Algo está cambiando en Europa

Si se compara la abolición de la esclavitud con el aborto hay que sacar todas las consecuencias. No es posible contentarse con abolir un poco la esclavitud, hay que acabar con ella. Lo mismo pasa con el aborto.

Acabo de volver de París y he podido comprobar con mis ojos la multitudinaria Marcha por la vida organizada por distintos grupos franceses. En esta marcha se han escuchado diversas voces alentando la iniciativa del Gobierno de España con su propuesta de reforma de la Ley del aborto. Resulta curioso que la Francia laica esté ahora mismo continuamente expresando con estudios serios y con manifestaciones en la calle su deseo de defender la dignidad de la vida humana y de que se respete el matrimonio entre un hombre y una mujer como una institución básica para el bien común. Llama a su vez la atención el carácter plural e interreligioso de quienes acuden a las manifestaciones o levantan su voz a través de libros y escritos.

Todo ello expresa que algo está cambiando en Europa y que empieza a haber una reacción de las conciencias ante el aplastamiento que supone la cultura de la muerte. Lo mismo podríamos encontrar en otros países: Polonia, Hungría, etc. Por otra parte, la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo a favor de la vida humana en estado embrionario (Luxemburgo, Gran Sala del Tribunal de Justicia Europeo, 18-10-2011, sentencia del caso C 34/10), o la resolución del Consejo de Europa en contra de la eutanasia y a favor de la vida (Estrasburgo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, en sesión de 25-01-2012, aprobó la resolución 1859/2012), también son expresión de cierto retroceso de la cultura de la muerte. Hay indicios de una mayor sensibilidad por la vida (por ejemplo, la campaña Uno de nosotros) y ya son muchas voces las que se oponen a una Educación sexual que propicia los mal llamados nuevos derechos sexuales y al inexistente derecho al aborto.

No basta con abolir un poco

Sin embargo, en España resulta patético el engañoso recurso a la Europa del aborto y la falta de argumentos ante la imperiosa necesidad de proteger el derecho a nacer del concebido no nacido. Por una parte, se invoca como un mantra el derecho a decidir por parte de la mujer. Pero, ¿qué se quiere decidir?, ¿matar a su hijo? Esto, aparte de una incongruencia y un engaño, es lo más opuesto al carácter femenino, que, por vocación, está abierto a acoger el don de la vida y a custodiarlo con amor de madre. Quienes vociferan reclamando para la mujer el derecho al aborto no le prestan ningún favor, sino que la conducen a ser otra víctima provocando una herida profunda en su alma.

Por otra parte, si se compara la abolición de la esclavitud con el aborto hay que sacar todas las consecuencias. No es posible contentarse con abolir un poco la esclavitud, hay que acabar con ella. Lo mismo pasa con el aborto. La libertad y la vida son bienes indivisibles y por ello lo coherente es abolir las leyes que permiten la muerte de seres inocentes e indefensos.

Yo no dudo que la defensa de la vida humana es un signo de los tiempos que hay que anunciar proféticamente. El futuro no pasa por la muerte de los niños, sino por la promoción de la mujer y de la maternidad, por la mayor presencia del padre y su responsabilidad. El futuro viene de la mano de matrimonios que viven con gozo un amor fiel y una apertura gozosa al don de la maternidad y paternidad. La luz que se ha encendido en Francia y que puede prender en España y en toda Europa es una luz que disipa las sombras de la cultura de la muerte.

Una gran oportunidad para España

Con estas afirmaciones no quiero desconocer los problemas que puedan plantearse a las mujeres que se sienten tentadas a abortar. Pero los problemas no se solucionan provocando otros problemas mayores: la muerte de un inocente y la herida profunda en el alma de la madre. La verdadera solución pasa por aceptar que la libertad es un dinamismo inteligente y que está necesariamente vinculada a la verdad y al bien. La libertad utilizada para el mal es la corrupción de la libertad.

Lo justo es vivir la sexualidad de manera responsable; lo justo es el derecho a nacer y el derecho a ser madre y padre con responsabilidad. Para eso se organiza la sociedad y a ello nos encamina el bien común.

España, como en otros tiempos gloriosos, tiene la oportunidad de encabezar en Europa la gran marcha hacia el respeto de la vida humana naciente. Si ganamos otras batallas difíciles, esta batalla también la hemos de ganar. Se lo merecen los niños y las madres.

 

+ Juan Antonio Reig Pla

Obispo de Alcalá de Henares

 

Publicado originalmente en Alfa y Omega

10 comentarios

Mariano
Da gusto leer sus palabras, Monseñor.
24/01/14 11:05 AM
Delfina
Obispo valiente y coherente, sí señor. La enhorabuena por sus palabras y por su valentía al asistir como uno más a la manifestación por la vida en Francia. Eso es dar de vardad testimonio.
24/01/14 11:51 AM
Elvira
Muy bien dicho!!!
Valentía y Verdad!
24/01/14 12:56 PM
Gloria
Alabado sea Dios, Monseñor.

Ojalá muchos obispos fueran valientes en su fidelidad a Nuestro Señor como usted.

Que Él lo continúe bendiciendo siempre, y que sus palabras y esperanzas se hagan realidad.

Yo también creo que hombres tan valerosos como los que guiaron la conquista de una tierra desconocida tan lejos de su propia tierra, son capaces de conducir una gran aventura: la victoria de la cultura de la vida.

La primera batalla: el respeto de la vida humana naciente.

Comenzará a amanecer, Monseñor, y Dios estará complacido.
24/01/14 3:18 PM
Néstor
Bravo, Monseñor!
25/01/14 2:09 AM
Jose2
"Lo justo es vivir la sexualidad de manera responsable".

Ahí está el quid.
25/01/14 11:22 AM
Juan Mariner
Yo creo que algo está cambiando en Europa con respecto al aborto provocado. En el debate de ayer noche en la Sexta, de clara ideología progre, por ejemplo, se vieron dos generaciones del PSOE: una, la del hipócrita Bono (pseudocatólico al estilo Mayor Oreja y Vidal-Quadras); y, otra, la de Antonio Miguel Carmona (socialista ateo o agnóstico). El Sr. Carmona dio una visión del aborto que supone un cambio sustancial de actitud en las mentalidades rancias, cerradas y fanáticas de las generaciones abortistas de los primeros años 70 y 80: el aborto, a fin de cuentas, como un mal menor (expresión inimaginable hace 20 años en un socialista europeo). Si no fuera por la presión bilderbergiana, muchos socialistas hablarían claro...

El hecho de radicalizar y ampliar las leyes de aborto en Europa no deja de ser una reacción de los poderosos mundiales ante lo que se ven venir encima: no tiene sentido pedir el tremendo respeto por la naturaleza y los animales que se impone por doquier (un grado más de civilización) y el odio asesino a la especie humana ya en el claustro materno.
26/01/14 12:18 PM
Arturo
Sus palabras encierran un gran discernimiento y sabiduría, que Dios el continúe bendiciendo.
27/01/14 4:41 PM
Roberto
Totalmente de acuerdo, hay que defender la vida a todos los niveles hay que decir siempre no al aborto pero junto a ello, también habrá que defender a la mujer embarazada en apuros, decir no a condiciones laborales precarias, salarios mileuristas (que ya estaban en bonanza económica), reparto de ganancias empresariales, no a hipotecas eternas de viviendas, etc, etc, etc, esto también es defender la vida, pero parece que en ámbitos clericales y episcopales se habla menos de esto último.
¿por qué?
27/01/14 5:54 PM
Padre Polanco
Muchas gracias por su magisterio y su valentía, Monseñor. Si todos los obispos fueran como Usted, la Iglesia española estaría mucho mejor de lo que está. Necesitamos pastores firmes, no pastores que se pierdan por el camino.
28/01/14 9:58 AM

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