Artículos de Ramiro Pellitero en InfoCatólica

Ramiro Pellitero

Sacerdote, Profesor de Teología pastoral, Universidad de Navarra

Pasión educativa

La salida de la crisis en que nos encontramos –crisis cultural y espiritual, no menor que la económica– no será posible sin mejorar la calidad de la educación. Y educar no es un oficio más. Es de esas tareas de las que decimos que requieren «vocación». Y como toda vocación, ésta también lleva consigo una misión, imposible sin lo que se ha llamado «pasión educativa».

La existencia cristiana: fe, esperanza, caridad

La fe, la esperanza y la caridad están una en la otra, interpenetradas, en cuanto participación de las energías –del conocimiento, del amor y de la acción– del mismo Cristo en los cristianos.

Llamados a una vida plena

Conviene tener en cuenta que la revelación cristiana no solo nos informa –nos da a conocer– la meta, la perfección, a la que estamos llamados, sino que nos da unas «fuerzas divinas» para alcanzar esa meta.

Fe y caridad, antropología y ética

Hoy se ha extendido el sentido común acerca de la inalienable dignidad de cada ser humano y la recíproca e interdependiente responsabilidad hacia él, y esto es una ventaja de la verdadera civilización, la civilización del amor.

Adviento: esperanza, oración, alegría

Para los cristianos la esperanza está animada por una certeza: «El Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz».

Ateísmo práctico y testimonio de fe

¿Por qué el ateísmo es destructivo? ¿No puede el hombre ser feliz al margen de Dios? ¿No se puede ser honrado, colaborar en el bien común, sacar adelante una familia, servir a los demás, sin tener fe? ¿Qué tiene de malo rechazar la fe en la práctica? ¿Por qué la fe es necesaria?

Ante el Año de la Fe: conversión y servicio

No hay que dar por supuesto, primero cada uno de nosotros, que de verdad comprendamos al Señor y estemos siguiéndole como él quiere.

Cristo, centro del Catecismo

El encuentro personal con Cristo es de tal intensidad que nos une a todos los que están unidos con Él, y este ser y vivir como miembros de su Cuerpo místico es lo que nos realiza máximamente como personas y como cristianos.

La transmisión de la fe: una tradición viva

Hoy contamos con el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio, como referencias para la transmisión de la fe, en esta «tradición viva» que es la vida de los cristianos.

Silencio, comunicación, evangelización

Aprender a comunicar implica aprender a hablar, y por tanto a escuchar y contemplar. Cuanto más importante y necesaria es la palabra, más importantes y necesarios son la concentración y el silencio.

Contra tibieza, responsabilidad

La tibieza es, pues, ese sofocar el Espíritu que produce ceguera y sordera para el bien material o espiritual de los demás.

Dios y nosotros

Se sitúa a los fieles laicos en la vanguardia de la Nueva evangelización, precisamente porque ellos son los que de modo más concreto pueden proponer a todos los que les rodean la cuestión de Dios

La verdadera pureza

La verdadera pureza que trae el cristianismo va más allá de una mera «pureza ritual», y también de una mera exigencia para la voluntad

Arraigados, edificados, firmes en la fe

Esto equivale a decir que después del primer «sí» que Dios iba dando a todo lo creado («Y vio Dios que era bueno»), con Cristo se ha renovado «el sí de Dios Padre» a la humanidad y sus afanes. Y «metidos» en Cristo pronunciamos los cristianos el «Amén» (así sea) a Dios y a su amor. El «sí» de Dios es lo que hace posible nuestro «sí»: que aceptemos agradecidos nuestra vida como Dios la quiere, que le seamos fieles, que cumplamos su voluntad y participemos de sus planes salvadores

Responsabilidad por la vida pública

Es la hora de preguntarnos si, especialmente los que nos dedicamos a tareas educativas, impulsamos de hecho la Doctrina social de la Iglesia, no permitiendo que se contemple sólo como una «bella teoría».

Realismo a contracorriente

En el contexto de lo que todos los cristianos deben hacer, el Papa viene subrayando la vocación y misión propia de los fieles laicos, cada vez con renovada profundidad, de modo más concreto y armónico.

Santidad en lo cotidiano

En realidad no se trata tanto de «hacer» sino de dejarse hacer por Dios, que nos santifica ya en el Bautismo (cf. Lumen gentium, 40). Somos transformados, observa Benedicto XVI, de tal manera que San Pablo acuña una nueva terminología, forjada con la preposición «con»: con-muertos, con-sepultados, con-resucitados, con-vivificados con Cristo.

El testigo como educador

En definitiva, para el cristianismo, el educador es sobre todo el «testigo», es decir, el cristiano auténtico que vive, primero él, de la Palabra (del Evangelio y de la oración, porque ahí encuentra a Cristo) y de los sacramentos (especialmente de la Eucaristía, donde también se encuentra –siempre de nuevo y con más profundidad y fuerza– con Cristo).

Cristianos en las redes sociales

En las redes sociales los cristianos pueden ayudar «a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas».

El testimonio común de los cristianos

Entre las intenciones de Benedicto XVI en relación con la unidad de los cristianos, está el testimonio común de los cristianos acerca de la paternidad divina (cf. Intenciones para el apostolado de la oración, mes de Enero 2011). Es decir, que todos juntos manifestemos, sobre todo con nuestra conducta, que Dios es nuestro padre.

Santidad y mundo

Para que se reconozca a Cristo como presente y como futuro del mundo, ante todo tiene que haber muchos «cristianos de la calle» (fieles laicos) –y no sólo clérigos o personas consagradas en el sentido canónico– que se tomen en serio la santidad, también «en» y «por» las cosas del mundo.

Adviento: puerta de la esperanza

Como cristianos, es el Espíritu Santo el que nos une y nos vivifica en la familia de Dios. Nos hace progresar por medio de la fe, de la esperanza y del amor. Uno de los modos principales en que lo hace es a través de la liturgia de la Iglesia, como sucede en el Adviento.

La fe, camino de belleza

El viaje de Benedicto XVI a España ha puesto de relieve que la fe cristiana es un camino que lleva a descubrir la Belleza y manifestarla a otros.

Nueva evangelización

La misión se fundamenta siempre, de modo vivo, en la propia identidad de la Iglesia y de los cristianos. De ahí que para ellos, la nueva evangelización, «si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior».

Al servicio de la verdad y del bien

Jesucristo, su persona, su mensaje y su obra. Esto es lo que explica el servicio de la Iglesia al mundo y a cada persona. Y en eso consiste la trasparencia de la Iglesia: en actuar según lo que es, según su naturaleza.

El eco de un mensaje

Es necesario que los cristianos –junto con otras muchas personas de buena voluntad– ayudemos a que se «escuche» y se valore el mensaje de Benedicto XVI, que no es otro sino el del Evangelio, renovado en nuestro tiempo.

Aprender de la Iglesia: pedir perdón y perdonar

Todos deberíamos aprender de la Iglesia a pedir perdón: reconocer que no todo lo hacemos bien, o que a veces hacemos las cosas mal. Los cristianos, primero, personalmente en el sacramento de la Penitencia; y, si se trata de algo de relevancia pública, pedir perdón también exteriormente a quienes hayamos ofendido o lesionado, y reparar las eventuales injusticias. En segundo lugar, si hemos actuado conjuntamente con otros, pedir perdón buscando los mejores cauces en la sociedad y en la Iglesia. Así aprenderemos también a perdonar.

Amor que busca entender (en diálogo con Carlo Caffarra)

«El amor que busca entender». ¿No es esta una buena definición, no ya de la Doctrina Social, sino en cierto modo de la teología misma? Puesto que la fe del teólogo ha de ser una «fe vivida», y, por tanto, un conocimiento que es amor. Cuando los clásicos decían que la teología es «fe que busca entender», no se referían a una fe teórica, sino a la fe que, según San Pablo, vive y actúa por el amor (cf Ga 5, 6).

Un torrente de luz y fuerza

En «Deus caritas est» se vio una interpelación a la vida cristiana desde la raíz fundamental del amor. ¿Por qué ahora no se ha visto una interpelación semejante, desde la misma raíz del amor, en la vida social?

Celibato y matrimonio. El compromiso fortalecido por la fe.

El sentido del celibato es vivir dando testimonio de la fe cristiana, que implica la vida eterna, la vida propia de Dios; y, con ello, dar testimonio, ante todo, de «que Dios existe, que Dios tiene que ver con mi vida, que puedo fundar mi vida sobre Cristo, sobre la vida futura».

Animar a la política

No cabe, especialmente para los cristianos, desentenderse de la política. Lo ha subrayado una vez más Benedicto XVI el viernes 21 de mayo ante el Pontificio Consejo para los Laicos.

El papel de la teología en la universidad

La teología no ha de ofrecer, pues, una reflexión puramente académica, sino que al modo de los Padres de la Iglesia, ha de ser una expresión de la vida cristiana que facilite un marco de referencia para la pedagogía de la fe y el apostolado.

La Iglesia es siempre joven

No es cierto que la Iglesia se esté hundiendo o vaya a desaparecer. Tiene en la historia su permanencia garantizada por Dios. Esto no significa que en determinados países o regiones del mundo puedan dejar de existir los cristianos (como de hecho ha sucedido). La pregunta es si entre nosotros, aquí y ahora, en nuestras familias, en nuestras ciudades, en nuestros países, está sucediendo o puede suceder esto.

La unión hace la vida

El compromiso misionero (o evangelizador) y el compromiso ecuménico van juntos porque –como suele decir Benedicto XVI– el testimonio fundamental que hemos de dar los cristianos, sobre todo hoy, es el de nuestra unidad.

Reconciliación y nostalgia de Dios

En suma, la reconciliación es condición para poder vivir en el realismo de la fe e invitar a otros a descubrir el porqué de su vida, liberándoles del miedo, del desinterés o de la aparente comodidad de no plantearse lo que es más importante para todos.

La bondad y sus apariencias

Pensemos en nuestros planteamientos y en nuestros hechos; en nuestras ideas, más o menos contrastadas, y en nuestra conducta real; en la veracidad de nuestra información, en la calidad de nuestra «formación»… y en nuestro obrar cotidiano.

La cruz

En nombre de la cruz se hace diariamente el bien a millones de personas en el mundo. La cruz no puede –no debe– ser esgrimida contra nada ni contra nadie; y si esto sucedió en la historia, fue por una equivocación y un olvido de Aquel que dio a la cruz su más pleno significado.

Educación para conquistar la libertad

Cuando las grandes universidades se desarrollaban en Europa durante la Edad Media, animadas por el ideal de una síntesis de conocimientos, todo eso estaba al servicio de una auténtica «humanidad», de la perfección de la persona en el seno de una sociedad justa y ordenada. Y así es todavía, en el ideal que propone el Papa.

Los fieles laicos y los sacerdotes: su colaboración orgánica

Pensemos que algunos intentan paliar la carencia de presbíteros, haciendo que los fieles laicos tiendan a sustituir a los presbíteros en las funciones propias de éstos (lo que el Papa llama la «clericalización» de los laicos) y descuiden (los laicos) la santificación de las realidades terrenas. En efecto, lo que justifica la participación de los laicos en su propia función no es la carencia de los presbíteros.

En los bordes de la educación integral

En efecto, en perspectiva cristiana todos estamos llamados a ser, como dice el título de la película en castellano, «hijos de un mismo Dios». Él nos va «configurando» –como se hace con las formas que han de a ser consagradas en la Eucaristía–, contando con las luces y sombras que hay en toda vida humana.

Exclusión social, exclusión de Dios

Así se puede ver cómo la exclusión de los pobres –tanto de las personas singulares como de los pueblos y culturas insuficientemente desarrolladas– no es independiente de la exclusión de Dios de la esfera pública. La religión, y concretamente la religión cristiana, afecta a la vida de las personas y de los pueblos.

Renovación, madurez, interioridad

Claro que para renovarse y madurar hace falta cabeza y corazón. Si un barco vacío vaga por el mar, es que una catástrofe o un saqueo le han dejado sin proyecto ni rumbo alguno. Para Benedicto XVI, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que muchos están interiormente vacíos «y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior».

La universidad y la religión

En síntesis, puede decirse que la educación universitaria está llamada a impulsar la búsqueda de la verdad, purificando tanto la religión, como la ciencia, la tecnología y la filosofía, precisamente por medio del diálogo entre ellas, con tal que ese diálogo esté abierto a Dios; lo que es lo mismo, presidido por la sabiduría religiosa y ética. Con palabras bien claras, «las universidades donde la búsqueda de la verdad va unida a la búsqueda de lo que hay de bueno y noble, prestan un servicio indispensable a la sociedad».

El ecumenismo, responsabilidad de todos los bautizados

La promoción de la unidad es, por tanto, deber y responsabilidad de todos los bautizados; no sólo porque la unidad es voluntad de Dios, sino porque la división es un escándalo que perjudica la extensión del Evangelio. Benedicto XVI ha hecho de esta tarea una de las prioridades de su pontificado.

Oración y compromiso por la paz

El perdón parece signo de debilidad y derrotismo, mientras que la violencia parece vencedora a corto plazo. Pero en realidad sucede lo contrario: la violencia es debilidad impulsiva y engendra cadenas de destrucción permanente, mientras que el perdón supone fuerza espiritual, valentía moral, plenitud de humanidad.

Vivir la Palabra

La Palabra de Dios es, ante todo, una gracia. Una gracia que, según el Papa, no envejece ni se agota; que es capaz de superar nuestra sordera para escuchar aquello que no coincide con nuestros prejuicios y nuestra opiniones. Por eso es fuente de espiritualidad, diálogo y cultura.

Comunicar el Evangelio

Comunicar el Evangelio no es tarea exclusiva de los pastores de la Iglesia, ni sólo de los profesionales de las publicaciones o los medios de comunicación de contenido religioso. Es tarea de todo cristiano, que puede y debe realizar continuamente cada día.

Hay que educar para la rotura del «yo» individualista y para la apertura a la solidaridad del «nosotros», que los cristianos experimentamos en la comunión de la Iglesia y queremos extender a la medida del mundo.