El P. Berríos se ha ido explícitamente, en varias otras oportunidades, en contra la enseñanza de la Iglesia, violando sus normas. Y no sólo eso, pues quienes lo conocen de cerca saben muy bien que este es sólo un botón de muestra, pues en privado el sacerdote no se reserva sus claras ideas de estar a favor de los preservativos, la píldora del día después, etc., incluso ha reprendido a jóvenes que son fieles al magisterio y la enseñanza de Cristo, por pensar «de forma intolerante y cerrada, etc.»
Pedro Pablo de María
Cada fin de semana tengo el gusto de revisar las noticias y encontrarme con alguna nueva declaración del padre Berríos. Se trata de un conocido sacerdote jesuita chileno, que pone a la defensiva a algunos, a otros indiferentes y a muchos felices de que “por fin la Iglesia se está reformando, abriendo y siendo tolerante.”
Y este fin de semana no fue la excepción, pues en portada del diario “La Tercera” venía la siguiente noticia: “sacerdote Berríos apoya documento sobre uniones civiles”. Esta declaración del P. Berríos viene a apoyar el documento del candidato a la presidencia Sebastián Piñera que aboga por la legislación de las llamadas “situaciones de hecho”.
Pero todo esto no es nada nuevo en el P. Berríos. Lo que sucede es que sólo ahora ha venido poco a poco mostrando cuáles son sus verdaderas ideas e intenciones públicamente. Porque para el público común y corriente: “¿Qué tiene de malo que se permita heredar o legar bienes a una persona que fue pareja de otra durante sus años en vida, sea homosexual o heterosexual dicha unión, si sólo estamos hablando de bienes materiales?” Ahí se encuentra el engaño: haciéndolo ver como un sano y justo derecho, como si la legislación chilena actual “impidiera” hacer legados o dejar como heredero a alguien que no es familiar (conviviente) de una parte de la herencia, o hacer donaciones entre vivos, etc.
Existen múltiples alternativas posibles a la hora de legislar, pero no, lo que realmente se quiere es asemejar estas uniones de hecho y especialmente entre homosexuales, otorgándoles el estatuto jurídico y protección del matrimonio, igualándolo en sus efectos, empezando por los patrimoniales. Y se alega diciendo: “pero es que no vulnera o debilita al matrimonio, sino que regulamos o ayudamos a otros que no están casados”. Pero éste es el meollo del problema: que se intenta elevar estas uniones al mismo nivel que un matrimonio entre un hombre y una mujer, como si fuera dos opciones legítimas entre muchas otras, como un abanico de posibilidades lícitas a gusto del consumidor que decide cuál escoger. Y éste es el camino que han seguido otros países para luego legalizar el matrimonio homosexual, la adopción de niños por homosexuales, etc. Si no, hay que mirar a España, Europa y EE.UU.
Pero no quisiera sólo detenerme en esto, que claramente va contra el magisterio de la Iglesia, contra las enseñanzas del catecismo y de Cristo mismo en definitiva. Pues, ¿acaso esto es sólo un error, una mala opinión del padre Berríos, una declaración fuera de contexto que se mal interpretó? Falso. Yo quisiera denunciar públicamente que el padre Berríos, desde hace mucho tiempo, sabe perfectamente lo que dice y piensa, sólo que es tan hábil que hasta ahora se ha cuidado de no decirlo públicamente.
Por esto quisiera poner en evidencia algunos ejemplos que muestran las ideas del padre Berríos: En el diario “La Segunda”, con fecha 20 de Marzo del 2009, una conocida psicóloga divorciada de su marido, al estar impedida de recibir el sacramento del matrimonio con su pareja y ya que éste se encontraba muy enfermo, el padre Berríos accedió a darles una “bendición simbólica a su nueva unión”. Cito textual: “(ya que) No nos podíamos casar. Según el padre Felipe Berríos, que hizo la ceremonia, fue una especie de matrimonio por Fonasa” (Nota: Fonasa es Fondo nacional de salud que ayuda a los más necesitados).
En este solo acto el sacerdote en cuestión fue directamente en contra de disposiciones universales de la Iglesia, explícitamente contra la Exhortación Apostólica de su S.S. Juan Pablo II Familiaris Consortio en su punto 84 al decir:
“Del mismo modo el respeto debido al sacramento del matrimonio, a los mismos esposos y sus familiares, así como a la comunidad de los fieles, prohíbe a todo pastor —por cualquier motivo o pretexto incluso pastoral— efectuar ceremonias de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído”.
El P. Berríos se ha ido explícitamente, en varias otras oportunidades, en contra la enseñanza de la Iglesia, violando sus normas. Y no sólo eso, pues quienes lo conocen de cerca saben muy bien que este es sólo un botón de muestra, pues en privado el sacerdote no se reserva sus claras ideas de estar a favor de los preservativos, la píldora del día después, etc., incluso ha reprendido a jóvenes que son fieles al magisterio y la enseñanza de Cristo, por pensar “de forma intolerante y cerrada, etc.”
Para dejar más en claro las ideas de Berríos cito algunas de sus declaraciones que dio en la entrevista concedida a la revista “El Sábado” el 29 de Agosto del 2009:
“…A mí me educó y me formó así la Iglesia Católica chilena. Yo soy producto ciento por ciento de ella. No estudié Teología fuera de Chile. Ahora, habría que preguntarle a ella por qué han cambiado, por qué ahora usan colleras algunos curas (…) El cardenal Raúl Silva Henríquez me ordenó, monseñor Alvear me formó en la zona oeste; los obispos no usaban cuellos romanos y estaban cercanos y metidos con la gente más pobre. Los obispos eran acusados de rojos y no los invitaban a los cócteles, y estaban preocupados de la pobreza y la justicia, y no tan preocupados del condón”.
“Creo que en la Iglesia Católica en lo que estamos de acuerdo todos es en el credo; las demás cosas son debatibles”
“Yo creo que nosotros no somos un rebaño de ovejas detrás de un pastor. El evangelio dice que el pastor conoce a cada oveja por su nombre y cada oveja tiene opinión”.
Y es que lo que yo quiero dejar en claro es que el padre Berríos tiene una manifiesta “deformación cristiana neomodernista”. La verdad es que uno se pregunta si se puede llamar cristiano a su pensamiento y no es un sistema meramente filantrópico, pues por andar construyendo casas piensa que evangeliza a los pobres, cuando la verdad es que parece que los utiliza para difundir sus ideas y para des-evangelizarlos.
Su cabeza no es capaz de entender el mensaje de Cristo y su Evangelio ni de adherir al Magisterio de la Iglesia y todo lo tiñe con su ideología materialista, donde unos son buenos y pobres y otros ricos y malvados.
Hasta ahora ningún obispo y mucho menos su superior provincial han hecho nunca acto alguno de reproche o de queja público, salvo el cardenal Jorge Medina. Porque el llamado de atención que le hizo el cardenal Errázuriz, arzobispo de Santiago y Monseñor Goic, Presidente de la Conferencia Episcopal chilena, por haber dicho que cuando hay relaciones sexuales de riesgo "hay una obligación moral de usar el condón", ha quedado en nada (cf. Diario el Mercurio 26.11.2005).
Y lo que es más alarmante es que él mismo declara que “la Iglesia chilena lo formó así”. Por esto quizás es que nadie es capaz en toda la conferencia Episcopal de Chile de detener estos escándalos. Por esto yo llamo la atención a todos quienes son responsables de complicidad o impasividad culpable frente a estos actos, pues el padre Berríos es sólo un ejemplo de lo que pasa en extensos sectores de la “Compañía de Jesús” (como el escándalo permanente que da el P. Masiá, o lo del Instituto de Bioética de Borja, con sede en Barcelona). Basta con escuchar las prédicas de estos sacerdotes y darse cuenta en qué posición están: abiertamente contrarios al magisterio y enseñando errores y mentiras.
Por esto quise escribir, pues no soy de quienes semana a semana escriben cartas a los diarios o entran en grandes debates, pero la situación del padre Berríos y “sus compañeros” con sus escándalos permanentes deberían aclararse por parte de las autoridades de la Iglesia, pues pasan con total impunidad en medio de la Esposa de Cristo causando un grave escándalo entre el pueblo fiel.
Pero me temo que nuevamente terminará el fin de semana, cerraremos los diarios, terminaran las declaraciones cruzadas y se nos dirá que “hay que ser caritativos, ocultar el pecado del prójimo, vivir con optimismo y dejar de juzgar a los demás, en definitivo, no ser farisaico” y todo quedará como siempre, mientras a los pobres, a los niños, jóvenes y al pueblo católico se le enseñan mentiras, herejías, errores y pecados que pueden llevarlos a su condenación eterna, pero que parece a nadie ya le importa. Bueno, si es que aún creen en el infierno… claro.
P. Pedro Pablo de María Silva.
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