></span></span><span><span><span>. Entonces no se ve otra libertad posible que la que procede del error objetivo del intelecto.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>A lo que se responde que </span></span></span><span><span><span><strong><span>tratándose de bienes finitos, sólo </span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>pueden</span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span> ser un bien objetivamente mayor bajo algún aspecto particular, no bajo todo aspecto posible</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span> y que por eso mismo, siempre es posible otra consideración bajo la cual </span></span></span><span><span><span>e</span></span></span><span><span><span>se no sea el bien objetivamente mayor, sino otro, quedando a la voluntad, entonces, determinar cuál de esas consideraciones intelectuales sea aquella en la que termine la deliberación del intelecto y que</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> por tanto, determine a la voluntad.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En efecto, </span></span></span><span><span><span><strong>un bien puede ser </strong></span></span></span><span><span><strong>superior en utilidad, pero inferior en honestidad</strong></span></span><span><span>; superior en placer, pero inferior en estabilidad; superior para un fin, pero inferior para otro, etc.</span></span></p>
<p><span><span><strong><span>Nada más errado, entonces,</span></strong></span></span><span><span><span> que decir que el tomismo clásico es una forma de </span></span></span><span><span><strong><span>determinismo intelectualista</span></strong></span></span><span><span><span>, socrático, espinozista o leibnitziano. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Hay que distinguir, además, entre </span></span></span><span><span><span><strong>la persona libre, la voluntad libre y el acto libre</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>La persona es libre porque tiene una voluntad libre</strong></span></span></span><span><span><span>, y </span></span></span><span><span><span><strong>la voluntad es libre porque sólo está determinada a querer necesariamente el bien en genera</strong></span></span></span><span><span><span>l, pudiendo por tanto querer o no querer </span></span></span><span><span><span><span>los </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>bienes particulares,</span></strong></span></span></span><span> </span><span><span><span><span>salvo que éstos tengan conexión necesaria con el fin último</span></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>El acto </strong></span></span></span><span><span><span><strong>de la</strong></span></span></span><span><span><span><strong> voluntad es libre</strong></span></span></span><span><span><span> porque su objeto, el bien particular, aún en el acto de ser querido </span></span></span><span><span><span><strong>no determina necesariamente a la voluntad a quererlo</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Fabro dice </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que la libertad define, constituye, a la persona como tal</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Sobre este punto, en el trabajo de </span></span></span><span><span><span><strong>Rago</strong></span></span></span><span><span><span> citado al comienzo se hace notar que hay </span></span></span><span><span><span><strong>un problema cristológico</strong></span></span></span><span><span><span>: N. S. </span></span></span><span><span><span>Jesucristo </span></span></span><span><span><span><strong>tuvo libertad creada, pero no </strong></span></span></span><span><span><span><strong>tuvo </strong></span></span></span><span><span><span><strong>personalidad ontológica creada</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>La </span></span></span><span><span><span><strong>identidad entre persona y libertad</strong></span></span></span><span><span><span>, entonces, aplicada a N. S. Jesucristo llevaría al </span></span></span><span><span><span><strong>nestorianismo</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y en la Santísima Trinidad tenemos </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tres Personas</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, pero en Dios no hay sino </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>una Voluntad libre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, no tres voluntades ni tres libertades.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>En realidad, </span></span></span><span><span><span>en lo creado </span></span></span><span><span><span>l</span></span></span><span><span><span><strong>a libertad </strong></span></span></span><span><span><span><strong>no es la persona</strong></span></span></span><span><span><span>, sino que es </span></span></span><span><span><span>una </span></span></span><span><span><span><strong>propiedad </strong></span></span></span><span><span><span>de una </span></span></span><span><span><span><strong>facultad </strong></span></span></span><span><span><span>de la persona, que es la </span></span></span><span><span><span><strong>voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Si la libertad constituye a la persona, como dice Fabro, entonces </span></span></span><span><span><span><strong>no puede suponer una naturaleza previa</strong></span></span></span><span><span><span>, porque </span></span></span><span><span><span><strong>eso no sería constituido por ella</strong></span></span></span><span><span><span>. La libertad sería entonces un comienzo absoluto, que ante todo </span></span></span><span><span><span><strong>debería elegir existir en vez de no existir, y debería elegir ser libre en vez de no serlo</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span><span><span><span>Como vimos en el texto citado de Benavides, para Fabro</span></span></span><span><span><span> la libertad radical es </span></span></span><span><span><em><strong>la capacidad del mover el moverse mismo, del moverse a sí mismo, del querer querer, del liberarse a libertad</strong></em></span></span><span><span><em>.</em></span></span></p>
<p><span><span>Pero ahí se entra en </span></span><span><span><strong>un círculo insalvable</strong></span></span><span><span>. La libertad </span></span><span><span><strong>no puede determinar libremente su propia existencia</strong></span></span><span><span>, porque para eso </span></span><span><span><strong>debería ya existir.</strong></span></span><span><span> Y </span></span><span><span><strong>tampoco puede determinar libremente su propia libertad</strong></span></span><span><span>, porque para eso </span></span><span><span><strong>ya debería ser previamente libre.</strong></span></span></p>
<p><span><span><span>Por eso </span></span></span><span><span><strong><span>la libertad no puede ser el último fondo de nada</span></strong></span></span><span><span><span>, pues </span></span></span><span><span><strong><span>ha de presuponer siempre una naturaleza existente y dotada de libertad</span></strong></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y por eso </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la libertad no puede identificarse con el esse</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, como parece que hace Fabro. Porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el esse sí es el último fondo de las cosas</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, más radical aún que la misma esencia o naturaleza.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span>El <strong>i</strong></span></span><span><span><strong>ntelecto</strong></span></span><span><span>, entonces, </span></span><span><span><strong>abstrae</strong></span></span><span><span> de la experiencia la noción del </span></span><span><span><strong>bien en general</strong></span></span><span><span> y la </span></span><span><span><strong>voluntad</strong></span></span><span><span>, </span></span><span><span>que es el apetito que sigue al intelecto, por eso mismo tiene al bien en general como </span></span><span><span>a </span></span><span><span>su</span></span><span><span> </span></span><span><span><strong>objeto </strong></span></span><span><span><strong>natural. </strong></span></span><span><span> </span></span></p>
<p><span><span>En tanto que apetecido por la voluntad, ese objeto es la </span></span><span><span><strong>felicidad</strong></span></span><span><span>, y en tanto que es el </span></span><span><span><strong>término</strong></span></span><span><span> al que apuntan todas las </span></span><span><span><strong>acciones</strong></span></span><span><span>, desencadenadas por el apetito, es el </span></span><span><span><strong>fin último</strong></span></span><span><span>. En la realidad de las cosas, </span></span><span><span><strong>se identifica con Dios, Bien Supremo</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><strong>Los medios se quieren en orden al fin</strong></span></span><span><span>, por tanto, </span></span><span><span><strong>el fin se quiere antes que los medios</strong></span></span><span><span>, y ante todo, entonces, se quiere </span></span><span><span><strong>el fin último</strong></span></span><span><span>, en función del cual se quiere todo lo demás que se quiere.</span></span></p>
<p><span><span>El </span></span><span><span><strong>primer acto de la voluntad</strong></span></span><span><span>, por tanto, absolutamente hablando, es </span></span><span><span><strong>la volición del fin último</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>Este primer acto de la voluntad </span></span></span><span><span><strong><span>depende de aquella captación abstracta y universal del bien por parte del intelecto</span></strong></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Este acto </span></span></span><span><span><strong><span>no es libre en el orden de la especificación</span></strong></span></span><span><span><span>, porque el bien en general, </span></span></span><span><span><span>en tanto que </span></span></span><span><span><strong><span>objeto natural de la voluntad,</span></strong></span></span><span><span><span> la</span></span></span><span> </span><span><span><strong><span>determina necesariamente</span></strong></span></span><span><span><span> a la voluntad a quererlo.</span></span></span></p>
<p><span><span>Ese primer acto de la voluntad </span></span><span><span><strong>sí es libre en el plano del ejercicio,</strong></span></span><span><span> porque </span></span><span><span>es </span></span><span><span><strong>un bien particular,</strong></span></span><span><span> que como tal </span></span><span><span><strong>no determina</strong></span></span><span><span> a la voluntad a quererlo. </span></span><span><span><strong>No es, sin embargo, un acto deliberado, </strong></span></span><span><span><span>porque toda deliberación es </span></span></span><span><span><strong>sobre los que se ordena al fin</strong></span></span><span><span><span>, y supone por tanto ya en acto el querer </span></span></span><span><span><strong>del fin</strong></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span>Por donde se ve que </span></span><span><span><strong>todo lo deliberado es libre, pero no inversamente</strong></span></span><span><span>. </span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span>En el tomismo se distingue entre </span></span><span><span><strong>apetito innato</strong></span></span><span><span>, que </span></span><span><span><span>n</span></span></span><span><span><strong><span>o depende del conocimiento</span></strong></span></span><span> </span><span><span><span>del propio sujeto</span></span></span><span><span>, y </span></span><span><span><strong>apetito elícito</strong></span></span><span><span>, que </span></span><span><span><strong>depende del conocimiento</strong></span></span><span><span> </span></span><span><span><span>del propio apetente.</span></span></span><span><span> Pero hay que distinguir, por lo dicho, también entre el </span></span><span><span><strong><span>apetito elícito natural</span></strong></span></span><span><span><span>, que depende de un conocimiento </span></span></span><span><span><strong><span>no deliberativo</span></strong></span></span><span><span><span>, y el </span></span></span><span><span><strong><span>apetito elícito libre</span></strong></span></span><span><span><span>, que depende de un conocimiento </span></span></span><span><span><strong><span>deliberativo</span></strong></span></span><span><span><span>: al</span></span></span><span><span><strong><span> primer </span></strong></span></span><span><span><span><strong><span>tipo</span></strong></span></span></span><span> </span><span><span><span>pertenece</span></span></span><span><span><strong><span> el primer querer de la felicidad </span></strong></span></span><span><span><span>en el hombre.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>Una vez en acto la voluntad respecto del fin último</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, entonces sí puede haber </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>actos voluntarios libres,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> hechos bajo el paraguas de la volición del bien en general y teniendo como objetos </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>bienes particulares</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que, por serlo, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no imponen a la voluntad la necesidad de quererlos</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span><span><span><span><span>si no tienen relación necesaria con el fin último</span></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En efecto, la </span></span></span><span><span><span><strong>autodeterminación de la voluntad en sentido fuerte</strong></span></span></span><span><span><span> incurre en la contradicción señalada por Santo Tomás de Aquino en su </span></span></span><span><span><span><span>Primera Vía</span></span></span></span><span><span><span>: </span></span></span><span><span><span><strong>nada puede en sentido estricto moverse a sí mismo</strong></span></span></span><span><span><span>, porque para mover hay que estar en acto, y para ser movido hay que estar en potencia, y nada puede estar al mismo tiempo en acto y en potencia respecto de lo mismo.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>De ahí el principio tomista: </span></span></span><span><span><span><strong><span>todo lo que se mueve es movido por otro</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. Es decir, todo pasaje de potencia a acto supone el influjo de un ente ya en acto, porque el acto es más que la potencia y no se da lo que no se tiene, la potencia sola no puede actualizarse, por eso dice el Aquinate que para mover hay que estar en acto.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>La autodeterminación operativa de la voluntad, sin más,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> implica algo absurdo, a saber, que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la voluntad se da a sí misma el acto segundo, operativo, del que carece</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>De hecho, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la autodeterminación misma debería ser una operación </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>de la voluntad, que entonces requeriría otra autodeterminación previa, y así </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>in infinitum</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong>No cabe objetar que en Dios la autodeterminación voluntaria es precisamente así,</strong></span></span></span><span><span><span> ya que la Voluntad divina </span></span></span><span><span><span><strong>no puede depender de causa alguna</strong></span></span></span><span><span><span>, porque en Dios, precisamente, que es </span></span></span><span><span><span><strong>Inmutable,</strong></span></span></span><span><span><span> el acto libre de </span></span></span><span><span><span><span>la Voluntad divina</span></span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span><strong>no implica ninguna novedad ontológica</strong></span></span></span><span><span><span> que afecte a Dios mismo: la novedad aparece solamente en el término creado de ese acto libre divino.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><strong>Absolutamente hablando, </strong></span></span><span><span>entonces,</span></span><span><span><strong> la voluntad no puede moverse a sí misma a querer el fin último</strong></span></span><span><span>. La solución de Santo Tomás es que es movida para ello </span></span><span><span><strong>por Dios</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Dice en efecto en </span></span><span><span><strong>Ia. IIae., q. 9, a. 4</strong></span></span><span><span><span><strong>, c.</strong></span></span></span><span><span>:</span></span></p>
<p><span><span><em>[la voluntad] </em></span></span><span><span><em><strong>se mueve a sí misma cuando de querer el fin pasa a querer lo que es para el fin</strong></em></span></span><span><span><em>; pero esto no podría hacerlo si no mediara </em></span></span><span><span><em><strong>el consejo</strong></em></span></span><span><span><em>, porque, cuando uno quiere sanar, comienza a pensar cómo puede conseguirlo y, mediante este pensamiento, llega a que puede sanar con la ayuda de un médico, y lo quiere. Pero, porque no siempre quiso en acto la salud, es necesario que comience a querer sanar por la moción de algo. Incluso </em></span></span><span><span><em><strong>si se hubiera movido a sí misma, sería necesario que lo hiciera mediante consejo, procedente de otra voluntad previa.</strong></em></span></span><span><span><em> Pero esto </em></span></span><span><span><em><strong>no se puede llevar hasta el infinito</strong></em></span></span><span><span><em>. Por consiguiente, es necesario afirmar que </em></span></span><span><span><em><strong>la voluntad necesita arrancar del impulso de algo exterior que la mueva para su primer movimiento</strong></em></span></span><span><span><em>, como concluye Aristóteles en un capítulo de la É</em></span></span><span><span><em><span>tica</span></em></span></span><span><span><em> a Eudemo</em></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Y en el art. 6 </span></span><span><span><span>de esta misma cuestión</span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span>concluye </span></span><span><span><strong>que ese motor externo es Dios</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En cuanto a la supuesta </span></span></span><span><span><span><strong>independencia de la voluntad respecto del intelecto</strong></span></span></span><span><span><span> en el orden del ejercicio, que sostiene Fabro, depende de la tesis de la </span></span></span><span><span><span><strong>independencia de la voluntad respecto del objeto</strong></span></span></span><span><span><span> en el orden del ejercicio, pues</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> como vimos, es el intelecto el que presenta su objeto a la voluntad.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Pero esto último es falso, a saber, que la voluntad no dependa del objeto en el orden del ejercicio. Porque </span></span></span><span><span><span><strong>sin objeto querido, la voluntad no puede querer nada</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span><span><span><span><strong>Querer obrar en vez no obrar</strong></span></span></span><span><span><span>, que es lo propio de la voluntad en el orden del ejercicio, es inseparablemente </span></span></span><span><span><span><strong>querer obrar esto en vez de no obrarlo</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span>En efecto, </span></span><span><span><strong>el ejercicio tiene que ver con la existencia del acto</strong></span></span><span><span><span><strong>;</strong></span></span></span><span><span><strong> la especificación, con su contenido. </strong></span></span><span><span>La libertad de </span></span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span><span><span> se refiere a la capacidad de </span></span><span><span><strong>poner o no poner</strong></span></span><span><span> el acto, la libertad de </span></span><span><span><strong>especificación</strong></span></span><span><span> se refiere a la capacidad de </span></span><span><span><strong>ponerlo en relación con este contenido o con aquel otro</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span>Santo Tomás dice que </span></span><span><span><strong>el ejercicio dice relación al sujeto, y la especificación, al objeto.</strong></span></span><span><span> Se refiere con ello a que lo que hace la diferencia entre </span></span><span><span><strong>querer y no querer </strong></span></span><span><span>es el sujeto, mientras que lo que hace la diferencia entre </span></span><span><span><strong>querer esto y querer aquello</strong></span></span><span><span> es el objeto.</span></span></p>
<p><span><span><strong><span>Pero eso no quiere decir que el objeto esté ausente en el plano del ejercicio.</span></strong></span></span><span><span><span> En realidad, </span></span></span><span><span><strong><span>el objeto explica ambos tipos de libertad</span></strong></span></span><span><span><span>, porque es la desproporción entre el bien particular y el bien en general, objeto de la voluntad, lo que hace posible tanto que la voluntad </span></span></span><span><span><strong><span>quiera o no quiera ese bien (ejercicio) </span></strong></span></span><span><span><span>como que </span></span></span><span><span><strong><span>quiera ese bien o quiera otro (especificación)</span></strong></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><strong><span>Ambos órdenes son inseparables</span></strong></span></span><span><span><span>, porque no es posible querer un bien particular sin quererlo en lugar de otros bienes particulares, y no es posible querer algo en vez de otra cosa sin querer ese algo en vez de no quererlo.</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> por eso mismo, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no hay acto de la voluntad que no dependa de la presentación a la voluntad de un objeto por parte del intelecto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span>En cuanto </span></span></span><span><span><span><strong>al texto citado del </strong></span></span></span><span><span><span><em><strong>De Malo</strong></em></span></span></span><span><span><span><strong></strong></span></span></span><span><span><span> de Santo Tomás, allí el Aquinate distingue entre el </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span> del acto voluntario y su </span></span></span><span><span><span><strong>especificación</strong></span></span></span><span><span><span>. El primero lo refiere al </span></span></span><span><span><span><strong>sujeto</strong></span></span></span><span><span><span> volente</span></span></span><span><span><span>;</span></span></span><span><span><span> el segundo, al </span></span></span><span><span><span><strong>objeto</strong></span></span></span><span><span><span> querido. En el orden de la especificación del acto, dice, que es el orden del objeto, lo primero es </span></span></span><span><span><span><strong>la forma</strong></span></span></span><span><span><span>;</span></span></span><span><span><span> mientras que en el orden del ejercicio del acto, que es el del sujeto, lo primero es </span></span></span><span><span><span><strong>el fin</strong></span></span></span><span><span><span>. Pero la forma pertenece </span></span></span><span><span><span><strong>al intelecto</strong></span></span></span><span><span><span>, al que le corresponde lo verdadero, mientras que el fin pertenece </span></span></span><span><span><span><strong>a la voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>, a la que le corresponde el bien. Por tanto, en el orden de la </span></span></span><span><span><span><strong>especificación</strong></span></span></span><span><span><span>, el primer motor es el </span></span></span><span><span><span><strong>intelecto</strong></span></span></span><span><span><span>, mientras que en el orden del </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span>, el primer motor es </span></span></span><span><span><span><strong>la voluntad</strong></span></span></span><span><span><span>, que por eso mueve a las demás facultades, pues dispone también de los actos de estas facultades en orden al fin del obrar del agente. Ahí viene la famosa frase: </span></span></span><span><span><span><strong>Entiendo porque quiero</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por tanto, dice Santo Tomás, </span></span></span><span><span><strong><span>hay que ver si la voluntad actúa por necesidad, tanto</span></strong></span></span><span><span><strong> en el orden del ejercicio, como en el de la especificación.</strong></span></span><span><span> Y empieza diciendo que en </span></span><span><span><strong>el orden del ejercicio, la voluntad se mueve a sí misma</strong></span></span><span><span>, como mueve a las demás facultades. </span></span><span><span><strong>No, sin embargo, aclara, que esté al mismo tiempo en potencia y en acto respecto de lo mismo</strong></span></span><span><span><span>: </span></span></span><span><span>en este sentido, ya dijo en la </span></span><span><span><span>Primera Vía </span></span></span><span><span>que nada puede moverse a sí mismo, ya que sería contradictorio. Sino, dice, en el sentido de que </span></span><span><span><strong>un acto de la voluntad mueve a otro acto de la voluntad</strong></span></span><span><span>. Esto ya nos muestra que ese automovimiento de la voluntad es relativo, pues</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> a su vez</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> hay que explicar ese movimiento anterior de la voluntad. Y sin más pasa a decir, que eso sucede </span></span><span><span><strong>cuando la voluntad, una vez que quiere un bien determinado, por medio de la deliberación del intelecto (con</strong></span></span><span><span><span><strong>s</strong></span></span></span><span><span><strong>ilio) se determina a querer aquello que le hará posible tener ese bien determinado</strong></span></span><span><span>, es decir, </span></span><span><span><strong>una vez que la voluntad quiere un fin, por medio del intelecto se determina a querer los medios que llevan a ese fin.</strong></span></span><span><span> Y en seguida dice que, como </span></span><span><span><strong>el consilio o deliberación es acerca de lo que puede ser de un modo u otro</strong></span></span><span><span>, entonces por ese lado la voluntad </span></span><span><span><strong>no está sujeta a la necesidad</strong></span></span><span><span> en su querer, o sea, diríamos nosotros, quiere </span></span><span><span><strong>libremente</strong></span></span><span><span>.</span></span></p>
<p><span><span><span>Luego considera </span></span></span><span><span><span><strong>el orden de la especificación</strong></span></span></span><span><span><span>, y dice que ahí la voluntad no es determinada por el objeto, porque éste es </span></span></span><span><span><span><strong>un bien particular</strong></span></span></span><span><span><span>, que según algún aspecto puede ser visto como conveniente, y</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> según otro, como no conveniente.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Ahora bien, esa es precisamente la razón por la cual, en su explicación de la libertad de la voluntad en el orden del </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span>, el </span></span></span><span><span><span><strong>consilio o deliberación no impone necesidad a la voluntad,</strong></span></span></span><span><span><span> a saber, </span></span></span><span><span><span><strong>porque el objeto de la deliberación es siempre un bien particular</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span>Por tanto, </span></span><span><span><span><strong>Santo Tomás aplica la misma explicación del libre albedrío tanto al orden del ejercicio como al orden de la especificación</strong></span></span></span><span><span><span>: la voluntad es libre ante el bien particular porque está necesariamente determinada a querer su propio objeto, que es el bien universal. Y</span></span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span><span> por eso, como tanto </span></span></span><span><span><span><strong>querer esto en vez de no quererlo</strong></span></span></span><span><span><span> (plano del </span></span></span><span><span><span><strong>ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span>) como </span></span></span><span><span><span><strong>querer esto en vez de querer aquello otro</strong></span></span></span><span><span><span> (plano de la </span></span></span><span><span><span><strong>especificación</strong></span></span></span><span><span><span>) se refiere</span></span></span><span><span><span>n</span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span><strong>a bienes particulares</strong></span></span></span><span><span><span>, que son presentados como tales a la voluntad </span></span></span><span><span><span><strong>por el intelecto</strong></span></span></span><span><span><span>, por eso la voluntad tiene libertad de ejercicio y libertad de especificación, en ambos casos </span></span></span><span><span><span><strong>en dependencia del intelecto</strong></span></span></span><span><span><span> que le presenta como </span></span></span><span><span><span><strong>objeto</strong></span></span></span><span><span><span> un </span></span></span><span><span><span><strong>bien</strong></span></span></span><span><span><span> particular.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>contradictorio,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> obviamente, querer aunar en el acto libre creado tanto la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>dependencia absoluta </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>respecto de Dios como la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>absoluta independencia</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> respecto de Dios.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>El recurso a </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Kierkegaard</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> no ayuda en nada. </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Una Omnipotencia tan grande que puede hacer que exista una creatura independiente de ella misma,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> incurre en </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>dos contradicciones</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> a la vez: una, por la cual </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>caería bajo la Omnipotencia divina la limitación de la misma Omnipotencia divina,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> y otra, por la cual la creatura </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>dependería de esa retirada de la Omnipotencia divina precisamente para ser independiente</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> de ella.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Por lo que toca a </span></span></span><span><span><span><strong>lo primero</strong></span></span></span><span><span><span>, la Omnipotencia, como enseña Santo Tomás, </span></span></span><span><span><span><strong>no se extiende a lo contradictorio</strong></span></span></span><span><span><span>, y </span></span></span><span><span><span><strong>es contradictorio que la Omnipotencia sea limitada en tanto que Omnipotencia</strong></span></span></span><span><span><span>. En efecto, una Omnipotencia limitada por eso mismo ya no es Omnipotencia.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>Además, </span></span></span><span><span><span><strong>Dios es Omnipotente por naturaleza o Esencia, y</strong></span></span></span><span><span><span><strong>,</strong></span></span></span><span><span><span><strong> por tanto, en forma necesaria</strong></span></span></span><span><span><span>, de modo que </span></span></span><span><span><span><strong>sería contradictorio que Dios no fuese Omnipotente</strong></span></span></span><span><span><span>, de donde también es contradictoria una Omnipotencia limitada. </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Parecería </span></span></span><span><span><span>que se quiere</span></span></span><span><span><span> </span></span></span><span><span><span><strong>someter </strong></span></span></span><span><span><span><strong>aquí</strong></span></span></span><span><span><span><strong> la misma Omnipotencia divina a la Libertad divina</strong></span></span></span><span><span><span>, </span></span></span><span><span><span>con lo que estaríamos cerca de </span></span></span><span><span><span><strong>la filosofía de la libertad de </strong></span></span></span><span><span><span><strong>Charles </strong></span></span></span><span><span><span><strong>S</strong></span></span></span><span><span><span><strong>e</strong></span></span></span><span><span><span><strong>crétan</strong></span></span></span><span><span><span>, para la cual </span></span></span><span><span><span><strong>Dios es Libertad Absoluta</strong></span></span></span><span><span><span>, que por tanto </span></span></span><span><span><span><strong>elige libremente existir, y ser Dios</strong></span></span></span><span><span><span>, y ser, por tanto, </span></span></span><span><span><span><strong>Omnipotente</strong></span></span></span><span><span><span> (o dejar de serlo). </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Todo ello, por supuesto, según </span></span></span><span><span><span><strong>el colmo del absurdo de la causa sui</strong></span></span></span><span><span><span> que </span></span></span><span><span><span><strong>desde </strong></span></span></span><span><span><span><strong>la </strong></span></span></span><span><span><span><strong> inexistencia decide existir</strong></span></span></span><span><span><span>, y que </span></span></span><span><span><span><strong>elige ser libre para poder elegir</strong></span></span></span><span><span><span>, y que </span></span></span><span><span><span><strong>elige ser Dios</strong></span></span></span><span><span><span>, cuando en realidad Dios es </span></span></span><span><span><span><strong>el Ser Necesario</strong></span></span></span><span><span><span>, que </span></span></span><span><span><span><strong>no puede no existir</strong></span></span></span><span><span><span> y </span></span></span><span><span><span><strong>no puede no ser Dios</strong></span></span></span><span><span><span>. Ni tampoco puede </span></span></span><span><span><span><strong>no ser Omnipotente</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Por lo que toca a </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>lo segundo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, si la creatura necesita que la Omnipotencia se retire un poco para poder ser independiente de la Omnipotencia, entonces la creatura </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>depende de la Omnipotencia para ser independiente de la Omnipotencia</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>: contradicción.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>El problema está, justamente, en pensar que la libertad implica la independencia respecto de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. Aquí está el fallo fundamental de todos los planteos no tomistas: pensar que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>a mayor intervención de Dios, menor actividad y libertad de las creaturas</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>La autodeterminación absoluta de la voluntad lleva, por tanto, al irracionalismo.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> La voluntad que se autodetermina a sí misma con independencia respecto del intelecto es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>una fuerza irracional, oscura, fuente solamente de ininteligibilidad</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>La supuesta </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>superioridad </span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span></span></strong></span></span></span><span><span><span><strong><span>espiritual de la voluntad </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>que la haría estar </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>por encima de la regulación de la razón</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> la termina situando fuera, no solamente del ámbito de lo espiritual, sino del ámbito del ser en general, porque ens est verum, el ente es inteligible.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En el tomismo, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la autodeterminación se da solamente en el plano operativo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, no en el ontológico (pues es absurdo que algo se dé el ser a sí mismo: si no lo tiene, no puede dárselo, y si lo tiene, llega tarde para dárselo), y no consiste en la independencia respecto de toda causa, sino en </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la capacidad de determinar desde sí mismo cuál de varias alternativas posibles será la real</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, basada en la ausencia de necesidad en el querer voluntario del bien particular, basada</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> a su vez</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> en la necesidad del querer voluntario del bien en general.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Porque esto es clave: </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>lo contradictorio de la autodeterminación no es la heterodeterminación, sino la no autodeterminación.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> Dicho en lenguaje de Santo Tomás: que algo se mueva en virtud de un principio interno no quiere decir que ese principio interno no tenga por causa un principio externo. (</span></span></span></span><span><span><span><em><span>cfr</span></em></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la cita </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>más arriba, en el texto citado de Fabro</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> sobre la producción del acto libre creado por Dios).</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Esta idea de la libertad como pura autodeterminación de la voluntad lleva consigo </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>otra idea profundamente antitomista:</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> la idea de la libertad como condición necesaria de todo acto voluntario, o sea, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la equiparación entre voluntario y libre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En efecto, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la misma idea de la voluntad como autodeterminación absoluta excluye todo querer necesario y no libre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, porque</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> si hay un querer necesario de un objeto cualquiera, no está en el poder de la voluntad el autodeterminarse a quererlo o no quererlo.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Por eso, si la voluntad se determina a sí misma en el plano operativo porque</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> siendo espiritual, es transparente para sí misma, o sea, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>reflexiva</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, entonces parece </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que todo acto voluntario debe ser, por eso mismo, libre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Pero eso contradice la tesis tomista clásica según la cual </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la libertad de la voluntad aparece solamente allí donde el objeto de hecho querido no es el objeto mismo de la voluntad como tal, </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>o no guarda conexión necesaria con el mismo</span></span></span></span><span><span><span><strong><span>,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> al cual la voluntad quiere en forma necesaria, no libre, o sea, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el bien en general</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, que lo buscamos bajo la forma de la felicidad, precisamente porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>ninguna facultad es libre ante su propio objeto natural.</span></strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En efecto, el objeto de una facultad es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>aquello a lo que la facultad tiende de suyo, naturalmente, </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>y en virtud de lo cual tiende a todo otro objeto, como la vista, ve el gato, porque ante todo ve el color y la luz, que son su objeto natural.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>Es absurdo, por tanto, que la facultad no tienda a su propio objeto natural,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> pues entonces aquello que es la razón de ser de toda la actividad de la facultad sería la razón por la cual esa facultad no tiende a ello mismo.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>El colmo de todo esto, pero a la vez la consecuencia necesaria, es cuando se llega a invertir la relación clásica entre inteligencia y voluntad, haciendo </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que la voluntad influya sobre el intelecto, no solamente en el plano del ejercicio, sino también en el plano de la especificación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, es decir, de lo propiamente cognoscitivo, la relación entre el intelecto y su objeto.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Esto, si quiere decir algo, sólo puede querer decir </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que el objeto conocido, en tanto que tal objeto distinto de los demás, depende de la voluntad.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> O sea, una especie de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>idealismo voluntarista,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> en el cual lo conocido, en su misma estructura esencial de ente conocido como tal ente, dependería, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no de la naturaleza misma de lo conocido</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> que como tal determina al intelecto, sino </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>de la voluntad del cognoscente</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>O sea que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>nuestro querer debería tener alguna parte</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> en el hecho mismo de que el elefante, por ejemplo, sea conocido por nosotros </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>como un mamífero y no como un reptil</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Cosa </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>absolutamente absurda e ininteligible</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Y no vale decir que ese influjo de la voluntad se entiende en el sentido de </span></span></span><span><span><span><strong>dirigir la atención, favorecer ciertas investigaciones, inclinar el interés o condicionar psicológicamente el acceso a ese conocimiento del objeto</strong></span></span></span><span><span><span>, porque todo ello pertenece </span></span></span><span><span><span><strong>al plano del ejercicio</strong></span></span></span><span><span><span> del acto intelectivo, no al de su </span></span></span><span><span><span><strong>especificación</strong></span></span></span><span><span><span>, el cual depende solamente </span></span></span><span><span><span><strong>del objeto conocido</strong></span></span></span><span><span><span>, es decir, del ente y lo que el ente es.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span>En cuanto a la <strong>elección del fin último</strong>, los tomistas, siguiendo a Santo Tomás, enseñan que <strong>el fin último como tal o formalmente considerado no puede ser elegido</strong>, porque toda elección es entre cosas que se ordenan a un fin, y el fin último, por definición, no se ordena a un fin. </span></p>
<p><span>Por eso, l<strong>a felicidad, en el orden de la especificación, es querida necesariamente, no es elegida</strong>. En la realidad de las cosas, esa felicidad, que es fin último, <strong>consiste en la unión con Dios,</strong> pero eso <strong>no es evidente</strong> para nosotros en esta vida. </span></p>
<p><span>Enseñan también que <strong>el fin último en concreto o materialmente considerado</strong>, es decir, aquella cosa en la que se hace consistir el fin último o la felicidad, <strong>es de hecho elegido por el hombre</strong>, al no constar evidentemente para nosotros en esta vida la conexión entre esa cosa concreta y la felicidad como tal. </span></p>
<p><span>En ese sentido, <strong>sí se puede hablar de una elección de Dios como fin último</strong>. O del placer, las riquezas, etc. </span></p>
<p><span><strong>Eso no da pie, sin embargo, para hablar de una pluralidad de fines últimos</strong>, pues todos aquellos fines últimos concretamente considerados que son algo distinto de Dios <strong>son falsos fines últimos</strong>. </span></p>
<p><span><span><span><strong><span>----------------------------------------</span></strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Lo que pasa es que Fabro introduce aquí su </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>distinción entre el orden metafísico y el orden existencial</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, y entonces, en vez de decir que hay </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>un solo fin último verdadero y varios posibles falsos fines últimos</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, dice que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>en el plano metafísico hay un solo fin último </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>y </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>varios fines últimos posibles en el plano existencial</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Lo cual </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>eleva indebidamente</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> al </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>falso fin último</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> a la categoría de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>fin último en el plano existencial</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En forma parecida, en vez de decir </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>que el mal, que es un no ser, a veces es querido bajo la falsa apariencia de ser y de bien</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, dice que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>en el plano existencial no corre la tesis según la cual el mal es un no ser</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, lo cual ciertamente que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no hay por dónde tomarlo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> en filosofía cristiana. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>----------------------------------------</span></strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Dice en efecto </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Benavides</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>: </span></span></span></span></p>
<p><span><span></span></span><span><span><span><em><span>En numerosas ocasiones </span></em></span></span></span><span><span><span><em><strong><span>se ha concebido al mal como mera falta, carencia, defecto, privación</span></strong></em></span></span></span><span><span><span><em><span>, todas notas que bajo uno u otro aspecto indican la confinación de su realidad al no-ser. El filósofo italiano, en determinados casos, observa que la elección del mal reclama un ímpetu mayor que la elección del bien. De modo que no puede afirmarse que el mal sea efecto o resultado de la debilidad del sujeto, sino que más bien se trata de un acto tan vehemente y positivo como el de la elección del bien. Incluso, declara Fabro, puede decirse </span></em></span></span></span><span><span><span><em><strong><span>que la positividad del mal es más constitutiva por paradójico que parezca que la positividad del bien</span></strong></em></span></span></span><span><span><span><em><span>, porque cuando se hace el bien se produce una cierta inserción trascendental del individuo en el principio, una especie de concurso y participación del yo en la causa suprema, una unión con el Absoluto que trasciende los límites de la subjetividad. En cambio, </span></em></span></span></span><span><span><span><em><strong><span>cuando se hace el mal se advierte la propia especificidad</span></strong></em></span></span></span><span><span><span><em><span>, es decir, el individuo percibe en su insubordinación contra Dios su autoconstitución y diferencialidad (Fabro, 1967-1968, p. 102)</span></em></span></span></span><span><span><span><span>. <a class="sdendnoteanc" href="#sdendnote23sym" name="sdendnote23anc"><sup>xxiii</sup></a></span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>El tomismo sabe que en el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>acto malo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> todo lo que no es en sentido estricto la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>privación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> propia del mal </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>es ser y es bien</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. Ir ma&#347; allá de esto es entrar en el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>maniqueísmo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En cuanto a la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>causalidad divina sobre el primer acto de la voluntad creada en el orden del ejercicio</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no puede ser un caso de causalidad final</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. Porque Dios como Bien Supremo sólo mueve a la voluntad creada </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>en tanto que intuitivamente visto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, o sea, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>en la visión beatífica</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>. En </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>esta vida</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> Dios no es visto de ese modo, y precisamente por eso es posible aquello en lo que Fabro insiste: que el ser humano quiera establecer como fin último de su existencia algo que no es Dios.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En el tema de la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>premoción física</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, entonces, tenemos que</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span><span><span><span> para Fabro</span></span></span></span><span><span><span><span>,</span></span></span></span><span> </span><span><span><span><strong><span>Dios da el esse,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> y la </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>forma creada es la que determina que la acción de la creatura se incline en un sentido o en otro,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> sin depender para esta discriminación efectiva entre las diversas alternativas posibles, como tal, de ninguna otra causa, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tampoco de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>Dios sigue siendo causa total del acto libre concreto </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>de la creatura racional, dice Fabro, porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>da el esse, </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>sin el cual nada existiría.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Esto se parece mucho a </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la tesis molinista del concurso divino indiferente</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, que es </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>determinado a esto o a aquello por la voluntad creada</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Para entender bien este punto hay que señalar, ante todo, que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>Dios no crea ex nihilo los actos libres de las creaturas racionales</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, porque éstos actos proceden de facultades creadas preexistentes.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Eso </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no quiere decir que Dios no les dé el ser (esse)</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> a estos actos, sino que </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no se los da por vía de creación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> ex nihilo.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Tampoco quiere decir que Dios dé el ser a estos actos </span></span></span><span><span><span><strong>solamente por vía de conservación</strong></span></span></span><span><span><span>. Lo que se conserva, </span></span></span><span><span><span><strong>o bien comienza a existir, o no</strong></span></span></span><span><span><span>. Si comienza a existir, o bien lo hace </span></span></span><span><span><span><strong>por creación e</strong></span></span></span><span><span><span><strong>x</strong></span></span></span><span><span><span><strong> nihilo, o no</strong></span></span></span><span><span><span>. </span></span></span><span><span><span><span>En el caso de los actos libres de la creatura racional, sólo queda la última alternativa, que es justamente </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>la de la moción divina</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, o sea, de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>actualización por parte de la causalidad divina de una potencialidad previamente dada fuera de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Esta moción divina </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no puede ser indiferente</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, porque es justamente la moción </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>para actualizar una de dos potencialidades opuestas entre sí</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, por ejemplo, la de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>hacer A como opuesto a no hacerlo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, o la de </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>hacer A como opuesto a hacer B.</span></strong></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Pero </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tampoco puede ser algo que no salga de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, ni </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tampoco puede ser algo realmente idéntico a la misma operación</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> efectiva de la voluntad libre creada.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>En cuanto a lo primero, es cierto que la moción divina, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>considerada activamente, se identifica con la misma Esencia divina</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, por la Simplicidad de Dios. Pero la moción divina </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no puede consistir solamente en eso</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, es decir, debe haber una moción divina </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>pasivamente considerada, que se realice en la creatura, fuera de Dios</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, simplemente porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>el influjo de la causa debe alcanzar al efecto</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> y </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>tener alguna consecuencia real</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> en el efecto mismo.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><span>Y esa moción divina pasivamente considerada, recibida en la creatura, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>no puede ser la misma operación libre de la creatura racional.</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> Porque </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>ésta es activa, no pasiva</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>.</span></span></span></span></p>
<p><span><span><span><strong><span>Identificar</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> la moción divina, </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>pasivamente tomada</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, </span></span></span></span><span><span><span><span>con el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>acto libre </span></strong></span></span></span><span><span><span><span>de la creatura </span></span></span></span><span><span><span><span>sería o c</span></span></span></span><span><span><span><strong><span>onvertir el acto libre creado en algo puramente pasivo,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> o </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>eliminar la moción divina pasivamente tomada,</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> dejando solamente la moción divina en sentido </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>activo</span></strong></span></span></span><span><span><span><span>, que se identifica realmente con Dios mismo, y el </span></span></span></span><span><span><span><strong><span>acto libre</span></strong></span></span></span><span><span><span><span> de la creatura racional. </span></span></span></span></p>
<p><span><span><span>Si la premoción física es </span></span></span><span><span><strong><span>aquello por lo cual la voluntad pasa de potencia a acto,</span></strong></span></span><span><span><span> no puede identificarse sin más con </span></span></span><span><span><strong><span>el acto libre ya producido</span></strong></span></span><span><span><span>; de lo contrario, el acto sería aquello que mueve a la potencia a producir el mismo acto.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>---------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span>Por eso </span></span><span><span><strong>Garrigou-Lagrange</strong></span></span><span><span> sostiene que </span></span><span><span><strong>la premoción física, pasivamente tomada, es una entidad creada de tipo vial,</strong></span></span><span><span> análoga a </span></span><span><span><strong>la entidad fluyente y vial</strong></span></span><span><span> que, procedente del artista, se trasmite </span></span><span><span><strong>al instrumento</strong></span></span><span><span>, por ejemplo, el pincel, para que éste produzca su efecto en la obra de arte.</span></span></p>
<p><span><span>Se trata de una analogía, obviamente, porque </span></span><span><span><strong>el pincel, por ejemplo, no es libre.</strong></span></span><span><span> En el caso del pincel que pinta, </span></span><span><span><strong>se conserva, sí, en sentido dividido, la capacidad de no pintar, pero solamente porque el pintor podría no haber usado el pincel.</strong></span></span><span><span> Mientras que en la premoción física la voluntad </span></span><span><span><strong>conserva, en sentido dividido, la capacidad de no querer lo que de hecho quiere, incluso siendo movida por Dios a quererlo,</strong></span></span><span><span> no sólo porque Dios podría no haber movido a la voluntad creada, sino</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> además</span></span><span><span><span>,</span></span></span><span><span> porque </span></span><span><span><strong><span>se mantiene la desproporción entre el bien particular querido en ese caso, y el bien en general</span></strong></span></span><span><span><span>, único que la voluntad quiere necesariamente.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>La premoción física, entonces, activamente considerada se identifica con Dios mismo, pero </span></span></span><span><span><span><strong>pasivamente considerada es algo del orden de lo creado</strong></span></span></span><span><span><span>, recibido pasivamente en la voluntad creada, y </span></span></span><span><span><span><strong>realmente distinto del acto libre de esa voluntad creada</strong></span></span></span><span><span><span>, a la cual </span></span></span><span><span><span><strong>mueve activamente</strong></span></span></span><span><span><span> para producir </span></span></span><span><span><span><strong>ese acto </strong></span></span></span><span><span><span><strong>libre</strong></span></span></span><span><span><span> (también hace falta la premoción física en los </span></span></span><span><span><span><strong>actos necesarios </strong></span></span></span><span><span><span>de la voluntad creada, que de todos modos implican un </span></span></span><span><span><span><strong>pasaje de potencia a acto</strong></span></span></span><span><span><span>). </span></span></span></p>
<p><span><span><span>Esta realidad creada vial recibida pasivamente en la voluntad creada, </span></span></span><span><span><span>en el caso de los actos libres, </span></span></span><span><span><span><strong>inclina a la voluntad creada a querer</strong></span></span></span><span><span><span> un bien particular concreto, al cual la voluntad </span></span></span><span><span><span><strong>no se inclina necesariamente</strong></span></span></span><span><span><span>, precisamente porque sólo se inclina necesariamente </span></span></span><span><span><span><strong>al bien en general</strong></span></span></span><span><span><span>, y precisamente en eso consiste la </span></span></span><span><span><span><strong>libertad</strong></span></span></span><span><span><span> de ese acto de la voluntad, en que éste </span></span></span><span><span><span><strong>no está determinado por su objeto</strong></span></span></span><span><span><span>, que es el bien particular, al cual quiere de hecho de tal modo, que </span></span></span><span><span><span><strong>puede no quererlo, en sentido dividido</strong></span></span></span><span><span><span>, y en ese sentido </span></span></span><span><span><span><strong>conserva la potencia o capacidad de no quererlo</strong></span></span></span><span><span><span>.</span></span></span></p>
<p><span><span><span>----------------------------------------</span></span></span></p>
<p><span><span>En definitiva, <strong>la premoción física aparece como el gran escándalo para muchos tomistas</strong> que buscan evitarla de diversas maneras. Desde antiguo los tomistas dominicos llamaron <strong>comedia bañeciana</strong> al intento de <strong>echarle la culpa de la premoción física a Báñez</strong>, para no decir abiertamente que se iba <strong>en contra de Santo Tomás</strong>. </span></span></p>
<p><span><span>Esto es así porque <strong>la libertad </strong><strong>(mal entendida) </strong><strong>es el gran dogma de la modernidad, </strong>y estos autores buscan congraciarse con la modernidad, o como dicen ellos, responder a sus legítimas instancias. </span></span></p>
<p><span><span><strong>Eso alcanza para calificar a todo este movimiento de ideológico</strong>, entendiendo por ideología la forma de pensar que busca <strong>justificar como sea una posición previamente asumida</strong> por razones <strong>ajenas</strong> a la búsqueda de la verdad. </span></span></p>
<p><span><span><strong>El problema, en efecto, no es la libertad, es la verdad,</strong> sobre <strong>lo que es</strong>, sobre lo que es l<strong>a libertad</strong>, y sobre lo que Santo Tomás enseñó. <strong>Carece de interés,</strong> en el fondo, ver si se puede interpretar a Santo Tomás de modo que se lo pueda compatibilizar con los postulados de la filosofía moderna. <strong>Seguramente que sí,</strong> a costa de <strong>silenciar pasajes claves del Angélico</strong> y de interpretar otros en forma claramente <strong>contraria al contexto del pensamiento de Santo Tomás</strong> y de las obras mismas que se citan. </span></span></p>
<p><span><span><span>Más </span></span><span><span>coherente </span></span><span><span>sería decir </span></span><span><span><strong>que Santo Tomás se equivocó</strong></span></span><span><span>. De ese modo, al menos, </span></span><span><span><strong>se pondría fin a la comedia bañeciana</strong></span></span><span><span>.</span></span></span></p>
<div id="sdendnote1"></div>
<div id="sdendnote23">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote1anc" name="sdendnote1sym"></a></p>
<p><span></span></p>
<p><span>----------------------------------------</span></p>
</div>
<p></p>
<p><strong>NOTAS:</strong></p>
<p></p>
<div id="sdendnote1">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote1anc" name="sdendnote1sym">i</a> FERRARO, Christian, <em>El acto de ser en el tomismo intensivo de Cornelio Fabro</em>, Colección Hispanica, 2, publicado independientemente, 2018, p. 77.</p>
</div>
<div id="sdendnote2">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote2anc" name="sdendnote2sym">ii</a> <em>Ibid</em>.<span>,</span> p. 88.</p>
</div>
<div id="sdendnote3">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote3anc" name="sdendnote3sym">iii</a> <em>Ibid</em>.<span>,</span> pp. 89-90.</p>
</div>
<div id="sdendnote4">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote4anc" name="sdendnote4sym">iv</a>  Ibid., p. 78, nota al pie.</p>
</div>
<div id="sdendnote5">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote5anc" name="sdendnote5sym">v</a>  FABRO, Cornelio, <em>Partecipazione e causalità secondo San Tommaso dAquino</em>, S.E.I., Torino, 1960, pp. 446-447.</p>
</div>
<div id="sdendnote6">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote6anc" name="sdendnote6sym">vi</a> <em>Ibid</em>., pp. 464-466.</p>
</div>
<div id="sdendnote7">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote7anc" name="sdendnote7sym">vii</a> BENAVIDES, Christian Eduardo, Metafísica y existencia: la noción de libertad en la obra de Cornelio Fabro, en <em>Universitas Philosophica</em>, 34 (68), 2017, p. 101.</p>
</div>
<div id="sdendnote8">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote8anc" name="sdendnote8sym">viii</a> FERRARO, Christian, IVE, <em>La noción de libertad en el tomismo esencial de Cornelio Fabro</em>, Universidad Católica Argentina, 26 de mayo de 2006, pp. 30-31.</p>
</div>
<div id="sdendnote9">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote9anc" name="sdendnote9sym">ix</a> BENAVIDES, <em>op. cit.</em>, p. 92-93.</p>
</div>
<div id="sdendnote10">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote10anc" name="sdendnote10sym">x</a> FERRARO, Christian, <em>op. cit.</em>, pp. 33-34.</p>
</div>
<div id="sdendnote11">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote11anc" name="sdendnote11sym">xi</a> BENAVIDES, <em>op. cit.</em>, p. 94-95.</p>
</div>
<div id="sdendnote12">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote12anc" name="sdendnote12sym">xii</a> FERRARO, Christian, <em>op. cit.</em>, pp. 36, 41.</p>
</div>
<div id="sdendnote13">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote13anc" name="sdendnote13sym">xiii</a> BENAVIDES, Christian, La libertad como principio originario según el pensamiento de Cornelio Fabro, en <em>Enfoques</em>, Vol. XXVIII, N.º 2, 2016, pp. 14-15.</p>
</div>
<div id="sdendnote14">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote14anc" name="sdendnote14sym">xiv</a> BENAVIDES, Christian, <em>op. cit.</em>, p. 16.</p>
</div>
<div id="sdendnote15">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote15anc" name="sdendnote15sym">xv</a><em> </em><em>I</em><em>bid</em>., p. 16.</p>
</div>
<div id="sdendnote16">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote16anc" name="sdendnote16sym">xvi</a><em> Ibid</em>., p. 17.</p>
</div>
<div id="sdendnote17">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote17anc" name="sdendnote17sym">xvii</a><em> I</em><em>bid</em>., p. 22.</p>
</div>
<div id="sdendnote18">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote18anc" name="sdendnote18sym">xviii</a><em> Ibid</em>., p. 23.</p>
</div>
<div id="sdendnote19">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote19anc" name="sdendnote19sym">xix</a> <em>Ibid</em>., p. 24.</p>
</div>
<div id="sdendnote20">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote20anc" name="sdendnote20sym">xx</a> <span><span>BÁÑEZ, Domingo, O.P., </span></span><span><em><span><span><span>Scholastica Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae S. Thomae Aquinatis, </span></span></span></em><em><span><span><span>Quaestio 3, Articulus 4</span></span></span></em><em><span><span><span>). </span></span></span></em><em><span><span><span>Referencia reconstruida con ayuda de Gemini y por tanto sujeta a verificación. </span></span></span></em></span></p>
</div>
<div id="sdendnote21">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote21anc" name="sdendnote21sym">xxi</a> DEL PRADO, Norberto, <em>De veritate fundamentali philosophiae christianae</em>, Friburgo, 1911, p. 138.</p>
</div>
<div id="sdendnote22">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote22anc" name="sdendnote22sym">xxii</a> BENAVIDES, <em>op. cit.</em>, pp. 106-107.</p>
</div>
<div id="sdendnote23">
<p><a class="sdendnotesym" href="#sdendnote23anc" name="sdendnote23sym">xxiii</a> BENAVIDES, <em>op. cit</em>., p.103-104.</p>
</div>
<div id="sdfootnote21"></div><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2607150910-apuntes-criticos-sobre-la-con?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Néstor Martínez</name>
    </author>
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    <title>El presidente de la CEE defiende la firmeza doctrinal frente a la polarización mediática</title>
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    <published>2026-07-15T18:07:09+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T18:09:23+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/arguello-entrevista-relconfidencial.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>En plena polémica por su intervención en la Fundación Pablo VI, monseñor Argüello repasa con Religión Confidencial la sinodalidad, la crisis de la FSSPX, el Valle de los Caídos y los grandes debates políticos del momento.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55520&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
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    <title>La Asociación Internacional de Exorcistas aprovecha el desmentido sobre un exorcista para recordar las condiciones canónicas del ministerio</title>
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    <published>2026-07-15T17:53:10+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T17:53:10+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/video-denunciado-por-la-aie.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>¿Puede cualquier sacerdote presentarse como exorcista? La Asociación Internacional de Exorcistas responde con un comunicado tras la difusión de una entrevista con afirmaciones que contradicen el Derecho Canónico.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55519&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
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    <title>Amnistía Internacional retira un informe que calificaba a los obispos católicos ingleses de «amenaza»</title>
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    <published>2026-07-15T17:42:07+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T17:42:07+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/informe-de-ia-e-iglesia.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>Defender la vida desde la concepción o el matrimonio entre hombre y mujer bastó para que Amnistía Internacional calificara a la Conferencia Episcopal inglesa de amenaza. La organización fundada por un converso católico evidencia el giro de la retórica internacional de derechos humanos frente a la defensa de la vida y la familia</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55518&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
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    <title>Seleccionador español, Luis de la Fuente: «Rezo todos los días, pero no porque esté en un Mundial»</title>
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    <published>2026-07-15T17:14:09+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T17:14:09+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/luis-de-la-fuente.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>A un paso de la final del Mundial, Luis de la Fuente ha explicado por qué reza cada día: no para ganar, sino para dar gracias y seguir «peleando».</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55517&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
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    <title>«Gracias a Dios por la gran acogida de la peregrinación a Covadonga»</title>
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    <published>2026-07-15T12:32:04+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T12:32:04+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/covadonga.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>En esta entrevista, Diana Catalán habla de la peregrinación a Covadonga de Nuestra Señora de la Cristiandad, que ella fundó. Se trata de una peregrinación anual vinculada a la liturgia antigua que ha experimentado un gran crecimiento. Hoy termina el plazo de inscripción.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607140631-diana-catalan-damos-gracias-a?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
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    <title>León XIV viajará al Uruguay este año</title>
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    <published>2026-07-15T12:16:49+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T12:23:07+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/daniel-sturla.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>El cardenal arzobispo de Montevideo ha anunciado el viaje del Papa al Uruguay, que tendrá lugar a finales de este año. Los actos previstos se centran en la obra social de la Iglesia y la visita al santuario de la patrona del país. El Uruguay se caracteriza por un laicismo militante del Estado.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55515&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
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    <title>Consecuencias del socialismo</title>
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    <published>2026-07-15T12:10:57+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T12:10:57+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img align="middle" height="373" src="https://studentsforliberty.org/wp-content/uploads/2021/01/la-mentira-del-socialismo-Maximiliano-Mallea-1.jpg" width="640" /></p>
<h3>El debilitamiento de las personas, las familias y la sociedad civil</h3>
<p><strong>El gran despertar</strong></p>
<p>En muchos países los trabajadores se están dando cuenta de que en realidad la izquierda los perjudica.</p>
<p>Según la doctrina marxista de la lucha de clases, capitalistas y asalariados son dos clases sociales que están en conflicto inevitable entre sí. La derecha estaría a favor de los capitalistas y la izquierda a favor de los asalariados. Desde esa perspectiva es difícil explicar por qué, en Norteamérica, Europa y otros lugares, tantos miembros de las élites votan a los partidos políticos de izquierda mientras que tantos empleados y desempleados están abandonando la izquierda y pasando a apoyar a partidos políticos conservadores, nacionalistas y populistas de derecha. Sin embargo, en realidad ese fenómeno es relativamente fácil de entender. Se trata de un despertar masivo de los trabajadores y la clase media. Éstos están tomando conciencia de que la izquierda no defiende bien sus verdaderos intereses, sino que más bien atenta contra ellos.</p>
<p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/razones.php/2607151210-consecuencias-del-socialismo?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Daniel Iglesias Grèzes</name>
    </author>
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    <title>Tres iglesias en Francia se dedican a San Carlo Acutis</title>
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    <published>2026-07-15T09:22:10+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T09:54:44+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/carlo-acutis.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>El primer santo «millennial» se ha hecho muy popular de forma casi instantánea. En Francia ya hay dos parroquias y otra en construcción dedicadas al santo italiano. En España aún no existe ninguna parroquia de San Carlo Acutis, pero se le ha dedicado una capilla.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55514&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
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    <title>Diana Catalán: Damos gracias a Dios por la gran acogida de la peregrinación a Covadonga en España</title>
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    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48565</id>
    <published>2026-07-15T07:17:21+02:00</published>
    <updated>2026-07-15T08:21:33+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img alt="" height="516" src="https://ntvespana.com/wp-content/uploads/2026/07/diana1-768x516.webp" width="768" /></p>
<p><em><strong>Se celebrará la VI edición del 25 al 27 de julio y hoy acaba el plazo de inscripción</strong></em></p>
<p></p>
<p>Diana Catalán Vitas (Tudela, 1996). Enfermera. Fundadora y presidente de <strong><a href="/?t=cat&amp;c=Nuestra+Se%F1ora+de+la+Cristiandad" target="_blank" rel="noopener">Nuestra Señora de la Cristiandad  España</a></strong>, que organiza anualmente la peregrinación con liturgia tradicional a Covadonga.</p>
<p></p>
<p><strong>¿Qué supone celebrar ya la VI edición de la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga?</strong></p>
<p></p>
<p>Cuando echo la vista atrás no me puedo creer que esta sea ya nuestra VI edición. Parece que fue ayer cuando nos embarcamos en esta aventura, sin saber si tendría aceptación, si podríamos perseverar ¡Y aquí estamos! Damos gracias a Dios por la gran acogida que ha tenido la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad en España. Tras un grandísimo crecimiento los primeros años, estos dos últimos hemos experimentado una estabilización y afianzamiento. Pero ya podemos decir que este año se va a superar el récord de inscritos que se alcanzó en 2024. ¡Deo gratias!</p>
<p></p>
<p><strong>¿Cómo la experiencia de estos años les ayuda cada vez más a consolidarla y a mejorar?</strong></p>
<p></p>
<p>Conforme se van estableciendo guías, protocolos, formas de trabajar cada vez es menor el tiempo que hay que invertir en preparar lo más básico y esencial de la peregrinación. Esto nos permite ir implementando mejoras poco a poco, corrigiendo errores El año pasado ya pudimos distribuir mejor el trabajo de los voluntarios, incluir ratos de descanso en común y charlas espirituales. Creo que esto ayudó a mejorar el ambiente de trabajo considerablemente. Es por eso que muchos de esos voluntarios repiten este año.</p>
<p></p>
<p>Respecto a los peregrinos, también se van logrando mejoras poco a poco: en el cumplimiento de horarios, la atención al clero más personalizada, a las familias, etc.</p>
<p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607140631-diana-catalan-damos-gracias-a?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Javier Navascués</name>
    </author>
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  <entry>
    <title>Iglesia en Alemania: menos fieles, más dinero</title>
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    <id>tag:infocatolica.com,2009:55513</id>
    <published>2026-07-14T22:10:07+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T22:10:07+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/obispos-alemanes.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>Cientos de miles de católicos alemanes apostatan cada año, pero los responsables siguen adelante con las mismas ideas que produjeron el desastre actual. Cada vez menos fieles, pero los ingresos continúan aumentando y, con ellos, la influencia de una Iglesia local en descomposición.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55513&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
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    <title>Descubiertos en Polonia dos sermones inéditos de San Agustín en un manuscrito del siglo XII</title>
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    <id>tag:infocatolica.com,2009:55512</id>
    <published>2026-07-14T20:20:56+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T20:20:56+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/manuscrito-san-agustin.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>La autenticidad de dos sermones inéditos de San Agustín, hallados en un manuscrito medieval polaco, ha sido confirmada por una veintena de especialistas. El «corpus» agustiniano conocido se amplía por primera vez en décadas.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55512&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
  </entry>
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    <title>La FSSPX presenta un recurso canónico ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe para suspender el decreto que la declaró en cisma</title>
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    <published>2026-07-14T20:12:48+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T20:12:48+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/consagraciones-2026-econe.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>La Fraternidad San Pío X ha recurrido ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el decreto que la declaró en cisma tras las consagraciones de Écône. Sostiene que el recurso suspende automáticamente las excomuniones.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55511&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
  </entry>
  <entry>
    <title>Obediencia, verdad y soberbia</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/duropedernal.php/2607140213-obediencia-verdad-y-soberbia?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48557</id>
    <published>2026-07-14T19:22:29+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T19:22:36+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal"><img alt="Sacrificio de Isaac" class="imgIzq" height="231" src="https://www.flickr.com/photo_download.gne?size=o&amp;id=55392373137&amp;secret=0707de2de8" width="300" />Supongo que mis pacientes lectores se quejarán de que una vez más volvamos al tema de las <strong>recientes consagraciones episcopales</strong> realizadas por la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Tendrán que entender que, al hilo de las interminables discusiones que se han suscitado, aparecen temas interesantes que merecen ser tratados aparte. <strong>Uno de estos temas, sin duda, es el de la obediencia y su relación con la verdad</strong>.</p>
<p class="MsoNormal">No es la primera vez que me refiero a este tema. Hace ya bastantes años <a href="/?t=opinion&amp;cod=28360" target="_blank" rel="noopener">publiqué esto </a>refiriéndome a la cuestión concreta de la obediencia al Papa en el marco de propuestas como la de <em>Amoris Laetitia</em>.<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/duropedernal.php/2607140213-obediencia-verdad-y-soberbia?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Francisco José Delgado</name>
    </author>
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  <entry>
    <title>Doce monjes del Barroux devuelven la vida monástica a la abadía de Bellefontaine</title>
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    <published>2026-07-14T17:38:49+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T17:38:49+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.infocatolica.com/files/26/07/notre-dame-de-bellefontaine.jpg"  vspace="10" hspace="10" ></p><p>La tradición benedictina regresa a Bellefontaine tras más de tres siglos de ausencia. La pujante comunidad del Barroux, con sesenta y cinco monjes y liturgia tradicional, ha enviado doce religiosos para fundar un nuevo priorato en Anjou.</p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&amp;cod=55510&amp;utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Redacción</name>
    </author>
  </entry>
  <entry>
    <title>La Basílica del Pilar y la Seo de Zaragoza celebran misas en reparación por las profanaciones de dos médiums</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/infories.php/2607141252-la-basilica-del-pilar-y-la-se?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48556</id>
    <published>2026-07-14T15:32:15+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T15:32:08+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p class="MsoNormal"><span><img alt="" height="555" src="https://lh3.googleusercontent.com/pw/AP1GczNDPv4rHO_Nh3DoMIIQ8Bj2oJMg9LW6cgVQVn6ZXpjB7nqeIMENmx_95-zCyXN6GFflfWyw5-81t_U9JZqogM9SEZpwWtbfeOPzsMIpnRZ-G7_DP7uPaJ5krdNC2PgOurCNlcF5Z5CjvuGl3Q6A524OTQ=w1275-h555-s-no-gm?authuser=0" width="1275" /></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>La semana pasada Luis Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (</span><a href="/blog/infories.php"><span>RIES</span></a><span>), desveló en un </span><a href="https://portaluz.org/batalla-mal/pareja-mediums-profanan-basilica-pilar-catedral-otra-iglesia-zaragoza-n7053"><span>artículo</span></a><span> publicado en <em>Portaluz</em> que <strong>dos médiums barceloneses</strong> habían publicado en su perfil de Instagram cinco vídeos grabados en el interior de la Basílica del Pilar, la Seo de Zaragoza y la basílica de Santa Engracia en la misma ciudad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>En los vídeos se puede ver cómo <strong>aseguran detectar la presencia de almas de difuntos en los templos</strong>, y explican a sus seguidores y simpatizantes que <strong>les ayudan a <em>subir a la luz</em></strong>. No sólo eso: además de instrumentalizar las iglesias para su adoctrinamiento ocultista (y contrario a la fe católica), realizan <strong>prácticas espiritistas</strong>.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>En concreto, Santamaría alertó sobre el <strong>uso del péndulo junto a la columna</strong> que se venera en la basílica pilarista (sobre la cual, según la tradición, se apareció la Virgen María al apóstol Santiago en el año 40), <strong>para detectar unas supuestas energías</strong>. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Además, en la catedral metropolitana los médiums utilizaron <strong>una aplicación móvil para confirmar la presencia</strong> de dos caballeros templarios fallecidos que estarían haciendo guardia ante una réplica del Santo Cáliz de Valencia.</span></p>
<h2 class="MsoNormal">Reacción inmediata de la Iglesia</h2>
<p class="MsoNormal"><span>En cuanto los responsables del culto en los dos principales templos profanados conocieron lo que había pasado, decidieron responder como merece la ofensa a un lugar sagrado. En su cuenta de Instagram hicieron público un </span><a href="https://www.instagram.com/p/DaqiWaIjb2J/"><span>comunicado</span></a><span> convocando a los fieles a <strong>misas en reparación</strong>.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span><em>Desde el Cabildo Metropolitano de Zaragoza nos mostramos <strong>profundamente dolidos ante los vídeos</strong> recientemente grabados sin autorización en la Basílica del Pilar y en La Seo, que <strong>atentan gravemente contra la fe que profesamos</strong></em>, comienza el comunicado. </span></p>
<p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/infories.php/2607141252-la-basilica-del-pilar-y-la-se?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Luis Santamaría</name>
    </author>
  </entry>
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    <title>Se encontró en Anatolia la tumba del Apóstol Felipe (EEChO)</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/razones.php/2607141213-se-encontro-en-anatolia-la-tu?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48555</id>
    <published>2026-07-14T12:13:11+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T12:13:11+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><img alt="" height="445" src="https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/images-opus-dei/image/doceapostoles.jpg" width="400" /></p>
<h3 class="western" style="font-style: normal; margin-top: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%; text-align: justify;" align="justify">San Felipe fue enterrado en la antigua ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía</h3>
<p>La tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles de Cristo, fue descubierta en 2011 en el suroeste de Turquía, en Pamukkale, la antigua Hierápolis. El descubrimiento fue realizado por la misión arqueológica italiana que trabaja [allí] desde 1957 y que hoy está compuesta por un equipo internacional dirigido desde 2000 por Francesco dAndria, profesor de la Universidad de Salento.</p>
<p>El director de la misión explica el descubrimiento: «Hasta hace poco, pensábamos que la tumba de San Felipe estaba en el Monte de los Mártires, pero no habíamos encontrado ningún rastro de ella en el estudio geofísico realizado en ese sector. Hace un mes, descubrimos los restos de una iglesia desconocida, a 40 metros de distancia de la Iglesia de San Felipe en el Monte de los Mártires. Y en esta basílica descubrimos la tumba de San Felipe. Fue construida alrededor de una tumba romana del siglo I que, evidentemente, gozaba de gran estima. San Felipe es considerado un mártir, razón por la cual la iglesia construida en su nombre en el Monte de los Mártires también se llama Martyrion, aunque no hay allí ningún rastro de su tumba.»</p>
<p>Esta tumba romana no era una simple fosa, sino un complejo (sacellum) con una cámara funeraria y un frontispicio.</p>
<p>Al conectar estos elementos y muchos otros, «hemos llegado a la certeza de haber encontrado la tumba del apóstol Felipe situada en el centro de todo el sistema de peregrinación que estaba asociado a él», afirmó Francesco d'Andria.</p>
<p>D'Andria señala un grafito en la cornisa de la tumba que representa un monte sobre el cual se alza una cruz (Hierápolis o el Gólgota), un mosaico que representa peces, y monedas de bronce que datan de los siglos IV y V. En el siglo XII, los turcos transformaron la tumba en una vivienda. Véase <a href="https://www.youtube.com/watch?v=4rNut4k2-OA">aquí el reportaje de la televisión italiana</a>.</p>
<p>Originario de Galilea, Felipe fue a evangelizar regiones de Asia Menor; fue lapidado y luego crucificado por los romanos en Hierápolis, Frigia.</p>
<p>Pudo haber surgido una confusión con el discípulo del mismo nombre, que era diácono y que habría muerto a una edad muy avanzada y por causas naturales. En el Nuevo Testamento, Felipe el Apóstol es mencionado en: Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14; Juan 1:43-48; 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9; Hechos 1:13. Y Felipe el Diácono es mencionado en: Hechos 6:5; 8:6; 8:9.12-13.26-35.38-40; 21:8-9.18. El diácono Felipe vivía en Cesarea y tenía cuatro hijas vírgenes y profetisas:</p>
<p>«8Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. 9Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban» (Hechos 21:8-9).</p>
<p>En el siglo V, San Jerónimo refiere algo más:</p>
<p>«En estas palabras reconoceréis al apóstol Felipe, que murió en Hierápolis, y a sus tres hijas, de las cuales las dos primeras envejecieron en la virginidad, y la tercera murió en Éfeso, llena del favor del Espíritu Santo» (San Jerónimo, Vidas de hombres ilustres I, 45).</p>
<p>Esto es también lo que Eusebio de Cesarea escribió hacia el 330, acerca de las dos estrellas que brillan en Asia: Juan, enterrado en Éfeso, y Felipe «que descansa en Hierápolis». En un famoso pasaje de su Historia Eclesiástica (<a href="http://fdier02140.free.fr/HE.pdf">III, 31</a>), también habló del Apóstol San Juan, quien llevaba la insignia se trata del símbolo del Sumo Sacerdote, y se puede inferir de la representación de Santo Tomás en el friso de Kong Wang Shan que todos los Apóstoles llevaban tal emblema, así como vestiduras sacerdotales, cuando celebraban [la Misa]:</p>
<p>Polícrates (quien era obispo de la Iglesia de Éfeso) escribió a Víctor, obispo de Roma. También él menciona al apóstol Felipe y a sus hijas en estos términos: En efecto, grandes astros se han puesto en Asia, que volverán a salir en el último día, en la parusía del Señor, cuando Él venga del cielo con gloria y busque a todos los santos: Felipe, uno de los doce apóstoles, que descansa en Hierápolis, así como dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y su otra hija, después de haber vivido en el Espíritu Santo, está sepultada en Éfeso. También Juan, el que reposó sobre el pecho del Señor, que fue sacerdote y portó la insignia, fue mártir [en el sentido de testigo de la resurrección, o aludiendo al hecho de que escapó de la muerte en Roma] y maestro, descansa en Éfeso. Esto es lo que se refiere a la muerte de estas figuras. Y en el Diálogo de Gayo, que citamos un poco antes, Proclo, contra quien él discute, concuerda con lo que acabamos de afirmar sobre la muerte de Felipe y sus hijas, cuando dice: Después de esto, hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierápolis de Asia; allí está su tumba, así como la de su padre. Esto es lo que él dice.</p>
<p>Por otra parte, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, menciona a las hijas de Felipe, que vivían entonces en Cesarea de Judea al mismo tiempo que su padre y que habían sido honradas con el carisma profético. Él mismo dice [como se refirió antes]: «Llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.»</p>
<p>Se debe interpretar correctamente este pasaje. Eusebio cita los Hechos de los Apóstoles por asociación de nombres, no para afirmar que el Apóstol Felipe sea el diácono del mismo nombre que proclamó el Evangelio, sino simplemente porque ambos tenían hijas. Las hijas del diácono Felipe, que eran cuatro, vivían en Cesarea, como su padre, explica no en Hierápolis como las del Apóstol, que eran tres.</p>
<p>Asimismo, se debe tener cuidado de no malinterpretar las indicaciones de Eusebio sobre el Apóstol Juan, a quien menciona también en el Libro V, Capítulo XXIV: él señala que a este Apóstol y evangelista le sucedió otro Juan, también sepultado en Éfeso como lo indica Ireneo de Lyon en su tratado «Contra las herejías» (Libro 3, Capítulo 1). Pero Juan no sería el autor del Apocalipsis: éste sería obra del «presbítero Juan» de Éfeso. De hecho, como todos aquellos tentados por el arrianismo, Eusebio quería desacreditar este último libro del Nuevo Testamento, que orienta a los cristianos hacia lo que Dios hará aún en la historia y los disuade de querer establecer el Reino de Dios en este tiempo o "siglo", que es precisamente el designio de los arrianos y de todas las ideologías de tipo mesianista: a fin de sacralizar el poder político, los arrianos ya no quieren oír hablar de la venida real de Cristo, que relativiza radicalmente todas las empresas políticas. Por otra razón, esta tesis de los dos autores todavía tiene algunos defensores hoy: el estilo del Evangelio de Juan en griego difiere del del Apocalipsis en griego, lo que delataría el trabajo de dos autores respectivos; de hecho, esto simplemente demuestra que el traductor del Evangelio al griego no es el mismo que, más tarde, tradujo el Apocalipsis al griego. Pero si se compara el texto arameo del Evangelio de Juan con el del Apocalipsis, se constata que el estilo es el mismo, lo que indica un único autor real, el Apóstol Juan, de acuerdo con las tradiciones orientales unánimes. Por lo tanto, la cuestión ya no es relevante.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/">https://www.eecho.fr/la-tombe-de-lapotre-philippe-retrouvee/</a></strong></p>
<p><strong>Traducción de Daniel Iglesias Grèzes</strong></p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/razones.php/2607141213-se-encontro-en-anatolia-la-tu?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Daniel Iglesias Grèzes</name>
    </author>
  </entry>
  <entry>
    <title>Empezar a oír de verdad - Exégesis simple para el domingo XV-A</title>
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    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48554</id>
    <published>2026-07-14T04:53:10+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T04:53:10+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p>* Un estudio sencillo del vocabulario, las características principales y el mensaje del <strong>Evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario, Ciclo A</strong>: Mateo 13, 1-23.</p>
<p><div class="embed-responsive embed-responsive-16by9"><iframe width="620" height="350" src="https://www.youtube.com/embed/YOsq6a5ixY4" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></div></p>
<p>* <a href="https://www.dropbox.com/s/zdjd46lkmegskvr/DKmino%20-%20ao14.pdf?dl=0" target="_blank" rel="noopener">PDF para esta exégesis</a></p>
<p>* Más estudios de <a href="https://www.dropbox.com/s/k8fe7ni7nmvm8bs/DKmino%20-%20ao15.pdf?dl=0" target="_blank" rel="noopener">Exégesis Simple DKmino</a></p>
<p>* Más formación y predicación en mi <a href="http://t.me/fraynelson" target="_blank" rel="noopener">canal de Telegram</a></p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/mundoescorinto.php/2607140453-empezar-a-oir-de-verdad-exege?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Nelson Medina, OP</name>
    </author>
  </entry>
  <entry>
    <title>&quot;¿Les pedimos demasiado a los Sacerdotes?&quot;</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php/2605221020-iles-pedimos-demasiado-a-los?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48383</id>
    <published>2026-07-07T12:30:22+02:00</published>
    <updated>2026-07-07T16:26:41+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p>Así se descolgaba ReL <strong>respecto</strong> a la /las <em>"decepción/es"</em> que se pueden encontrar en cualquier Sacerdote; claro que NO en todos, ni mucho menos. Lo planteaba así: <em>"¿Les pedimos demasiado a los Sacerdotes?".</em></p>
<p>Que puedan surgir desajustes, o <em>"crisis",</em> es inevitable; por dos motivos principales, aunque hay otros secundarios, que sobrevuelan el problema, y pueden ahondarlo. De hecho, lo hacen; y para mal, claro...<br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php/2605221020-iles-pedimos-demasiado-a-los?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>José Luis Aberasturi</name>
    </author>
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  <entry>
    <title>Peregrinos en Distopía, un canal para comprender la verdad del hombre de hoy y su destino eterno</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607010541-peregrinos-en-distopia-un-can?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home" />
    <id>tag:infocatolica.com,2009:blog-48536</id>
    <published>2026-07-07T07:44:12+02:00</published>
    <updated>2026-07-14T14:27:30+02:00</updated>
    <summary type="html"><![CDATA[<div>
<p><span><span><strong><img align="middle" height="404" src="https://ntvespana.com/wp-content/uploads/2026/07/xffzd.jpg" width="584" /></strong></span></span></p>
<p><span><span><em><strong>Conversamos con el profesor Stefano Abbate sobre la razón de ser del canal</strong></em></span></span></p>
<p><span><span>Peregrinos en Distopía es un canal que nace del entorno académico y educativo, impulsado por un grupo de profesores de la Universidad Abat Oliba CEU: Stefano Abbate, Emili Boronat, Javier Barraycoa, Arturo González de León y Francesc Xicola. Todos con una larga trayectoria en la docencia, la investigación, la publicación de libros, artículos y la divulgación cultural. Desde una mirada católica, el canal ofrece análisis y conversaciones sobre filosofía, literatura, cine, historia, política, religión y sociedad, con el propósito de comprender los signos de nuestro tiempo y ayudar a vivir con lucidez, esperanza y fidelidad en medio de un mundo cada vez más desorientado.</span></span></p>
<p></p>
<p><span><span>Pueden seguir el canal aquí: </span></span></p>
<p></p>
<p><a href="https://www.youtube.com/@PeregrinosenDistopia"><span><span><span>https://www.youtube.com/@PeregrinosenDistopia</span></span></span></a></p>
<p></p>
<p><span><span><strong>¿Cómo nació el canal Peregrinos en Distopía y con qué objetivos?</strong></span></span></p>
<p></p>
<p><span><span>El canal nació en 2024, muy ligado a nuestra experiencia como profesores en la Universitat Abat Oliba CEU. En nuestro caso, no surge primero como una idea de vamos a hacer un canal de YouTube, sino casi como una prolongación natural de lo que veíamos cada día en las aulas.</span></span></p>
<p><span><span>Damos clase en materias relacionadas con las humanidades, la filosofía, las ciencias sociales y jurídicas. Y ahí uno se encuentra con algo muy interesante. Por un lado, muchos alumnos llegan con ideas muy hechas, muy recibidas, a veces casi calcadas del ambiente cultural dominante. Les cuesta elaborar un juicio propio. Les cuesta detenerse ante la realidad y preguntarse: ¿Esto es así? ¿Por qué lo pienso? ¿De dónde viene esta idea?. Y eso no es culpa de ellos sin más. Tiene mucho que ver con una educación cada vez más homologada, más técnica, más orientada a repetir ciertos esquemas y menos preocupada por enseñar a pensar.</span></span></p>
<p></p>
<p><span><span>Pero sería injusto quedarse solo con ese diagnóstico. Lo que más nos ha movido ha sido precisamente lo contrario: los frutos que hemos visto. Cuando en clase se plantean las grandes preguntas, muchos alumnos responden. A veces no de inmediato. A veces primero hay silencio, resistencia, incluso cierta ironía. Pero cuando se les habla en serio de la verdad, del bien, de la libertad, de Dios, del sufrimiento, de la justicia, del sentido de la vida, algo se despierta. Hay una sed de verdad que quizá no siempre sabe expresarse, pero está ahí. Y un profesor lo nota.</span></span></p>
<p></p>
<p><span><span>De esa experiencia nace Peregrinos en Distopía. De la sensación de que la tarea educativa es urgente, y de que no puede quedar encerrada solo en el aula. Hay muchas personas fuera de la universidad que también buscan comprender lo que está pasando. Personas que quizá no leerían de entrada un tratado de filosofía, pero sí escucharían una conversación en YouTube mientras van en coche, cocinan, pasean o descansan por la noche. Y ahí también hay una oportunidad.</span></span></p>
<p><br /><p><a href="https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2607010541-peregrinos-en-distopia-un-can?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom&amp;utm_campaign=home">Leer más... &raquo;</a></p>
    </div>]]></summary>
    <author>
      <name>Javier Navascués</name>
    </author>
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