Santos no ejemplares

Y es que la gracia de Dios, cuando actúa en un hombre concreto, aunque éste sea perfectamente dócil, no le sana necesariamente en esta vida todas las deficiencias intelectuales, volitivas y operativas de su naturaleza humana, tan herida y enferma. Sana en él todo aquello que viene exigido para su perfecta unión con Dios y para el cumplimiento de su vocación. Pero deja Dios a veces, sin embargo, que perduren en él no pocas deficiencias psicológicas y morales inculpables, que serán, quizá durante toda su vida, una gran cruz de humillación y sufrimiento.

«Alegra esa cara, hombre. La confianza en Dios tiene que echar fuera todas esas angustias. Un santo triste es un triste santo»... Hay personas caritativas que hacen esas consideraciones tan piadosas, y que serían capaces de hacérselas en Getsemaní al mismo Cristo: «vamos, Jesús, menos pavor, angustia y sudor de sangre, y un poquito más de confianza en Dios».

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Santos ejemplares. El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo como don supremo, quiere hacer que los hombres, después de haber nacido de sus padres, nazcan de nuevo, nazcan de Dios, de lo alto, del Espíritu (Jn 1,13; 3,5), y vengan a ser una nueva criatura (Ef 2,15; 2Cor 5,17), una raza de hombres no viejos, sino nuevos (Rm 6,6; Col 3,10; Ef 2,15), no terrenos, sino celestiales (1Cor 15,45-46), no ya carnales, sino espirituales (Sant 3,15; 1Cor 2,14; 3,1). Venir a ser cristiano, por la gracia de Dios, no implica pues un cambio solamente moral, sino antes y más un cambio ontológico. Porque la gracia de Dios cambia el ser del hombre, por eso éste puede y debe cambiar su obrar (operari sequitur esse). Qué bueno sería que esta verdad se afirmara con mucha mayor frecuencia. Cuántas veces se habla del cristianismo sobre todo como de una renovación moral. Enorme error.

La gracia de Cristo sana, perfecciona y eleva la naturaleza humana. El Espíritu Santo, que «de las piedras saca hijos de Abraham» (Lc 3,8), ha de sanar, perfeccionar y elevar la razón del hombre («nosotros tenemos la mente de Cristo», 1Cor 2,16), su voluntad, es decir, su amor («por la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado», Rm 5,5), y también sus afectos y sentimientos («tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús», Flp 2,5). Más aún, hasta la memoria, la imaginación y los fondos subconscientes del cristiano han de ser sanados e iluminados por su gracia. Y, por supuesto, también sus obras han de ser santificadas, ya que «la fe sin obras está muerta» (Sant 2,17). Esto, como sabemos, no se lo creen los luteranos y tampoco los quietistas. Pero el católico cree con firmeza que si quiere co-laborar dócilmente con el Espíritu Santo, y no resistirle, debe empeñarse en reconstruir totalmente su personalidad y su vida. Y cuando esa transfiguración en Cristo, con el auxilio de la gracia, se logra en forma notable, tenemos un santo ejemplar, que incluso a veces será canonizado por la Iglesia. 

Santos no ejemplares. Pero otras veces, cuando la Providencia divina así lo dispone, pueden darse en el cristiano, de modo inculpable, importantes carencias –de salud mental, de formación doctrinal, de asistencias personales–. Y permite Dios entonces no pocas veces que perduren inculpablemente en el cristiano ciertas deficiencias psicológicas o morales que no afectan a la esencia de la santidad, pues al no ser voluntarias, no resisten la obra de la gracia. Aunque, eso sí, la oscurecen, y la ocultan en cierta medida ante los otros.

Y es que la gracia de Dios, cuando actúa en un hombre concreto, aunque éste sea perfectamente dócil, no le sana necesariamente en esta vida todas las deficiencias intelectuales, volitivas y operativas de su naturaleza humana, tan herida y enferma. Sana en él todo aquello que viene exigido para su perfecta unión con Dios y para el cumplimiento de su vocación. Pero deja Dios a veces, sin embargo, que perduren en él no pocas deficiencias psicológicas y morales inculpables, que serán, quizá durante toda su vida, una gran cruz de humillación y sufrimiento. Y nada expía, purifica y santifica tanto como participar de la cruz de Cristo. Por tanto, puede Dios permitir, por ejemplo, que un cristiano que está fuerte en la virtud teologal de la esperanza sufra profundas depresiones crónicas de ansiedad y angustia. Puede permitir, y permite a veces, que una persona de gran caridad padezca con cierta frecuencia crisis compulsivas de irritación furiosa con sus prójimos. Y podría poner más ejemplos, entrando también en temas más vidriosos; pero me abstengo.  

Pues bien, cristianos como éstos vendrán a ser santos no-ejemplares. Y seguro que la Iglesia no los canoniza. Pero son santos. La Iglesia sólo canoniza a aquellos cristianos en los que la santidad ontológica ha tenido una plena irradiación psicológica y moral, y que por eso son un ejemplo y un estímulo para los fieles.

No siempre es fácil distinguir al pecador del santo no-ejemplar; pero, al menos a la larga, no es tan difícil. El pecador trata de exculparse, se justifica, se conforma sin lucha con su modo de ser («lo que hago no es malo», «recibí una naturaleza torcida y me limito a seguirla», «la culpa la tienen los otros»). El santo no-ejemplar no trata de justificarse, remite sus deficiencias a la misericordia de Cristo, no intenta hacer bueno lo malo, no echa la culpa a los demás, y pone todos los medios a su alcance –que a veces en ciertas cosas son mínimos– para salir de sus miserias.

El santo no-ejemplar, por otra parte, da muestras fide-dignas de su virtud, solo en apariencia inexistente. Sufre, por ejemplo, grandes ansiedades y angustias neuróticas, pero permanece en una paz humilde, y ayudado por la gracia, multiplica los actos muy intensos de aceptación de la voluntad divina, de abandono confiado, sabiendo esperar «contra toda esperanza» (Rm 4,18). Y precisamente por esos actos tan intensos crece grandemente en la vida de la gracia, en la configuración a Jesucristo. Con ocasión de esa enfermedad psico-somática, el Espíritu Santo le está purificando y santificando acelerada y profundamente. Está haciendo de esa persona un santo, un gran santo, pero un santo no-ejemplar.

La negación de los santos no-ejemplares implica una mala doctrina sobre la gracia y lleva a conductas crueles con uno mismo y con los otros. Es muy importante –en uno mismo, en el director espiritual, en los familiares y amigos– conocer bien que no siempre la santidad substancial produce la expresión accidental que en principio le correspondería tener. Si se ignora esta distinción, pueden causarse grandes daños y sufrimientos: «Alegra esa cara, hombre. La confianza en Dios tiene que echar fuera todas esas angustias. Un santo triste es un triste santo». La persona caritativa que hace a veces esas consideraciones tan piadosas sería capaz de hacérselas en Getsemaní al mismo Cristo: «vamos, Jesús, menos pavor, angustia y sudor de sangre, y un poquito más de confianza en Dios».

Atención a las razones teológicas que siguen. La gracia perfecciona al alma misma, que es distinta de sus potencias, al menos en la doctrina de Santo Tomás. Y por otra parte, el grado de una virtud como hábito no se identifica necesariamente con su facilidad para ejercitarse en actos. Por eso, identificar sin más grado de virtud y grado de su ejercicio es un grave error, que trae en la vida espiritual prolongadas dudas vanas, muchos esfuerzos fracasados y –sobre todo en quienes buscan con toda su alma la santidad– muchos sufrimientos. Por su parte, da ocasión a que los prójimos bienintencionados hagan muchas exhortaciones inútiles y perjudiciales, y frecuentes correcciones inoportunas, que pueden confundir al que sufre esas pruebas y hundirlo en la más negra miseria.

Es verdad que, de suyo, un hábito virtuoso facilita el ejercicio de los actos que le son propios. Pero no siempre es así, como advierte Santo Tomás: «Ocurre a veces que uno que tiene un hábito encuentra dificultad en obrar y, por consiguiente no siente deleite ni complacencia en ejercitarlo [como sería lo natural] a causa de algún impedimento de origen extrínseco: como el que posee un hábito de ciencia y padece dificultad en entender, por la somnolencia o alguna enfermedad» (Summa Thlg. I-II,65,2 ad 2m). Aplíquese esta verdad, por ejemplo, al hombre fuerte en la esperanza y lleno de angustias neuróticas, porque padece la hipofunción de no sé qué glándula. Y recuérdese siempre que, después de todo, la plena santificación del hombre se da solo en la resurrección: «Sabemos que cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2).

Los santos saben muy bien todo esto (bueno, y si alguno no lo sabe, será, al menos en esta cuestión, un santo no-ejemplar). Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, sabía que algunas personas de mucho espíritu de oración, por dolencias psicológicas o por lo que fuera, eran incapaces de ponerse a orar asiduamente. Y ella les aconsejaba no «atormentar el alma a lo que no puede», haciéndoles entender que estas impotencias «aunque a nosotros nos parecen faltas, no lo son; ya sabe Su Majestad nuestra miseria y bajo natural, mejor que nosotros mismos, y sabe que ya estas almas desean siempre pensar en Él y amarle» (Vida 11,16). Y lo mismo decía San Juan de la Cruz cuando afirmaba que «hay muchas almas que piensan no tienen oración y tienen muy mucha, y otras que tienen mucha y es poco más que nada» (prólogo Subida 6).

Estas verdades, cuando son mal entendidas –como todas–, pueden dar ocasión a graves extravíos espirituales. Por eso hay que poner cuidado en entenderlas bien. Y cuando, con la ayuda de la gracia, se entienden rectamente, acrecientan mucho en el cristiano la paz interior y la libertad de espíritu, la confianza alegre y la perfecta unión con Dios, por un amor lleno de agradecimiento. Por el contrario, los planteamientos voluntaristas pelagianos o semipelagianos, al ser falsos, necesariamente causan graves penalidades y perjuicios en la vida espiritual. Así que habrá que arriesgarse a predicar, a creer y a vivir las verdades católicas sobre la gracia.

José María Iraburu, sacerdote

 

31 comentarios

asrone
Muchísimas gracias por su artículo.

Le estaría enormemente agradecido si en otra ocasión pudiera profundizar en el tema de los planteamientos voluntaristas pelagianos o semipelagianos de los que habla.

Gracias.
1/06/09 1:31 PM
Mario
Fantástico. Qué facil es caer en ganarse el cielo a pulso, y no darse cuenta de que todo es gracia, ¿no? Y si hay santos con imperfecciones... cuanto más los que en definitiva somos solamente barro...
1/06/09 1:40 PM
luis
De acuerdo con los principios doctrinarios, menos de acuerdo con esta categoría de "santos no ejemplares". Puede prestarse a equívocos, de hecho una noción similar la están usando miembros de una organizacion religiosa para justificar los desvíos de su Fundador.
1/06/09 2:51 PM
Eduardo Jariod
Muy interesante artículo. Le doy las gracias por ello.

Sin ser santo ejemplar ni no ejemplar, he llegado a la conclusión, basada en mi experiencia, de que no se entiende el sufrimiento de la prueba o la cruz más que por el que las sufre. Cuando vives estas situaciones, la incomprensión de aquellos que deberían estar más cerca al menos espiritualmente de ti, se muestran de una opacidad desoladora. Es una mezcla de ceguera y de mudez. Silencio, cuando no crítica fácil e injusta, como la que Vd. perfectamente describe.

Ante el dolor, en definitiva, sólo (¡y nada menos!) nos queda Cristo y, en el mejor de los casos, aquellos que aquí abajo nos quieren a pesar de todo.
1/06/09 3:02 PM
Flavia
Querido Padre, sólo Dios podrá premiarle el inmenso bien que hace con sus escritos. Tenía muchísimas ganas de darle las gracias por haber podido estudiar su " Teología espiritual ". Canela en rama. ¡ Gracias de todo corazón !
1/06/09 3:58 PM
José Carlos
Que Dios le bendiga,Padre,por sus artículos.Le tiene que dar muchas gracias al Señor por ese don de saber iluminar las mentes de sus oyentes con sus acertadas palabras.Creo que sólo son posibles si el Espíritu Santo está con usted.Repito: que Dios le bendiga y muchas gracias.
1/06/09 6:51 PM
Kanbei
Muchas gracias Padre. Su expléndido artículo va a ser una gran ayuda para muchos...empezando por mi.

Un fuerte abrazo en Cristo.
2/06/09 7:14 AM
Gracias, Padre: es un placer y una lección de espiritualidad puesta en palabras que todos podemos comprender.
2/06/09 11:47 AM
Camino
Luis: claro que algunos hay ahora mismo que justifican conductas y doctrinas "parecidas" pero en realidad "contrarias" a lo que expone el P.Iraburu, con grave daño de quienes les siguen. El mismo P.Iraburu dice que "estas verdades, cuando son mal entendidas –como todas–, pueden dar ocasión a graves extravíos espirituales. Por eso hay que poner cuidado en entenderlas bien". Pero eso no justifica que no se prediquen y expliquen bien. Creo que es peor el daño que se ha hecho a nuestra generación por el voluntarismo y semipelagianismo que por el quietismo y cosas parecidas. Y creo que es peor porque no es denunciado y es ampliamente predicado y practicado. Dejándose a la vera del camino a montones de cristianos que aspiran-aspiramos a ser ayudados a ser santos, ejemplares o no, miembros vivos del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Creo que eso es así, al menos en España.
Gracias al padre Iraburu, y gracias a todos los sacerdotes "especializados" en "católicos problemáticos disconformes con sus problemas". Que gracias a Dios tengamos siempre a algunos de ellos cerca.
2/06/09 1:28 PM
Ricardo de Argentina
"Lo esencial (la Gracia) es invisible a los ojos". ¡Pues sí señor! Muchísimas gracias por el artículo, Padre. Justamente anteayer domingo escuché el sermón de un joven sacerdote, cuya formación creo no es de las mejores, que afirmaba lo contrario. Decía que quien está en gracia, siempre manifiesta una paz característica de tal estado.
Padre, le deseo que el Espíritu Santo siga iluminándolo para que a su vez nos ilumine a nosotros!
2/06/09 1:48 PM
Ricardo de Argentina
Asrone
Si me permites el comedimento, y advirtiendo que mis conocimientos de teología son superficiales, tengo entendido que el pelagianismo sostiene que uno se salva por la "fuerza de la propia voluntad". Algunos lo expresan diciendo que "hay que tenerse fe", o también "creer en sí mismo". Estimo que cerca del 50% de la población de nuestras naciones otrora católicas, soy hoy día pelagianas.

El semipelagianismo le "permite" a Dios participar de la propia salvación, haciendo así como una "sociedad a medias" : 50% Gracia y 50% tu propia voluntad.Hay mucho semipelaguismo entre los católicos practicantes. Son justamente esos del "triste santo" que menciona el P. Iraburu.

El Magisterio en cambio, enseña que la salvación viene por la Gracia, y que ella actúa a condición de que la voluntad no le ponga obstáculos.
2/06/09 1:59 PM
asrone
Gracias, Ricardo de Argentina.
2/06/09 2:57 PM
luis
Insisto. El pelagianismo será malo, pero el quietismo también, sobre todo en el clima laxista moderno y progresista, donde la banalizacion del pecado está a la orden del día. Tanto Lumen Dei como los Legionarios, en sus respectiovos problemas, usan argumentos de índole quietista. Hay que aclarar más.
2/06/09 3:33 PM
Uno
Magnífico artículo que me ha ayudado mucho personalmente. Gracias, padre.
2/06/09 4:52 PM
Ana Maria
Segun el texto me da la impresion que si vieramos la vida de todos los santos canonizados mas de la mitad deberia ser llamado "no ejemplar"..
Humanamente humanos ¿Cual no ha sufrido de los sintomas establecidos en el texto presentado?..¿Quien no ha tenido depresiones?¿Quien no ha tenido dudas?..y si vamos a ese silencio interior que sufren las personas que van en camino de santidad..¿Con cuantas sonrisas lo han sobrellevado?¿Pueden haberla vivido sin crisis alguna?..Santa Catalina de Siena se flagelaba y la sangre se expandia por todas partes, hasta en su propia madre,..otros hasta se manifestaban anorexicos,..otros han tenido un caracter espantoso..¡Y son santos canonizados!..
"Santos no ejemplares"...sabemos que solo se es santo cuando se llega al cielo, y los criterios que la iglesia establece ha dejado fuera todo lo que pueda llamarse neurosis, por el simple hecho de que la gracia santificante obra en acto superando toda falencia humana..
El unico santo que pudo llamarse santo estando en la tierra fue nuestro Señor Jesus, el resto es dificil de encontrar al no poder determinarse con certeza quien es verdaderamente santo entre nosotros..posiblemente muchos esten en camino..pero sabemos, "el camino termina en el cielo"..
2/06/09 9:21 PM
Joaquín
Excelente artículo del P. Iraburu. Ahora bien, me planteo que las causas de los santos podrían suprimirse. No necesitamos más santos (entiéndase, no necesitamos que la Iglesia canonice más santos). Ya está bien con el catálogo histórico. A partir de ahora, todos serán "santos anónimos".
3/06/09 3:49 PM
Estoy bastante de acuerdo con lo que dice Ana María, a mi el texto me ha gustado pero no entiendo bien la diferencia entre santo canonizado y santo no ejemplar. Es decir, es como si hubiera dos categorias de santos, aquellos en los que la Gracia actúa plenamente, y aquellos en los que Dios permite sigan con la "cruz" de sus miserias. Creo que no hay ni un solo santo canonizado que no haya tenido que sufrir sus propias "neuras", las normales de su condición humana. Otra cosa es que se sepa. En muchas biografías de santos, todo es maravilloso, bueno, fácil incluso, y yo no me lo creo, pues serían ejemplos imposibles de seguir. Me quedo entonces, por más mérito, con el santo no ejemplar.
4/06/09 11:03 AM
anarico
En el país de zp, como no podía ser de otra manera, tiene los correspondientes sacerdotes zp y padres de zp. Y un pueblo de Dios desorientado y perdido.
4/06/09 12:30 PM
Eduardo Jariod
Ana María y Almudena

Tal como he entendido el artículo no se trataría tanto de defender una distinción académica sobre tipos de santos, sino ofrecer la posibilidad de comprender que la santidad, siendo siempre fruto de la gracia recibida como don por el hombre, va acompañada de las características humanas y, por tanto, falibles propias de todo hijo de Dios marcado por el pecado. En unos parece pesar más las limitaciones puramente humanas, y en otros parece brillar más la iluminación del Espíritu en sus corazones. Pero no cabe ir más allá. De otra manera, no se entiende semejante distinción. Sin ir más lejos, San Pablo es un caso clarísimo de santidad ejemplar y no ejemplar a la vez. Entregado a la causa de Cristo y de la evangelización como pocos antes y después de él, al parecer distaba de ser un hombre de trato afable, cordial y mesurado. Yo he llegado a leer de él que padecía de graves trastornos maníacodepresivos (de esto se trataría, dicen algunos, la famosa espina de la que Dios no le concedió librarle). Por aquí, me parece habría que entender el texto del padre Iraburu.
4/06/09 1:25 PM
Gracias Eduardo, estoy de acuerdo contigo, pero el texto dice lo que dice. El P.Iraburu, a quien admiro y respeto,escribe:..."Pues bien, cristianos como éstos vendrán a ser santos no-ejemplares. Y seguro que la Iglesia no los canoniza. Pero son santos. La Iglesia sólo canoniza a aquellos cristianos en los que la santidad ontológica ha tenido una plena irradiación psicológica y moral, y que por eso son un ejemplo y un estímulo para los fieles".Sn Pablo rompería esta afirmación, si como tú muy bien dices, tenía la famosa espina de la que Dios no quiso librarle.Según esto, sería un santo no ejemplar, y por tanto santo pero no canonizado. Bueno, que me sigue siendo difícil creer que alguien, fuera de Jesucristo, haya gozado de una irradiación PLENA psicológica y moral. Creo que es una bonita exposición personal del P.Iraburu a cerca de la santidad, solo eso, sin obligación de asumirla.
4/06/09 4:11 PM
Tarsicia
Vaya...vaya.
Acabo de darme cuenta de que es usted el autor del libro, con el que quería hacer el comentario.....
Ya decía yo, que parecía su texto, sacado del libro."Síntesis de espiritualidad católica".
Enhorabuena........Ese libro es magnífico.
4/06/09 5:20 PM
Eduardo Jariod
Almudena

Ciertamente, si nos atenemos a la literalidad del texto, llevas razón. Pero en no pocas ocasiones la literalidad de un texto traiciona el espíritu de lo que el autor quería plasmar. Por esto, aunque la distinción no esté bien fundamentada, sin embargo, fíjate cuánto consuelo ha producido a no pocos de los que lo hemos leído; basta echar un vistazo a los comentarios de los compañeros. Porque, quizá a pesar incluso de las intenciones de su autor, la verdad de lo que quería decir estaba en otro lugar: en que la santidad, reconocida o no oficialmente, está al alcance de todos, incluso de aquellos que poseen (o poseemos) rasgos negativos en nuestra personalidad o en nuestro espíritu.
4/06/09 9:12 PM
Bien Eduardo, te entiendo perfectamente. Dios te bendiga, y al P. Iraburu le siga dando luz para que continue siendo un gran pastor de almas. La grey lo necesita.
5/06/09 9:29 AM
Eduardo Jariod
Y a ti también, que Dios te bendiga, Almudena.
5/06/09 4:53 PM
Ana
Impresionante. Después de leer esto veo muy claro que Dios nos ama mucho, como somos aunque nos quiera mejores y tratando de cumplir sus planes sobre nosotros.
6/06/09 6:26 PM
Diego +
Me parece un tema actualísimo y de enorme interés práctico. Cuantos curas de almás, médicos del espíritu, conducen las almas como unos pelagianazos de tomo y lomo; desconocen el natural humano, -unidad psicosomática y espiritual-, y la acción potentísima de la Gracia, el PROTAGONISMO ABSOLUTO del Espíritu Sanante y Deificante. Los rudimentos de gracia y antropología brillan por su ausencia y muchos educadores entran en situaciones complejas como elefante en cacharrería.
En mi ministerio he hallado deprimidos profundamente unidos al Señor, a su Cruz de Vida. Otros, con afilados aristas en el carácter, se han dulcificado en la Caridad de Cristo; y, hasta en su árido trato resultan enormemente atractivos.
Los esquizofrénicos gozan de una inefable experiencia de Dios.
Los neuróticos dan mucha Gloria a Dios luchando, con Paz, contra ellos mismos. Y mejoran indeciblemente, etc.
En verdad se trata de una materia compleja, dinámica y de enorme urgencia pastoral. Gracias P. Iraburu. "Sanctifica eos in veritatem".
9/06/09 1:01 PM
Joseph M
Gracias José Maria Iraburu.
Pienso que las cosas son así como las ha expuesto.
Ya San Francisco de Sales, en su Tratado del amor de Dios decía, más o menos, que: la condición de cada uno (su personalidad) importa poco en su camino de santidad y para acercarse a Dios. Cada uno, con su personalidad (carácter) es llamado a la santidad y la obra, en ese sentido, es SOBRENATURAL...
Repito, gracias José Maria Iraburu.
29/06/09 12:49 AM
Paloma
Muy consolador post y comentarios. De los que llenan de esperanza. Es perfecto haberlo leído tras la serie del semipelagianismo.
Gracias, Padre Iraburu, Dios le guarde.
20/02/10 11:26 PM
Maria Garcia Mora
Desde que descubrí sus escritos Padre Iraburu, no los suelto. Es consolador, y ayuda a calmar la angustia que produce tanta ambiguedad de hoy. Que Dios lo cuide y ampare Padre y seguro que el Espíritu
Santo está en usted. Usted pone los puntos sobre las íes, y tanta claridad, sencillez y profundidad me va poniendo de nuevo en el camino. Que Dios lo bendiga!
24/09/10 6:48 PM
Carlos Alfredo Flórez Campos
Muchas gracias Padre Iraburu, por este importantísimo artículo de " santos no ejemplares".He sacado la conclusión de que este tipo de santidad en la caridad y dejando obrar al Espíritu Santo, es de tan sublime humildad, que sigue su camino de santidad tan silenciosamente, que sólo desae que Dios lo conozca, y nadie mas, ni sus parientes, ni sus amigos, ni la Comunidad, y ni siquiera la Iglesia lo conozca. La idea es pasar desapercibido haciendo el bien y sólo con un deseo ardiente de agedar y amar a Dios por toda la eternidad.Le agradecería Padre, si le es posible hablarno mas sobre este tema.
Que Dios lo bendiga.
22/11/10 1:14 PM
Martita Gonzalez
Que maravilloso articulo. El el se puede uno abandonar en la interiorizacion y el silencio, releyendo para entender mejor y recordano momentos o personas concretas segun lo que se explica, y hasta discerniendo uno si uno esta entre estos santos, porque de verdad sabe uno que esta en camino de conversion y se cuestiona uno porque no reaccciono ante ciertos dones o ante la Gracia, etc. Gracias por la formacion.
9/02/14 6:16 PM

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