Olimpiadas

La religión no es ajena al deporte y la Iglesia siempre ha apoyado el deporte sano. El propósito del verdadero deporte es hacer que el cuerpo sea saludable y dócil, para que, paralelamente al alma, se pueda fortalecer y ennoblecer. En la alta Edad Media, la verdadera y no la falsa que historiadores superficiales a menudo tratan de imponernos, se produjo un florecimiento del ideal del verdadero deporte cristiano

10/08/12 12:53 PM | Imprimir | Enviar

Mons. Fernando Arêas Rifan

Mons. Fernando Arêas Rifan

Obispo de la Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney

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Los actuales Juegos Olímpicos de Londres son una ocasión para reflexionar sobre los valores cristianos de la disciplina, la fraternidad, la paz y la reconciliación del mundo, a través del deporte.

San Pablo Apóstol escribe a los corintios, familiarizados con los Juegos Olímpicos, compartiendo la admiración de los pueblos helenos por las hazañas de los atletas en el estadio y usando su ejemplo para dar una lección sobre la vida espiritual (cf. 1 Co 9, 24-25).

La religión no es ajena al deporte y la Iglesia siempre ha apoyado el deporte sano. El propósito del verdadero deporte es hacer que el cuerpo sea saludable y dócil, para que, paralelamente al alma, se pueda fortalecer y ennoblecer. En la alta Edad Media, la verdadera y no la falsa que historiadores superficiales a menudo tratan de imponernos, se produjo un florecimiento del ideal del verdadero deporte cristiano.

El Barón Pedro de Coubertin, renovador de los Juegos Olímpicos actuales, cuya iniciativa fue alentada por el Papa San Pío X, escribía: “La Edad Media mostró un espíritu deportivo de intensidad y vigor probablemente superiores a los que conoció la propia antigüedad griega”. Él lo atribuía a la influencia primordial de la religión, que creó un ambiente más propicio para el surgimiento y desarrollo del espíritu caballeresco, que consiste en la “lealtad practicada sin dudarlo"” (Pierre de Coubertin, La Pédagogie Sportive). El cristianismo, por lo tanto, tiene una gran influencia en el juego limpio, en el “fair-play”.

El 22 de julio pasado, después del Ángelus, el Papa Benedicto XVI afirmó, en relación con los Juegos Olímpicos de Londres: “Las Olimpiadas son el mayor evento deportivo mundial, en el que participan atletas de muchísimas naciones, y como tal reviste también un fuerte valor simbólico. Por ello la Iglesia católica lo contempla con particular simpatía y atención”.

Hizo un llamamiento a los católicos a rezar para que “la voluntad de Dios, los Juegos de Londres sean una verdadera experiencia de fraternidad entre los pueblos de la Tierra”. “Envío mis saludos a los organizadores, a los atletas y a los espectadores; y rezo para que, en el espíritu de la tregua olímpica, la buena voluntad generada por este evento deportivo internacional pueda dar fruto, promoviendo la paz y la reconciliación en todo el mundo”.

Con ocasión del campeonato europeo de fútbol de 2012, Benedicto XVI, en su mensaje, citó al Beato Juan Pablo II:

“Las potencialidades del fenómeno deportivo lo convierten en instrumento significativo para el desarrollo global de la persona y en factor utilísimo para la construcción de una sociedad más a la medida del hombre. El sentido de fraternidad, la magnanimidad, la honradez y el respeto del cuerpo —virtudes indudablemente indispensables para todo buen atleta—, contribuyen a la construcción de una sociedad civil donde el antagonismo cede su lugar al agonismo, el enfrentamiento al encuentro, y la contraposición rencorosa a la confrontación leal. Entendido de este modo, el deporte no es un fin, sino un medio; puede transformarse en vehículo de civilización y de genuina diversión, estimulando a la persona a dar lo mejor de sí y a evitar lo que puede ser peligroso o gravemente perjudicial para sí misma o para los demás”.

 

Dom Fernando Arêas Rifan

Obispo de la Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney

 

2 comentarios

Comentario de santodomingo
El problema de las Olimpiadas, en mi opinión, no es respecto a su esencia; es decir, no es un problema del deporte. El problema es todo lo que lo rodea.

Primero, el nudismo. Los atletas van casi siempre semi desnudos. El caso de las jugadoras de voley-playa es escandaloso, pero lo mismo se puede decir de la natación y del atletismo. Esto fomenta el erotismo y la falta de modestia.

Segundo, hay una clara intención de utilizar los juegos para fines anti-cristianos, como dejó clarísimo en su discurso inaugural Lord Sebastian Coe. Dijo, "en cada una de las disciplinas olímpicas está todo lo que el ser humano necesita." Esto es idolatría del deporte, simple y llanamente, y cualquier católico debe rechazarlo.
15/08/12 2:28 PM
Comentario de Miguel Sánchez
Pobre Mons. Rifán se ve que anda más perdido que nada, o es un ingenuo o un malicioso, que mire lo que dijo un médico de la delegación brasileña:
el jefe del cuerpo médico de Brasil dijo que no hay motivos para ser mojigatos.

“(El sexo) es común en las olimpiadas. Es necesario, es natural”, dijo el doctor Joao Olyntho Machado. “Si eres una persona saludable, ¿por qué no vas a tener sexo? Brasil es un país muy tolerante con el sexo. No tenemos una mente cerrada y no somos religiosos”.
17/08/12 10:36 PM

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