Hilari Raguer, o Lucía Caram en Montserrat y con estudios

¡Qué mal está la Orden de San Benito para que alguien como yo le pueda zumbar a una de sus lumbreras científicas sin arremangarme!

El enloquecimiento de las elites catalanas no afecta sólo a los rufianes y las forcadellas, sino que también ha infectado a instituciones que creíamos apartadas del mundanal ruido. Hace poco, la monja sor Lucía Caram, dominica contemplativa argentina afincada en Cataluña, negó en una televisión el dogma de la virginidad de María, sin que sus superiores le hayan sancionado.

Otro clergue-vedette es Hilari Raguer. Nacido en 1928, es un monje benedictino que tiene el oficio de historiador y el sueño de una república catalana independiente. La izquierda española lo emplea como ‘tonto útil’ cuando necesitan adornar cualquier campaña contra la Iglesia católica y la derecha.

Raguer es uno de los principales denigradores de las beatificaciones por la Iglesia de mártires de la guerra civil. Entre éstos, el que más le sulfura es el arzobispo de Barcelona monseñor Manuel Irurita, asesinado en diciembre de 1936. Asegura que éste estaba vivo en Barcelona en enero de 1939, aunque no sabe cuándo murió ni dónde ni por qué se ocultó. Por motivos ideológicos, Raguer rechaza las pruebas forenses y testificales de la época y hasta las de ADN hechas en 1999.

Con motivo de una entrevista en La Vanguardia en 2007, Juan Carlos Girauta definió así al monje:

«uno de esos seres humanos que sacan lo peor de cada cual. Lo lees y te entran ganas de alistarte, en el bando que sea. Pero tranquilos; aunque él diga que es historiador, en realidad es historia. De la peor.»

El 10 de febrero, de nuevo en La Vanguardia, aparece Raguer para soltar una catarata de mentiras, del estilo de las que se inculcan en los escolares. Vamos a refutar al monje mentiroso. Porque mentir es decir falsedad con la intención de engañar (San Agustín), y Raguer sabe que está mintiendo. Le concedo que al menos no niega que hayan visitado su abadía Franco, el salvador de los católicos catalanes, y el alemán Himmler.

«Cataluña ha sido independentista desde el 12 de septiembre de 1714»

Supongo que se refiere a los catalanes en vez de a doña Cataluña, esa señora que es íntima de los nacionalistas y en cuyo nombre hablan éstos…

A diferencia de los escoceses sometidos a los ingleses y sus reyes luteranos o los polacos bajo los zares, los catalanes no se sublevaron ni contra Felipe V ni contra sus descendientes, hasta entrado el siglo XIX. Cuando Carlos III, hijo de Felipe, vino de Nápoles a España para recoger la corona, desembarcó en Barcelona en octubre de 1759 y la multitud le recibió al grito de «Viva Carlos Tercero, el verdadero».

Las autoridades catalanas celebraron el ascenso al trono de Fernando VII. El pueblo catalán se desangró en la guerra de la Independencia, cuyo heroísmo destacó en la resistencia de los vecinos de Gerona bajo el mando del general granadino Álvarez de Castro y la batalla del Bruch.

En 1827, miles de campesinos se sublevaron en favor de Fernando VII como rey absoluto y pedían, además, la restauración de la Inquisición. Se llamó a este conflicto la Guerra de los Malcontents, maldita en la historiografía catalanista. Las guerras carlistas del siglo XIX también dividieron a los catalanes. Ninguno de los que participaron en ellas quería la independencia.

Para no alargarnos, saltemos al siglo XX. En 1923, las fuerzas vivas de Barcelona despidieron a Miguel Primo de Rivera, capitán general de la región, que, después de su pronunciamiento marchaba a Madrid en tren para acudir a la llamada de Alfonso XIII. La estación de Francia, publicó La Vanguardia, rebosaba de catalanes ‘de orden’ que querían palmotear la espalda del ‘salvador de España’.

En la última guerra, el Tercio de Montserrat, formado por catalanes, fue la unidad militar del bando nacional con mayor proporción de bajas. Y Francesc Cambó, aparte de donar gran parte de su fortuna a la causa del 18 de julio, aconsejó a sus correligionarios de la Lliga que quienes estuvieran en edad militar se alistasen en el ejército de Franco y quienes la hubiesen sobrepasado le diesen dinero.

 

Los barceloneses se echaron a la calle para recibir a las tropas del general Yagüe en enero de 1939. Franco realizó quince visitas a Cataluña. Entre sus regalos a Cataluña están la factoría de Seat y el ‘pelotazo’ urbanístico que evitó la quiebra del FC Barcelona. La agradecida junta del Barça le condecoró dos veces en los años 70.

En el referéndum de la Constitución de 1978, en cuya redacción participaron 47 diputados y 16 senadores catalanes, el 91% de los votos emitidos fue afirmativo. El segundo estatuto de autonomía catalán, refrendado en 2006, obtuvo casi 1,9 millones de votos afirmativos, lejos de los 2,7 millones de síes por la Constitución.

«El Estado no puede tomar actitudes brutales como las de Felipe V o Franco»

Felipe V indultó en 1719 a Rafael Casanova, jefe político de la resistencia en Barcelona contra las tropas borbónicas, que ejerció su profesión de abogado y murió tranquilamente en San Baudilio de Llobregat en 1743.

Durante la guerra de 1936-39, bajo el gobierno de Lluís Companys (ERC), la máquina del Frente Popular, fuesen ‘incontrolados’ muy controlados, o la policía de la Generalitat, se asesinó a más de 8.400 personas, casi todas catalanas. Los datos más recientes los ha aportado Javier Barraycoa en Los (des)controlados de Companys. Por el contrario, la represión franquista desde el invierno de 1949 a finales de los años 40 fusiló a menos de 3.500 catalanes.

Los primeros campos de trabajo forzado para presos políticos los abrieron en suelo catalán las izquierdas y Esquerra Republicana.

La ‘persecución’ a la lengua catalana era tal que ya en el curso 1967/1968 las escuelas municipales de Barcelona ofrecían voluntariamente más horas de catalán (cinco) que las que ofrecen en la actualidad las escuelas catalanas de castellano (dos).

Sin duda más información sobre la brutalidad de Franco la puede hallar en los archivos de los Godó: entre otros sufrimientos, el padre del actual propietario desempeñó cinco legislaturas como procurador en las Cortes franquistas.

«Cuando murió Isabel, los castellanos no aceptaron nunca a Fernando»

La cita es más larga, pero merece reproducirse entera para conocer la obsesión de los historiadores catalanistas: la unidad de España no existió hasta 1714 o por ahí, los Reyes Católicos no lo fueron de España y todo responde a una mentira oficial.

«la historia de la unidad de España con los Reyes Católicos no es cierta. Mucho ‘tanto monta, monta tanto’, pero cuando murió Isabel, los castellanos no aceptaron nunca a Fernando, ni como regente. ¿Dónde está la unidad? Es la mentira más grande de la historia oficial de España.»

Antes que nada, el lema ‘tanto monta, monta tanto’ jamás existió, como ya demostró un historiador castellano en 1948. Raguer es capaz de creer cualquier memez de la leyenda negra, como que la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, en realidad estaba enamorada del contrahecho y perturbado príncipe Carlos.

La reina Isabel I nombró en su testamento gobernador de Castilla al rey Fernando y cuando la soberana falleció (1504) las Cortes de Toro así lo hicieron. Luego Felipe el Hermoso y los grandes linajes castellanos se unieron contra Fernando, al que expulsaron de Castilla.

Al morir Felipe (1506) y dada la incapacidad de la reina Juana I, el arzobispo Cisneros se hizo con la presidencia de la junta de gobierno y llamó al rey Fernando. Éste penetró en Castilla por Soria, acompañado por las aclamaciones del pueblo. En 1507 se le nombró regente y hasta su fallecimiento (23 de enero de 1516) no abandonó Castilla. Invadió el reino de Navarra (1512) y lo anexionó a la Corona de Castilla, no a la de Aragón.

¿No tienen en la biblioteca de la abadía ningún libro de Luis Suárez sobre los Reyes Católicos o ya los han tirado a la basura?

Vivir para ver, no a Dios, sino la república de Cataluña

Lo más triste es que este hijo nominal de San Benito (uno de los padres de Europa), casi nonagenario y después de haber superado un grave infarto, pone sus anhelos no en Dios, sino en la tierra y las cosas de los hombres.

A la pregunta de la entrevistadora de si «no quiere morirse sin ver antes la independencia de Cataluña», el monje contesta:

«Sí, sí, pero que se apresuren. Digo que sí confiando en la fuerza del independentismo pero también en los progresos médicos.»

A pesar de su estado religioso y su edad, no parece que a Dom Hilari le conmueva este consejo de Jesucristo:

«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.»

¡Qué mal está la Orden de San Benito para que alguien como yo le pueda zumbar a una de sus lumbreras científicas sin arremangarme!

Pedro Fernández Barbadillo 

Publicado originalmente en Libertad Digital

2 comentarios

chico
Está claro: En la cuestión catalana siempre hay y hubo mucho sentimentalismo y nada de racionalidad. Y la verdad no se funda en el sentimiento sino en la razón.
15/02/17 8:48 AM
Concha
Eres un hombre libre y lúcido, hermano Pedro! Las piedras de la sabiduría no hieren, dan fortaleza. Quién pone vallas a la libermanía de expresión?
17/02/17 12:22 PM

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